Un relato de exilio argento y un beau geste.

Imagen Maldición de Malinche, temazo. Muy setentoso. El video es preciso Managua, 1983. De ese viento salen nada mas que tempestades.

Resulta que Leandro me dice que estuvo en Managua, alli mismo,  adecentando el escenario, junto con otros niños sandinistas (al final los niños sandinistas hacen parecidas cosas que los niños exploradores)-
Como, como! ¿Managua? ¿ Maldición de Malinche?
De esos vientos extraigo este relato de un exilio argento y un detalle -los dioses están en los detalles- sobre un viaje en avion,  un viaje,que como todos los grandes viajes en la vida de las personas, traza un destino.  Gracias Leandro, viajando en tw y en blog, se conoce gente.

Me gustaría conocer a la persona aquella a la que le llegó una solicitud de asilo político por parte de una familia argentina, constituida por los dos progenitores y sus cuatro hijos. Era el año 1977 y todos estabamos clandestinos en Bolivia, a dónde habíamos llegado de forma ilegal, huyendo de la masacre que ocurría en Argentina.

Alguien en ACNUR decidió que calificabamos. Que el mundo civilizado debía ser solidarios con nosotros y darnos asilo.

¿Quién habrá sido? ¿Sería una buena persona ese tipo que decidió? ¿O habrá sido un consejo de viejos? ¿O fue mero protocolo?

Esperamos a que mi hermano mas chico, nacido prematuro en un hospital publico de La Paz, se ponga fuerte como para poder sufrir lo menos posible el largo viaje desde Bolivia, hasta Bar- Sur-Aube, Francia. Le regalamos los muebles y ropas a unos Montos recién llegados y aún aterrorizados. Resolvemos las ultimas cosas, equipajes y al aeropuerto. Lufthansa: La Paz – Lima, Lima – New York, New York – Frankfurt, Frankfurt – Paris. Uno de los vuelos más largos de la compañia. La anécdota familiar cuenta que a mi hermano mas chico, le habían pasado
el detector de metales incluso en los pañales. Viajábamos en un vuelo amenazado de bomba por unos terroristas. Por eso el avión iba practicamente vacío de no ser por nosotros y un par personas mas.

Recuerdo claramente el avión inmenso y vacío. Jugaba con mis hermanos por los pasillos, miraba por las ventanas. Era maravilloso. El olor del avión. Los oidos tapados. Hasta pusieron una película graciosa: “The last remake of Beau Geste” del grandioso Marty Feldman. Escuchábamos atentamente la película por unos auriculares que parecían estetoscopios. Se podía seleccionar el idioma de la película, moviendo un selector escondido bajo una chapita del posabrazos de la butaca. La peli estaba en Inglés, alemán y francés por lo no entendí absolutamente nada, pero Marty Feldman, con sus ojos azules muy bizcos y las escenas disparatadas eran más que suficientes como para entretenerme y divertirme mucho.

En Nueva York, el tiempo de espera era tan largo, que había un señor esperándonos para llevarnos a un departamento, ahí mismo en el aeropuerto. En Frankfurt la espera no fue tanta. Salimos con mi padre a recorrer el Aeropuerto. Vimos un bar dónde las mozas atendían en tetas. Luego llegamos a París.

ACNUR, nos había salvado de la atroz dictadura que se vivía en Argentina. Nos habían llevado hasta Francia. Pagaron los pasajes. Le darían formación y trabajo a mis padres. Cobraríamos una asignación familiar especial por familia numerosa. Nos darían un lugar donde vivir. Pero nuestro exilio había comenzado un año antes, cuando nuestra casa en una villa de Avellaneda, provincia de Bs. As, fue asaltada por un grupo de tareas quince minutos después de que nosotros saliéramos con lo que teníamos puesto. Una compañera se enteró que sistemáticamente iban cayendo casa tras casa de sus conocidos y se arriesgó, en contra de lo que su responsable le sugería, y vino a decirnos que rajemos. Vivimos en un galpón en
el fondo de la casa de un amigo de mi viejo, escondidos, durante un tiempo. No podíamos salir ni a la vereda. Hasta que el amigo de mi viejo se dio cuenta de la situación y nos rajó. A mis hermanos y a mi nos mandaron con mi abuela, en Córdoba y mis padres se fueron en moto,
a esconderse en el interior. Fué entonces cuando mi madre queda nuevamente embarazada, esta vez de mi hermano Mario. No podían recurrir a ningún hospital por lo que terminaron

escondidos en un camión, cruzando la frontera norte de la Argentina, rumbo a La Paz.

La idea de que por 15 minutos salvamos nuestras vidas es aterradora. Cuando me entero de los horrores que pasaron sus compañeros, torturados, presos, desaparecidos, con sus hijos robados… es indescriptible. Aún hoy me estremezco.

Hace poco esa historia fue enriquecida con un dato. Una piecita que vino a complementar el rompecabezas de la historia del exilio, develando algunos detalles inquietantes.

En una cena con mis padres y sus amigos, conocí a una alemana, de unos 65 años, delgada y alta, muy simpática, con unas manos tremendas. Había sido miembro de las RAF. Una historia de vida inimaginable. Mogadisio, palestinos, alemanes foquistas. guerrillas urbanas. Secuestros. La carcel en Alemania. Nos caímos simpáticos mutuamente de modo que quedamos en volver a vernos para ir juntos al show de Dancing Mood en el KONEX.

Al despedirme de mis padres, antes de bajarme del taxi, mi madre tira dos datos al pasar.
Las RAF eran quienes habían hecho la amenaza de bomba al vuelo que nos llevó a Europa y aparentemente ACNUR estaba al tanto de las amenazas. Esos datos, ignorados hasta hace muy pocos días, ayudan a perfilar la historia y a definir mejor las inquietudes.

Mis padres sospechan que desde la ACNUR nos pusieron como garantía para que las RAF no detonen el avión. Las RAF no volarían un avión con refugiados sudamericanos. Eso explicaría ese avión vacío y resignifica todos esos recuerdos de aquel viaje.

Conocí a una vieja miembro de las RAF. Bailamos juntos con Dancing Mood en Buenos Aires. Le dejé un fuerte abrazo al despedirnos. Ahora tengo muchas ganas de conocer a quienes nos subieron a ese vuelo y hacerles algunas preguntitas.

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One thought on “Un relato de exilio argento y un beau geste.

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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