nunca me compraron un geloso


Al comienzo de la pubertad que hubiera hecho con él. El dique que me hubiera dado ¡ni siquiera tendria que haber desarrollado el don de la memoria! Con un geloso podria haber aprendido las insoportables poesias de Olegario V Andrade que aparecian en la primera pagina del anteojito  y humillar en las clases de Lenguaje de la primaria.
Ahora nos venimos a quejar de la tecnologia que queda obsoleta, joder, puta. El geloso aparecio, fue una rafaga, lo necesite y cuando podria haberlo comprado con la plata de la semana (quiza)  ya era historia.

un cuento de la otra.


A falta de algo mejor hago un refrito de mis cosas y publico aca un texto que supo navegar otras aguas .

soplando entre ladrillos con una bic.

Entre los ladrillos de la pared, el revoque se cayò.Pasa la vida y yo hago trucos para ver salir de allì arañas. El arte consiste en vaciar una bic y soplar. Cualquier pajita viene bien , a falta de una lapicera.Las arañas piensan que en su mundo aracnido arrecia un tornado y dejan su hogar, emigran para salvar el pellejo. A falta de otros textos en la infancia uno se entretiene con animales   y asi piensa en la vida, construye algunas hipotesis. Es bueno. tirarse en las baldosas y mirar la imbecilidad de las hormigas, una tras otra, llevando mordidas hojas verdes de algun arbusto.Esos arbustos que la gente podaba (antes) dandole formas caprichosas y pelotudas. Ligustrinas, (libustrinas) Encolumnadas como africanos que cargan bultos de actores de cines que hacen de siervos de exploradores ,las hormigas pasan y hacen caravanas en el desierto de las baldosas amarillas  y rojas. Y van. Luego alguien  (alguna Diosa sangrienta, como mi abuela) agarrará una pava de agua hirviendo y viene la muerte. O no. persisten en su hormiguitud, como yo en mi vida.Es verano, claro. Todo es posible en las larguisimas siestas del verano.
Otro animal inmensamente interesante es la mosca. Hasta es posible pensar en adiestramiento de moscas, quiza dandoles el premio de un poquito de leche azucarada.Soy una pusilanime y ni siquiera lo intento. Cuantas veces pensè en que algo bueno podria conseguir con esfuerzo y los proyectos  solo se enuncian y alli quedan, las ganas, viajar en barco quiza o en globo, mucho mejor, como Tom Sawyer y estar en el extranjero especificamente arriba del desierto del Sahara y ver el oro abajo, no seria tan dificil, subir a un globo y tirar las canastas con peso y subir e ir al Africa.
Ademas, volviendo a los animales, lamento ahora, en este instante, que nunca pude ver un circo de pulgas. Se que existen. Los domadores de pulgas usan sombrero hongo y un traje de solapas brillosas, por ahi un traje serio pero de un color inadecuado. Verde. Nunca vi un circo de pulgas pero no me queda ninguna duda de que existen, de que con disciplina, hay domadores que lograron que las pulgas hicieran cabriolas. Azorada me hubiese maravillado ver una pulga arriba de otra, como si fueran hombres musculosos, mirando a camara,  en Coney Islando o algun otro lugar de  prodigios. Yo alquilaria el numero proveyendo a los interesados de grandes lupas. Por ahi ese truco me haria millonaria, y entonces ni siquiera tendria que huir en un globo, sino me podria comprar uno: le pondria un nombre muy argentino: Los globos saben tener nombre de vientos, Pampero, Zonda. Yo le  pondria algo asi, es cuestion de pensar. Es que el nombre es  muy importante para cualquier cosa. A mi me arruinaron con el mio. Con otro nombre hubiera llegado lejos.
El fondo de la casa esta lleno de interesantes aprendizajes,  es que la vida esplende, si uno tiene ojos para ver antes que te quedes ciego a toda la maravilla que se derrama obscena ante vos.

El palacio del rocanrroll.


