con cortazar en la sangre, como una ponzoña, siempre.


Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua…. así empieza Casa Tomada, el primer cuento de Bestiario. A los 13 años Silvia, Elda y Mirta me lo regalaron, con dedicatoria y todo. Y ahí mordí mi primer veneno Cortazar, que me ha acompañado hasta hoy, sin replegarse nunca. Lo llevo en la sangre. Y es, en parte mi fortaleza, como quien ha ganado un premio en el pasado y lustra las copas de falso bronce, consolandose.

Mi veneno París, creo que París me empezó con Cortazar y los conejitos que vomitaba el tipo que le cuidaba el departamento a la señorita que se había ido a vivir a París.

Aniversario Cortazar. Buen momento para volver a colgar mi primer cuento escrito en serio, la Joya del Atlantico, para los nuevos lectores del blog, donde esta Persio, el personaje de Los Premios, y que ademas termina, cuando no, con un homenaje a Casa Tomada.

La Joya del Atlántico

See That My Grave Is Kept Clean
Blind Lemon

A Silvia Giglia, nobleza obliga.
Vd. me dice su nombre y yo me la veo esa madrugada pisando la arena húmeda y parándose con dificultad. Junto a su huella en la arena la señal de un vaso extralarge de plástico con restos de jugo y alcohol, culo para arriba, y entonces el vaso era como la luna cuando está alta en el cielo.
La veo calzándose el buzo, que antes fue almohada. Sacudiéndolo, frió y aun mojado, pero sin embargo amigable a esa hora, tan hostil como puede llegar a serlo la madrugada en una playa, agonizando marzo.
Yo había pasado y a lo lejos la miraba. Era lo único que podía hacer por esa época. No dejar de mirarla. Se que durmió un par de horas, tenía las sandalias ahí nomás, ganas urgentes de piyar, gusto a muerto en la boca, el pelo desgreñado y el gesto de aquellos que saben que a nadie le importaba su suerte.
Aparte de lo que le dijera el vaso de la noche anterior, no creo que recordara mucho de la noche anterior. Es posible que no recordara nada, y solo yo vuelvo y vuelvo a eso. Y ahora Ud. que viene a preguntarme. Es la sincronía.
Le voy a contar algo, total usted no es de acá, ni va a ser, y me cae bien, y hasta por la edad que tiene, podría ser hijo mió. No, no tengo hijos.
Yo la amaba. Nunca había tenido ni un vinten para entrar al Caribean, (igual no hubiera querido, pagarle hubiera sido como escupirla) pero cuando cortaba el pasto, la veía y me sentía mejor persona. La había amado desde el primer día, con su ropita de los coreanos y esos ojos que eran más tristes que ninguno.
¡Subir el médano!!! Dejar atrás el gemido de las olas, el silbido del puto viento. No se podía quedar allí. El concesionario del parador había cerrado todo como dos semanas atrás. Quedaban los esqueletos de la docena de carpas (inútiles como una estúpida glorieta plantada en el desierto), el barcito tapiado, los baños, el cartel del baño de damas colgando del soporte: baño de damas: entonces se agacho e hizo pis sobre el cemento alisado frente a la puerta. Un asco, pero también algo menos de que preocuparse.
Esta playa, por si no se dio cuenta, es solo un caserío con dos centros. El de la playa propiamente dicha (parador, maxiquiosko, locutorio, un bar que este año no se alquiló, una proveeduría que quedaba abierta hasta la Pascua) y el centro de los residentes permanentes, con sus viviendas sin terminaciones, alrededor de la parada del Micromar que nunca trajo muchos turistas pero, cada jornada a la madrugada y a la noche acarrea domésticas, albañiles, jardineros, gente que trabaja en las playas cercanas a la 11. Algunos que cuidan casas en Pinamar, en Cariló. Y se las rebuscan.
Este otro centro, el de los trabajadores, queda a 20 cuadras del mar. Para esa gente, el mar es un adorno innecesario, la pesca gratis, y a veces, un mal presagio. Si usted cree que yo soy como ellos, esta muy equivocado: yo ando siempre por la playa. Pero no estamos acá para hablar de mí.
Centro y parador: Marymar. Un nombre mersón pero si lo piensa bien: certero. Mar y mar, nadie promete otra cosa. ¿A quien carajo se le habría ocurrido? Quizá a los que armaron el primer parador, el viejo, todo de madera, esos que compraron el loteo por nada, plantaron uña de gato para que el médano no se moviera y que, una mañana gris como ésta que estamos hablando encontraron como bonus track, una docena de cuerpos mutilados que la marea le había traído de regalo a la playa.
