eramos tan jovenes

Luca Prodan


Ante todo. Nunca escuche a SUMO mientras Luca vivia. Tampoco a los Redondos (aunque un poco mas a los redondos que a SUMO). Digamos, sabia que existian, habia escuchado “planchadita, planchadita, planchadita” y hasta podia repetir “no se lo que quiero pero lo quiero YA”.. Pero, como he dicho en otro post, los ochenta fueron criar a mis dos hijos y trabajar como psicologa.

Pero cada vez mas me da ternura pensar el destino de un tipo como Luca, criado en los mejores colegios, adicto a la heroina, que vino a caer aca, al culo del mundo, a cantar en ingles en un lugar donde nadie lo hacia,, desayunando con ginebra en bodegones de barrio, y muriendo a vomito limpio en una catrera sin sabanas, en una pocilga. Ahora escucho a sumo y una frase de “no tan distintos” estuvo hasta hace unos dias en el blog. Eso de que “mira en tu libro de reglas, acaso no sos parecido a mi”. Hay gente que es como una antorcha que se consume a si mismo, bonzos de su ser, iluminan y se queman. Hay otros que vegetan sin dar nunca luz, cuidando su luz para un tiempo que nunca llega. Luego estamos los del medio.
Uds. no se si saben que Luca o acaso sus huesos estan aca nomas, en Avellaneda. Yo iba de chica a ese cementerio a ver a muertos queridos, acompañando el duelo de mi madre. Amaba correr entre las tumbas, la muerte no me asustaba. Ahora tampoco me asusta, pero si me interroga. Hay una version de Años, el tema de Milanes, donde Luca canta “el tiempo pasa, nos vamos poniendo tecnos” y al final fue verdad. Para Luca no fue verdad eso de “vive rapido, muere joven y deja un lindo cadaver” murio hecho fruta. Lo amaban muchos pero nadie pudo cuidarlo. ¿alcanza el amor para cuidar a alguien? Creo que no. Esta cosa de morirse y volverse mito ¡que mierda!. Me hubiera verte carlitos gardel añoso dice un tango nostalgico. Me hubiera gustado verte Luca, poniendote viejo y cabron.
Del otro lado no hay nada, pero aca,Luca, te seguimos escuchando, y como Gardel, cada vez cantas mejor.

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un cuento de la Otra. La Joya del Atlantico


Este cuento lo escribi hace varios meses. Era un proyecto de escritura con una amiga, escritora de verdad, no como lo que hay en casa. Pero el proyecto fue abandonado y me arrogo la autoria. Ella dice que mientras no haya guita de por medio, es absolutamente mio. Entonces, no hay problema. Aca va,(la imagen es de un ilustrador llamado Perez Ortiz, se llama Prostibulo,y la saque de una ilustracion de un cuento de Onetti,nada menos)