A la escriba de este blog le gusta el rock, inclusive el  barrial, de garage. Cuadradote, básico.
A veces se hace la psicodelica, por una remora setentista, es una marca de la epoca, pero de lo que suena ahora la escriba gusta de corear a la Mancha de Rolando, que ocupará  un espacio en el arbitrario espacio del palacio. 

hay cosas que no se sabe si duelen o dan risa.


el kitch en su maxima expresion, kitch visual  o acaso eramos tan simples. Yo tuve todas esas cosas, cada una de ellas.hay algo de ese perdedor en nosotros, aunque nosotros seamos mujeres . Ricardo (cuyo blog esta linkeado a su derecha) me trajo la palabra del muchacho del taunus. Y viendo la iconografia ludueña me rei, aunque ni de chica haya pateado una pulpo.
Ayer a la noche  miraba al Beto Alonso y observaba en su cara el estupor de quien ha perdido certezas.  A mi la bajada de River a la B por supuesto no me mueve un pelo. pero me  hago solidaria con ese sentimiento.
Para algunos vino de la mano de que los bancos cerraran o de que el Hogar Obrero se fuera con tus ahorritos, que tu mujer te corneara, que tu hija se casara con un viejo, que tu pibe sea maricon.  A otros simplemente les alcanzo con que su equipo fuera a la B.

Hoy en bizarren un cuento de Eber Ludueña 
Como todos los viernes desde hace tres días, salí a recorrer diversos comercios de la zona para aprovisionarme, pero me di de bruces contra una realidad: a pesar de la tregua del campo, el desabastecimiento de productos de primera necesidad persiste en Tapiales. No pude conseguir el Cynar por ningún lado, no quedaba bidón de 5 litros de colonia Crandall y todavía están racionando el fiambrín (1), aunque ya liberaron segundas marcas de salchichón primavera. Resignado, completé mi combo con medio kilo de maní japonés que me vendió por izquierda un almacenero gamba, que resultó ser un medio hermano de Nelson Agoglia. “«él te recuerda mucho”, me dijo, aunque no aclaró si los recuerdos lo asaltaban los días de mucha humedad o cuando revisaba algún número de la revista Solo Fútbol. Le agradecí la gauchada del maní japonés y me comentó que cuando pasa algo fuera de lo común, como el lockout patronal (2), la gente ve fantasmas por todos lados y sale a comprar por las dudas. “No serán como los fantasmas que hay en la Bombonera, pero los ven igual”, me dijo Elvio. Así me enteré de que en la cancha de Boca, por las noches, aparecen espectros, se escuchan ruidos y las luces de los vestuarios se encienden solas.

Intrigado por el caso y presa de un susto que marcó siete en la escala de Richter, llegué hasta el club Juvencia para pedir prestado el teléfono y comunicarme con un parapsicólogo amigo, el licenciado Cagarliski. Necesitaba que un profesional me aclarase qué sucedía. “Es normal que se produzcan esas apariciones en las canchas de fútbol” comenzó su exposición Cagarliski, luego de introducir en su boca, de un solo lanzamiento, 14 maníes al unísono. “Son lugares por los que pasan muchos muertos…”. Me dio una lista larga de colegas, que prefiero no transcribir simplemente porque varios amigos se encuentran en ella.

Cagarliski me apabulló con sus conocimientos sobre eventos fantásticos en el fútbol. Me habló de los penales que Palermo erró en la Copa América ’99; del gol del uruguayo Daniel Francovig a Luis Islas en la Copa Libertadores ’87 y de la selección argentina campeona de los Juegos Odesur 86, con Fantaguzzi, Luli Ríos, Bartero y el Puma Rodríguez. Verdaderos milagros para la mayoría. “Trabajos” para el ojo avizor de un especialista.

Cuando el maní japonés se acababa, Cagarliski me reveló que mi paso por Douglas Haig había dejado una huella paranormal. Hace unos cinco años el licenciado fue llevado en remís a Pergamino para que abriera un campo de energía paralelo al estadio Miguel Morales, ya que los espíritus se habían adueñado de la cancha. “Fui -me relató con tristeza Cagarliski-. Y me di cuenta que eran todos espíritus convocados por un ex jugador: alaridos de punteros en pena, permanentes “cracks” a la altura del vértice del área grande, y gritos de “guarda, guarda, guarda” provenientes de la popular. Todos estos elementos y un canchero jubilado me señalaron a un único responsable…”. Un frío me corrió por la espalda y la imagen de Martelotto tomándose el tobillo derecho se me apareció en la pared mal revocada del gimnasio del club Juvencia.

