consumo·tiempo

oda a las cosas.

Creci en una casa donde estaba siempre la radio prendida. Recuerdo sobre todo una noblex grisesita, la voz de Carrizo, los gritos de Larrea, quiza tambien Cacho Fontana, a quien mi padre defendiò hasta lo indefendible: lo consideraba un señor intachable..
No recuerdo que se cambiara de dial, la radio acompañaba la vida, sin un protagonismo de estrella, pero constante e incisiva como un dolor de dientes.
Mi viejo sigue escuchando la radio, pero yo no. Sin embargo en la adolescencia  le daba tupido  Modart en la Noche, las siete lunas de crandall, ya me olvide de todo.
Despues la familia fue devorada por la tele,
Mis hijos pasaron del family game a otros aparatos que he pagado pero cuyo nombre ni registro.
La pc. Primero usar el word, hacer banners, y despues internet. Aprender a guglear, ver que los pibes tenian fotolog, abrirme un blog, un tuiter.
La vida alrededor de los aparatos, que se yo.



ODA A LAS COSAS – Neruda

AMO las cosas loca,
locamente.
Me gustan las tenazas,
las tijeras,
adoro
las tazas,
las argollas,
las soperas,
sin hablar, por supuesto,
del sombrero.

Amo
todas las cosas,
no sólo
las supremas,
sino
las
infinita-
mente
chicas,
el dedal,
las espuelas,
los platos,
los floreros.

Ay, alma mía,
hermoso
es el planeta,
lleno
de pipas
por la mano
conducidas
en el humo,
de llaves,
de saleros,
en fin,
todo
lo que se hizo
por la mano del hombre, toda cosa:
las curvas del zapato,
el tejido,
el nuevo nacimiento
del oro
sin la sangre,
los anteojos,
los clavos,
las escobas,
los relojes, las brújulas,
las monedas, la suave
suavidad de las sillas.

Ay cuántas
cosas
puras
ha construido
el hombre:
de lana,
de madera,
de cristal,
de cordeles,
mesas
maravillosas,
navíos, escaleras.

Amo
todas
las cosas,
no porque sean
ardientes
o fragantes,
sino porque
no sé,
porque
este océano es el tuyo,
es el mío:
los botones,
las ruedas,
los pequeños
tesoros
olvidados,
los abanicos en
cuyos plumajes
desvaneció el amor
sus azahares,
las copas, los cuchillos,
las tijeras,
todo tiene
en el mango, en el contorno,
la huella
de unos dedos,
de una remota mano
perdida
en lo más olvidado del olvido.

Yo voy por casas,
calles,
ascensores,
tocando cosas,
divisando objetos
que en secreto ambiciono:
uno porque repica,
otro porque
es tan suave
como la suavidad de una cadera,
otro por su color de agua profunda,
otro por su espesor de terciopelo.

Oh río
irrevocable
de las cosas,
no se dirá
que sólo
amé
los peces,
o las plantas de selva y de pradera,
que no sólo
amé
lo que salta, sube, sobrevive, suspira.
No es verdad:
muchas cosas
me lo dijeron todo.
No sólo me tocaron
o las tocó mi mano,
sino que acompañaron
de tal modo
mi existencia
que conmigo existieron
y fueron para mí tan existentes
que vivieron conmigo media vida
y morirán conmigo media muerte.

Miren, este es Jack Keruac, el psicodelico, de la novela En el Camino.

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si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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