La Joya del Atlántico

See That My Grave Is Kept Clean
B.B. King


Vd. me dice su nombre y yo me la veo esa madrugada pisando la  arena húmeda y parándose con dificultad. Los huesos duros,  y un vaso extralarge de plástico con restos de jugo y alcohol, culo para arriba,  que a mi me hizo pensar en  la luna cuando está alta en el cielo.
Calzándose el buzo, que antes fue almohada. Sacudiéndolo, frió y aun mojado, pero sin embargo amigable a esa hora, tan hostil como puede llegar a serlo la madrugada en una playa, agonizando marzo.
Yo había pasado y a lo lejos la miraba. Era lo único que podía hacer por esa época. No dejar de mirarla…  Se que durmió un par de horas, tenía las sandalias ahí nomás, ganas urgentes de piyar, gusto a muerto en la boca, el pelo desgreñado y el gesto de aquellos que saben  que a nadie le importaba su suerte. Más allá de lo que pudo llegar a reconstruir viendo el vaso, no creo que recordara mucho de la noche anterior. Es posible que no recordara nada, y solo yo vuelvo y vuelvo a eso. Y ahora Ud. que viene a preguntarme.  Es la sincronía.
Le voy a contar algo, total usted no es de acá, ni va a ser, y me cae bien, y hasta por la edad que tiene, podría ser hijo mió. No, no tengo hijos.
Yo la amaba. Nunca había tenido ni un vinten para entrar al Caribean, (igual no hubiera querido, pagarle hubiera sido como escupirla)  pero cuando cortaba el pasto, la veía y me sentía mejor persona… La había amado desde el primer día, con su ropita de los coreanos y esos ojos que eran más tristes que ninguno.
¡Subir el médano!!! Dejar atrás el gemido  de las olas, el silbido del  puto viento. No se podía quedar allí.   El concesionario del parador había cerrado todo como dos semanas atrás. Quedaban los esqueletos de la docena de carpas (inútiles como una estúpida glorieta plantada en el desierto), el barcito tapiado, los baños, el cartel del baño de damas colgando del soporte: baño de damas: entonces se agacho e hizo pis sobre el cemento alisado frente a la puerta. Un asco,  pero también algo menos de que preocuparse.
Esta playa, por si no se dio cuenta,  es solo  un caserío con dos centros. El de la playa propiamente dicha (parador, maxiquiosko, locutorio, un bar  que este año no se alquiló, una proveeduría que quedaba abierta hasta Pascua) y el centro de los residentes permanentes, con sus pobres viviendas alrededor de la parada del Micromar que nunca trajo muchos turistas  pero, cada jornada a la madrugada y a la noche acarrea domesticas, albañiles,  jardineros,  gente que trabaja en las playas cercanas a la 11. Algunos que cuidan casas en Pinamar, en Carilo. Y se las rebuscan.
Este otro centro, el de los trabajadores, queda a 20 cuadras del mar. Para  esa gente, el mar es un adorno innecesario, la pesca gratis, y a veces, un mal presagio. Si usted cree que yo soy como ellos, esta muy equivocado: yo ando siempre por la playa. Pero no estamos acá para hablar de mí.
Centro y parador: Marymar. Un nombre merson pero si lo piensa bien:  certero. Mar y mar, nadie promete otra cosa. ¿A quien carajo se le habría ocurrido?. Quizá a los que armaron el primer parador, el viejo, todo de madera, esos que compraron el loteo por nada, plantaron algo para que el médano no se moviera   y que, una mañana gris como esta que estamos hablando encontraron como bonus track, una docena de cuerpos mutilados que la marea le había  traído de regalo a la playa.
Yo se que no salio en los diarios de ese tiempo y que la gente de acá se hace la boluda pero los subversivos, como ellos los llaman, dieron para historias de cucos para los nenes de Marymar de 30 años a esta parte. Ellos los nombran subversivos pero entre nosotros, yo les digo compañeros, aunque no conociera a ninguno y ni siquiera viviera en Marymar en esa época..
Y  ya que toque el tema de los muertos, algo importante: nadie había muerto acá. Eso era entonces y también ahora,  siempre si no contamos el caso de los hermanos que se ahogaron, a esos los llevaron pronto a San clemente y al día siguiente estaban siendo velados en Aldo Bonzi
Y hasta dónde yo se tampoco nadie ha nacido acá.  Y sin finados ni nacidos  Marymar era y sigue siendo un pueblo de transición. No merece que nadie lo llamara mi tierra.
Al costado de la ruta se ve que el loteo no fue del todo exitoso, al final pienso que no se llenaron de   plata los que invirtieron en la zona.  Le iba contando: agarró la ruta hacia la parada de micros, se agachó a buscar una colita de pelo con la que se ato la melena (se veía como si la pudiera oler: roña,  musgo,  algas). Y se enderezó, si no con dignidad, con un subproducto de la dignidad que es la compostura.
Ese día flameaba sobre la calle, deshilachado, un pasacalle pagado por el concejal peronista decía “Marymar, la joya del Atlántico”. Estos peronistas siempre iguales. Si Marymar era la joya, no nos imaginemos con esos estándares lo berreta.
Recuerdo el ruido del pasacalle golpeando, golpeando,  y cada vez que pienso en ella (y eso pasa demasiadas veces) es como que se me viene lo de la Joya del Atlántico y  a veces hasta me tengo que tapar las orejas por que me aturde el ruido del pasacalle.
Le puedo asegurar que antes de la época de Marymar nunca había estado en un kilombo. Yo eso se lo saque a  la Toña. Pero el día que se bajo por primera vez del Micromar (hay una segunda vez, pero eso viene mas adelante)  se dirigió derecho viejo a esa casa cúbica que esta al costado de la ruta, antes de  los médanos. Esta vez, mientras llegaba sonrió. Ud. dirá si yo soy Dios, que esta en todos lados. Pero le juro por mi santa madre que vi. esa sonrisa como si estuviera mirándola con un vidrio de aumento. La sonrisa y los ojos tristes.