Yo se que no salió en los diarios de ese tiempo y que la gente de acá se hace la boluda pero los subversivos, como ellos los llaman, dieron para historias de cucos para los nenes de Marymar de 30 años a esta parte. Ellos los nombran subversivos pero entre nosotros, yo les digo compañeros, aunque no conociera a ninguno y ni siquiera viviera en Marymar en esa época…
Y ya que toque el tema de los muertos, algo importante: nadie había muerto acá. Eso era entonces y también ahora, siempre si no contamos el caso de los hermanos que se ahogaron, a esos los llevaron pronto a San Clemente y al día siguiente estaban siendo velados en Aldo Bonzi
Y hasta dónde yo se tampoco nadie ha nacido acá. Y sin finados ni nacidos Marymar era y sigue siendo un pueblo de transición. No merece que nadie lo llamara mi tierra.
Al costado de la ruta ud. puede ver que el loteo no fue del todo exitoso, al final pienso que no se llenaron de plata los que invirtieron en la zona. Le iba contando ella agarró la ruta hacia la parada de micros, se agachó a buscar una colita de pelo con la que se ató la melena (se veía como si la pudiera oler: roña, musgo, algas). Y se enderezó, si no con dignidad, con un subproducto de la dignidad que es la compostura.
Ese día flameaba sobre la calle, deshilachado, un pasacalle pagado por el concejal peronista de entonces decía “Marymar, la joya del Atlántico”. Estos peronistas siempre iguales. Si Marymar era la joya, no nos imaginemos a que llamarían chafalonía.
Recuerdo el ruido del pasacalle golpeando, golpeando, y cada vez que pienso en ella (y eso pasa demasiadas veces) es como que se me viene lo de la Joya del Atlántico y a veces hasta me tengo que tapar las orejas por que me aturde el ruido del pasacalle.
Le puedo asegurar que antes de la época de Marymar nunca había estado en un kilombo. Yo eso se lo saqué a la Toña. Pero el día que se bajo por primera vez del Micromar (hay una segunda vez, pero eso viene mas adelante) se dirigió derecho viejo a esa casa cúbica que esta al costado de la ruta, antes de los médanos. Esta vez, mientras llegaba sonrió. Ud. dirá si yo soy Dios, que esta en todos lados. Pero le juro por mi santa madre que vi esa sonrisa como si estuviera mirándola con un vidrio de aumento. La sonrisa y los ojos tristes.
El cartel de neón Caribean titilaba esa madrugada (no la madrugada que vino, la madrugada que se fue, ahora vuelvo a eso, que es lo que a usted parece que le interesa) con un espantoso ruido de insecto metálico y maligno. Un ruido de mantís religiosa, que masca al macho cuando se aparea.
Yo la vi, que se apuró y entró por la puerta de atrás. Seguro que la Toña ni se dio cuenta, me lo hubiera dicho, a mi me tiene confianza y cada vez que se le va una puta, se le arma canyengue, y después yo la tengo que escuchar quejándose como si la hubieran traicionado. Las pibas del kilombo no podían imaginarse a la Toña de cuando todavía se llamaba Antonia, tenía el ojo bueno y José Luís Perales se la quiso levantar en un baile de carnaval en el Centro Lucence. Cada vez que entraba una nueva la tuerta Toña le cuenta la historia y totalmente fuera de lugar se pone a cantar las canciones de Perales, porque como las pibas son chicas o vienen de otros lados ni saben de quien habla. No es mala la Toña, es la vida.
Ella tomaba Nescafé, nunca mate, jamás mate cocido: típico gesto de los que alguna vez pertenecieron a la clase media. Y hay gustos de clase que nunca desaparecen, lo se por experiencia propia, ¿Ud. sabe que cuando yo iba a la secundaria leí un cuento (ya no me acuerdo de quien) que se trataba de un músico de jazz y en ese cuento dice que mientras hay un Nescafé las cosas no pueden estar tan mal? Tendría que comprar un Nescafé a ver si mi suerte se da vuelta.
Yo la espiaba, si, es una porquería, pero no la podía dejar de mirar, ya se lo dije. Y puedo atar cabos. Pero si usted se toma el trabajo de seguirme se dará cuenta que es justo a partir de este momento que cada uno de sus gestos empezaron a tomar forma de memoria y presagio a la vez.
Dejó hervir la leche, que se derramó por la cocina, con innecesaria energía batió el Nescafé sin decir agua va, se lo tomo despacito, despacito, con los ojos atrapados en el fondo de la taza y la cabeza en otro lado. Terminó. Le dijo adiós al lugar y se piantó por diez meses de Marymar.
