los locos de la guerra.


Shoichi Yokoi estuvo encerrado en una cueva subterránea en la isla de Guam, durante 28 años después de terminada la guerra, la segunda. Su emperador se había rendido, su país era otro y el esperaba. Porque no entregaba sus banderas. Preferible morir de inanición a entregarse al enemigo.
Lo descubrieron en el 72, en Guam, espantado y escuálido, cuasi delirante. Tuvo tiempo de ser recibido como un heroe (casi como el personaje de Naufrago, igual de desorientado) de casarse, de ser candidato a diputado. Y de morir mas de veinte años despues.

53 años, 7 meses y 11 días después de enamorarse como un loco Florentino Ariza hace el amor con Fermina Daza en la novela El amor en los tiempos del cólera. Tenga cuidado, don Floro, eso parece cólera. Pero no, era el amor.

La persistencia en la memoria lo llevo a Dalí a pintar sus relojes blandos, a Garcia Marquez a imaginar un viejo perdulario que no olvida su epifania de enamorado y al japones resistente a vivir en la clandestinidad mientras en Japon destapaban coca cola.

Somos una especie de locos de la guerra.

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