El cartel de neon Caribean titilaba esa madrugada (no la madrugada que vino, la madrugada que se fue, ahora vuelvo a eso, que es lo que a usted parece que le interesa)  con un espantoso ruido de insecto metálico y maligno. Un ruido de mantis religiosa, que masca al macho cuando se aparea.
Yo la vi, que se apuro y entro por la puerta de atrás. Seguro que la Toña ni se dio cuenta, me lo hubiera dicho, a mi me tiene confianza y cada vez que se le va una puta, se le arma canyengue, y después yo la tengo que escuchar quejándose como si la hubieran traicionado.  Las pibas del kilombo no podían imaginarse a la Toña de  cuando todavía se llamaba Antonia, tenía el ojo bueno y José Luís Perales se la quiso levantar en un baile de carnaval en el Centro Lucence. Cada vez que  entraba una nueva  la tuerta Toña le cuenta la historia y totalmente fuera de lugar  se pone a cantar las canciones de Perales, porque como las pibas son  chicas o vienen de otros lados ni saben de quien habla. No es mala la Toña, es la vida.
Ella tomaba  Nescafe, nunca mate,  jamás mate cocido: típico gesto  de los que alguna vez pertenecieron  a la clase media. Y hay gustos de clase que nunca desaparecen, lo se por experiencia propia, ¿Ud. sabe que cuando yo iba a la secundaria leí un cuento (ya no me acuerdo de quien) que se trataba de un músico de jazz y en ese cuento  dice que mientras hay un Nescafe las cosas no pueden estar tan mal? Tendría que comprar  un Nescafe a ver si mi suerte se da vuelta.
Yo la espiaba, si, es una  porquería, pero no la podía dejar de mirar, ya se lo dije. Y puedo atar cabos. Pero si usted se toma el trabajo de seguirme se dará cuenta que es justo a partir de este momento que cada uno de sus gestos empezaron a tomar forma de memoria y presagio a la vez.
Dejó hervir la leche, que se derramo por la cocina,  con innecesaria energía batió el  Nescafe  sin decir agua va, se lo tomo despacito, despacito, con los ojos atrapados en el fondo de la taza y la cabeza en otro lado. Terminó.  Le dijo adiós al lugar y se piantó por diez meses de Marymar.
Por eso le digo que para mi es muy improbable que se haya enterado del tema del pibe,  tenía  muchas  cosas en la cabeza. Además por esos días en la tele  de lo único que hablaban era de Cromañon, que si Ibarra tuvo la culpa, si el gobierno , que si había una guardería en el baño. Con todo ese quibombo  un pibe muerto en una playa en la concha de la lora no era noticia.  Es lo que le digo y además ya terminaba marzo.
Claro, eso en Buenos Aires, porque acá  se vinieron al día siguiente los padres, desesperados, preguntándole a todo el mundo.Yo me había enfermado  propio desde esa mañana y ni los  vi.
Si, estuve internado.  Me sentía tan mal que parecía  que Marymar iba a tener su primer muerto, bueno, si sacamos al pibe y a los ahogados, y a los compañeros. Vomitaba una cosa negra, ardía en fiebre, y mientras los viejos llegaban, yo iba en ambulancia a  San Clemente y de ahí al loquero de Necochea. Tres meses.
Cuando volví me contaron  que el pibe recién había terminado la secundaria, tenia que ingresar en abril al CBC, creo que dijeron Diseño de Indumentaria, que vaya a saber lo que quiere decir ¿sastre?, y se había quedado haciendo huevo en Santa Teresita, en una casa vacía de la abuela. Como termino en el Caribean solo como un perro y del Caribean a la playa con una mina que tiene prohibido salir con clientes y que le llevaba, por abajo de las patas,  diez años…uno nunca lo va a saber. Los padres hablaron con la policía y la policía, usted sabe como son esas cosas, nos estamos ocupando, cualquier noticia lo tenemos al tanto, es una prioridad del departamento. Y la Tuerta llamando todo el día al kia, que ni se aparece por Marymar, solo manda algún mono cada tanto a buscar la plata, por que eso si, nada de banco, nada de cajeros electrónicos. La rosca oficial/toña/kia funcionaron mas aceitados que culo de trava, perdóneme la expresión,  y el caso se murió de muerte natural. El caso, el pibe no. El rufián ese no quería a nadie, y además es posible que a ella  ni la conociera. Era carne de matadero. Una tripa para él. Nada más.
Yo al Nacho ese,  lo vi. de muerto, la tarde del día que ella se fue,  y no se parecía a un pibe: parecía un Cristo. Me asustó un poco (y acá no habla el vino, este es el primer tetra que tomo, y ya se esta haciendo de noche)por que era un Cristo con mi cara.  No como soy ahora, sino el que fui. Pero no me haga caso. ¿No sabe que a mi me dicen el Loco, y además  ese día ya andaba enfermo?. No me lo puedo imaginar siendo el mismo de las fotos que dejaron los padres pegadas en todos los postes de luz. Si rebusca todavía en algún lado quedaran cachos de las fotocopias donde estaba la foto donde llevaba la misma remera, con el dibujo  de Callejeros, posta que se la había comprado después del incendio, pelito largo, carita de “me las se todas”.En la foto se parecía a otros pibes, son todos parecidos. Inclusive la en foto hasta podría decir que era parecido a Ud.
Pero muerto era otra cosa. . Me acuerdo de la remera porque era lo único que tenia puesto, y se había largado a llover y a mi me agarraron muchas ganas de taparlo.  Ojo, no hablo de taparle la cara, sino de abrigarlo, de que no tomara frío, me dio ganas de llorar como si ese muerto tuviera algo que ver conmigo, como si en ese punto, ese muerto fuera yo. Y Quien sabe, no? Y cuando lo tape con mi gabán, yo deje de tener frió. Ese invierno no tuve gabán pero no me importo un carajo.
El forense que vino de la departamental  no me echo, me dejo ayudar junto con el que encontró el cuerpo, el tipo de la proveeduría ( forma  inexacta de decirlo, porque estaba ahí a la vista, solo que de lejos parecía un bulto, un perro dormido, una nada.) y los de la comisaría.. A mi no preguntaron y eso que siempre ando rondando en esta playa de mierda.