(1) 250 gramos por grupo familiar.

(2) Yo creía que “lockout” era una marca de cerraduras.

cosas necesarias


Se me empezaron a torcer los dedos por la artrosis, como a Polly Chambers, la dueña de la tienda Cose y Canta de Castle Rock. Y añoche soñe (es verdad) que en la calle que va a la escuela donde trabajo habia numerosas tiendas de viejo, de ventas de cosas usadas. Tal vez por eso -ademas de por el twitter- empece a pensar en La Tienda de los deseos Malignos, la novela donde el diablo ha puesto una tienda. La tienda se llama Cosas Necesarias. La gente vende -sin saberlo, claro, como siempre- su alma dandole pequeños favores al diablo a cambio de cosas que cree necesarias, que se le tornan indispensables.
Lo que mas me recuerdo es a la madre de un adolescente que cuando se ponia unos lentes se fugaba de la realidad y de repente estaba en Graceland, la casa de Elvis. Y entonces empezaba a formar parte de escenas con Elvis. Y la virtualidad sustituia la realidad. Su mundo verdadero se derrumbaba y ella seguia en Graceland tomando pepsi de la fuente del jardin o cogiendo con el Rey.
En la misma linea -por asociacion libre- viene El Quijote (esta bueno ser clásica alguna vez) que superpuso a la vidavida el glamour de las novelas de caballeria y ciertas escenas de Farenheit donde las personas terminaban hablando con los televisores que ocupaban toda una pared, intercambiando dialogos con ficcionales personajes de novelas
Y como dice Tom Lupo (mentando seguramente el espiritu lacaniano) lo que cambia no es la gente, lo que cambia es la tecnologia. Asi como antes los locos sujetados por la patologia llamada “el aparato de Influencia” que bien describe Victor Tausk suponian tener antenas implantadas en su cuerpo y ahora insisten en que tienen chips insertados en el cuerpo, las fugas de la realidad pueden sostenerse en cualquier formato.
Despues no le andemos echando la culpa al diablo. Y no compremos cosas necesarias, porque Graceland se derrumba.
dicen que en este link te podes descargar el libro pero ¿quien es el heroe que puede leer un king desde la pantalla o imprimir tamaña cosa??

memoria de fogarata


Casi no las recuerdo, pero lo que consigo atrapar con las palabras, lo pongo en la mesa, para que lo completen o simplementen le hagan una ojeada rasante.
Habia entonces baldios. Tiempo sin rejas. Parecitas chiquitas con jardines muy pedorros donde un par de rosales, una gorra de vasco, algunas plantas que se iban en vicio separaban las casas de las veredas. Esos jardines tenian pequeñisimos pasadizos, como si el diseñador -un albañil italiano que tiraba una lechada de cemento entre ladrillos al bies- hubiera tenido la pesadilla de un liliputiense versalles. La cosa era asi: casa, jardin adelante y muro en el que sentarse, o tal vez una libustrina cortada a tijera. Nada de rejas.
Mi casa no tenia la llave echada. Y en el fondo siempre siempre enormes sogas de alambre grueso donde poner al sol la colada de la ropa. La ropa que se retorcia a mano, que babeaba su agua jabonosa sobre el pasto o la tierra del fondo.
Y en las calles, el dia de san juan, es decir hoy, o de san pedro las personas llevaban sillas de paja maltrechas, sillas baratas descoladas y cajones muertos de verduleria y como no habia tantos cables surcando el cielo astillas de fuego saltaban de la fogarata.
Y dicen los chicos que hoy son abuelos de batatas y papas sin envolver en aluminio, claro, que se cocinaban a su rescoldo.
Yo no lo he visto casi, pero si cierro los ojos me pica en los ojos el olor de la fogarata, me alcanza su brillo rojo naranja que contrasta con el helado junio, me arrebolan las mejillas el fuego caliente de un tiempo simple donde la felicidad consistia quiza en rodear una fogarata, bailando alredor, gritando a vos de cuello con el crepitar de lo que se quema. Y comer despues una batata quemada con su crema verdiamarilla como si fuera un exquisito manjar, un tocino del cielo, un recuerdo de infancia.