los pibes muertos

Si Constitución es el umbral para el afuera, si la estación de tren en Constitución es de donde me paro para salir de la casa que son mis arrabales, Avellaneda es el pasillo de adelante. Un lugar familiar. Subo y bajo las inmundas escaleras, me paseo por su estación como perico por su casa.
Los pibes muertos están alli, como muertitos de los altares familiares. No hay manera de obviar su corta edad: 23 y 21 todo por delante y fue la muerte perra. La muerte del odio, la muerte de lo que no debìo ser.
La militancia es sobre todo alegria. Cualquier militante te lo puede decir. Alegria y no odio. Alegria y ganas de hacer, confianza en que el cambio es posible.
Kosteki estudiaba en una escuela, la media 15, por la cual paso a diario. Digo, podrian haber sido mis hijos. En cierta manera,todos son nuestros hijos.
Dice el cabo que acompañaba a Franchiotti, el asesino, que el tipo dijo “a estos negros de mierda hay que matarlos a todos”. No sabia que con su muerte, los multiplicaba.
Un recuerdo a los pibes muertos cuyo fantasma avienta deseos de lucha en corazones argentos, Maximiliano Kosteki y Dario Santillan, Presentes, Ahora y siempre.

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One thought on “los pibes muertos

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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