Nadie dijo  de ella, tal vez algunos clientes preguntaron, pero la gente o se casa con las putas, o se las olvida no hay términos medios. Para mi que a la final  no tomo el ómnibus, se habrá ido a dedo. Yo estuve averiguando por mi cuenta, no me podía sacar al pibe muerto de la cabeza. A ese Cristo con mi cara.
Y ya le dije que por ella me di cuenta que el amor no era un cuento chino. Créamelo, ya lo va a ver cuando tenga mi edad.  Dicen que el amor es cosa de pendejos, pero la cuestión no se acaba allí, no señor.
Los padres, que se ve que tenían plata, le levantaron este monolito en la playa, este mismo, y esta bien plantado, no le digo que sea el monumento a Alfonsina, pero el pibe vino para quedarse en Marymar, que ahora posee  playa con parador mas monumento fúnebre.
Mírelo cuidadosamente, es de granito, nada de cemento alisado, piedra granítica, es algo fino. Y esta tallado,  de ahí es que saco que tenia 17, que se llamaba Ignacio y que todo el mundo lo conocía por Nacho. El primer día había una  flores muy hermosas, peluches, papelitos. Pero lo único que queda hoy es el granito pelado. ¿Le paso al monumento del Potro, no le va a pasar al Nacho?. Pero cuando nadie me mira, yo lo limpio.
Dice justicia, dice Ignacio, dice Nacho, dice inolvidable. No dice que  fuera la primer vez que cogía, pero es una de las cosas que se me puso en la cabeza. Vio lo que dicen de los locos. Que saben cosas.
Me gusta ver ese monumento en pie, en la playa. Ahora es  un lugar de peregrinación de gente que viene caminando por la playa, no tenemos al de Alfonsina, tenemos al Nacho, diecisiete años para toda la eternidad y no faltan los que creen que se trataba de un ahogado y hasta algunos que  traen de flores de plástico y adornos que se lleva la marea cuando crece.. A la gente le gustan los muertos jóvenes. ¿vio usted?
.
Esta haciendo frío hoy. No me vendría mal un tentempié, es decir un sanguche de milanga  y un tetra, pibe.  Ah, gracias, con diez mangos esta bien. Se agradece.
Yo no me la quiero dar de detective y mucho menos de poeta pero para mí todo está en ese momentito. Se acuerda que le dije. Ella se piro de Marymar. Suerte, yo soy de Lanús, mis viejos tenían casa propia y supe hasta  casarme  por  iglesia, y tengo hermanos por allá pero nunca mas me podré ir de acá, ahora tengo que mantener el monolito limpio.   Pero ella si .Ella se fue. . No creo que haya pensado ni una vez en el pibe  y ni siquiera en Crónica hablaron del tema dándole y dándole a Chaban,
Para mi que  ella se va por que presiente algo   y quiere salvarse .Le pongo la firma que de la muerte del pibe nada. Presiente que tiene que salir disparada, insisto,  como para a salvar a alguien. No a ella precisamente.
No se gaste en preguntarle a la Toña, que ya tiene casi setenta y me parece que esta  medio senil, si la mira con un solo ojo. A la Toña la dejaron de molestar los canas y en consecuencia ella  dejó de molestar por teléfono al Kía. Y la piba se fue, y vino otra, una dominicana, que estaba contenta me dijeron porque en Marymar había playa y en Constitución donde estuvo antes no.
Claro que volvió. No le digo? a los 10 meses. Puro verano, Marymar ese día parecía la joya del Atlántico, Yo la vi., por que cuando bajan algunos que tienen casa acá, a veces me conchaban para cortar el pasto, la gente me conoce y no me tiene miedo. No quieren que le cuide las casas pero siempre me tiran un hueso.
Ya paso de eso unos años. Pero es como si lo viera. En mi cabeza yo escuchaba al bicho maligno del cartel de neon, al viento en el pasacalle y  mientras pensaba  “la Joya del Atlántico” como una premonición, ella bajo  por segunda vez del Micromar
Traía al pibe envuelto en una mantilla de lana amarilla y no le pude ver la cara, aunque todos los recién nacidos se parecen mas a  mister magoo que a los padres, no jodamos
No parecía una putita. En verdad para mi nunca lo había parecido, para mi ella era la Joya del Atlántico. Yo la seguía de atrás, haciéndome el gil. Fue caminando hasta la playa (a mi me gustaría decir que fue a llevar al pibe hasta el monumento) y se sentó a mirar el mar sentada en la base de granito.. Que se yo si lloraba (no se lo voy a inventar, pero hubiera sido lindo). Y cuando ya estaba la luna redonda y plateada en el cielo alto, alumbrando como el culo de un vaso de platico y la joya del Atlántico, es decir Marymar se fue apagando,  ella se quedo, mucho tiempo,  dándole la teta al Nacho.Y el que lloraba era yo.
Un tano ignorante que vive por la ruta, y  se la curtía en el Caribean cada viernes, después de que la mujer se dormía reventada de entrar ladrillos,  me dijo el otro día, mientras ella venia de la escuela con el  pibe de la mano, que seguro que le puso Ignacio por el nombre del monolito.
Lo viera al pendejo, al Ignacio. Ahora ella trabaja en la telefónica en San Clemente y el pibe es un sol, a veces los veo en la proveeduría y  me saluda con la manito, me hace muecas, me grita “loco”.  La Toña se hace como que no la conoce y acaso ella es otra.. En este pueblo nadie tiene memoria para  lo bueno, ni para lo malo. Así que el pibe le esta sacando la mirada triste y nadie le  factura lo del burdel. Dicen que lo van a cerrar,  hay jefe departamental nuevo en Dolores, ¿Qué va a ser de la Toña?,
Le dije que nadie nació acá, ni nadie se murió (o por lo menos nadie tiene en el documento nacido en Marymar y no hay cruces ni camposanto, sacando el monolito.) Al final  y al cabo todo es cuestión del vidrio que le ponga adelante, podríamos decir  que la vida esta hecha de historias que se escuchan entre el ruido del pasacalle o el del cartel de neon.

