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un cuento de la otra. El poder destructor de las mujeres

Este cuento aparecio publicado alguna vez, sin pena ni gloria. A mi me gusta bastante, por eso le doy una segunda oportunidad, corregido. Es un apenitas, timidamente gore. Es que no me da el cuero para más. Para ser tan zen como quiero, en el epígrafe está completo un bellisimo texto de Galeano, el Miedo que opera de antídoto.
Acá está mi cuento, uds. dirán, si hay algo que decir.

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El poder destructor de las mujeres
Esos cuerpos nunca vistos los llamaban, pero los hombres nivakle no se atrevían a entrar. Habían visto comer a las mujeres: ellas tragaban la carne de los peces con la boca de arriba, pero antes la mascaban con la boca de abajo. Entre las piernas, tenían dientes.
Entonces los hombres encendieron hogueras, llamaron a la música y cantaron y danzaron para las mujeres.
Ellas se sentaron alrededor, con las piernas cruzadas.
Los hombres bailaron durante toda la noche. Ondularon, giraron y volaron como el humo y los pájaros.
Cuando llegó el amanecer, cayeron desvanecidos. Las mujeres los alzaron suavemente y les dieron agua de beber.
Donde ellas habían estado sentadas, quedó la tierra toda regada de dientes.
 Galeano
Con la última cerveza, Nahuel hizo el chiste. Dijo que a Luli habría que llamarla vagina dentada.
Eran bromas de chico universitario, yo me quedaba un poco afuera, pero él había aprobado Antropología en el CBC, antes de dejar, con un contrato en un el call center, donde eran tan negreros como en un taller textil boliviano, pero los giles no se daban cuenta.
No soy un cabeza, mas o menos tenía el concepto, pero a los otros, tumbados como estaban el Nico y Alexis, había que explicarles hasta el Elefante Trompita. Vagina dentada, dijo Nahuel. Y didáctico expuso: Muchos pueblos antiguos pensaban que las mujeres tenían dientes en la concha. Todos nos reíamos de puro pelotudos o tal vez  por  el vino, o porque no tomábamos en serio el saber de los antiguos.
Tiene que ver con el psicoanálisis, con la castración, seguía Nahuel, para nadie, y ahí Nico dijo ¿que es la castración? ¡Como los perros!
– No boludo, es algo del miedo de perder el falo, bueno, no te explico: muchos pueblos, te decía, pensaron en la mujer como devoradora.
– ¡Devoradora, devoradora! Eso lo cantaba la Lía Crucet- cantaba a los gritos Alexis (que es un amargo pero que cuando esta chupado se hace el jodón)
-¡Devórame otra vez! Y Nico le hacia la segunda, en transe de joda, haciéndose la Azúcar Moreno.
Entonces yo, que tenia un rencor doloroso, una nausea en la barriga por la Luli, porque nunca me daría bola, porque siempre le daba el celular y cada vez que la llamaba me decía ¿quien sos? y en todas las oportunidades reiteraba la convicción de que  no le interesaba guardar mi numero, que me ninguneaba en el Messenger… Con el rencor triste de los perdedores para mi desde ese momento decidí nombrar a la Luli como” vagina dentada”.

Yo le cuento esto, pero paso mucho tiempo, digamos seis meses de esta conversa, que ahora me viene a la mente.
¿Vio que el mundo da vueltas? Nos olvidamos de esa charla de borrachos. La Luli siguió siendo la hija de puta de la Luli, y yo seguí enamorado como un caballo, pero de lejos.
La cosa dio un vuelco cuando pasó que subí al 37, iba solo al Bafici, porque a los del barrio no se los puede contar, todos se hacen los novios y te dicen que están ocupados y los amigos, verga, ya ni nos reunimos para ensayar, el grupo se fue a la mierda, solo yo ensayo en mi casa cosas de La Renga, pero adiós ensayos de los sábados llueve o truene y eso que lo juramos , y además  imagínese, si no vienen a ensayar, menos al cine, en realidad no les interesa el cine, y en el laburo no enganché a nadie.
Pero en el 37 estaba la Luli. También sola. También iba al Bafici. Ella había elegido otra película, pero a mi no me importó. Le dije que iba al mismo Atlas que ella, mientras arrugaba la entrada que había comprado por internet para el Abasto. Conseguimos entradas para la que ella quería, por que creí en ese momento que Dios estaba de mi lado. Error.
La película era una  garcha. Y ella hablaba como para que la echaran del cine. Era la primera vez que me daba bola, realmente. Y yo estaba entre apocado y ganador. Que me importaba que la película fuera lenta, en blanco y negro, y pareciera hecha por subnormales. La Luli me daba bola
La cuestión es que le di el celular por décima vez y esa noche mientras me cocinaba unos patys, me llamó ella.
El cielo con las manos.
Y me invito, lo juro, a vernos en Starbucks,al día siguiente donde me cobraron un café y un cacho de budín (dos cafés y dos cachos de budín) como cincuenta mangos y con el remis se hicieron cien, y yo tan contento como si me hubiera ganado la grande.
Es que ella era la grande. La más grande. Esplendía la Luli. ¿Como que es esplendía? Le salía luz de todo el cuerpo, como a un dibujo de santos, eso. Estaba esplendorosa.
Una diosa. Y después fuimos a mi casa, al departamento que tengo, que usaba mi abuela antes. Al fondo de mis viejos
Cuando llego la ambulancia, yo había perdido un montón de sangre, ella ya no estaba, creo que sabia, por eso uso mi celular para llamar al 911.
Se ve que me quería un poco, me dijo cuando se iba,(no, no lloro mas, ya se me pasa)  me dijo que no guardaba mi celular porque no me  quería lastimar, que era a pesar de ella. ¿no vio la huella de su pie, marcada en el rojo plasteque de la sangre?
El amor lastima, fue lo ultimo que escuché antes de perderme en la noche negra, mientra miraba su breve pié, manchar con mi sangre la salida del cuarto…
Al final los antiguos no eran tan giles. Doctor ¿cree que tengo todo, que me voy a sanar?

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