Sin categoría

Cuentos de pueblo.

En los noventa, donde los que podían veranear se iban al extranjero y las casas compradas por  padres de familia de la clase media para llevar a los hijos, tenían carteles de venta que envejecían sin encontrar compradores, en ese entonces, Marymar era casi un pueblo obrero. De mar y proveedor de mano de obra barata para los otros pueblos de la costa, pueblos con negocios se abrían y se cerraban ante la falta de éxito. Montones de kioskos fueron el destino final donde naufragaron  indemnizaciones por despido sumadas al sueño de vivir cerca del mar, para ser mejor persona.

Yo mismo me vine para acá para eso.

Cuando le hicieron el monolito al pendejo  que tuvo el mal sino de morirse solo, como un perro de playa, Marymar agonizaba; sin embargo siguiendo la misma trayectoria que la Argentina toda,  en los últimos años se vio acá un repunte. Nunca llegarà a ser Las Gaviotas,  ni Costa del Este : no està en su naturaleza. Pero el mar es el mismo, el mar es el mismo.

Nuevas casas se van alzando en la linea del horizonte, todas a medio terminar, todas de avance lento, y la alta gama brilla por su ausencia. Sin embargo, en unos cuatro o cinco lotes donde había solo tamarindos y cortaderas en poco mas de cinco meses el anteaño levantaron un spa. Los notables en la mesa del Miramar, afirman sin pruebas que la obra se  hizo con la plata de la droga,  del lavado de dinero de la política y que a los que lo pusieron les importa un pito su rentabilidad. Pero el spa está y hasta me dijeron que tiene una pagina en internet, con ofertas y todo. El South Sea.

Del Miramar podría hablar bastante. Voy allì cada tarde en invierno y en verano. Lo pusieron dos putos jubilados de docentes, con cierto gusto, como remedando bares viejos, pero sin gastar mucho. Uno cocinaba hasta que se fue y el que quedó le dio la consesion a Bursatti, que habia sido gastronómico y tan mal no lo hace. Por lo menos el cafe es bueno y hay unas aceptables medialunas que tiene congeladas y que cada tarde cocina y sirve calientes. El Miramar, contrariando su nombre, no mira al mar,  se encuentra en la calle ancha y de tierra que comunica con la once y la parada de los buses.

El municipio quiere hacer buena letra y tenemos un consejal kirchnerista que antes fue duhaldista, que consiguió que pasen la maquina por las calles cada día y ahora hay mas alumbrado y hasta no se que escuché hablar de que van a poner wi fi gratis para atraer turistas. Una pelotudez. No es prioridad para la gente que vive todo el año, unas cincuenta familias, contando algunas como la mia que son familia de un solo tipo, aunque debo decir que mas de un fin de semana tengo una bombachita colgando de la canilla. Entonces no voy al Miramar y los notables hacen chistes guarangos sobre mis ausencias. Yo me agrando por eso.

Pero lo que queria hablar es del Spa. Tiene un cartel elegante que dice algo asi como Spa de Mar y el nombre, ya lo dije,  South Sea. Los de acá, salvo los que hicieron changas de electricidad y albañileria en obra, no entramos nunca. Y los que estuvieron hablan de mucho durlok, de una pileta azulejada moderna, poco mas.

Por eso cuando Lorena se ofreció para trabajar y la tomaron yo me puse contento. Había terminado la secundaria en San Clemente y el ùnico destino que podiamos imaginarle en el Miramar era el exilio y el olvido del pueblo.

Lorena empezó a cobrar sueldo aun antes de que hubiera clientas, aprendiendo de memoria el trato que esperaban, y las particularidades del masaje con piedras calientes o la talasoterapia. Ella fue la que me contó de como lloraba la sirena.

Las minas empezaron a caer, de cuarentonas para arriba, y con guita. No bajaban  del Micromar, y  es probable que las trajeran de la terminal de San Clemente con combi, porque si se tomaban el micro y tenian que ir caminando hasta el South Sea la mayor parte de ellas se podia tomar el raje. De esta manera aterrizaban en el lugar y la vista al mar es esplendida. El mar tiene eso, hace del horizonte un lujo.

Y en uno de esos grupos vino la Sirena. Lorena dice que pagaba una pieza doble y que no comìa en el restó del complejo, ni recibia viandas light, que era otra de las ofertas del lugar. Las viandas light las armaba la mujer del lungo Arbetti, que trabajaba en la cocina gracias a una conexion de no se quien. Por el Miramar tampoco pasaba, ni la vieron en la pizeria, ni en el mercadito. Después del verano no hay ninguna otra opción.

Lorena me cuenta que era dificil darle la edad a la Sirena, y ni siquera  sabia como se llamaba porque su trabajo consistia en dar horarios y  registrar el nombre de las que tomaban servicios no incluidos en el paquete general, cosas como reflexologia o masaje descontracturante o reiki. La sirena se pasaba el dia en la pileta, y sobre todo flotaba.

Evadia todo contacto  con las otras, las charlas sobre el tiempo o las ventajas de usar cremas de marca o los maricones que estaban los hombres de un tiempo a esta parte.

La Sirena flotaba. Lorena desde su cubiculo la miraba con discreciòn. Y suponia que lloraba, aunque dice que es dificil darse cuenta cuando alguien tiene la cara mojada por el agua y no hace hipos ni derrapa en ademanes exagerados. La sirena lloraba quedamente.

A la hora de cerrar el spa, cuando todas volvian a sus cuartos para dormir, mirar television o pensar en lo inutil de la vida, a ella habia que sacarla del agua, con discresión, señora, en diez minutos cierra el natatorio.

Era una reina saliendo del agua. En vez de tener los dedos arrugaditos y la mirada roja por el cloro, ella parecia recien nacida, me decia Lorena, que nunca fue exagerada y no es afecta a las historias, porque recien empieza a vivir.

El cuento es que una tarde de sol, de esas de otoño, como la de hoy, pero el año pasado, cálida, casi como un regalo del verano que se habia ido, en vez de ir a la pileta, la sirena se fue para el mar. Ese dia en la pileta del spa no habia nadie, porque la empresa habia armado un tour para ir al Faro en un jeep del tiempo de la guerra y las diez minas que estaban alojadas agarraron viaje.  La sirena no.

Lorena se puso a mirar desde el muro vidriado de la pileta a la Sirena en la playa. El mar estaba calmo y el viento era como un amigo. Y a las cinco de la tarde, -las del faro estaban por llegar- la Sirena que lloraba se metio al mar. No era hora, convengamos, en otoño y a las cinco. No tuvo ninguna de las vacilaciones que todos tenemos por el agua fría que nos caracteriza Elegantemente, si fuera un desfile la sirena se metio en el mar. Y nadó para adentro.

Y de ahi no salio.  Por eso Lorena se fue este año a estudiar a Mar del Plata. En la pieza no habia nada, y la Empresa, sin que nadie los contradiga con reclamos, sugirió que la mina se fue por su cuenta, descortesmente, sin avisar, y sin dejar deuda alguna. La supervisora dice que las mujeres que no alternan con otras se aburren, que hay que diseñar actividades de encuentro.

Yo en tardes como esta me siento en el monolito de cemento de la playa, a una cuadra de donde Lorena dice que vio meterse en el agua a la sirena y espero.

Eso.

Anuncios

2 comentarios sobre “Cuentos de pueblo.

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s