Mire lo que es la justicia poética, Ud me ceba con vino y comida para que yo le cuente  y ahora  el celular suyo suena con música de Callejeros, hasta yo la conozco y eso que me quedé en Sui Generis.
Un tucumano que estuvo conmigo en el hospital de Necochea por que le subía la diabetes, decía que Dios no existe, que iba a venir el Mesías Negro y hablaba de la sincronía, y si Dios no existe,  esa es una buena explicación. Voy a tratar de explicárselo, pero es difícil. El tucumano decía que si uno agarraba la guía de ferrocarriles de Portugal y se fijaba en un momento dado todos los trenes que andaban yirando y trazara una línea que unía los puntos de donde estaba cada uno, un día iba a encontrar un dibujo que pudiera coincidir con una guitarra de Picasso. Bah, yo no se lo puedo explicar bien, pero el Persio era un master cuando se le daba el tema de la sincronía.

Y si quiere volver a Buenos Aires, tiene que apurarse. El micromar pasa en un rato.   No fuese que se le ocurriera perderlo  y se quedara en el pueblo,   a esta hora y con el  ruido que hay.
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El tema de la luna.



Un ejemplo clasico para estudiar Piaget en la facu es el de las bolitas de plastilina. (uno agarra un cacho de plastilina y lo divide por la mitad, entonces se le pregunta a un niño pongamos de cuatro años que vio esto si hay mas plastilina en la mitad que se hizo choricito o en la mitad que se hizo bolita y el pibe dice “en el chorizo, por que es mas largo”, como si la materia no se conservara… bueno, no queria hablar de eso)Queria hablar de la luna. Cuando un pebete ve la luna a lo largo de un trayecto no sabe si es la misma luna o si son lunas diferentes, o cuando ve una mosca en la casa de la tia y en el tren, no sabe si es la misma mosca o son moscas diferentes.
Yo suelo mirar la luna. Asi como cuando era joven y bonita me gustaba salir a caminar abajo de la lluvia con un piloto de detective, gris, cruzado ahora me gusta mirar el cielo a la noche. Lunatica.
Y me pregunto si otros miran ese mismo cielo, y que ven, y que ve la luna mirandonos. Una vez la mina con la que estudiaba Psicoanalisis contaba el efecto de estar frente a las piramides a la hora que se cae el sol e imaginarse que cosas habran visto (ellas, que no tienen ojos) a travez de los siglos.
La luna no mira mi mirada, sin embargo, es testigo de tantos anhelos. Es verdad que convoca a las brujas, como decia Grace en un post. Algo de lo femenino, de lo misterioso guarda en esa mutacion maravillosa que cada noche hace su presencia en el patio de mi casa, o apenas traspaso la puerta. Basta con alzar los ojos y estar atento para ser expectador de una maravilla del universo. Llegar a la luna, no es necesario un sputnik, uno mira la luna y voila la magia.
Otra que efectos especiales, ahi esta la luna. Mirala, gil.

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lanatta, legrand, mi viejo y led zeppelin



Ahora que mi viejo esta internado en un hospital, y yo esperando que se recupere, por que sera viejo, pero ese viejo no es el mio, me doy cuenta(una vez mas) de la fragilidad de “lo que es verdaderamente importante” en la escala de importancias del monito marchador. Habia escuchado a Lannata coincidir con Mirta Legrand. A mi me gustaba escuchar a Lanata y habia leido el libro de taco ralo, ese que tiene la estrella que sangra en una mano y realmente me habia parecido un muy buen libro. Verlo coincidir con Mirta Legrand sobre el matrimonio K me daba tanta verguenza ajena…¡y yo no soy n voy a ser peronista, como no sere nunca flaca!!!!sin embargo, fui al hospital, vi a mi viejo y eso de la indignacion por dichos mediaticos me parecio cascara de banana tirada, un chisme olvidable, en definitiva: pura mierda. Me parecio mas importante la luna en forma de raja de sandia colgando del cielo y diciendome todo va a ir mejor, de la manera en que las lunas te hablan cuando hace frio y las miras esperando oraculos, y tambien me parecio mas importante escuchar a led zeppelin cantandome “Since i’ve been loving you”, porque cuando algo te pasa todo lo demas, inclusive lo politico, inclusive lo que determinara el destino de la nacion o de millones de pobres es menos importante que la luna con el augurio de que mañana tu viejo va a estar mejor

textos de otros

soriano



No estoy hablando de los bay biscuit o de los amarettis. Estoy hablando del gordo Soriano. No se porque ultimamente viene el tandem :uno empieza hablando de Fontanarrosa y termina hablando de Soriano.
Tiene una de las novelas que mejor pintan la aldea argenta “no habra mas penas ni olvido” te ves metido a sangre y fuego en la guerrilla trasladada sin escalas a un pueblo del interior de esos donde nunca pasa nada a ojos vistas, pero pasa, hermano, si que pasa… Un personaje dice: “yo nunca me meti en politica, si siempre fui peronista…!(era luppi en la pelicula de Olivera?) Yo recorde esta frase leyendo a Caparros, en la Voluntad, cuando cuenta las historias multiplicadas de tipos que empezaban a luchar por pelotudeces como que el comedor de la universidad fuera mas accesible y terminan boleteando un milico…Historias argentinas.
Ayer compre la Sudestada, por que tenia al gordo Soriano en la tapa y les copio una de una de las frases del hombre
“Cuando logramos sobrevivir a la desgracia o a la indiferencia, nos cuesta salir del asombro y nos preparamos para fracasar con estruendo. Nadie es del todo argentino sin un buen fracaso, sin una frustracion plena, intensa, digna de una pena infinita”
Al gordo le gustaba Cortazar. Cuando vivio en Paris lo fue a visitar y le hizo un reportaje hermosisimo para la revista Humor. Creo que ambos cultivaban esa nostalgia en no se que, que el exilio llena de palabras pero que es patrimonio tambien de los que estamos parados aca, siempre.
Gordo, no te mueras nunca. ¿Que ya estas muerto? A quien se lo vas a hacer creer…

textos de otros

el mundo ha vivido equivocado


Ese es el nombre de un cuento de Fontanarrosa, donde dos giles se ponen una tarde de bar, imaginandose el dia perfecto, con la mina perfecta, en la situacion perfecta. El cuento termina diciendo que “el mundo ha vivido equivocado” por que siempre se habla de primero comer y despues ir a la cama, cuando lo perfecto es
estar primero en los placeres de la cama y despues comer como un hipopotamo…
Yo pienso tambien que el mundo ha vivido equivocado…Un recuerdo para Fontanarrosa, que se cago muriendo hace dos años, que nos enseño como es ser amigo de los amigos y como soportar estar enfermo sin morirse en la vispera.
mejor que contarselos, les copio el cacho final del cuento, para que vean por que no puedo ser escritora, me cache endio.En fin. Entonces escuchame como es la milonga. ¿No? La milonga del día perfecto. Al menos para mí. Primero, ahí, en la playa, con la rubiona. Un poco de natación, el mar, las olas. Alquilás un catamarán, te vas con la mina de recorrida. Y a eso de las seis, siete de la tarde, te mandás al bar y te das algún trago largo…

—Un ron Barbados.

—Puede ser. Puede ser. Fijate, fijate… —gesticula, calculador, Hugo—. Me gustaría más un gin-tonic. Un gin-tonic.

—Loco, eso pedilo en Mombasa, en algún boliche de ésos. Pero no te pidas un gin-tonic en un lugar así. Con esa mina…

—Grave error. Grave error. ¿Qué tomaban los tipos que aparecen en la novela de Hemingway, de ésas en el Caribe, Islas en el Golfo, por ejemplo?

—Bacardí.

—Bacardí ¡Y gin-tonic! Gin-tonic, mi amigo. Pero la cosa no es esa. No es que vos vayas a pedir tal o cual trago. No. La cosa es que no te des con algún tra­go que te tire a la lona. Tenés que tomar algo que más o menos sepas que te la aguantás. Algo que te achis­pe, que te ponga vivaracho pero que no te haga pelo­ta. Mirá si todavía que ya tenés la mina en casa te le­vantás un pedo que flameás o te descomponés y des­pués andás con diarrea, te cagás ahí en el lobby del hotel…

—Vomitás —se asqueó Pipo.

—Vomitás. Le vomitás las pilchas a la mina. Un asco. No. No. Por eso, por eso, pedís algo sobrio, que vos sabés que te la aguantás y que te ponga ahí, en el umbral de la locura para acometer el acto… el ac­to… el acto carnal. Además vos ves que el asunto viene sobrio. Sin espectacularidad. No te vas a pedir tam­poco uno de esos tragos que vienen adentro de un coco partido por la mitad, que adentro le meten flo­res, guirnaldas, guindas, que lo tomás con pajita. Eso es para las películas de Doris Day que todos bailaban en bolas al lado de la pileta…

—Doris Day. Qué antigüedad.

—No. Vos te pedís entonces un gin-tonic. La mina alguna otra cosa así. Ahí charlás un ratito. La mi­na muy piola. Muy bien. Muy agradable. Simpática.

—Muy bien la mina —certificó Pipo, como asom­brado.

—Sí. Sí. Una mina de unos 26, 27 años. No una pendeja. Casada. Bien en su matrimonio. Bien. Que sabe lo que está haciendo. La mina quiere pasar bien esa noche, y a otra cosa.

—Claro.

—Claro. Ninguna complicación. No es de las que te va a hacer un quilombo al día siguiente ni nada de eso. La mina sabe cómo son estas cosas.

—No. No se te va a venir a la Argentina tampoco.

—¡Nooo! ¡No! No es de ésas que agarran el teléfo­no y te dicen “Arribo a Fisherton mañana”. Y se te arma tal despelote. No nada de eso. Entonces…

—Entonces.

—Entonces, son como las siete, las ocho de la tar­de —el relato de Hugo se hace moroso— Te vas con la rubia a la habitación del hotel.

—¿A la tuya o a la de la mina?

—A cualquiera. Allá no es como acá que por ahí te agarra el conserje y no te deja entrar con la mina en la pieza. Allá no hay problemas. Te vas con la mina a la habitación. No. Mejor le decís a la mina que vaya a su habitación. Vos vas a la tuya y te das una buena ducha.

—Te sacás toda la arena.

—Claro, te sacás la arena. Los moluscos que te ha­yan quedado pegados. Y te vas a la pieza de ella. —Hugo hace un pequeño silencio contenido. Y bueno. Ahí, viejo ¿para qué te cuento? —sigue—. Te echás veinte, veinticinco polvos. Cualquier cosa.

—¿Veinticinco, che? —duda Pipo.

—Bueno… Dejame lugar para la fantasía. Bah… Te echás cinco, seis. De esas cosas que ya los dos úl­timos la mina te tiene que hacer respiración boca a boca porque vos estás al borde del infarto…

—Sí. Que ya lo hacés de vicioso.

—Claro. Pero que te decís: “Hay un país detrás mío.” No es joda.

—Muy lindo, che. Muy lindo —aprueba Pipo, que se ha vuelto a repantigar en la silla y manotea, distraído, el paquete de cigarrillos.

—No. No —le llama la atención Hugo—. No. Aho­ra viene lo interesante. Porque yo te digo una cosa. Te digo una cosa… eh… Pipo. Te digo una cosa Pipo: El mundo ha vivido equivocado. El mundo ha vivido equivocado. Yo no sé por qué carajo en todas las pe­lículas el tipo, para atracarse la mina, primero la invi­ta a cenar. La lleva a morfar, a un lugar muy elegante, de esos con candelabros, con violinistas. Y morfan co­mo leones, pavo, pato, ciervo, le dan groso al cham­pán mientras el tipo se la parla para encamarse con ella. Yo, Pipo, yo, si hago eso… ¡me agarra un apoliyo! Un apoliyo me agarra, que la mina me tiene que llevar después dormido a mi casa y tirarme ahí en el pasillo. O si no me apoliyo me agarra una pesadez, un dolor de balero. Eructo.

—Y eso no colabora.

—No. Eso no colabora —Hugo se pega repetidamen­te con la punta de los dedos agrupados en la frente—. ¿A quién se le ocurre, a quién se le ocurre ir a enca­marse después de haber morfado como un beduino? Es como terminar de comer e ir a darte quince vuel­tas corriendo alrededor del Parque Urquiza. Hay que estar loco.

—Sí. Es cierto.

—Por eso te digo. El mundo ha vivido equivocado. Yo no sé cómo hacían los galanes esos de cine que se iban a encamar después de comer.

—Es la magia del cinematógrafo, Hugo. Hay que ad­mitirlo.

—Pero en este día perfecto que te digo yo —pun­tualiza, orgulloso, Hugo— vos terminás de echarte los quince polvos con la rubia, te levantás hecho un duque. Te pegás una flor de ducha, cosa de quitarte de encima los residuos del pecado y ¿qué te pasa? Te­nés un hambre de la puta madre que te parió. ¡Lo­co! No comés desde el desayuno. Acordate que no co­més desde el desayuno que picaste alguna boludez. Y después no almorzaste porque un tipo que está de ca­cería no puede permitirse andar con sueño y hecho un pelotudo. Entonces, entonces… imaginate bien, eh. Prestá atención. Te empilchás livianito, la mina también. Ya es de noche, te has pasado cerca de tres horas cogiendo y la luna se ve sobre el mar. Está fresquito. No hay ese calor puto que suele haber acá. Ahí refresca de noche. Vos abrís bien las puertas de vidrio que dan al balconcito y desde abajo se escucha la música de una orquesta que es la que anima el bai­longo que se hace abajo, porque hay mesitas en los jardines, entre las palmeras y ahí los yankis cenan y esas cosas. Vos no. Vos como un duque, pedís el morfi en la habitación. ¡Imaginate vos! —Hugo reclama más atención de parte de Pipo— Vos ahí te sentís Gardel. Acabás de encamarte con una mina de novela. Estás en un lugar de puta madre, tenés un hambre de lobo. Sabés que tenés todo el tiempo del mundo para comer tranquilo. La mina es muy piola y agradable y no te hace nada, al contrario, te gratifica que ella se quede con vos después de la sesión de encame. No es de esas minas que después de encamarte tenés unas ganas locas de decirle “nena, ha sido un gusto haberte conocido; ahora vestite y tómatela que tengo un sue­ño que me muero y quiero apoliyar cruzado en la ca­ma grande”. No. La mina es un encanto. Entonces te hacés traer un vino blanco helado, pero bien helado de esos que te duelen acá —Hugo se señala entre las cejas— ¡Bien helado!

—¡Papito!

—Porque también tenés una sed que te morís. Te has pasado todo el día en la playa, bajo el sol. Y ade­más después de un enfrentamiento amoroso de ese tipo si no tenés a tiro un buen vino blanco pronto ca­paz que te chupás hasta el bronceador.

—La crema Nivea.

—Y ahí te sentás con la rubia —Hugo se arrellana en su silla, hace ademán de apartar las cosas de la mesita— y le entrás a dar a los mariscos, los langostinos, la langosta, algún cangrejo, con la salsita, el buen pancito. Pero tranquilo, eh, tranquilo… sin apuro. Mi­rando el mar, escuchando el ruido del mar. Sos Pelé. Sos Pelé.

—Alguna que otra cholga —aventura Pipo.

—Sí, señor. Alguna que otra cholga. Pulpo. Mucho pulpito. Y siempre vino ¿viste? Le das al blanco. Sin apuro. Ahí es cuando entrás a charlar con la mina de cosas más domésticas. De la casa. De la familia. Cuan­do ya no es necesario hacer ningún verso.

—Cuando ya te aflojás.

—Claro. Ese momento es hermoso. Entonces le contás de tu vieja. De tus amigos. Que tenés un perro. Que de chico te meabas en la cama. La mina te cuen­ta de su granja en Kentucky. Que le gustan los hela­dos de jengibre. Pero ya tranquilo. Estás hecho. Estás hecho. Porque si vos morfás antes de encamarte —vuelve a la carga Hugo—, por más que te sirvan el plato más sensacional y lo que más te gusta en la vida a vos no te pasa un sorete por la garganta porque te­nés el bocho puesto en la mina y en saber si te va a dar bola o no te va a dar bola. Comés nervioso, para el culo, te queda el morfi acá. La mina te habla de cualquier cosa y vos estás pensando “Mamita, si te agarro” y no sabés ni de qué mierda está hablando ella ni qué carajo le contestás vos. Es así. ¿Es así o no es así?

—Es así.

—Entonces ahí, después de morfar como un as­queroso, después de bajarte con la rubia dos o tres tu­bos de blanco, vos vas sintiendo que te entra a agarrar un apoliyo ¡pero un apoliyo! Sentís que se te bajan las persianas.

—Ahí es cuando uno ya se entra a reír de cual­quier pavada.

—¡Eso! ¡Claro! —se alboroza Hugo por el aporte de Pipo—, que te reís de cualquier cosa. Bueno, ahí, te vas al sobre. Sabés, además, que podés al día siguiente dormir hasta cualquier hora porque vos te vas, ponele, a la noche del día siguiente. Y te acostás con la rubia, ya sin ningún apetito de ningún tipo, sólo a disfrutar de la catrera. Te vas hundiendo en el sueño. Te vas hundiendo. Está fresquito. Entra por la ventana la bri­sa del mar. Oís el ruido del mar. Un poco la música de abajo…

Hugo se queda en silencio, mordisqueándose una uña. Casi no hay nadie en El Cairo. Pipo también se ha quedado callado. Bosteza. Mira para calle Santa Fe. Hugo busca con la vista a Molina, que está charlando con el adicionista. Levanta un dedo para llamarlo. Molina se acerca despacioso pegando al pasar con una servilleta en las mesas vacías.

—Cobrame —dice Hugo.