Por eso le digo que para mi es improbable que se haya enterado del tema del pibe, tenía muchas cosas en la cabeza. Además por esos días en la tele de lo único que hablaban era de Cromañon, que si Ibarra tuvo la culpa, si el gobierno, que si había una guardería en el baño. Con todo ese quibombo un pibe muerto en una playa en la concha de la lora no era noticia. Es lo que le digo y además ya terminaba marzo.
Claro, eso en Buenos Aires, porque acá se vinieron al día siguiente los padres, desesperados, preguntándole a todo el mundo.Yo me había enfermado propio desde esa mañana y ni los vi.
Si, estuve internado. Me sentía tan mal que parecía que Marymar iba a tener su primer muerto, bueno, si sacamos al pibe y a los ahogados, y a los compañeros. Vomitaba una cosa negra, ardía en fiebre, y mientras los viejos llegaban, a mi me llevaban en ambulancia a San Clemente y de ahí al loquero de Necochea, donde tengo historia clínica. Tres meses.
Cuando volví me contaron que el pibe recién había terminado la secundaria, tenia que ingresar en abril al CBC, creo que dijeron Diseño de Indumentaria, que vaya a saber lo que quiere decir ¿sastre?, y se había quedado haciendo huevo en Santa Teresita, en una casa vacía de la abuela. Como termino en el Caribean solo como un perro y del Caribean a la playa con una mina que tiene prohibido salir con clientes y que le llevaba, por abajo de las patas, diez años…uno nunca lo va a saber. Los padres hablaron con la policía y la policía, usted sabe como son esas cosas, nos estamos ocupando, cualquier noticia lo tenemos al tanto, es una prioridad del departamento. Y la Tuerta llamando todo el día al rufian, que ni se aparece por Marymar, solo manda algún mono cada tanto a buscar la plata, por que eso si, nada de banco, nada de cajeros electrónicos. La rosca oficial/toña/kia funcionaron mas aceitados que culo de trava, perdóneme la expresión, y el caso se murió de muerte natural. El caso, el pibe no. El rufián ese no quería a nadie, y además es posible que a ella ni la conociera. Era carne de matadero. Una tripa para él. Nada más.
Yo al Nacho ese, lo vi de muerto, la tarde del día que ella se fue, y no se parecía a un pibe: parecía un Cristo. Me asustó un poco (y acá no habla el vino, este es el primer tetra que tomo, y ya se esta haciendo de noche) porque era un Cristo con mi cara. No como soy ahora, sino el que fui. Pero no me haga caso. ¿No sabe que a mi me dicen el Loco, y además ese día ya andaba enfermo? No me lo puedo imaginar siendo el de las fotos que dejaron los padres pegadas en todos los postes de luz. Si rebusca todavía en algún lado quedaran cachos de las fotocopias donde estaba la foto donde llevaba la misma remera, con el dibujo de Callejeros, posta que se la había comprado después del incendio, pelito largo, carita de “me las se todas”.En la foto se parecía a otros pibes, son todos parecidos. Inclusive la en foto hasta podría decir que era parecido a Ud.
Pero muerto era otra cosa. . Me acuerdo de la remera porque era lo único que tenia puesto, y se había largado a llover y a mi me agarraron muchas ganas de taparlo. Ojo, no hablo de taparle la cara, sino de abrigarlo, de que no tomara frío, me dio ganas de llorar como si ese muerto tuviera algo que ver conmigo, como si en ese punto, ese muerto fuera yo. Y ¿quien sabe, no? Y cuando lo tapé con mi gabán, yo deje de tener frió. Ese invierno no tuve gabán pero no me importo un carajo.
El forense que vino de la Departamental no me echó, me dejo ayudar junto con el que encontró el cuerpo, el tipo de la proveeduría (forma inexacta de decirlo, porque estaba ahí a la vista, solo que de lejos parecía un bulto, un perro dormido, una nada.) y los de la comisaría… A mi no preguntaron y eso que siempre ando rondando en esta playa de mierda.
Yo ni la mencioné y nadie dijo de ella, y en el Caribean tal vez algunos clientes preguntaron, pero la gente o se casa con las putas, o se las olvida no hay términos medios. Para mi que a la final no tomo el ómnibus, se habrá ido a dedo. Yo estuve averiguando por mi cuenta, no me podía sacar al pibe muerto de la cabeza. A ese Cristo con mi cara.
Y ya le dije que por ella me di cuenta que el amor no era un cuento chino. Créamelo, ya lo va a ver cuando tenga mi edad. Dicen que el amor es cosa de pendejos, pero la cuestión no se acaba allí, no señor.
Los padres, que se ve que tenían plata, le levantaron este monolito en la playa, este mismo, y esta bien plantado, no le digo que sea el monumento a Alfonsina, pero el pibe vino para quedarse en Marymar, que ahora posee playa con parador más monumento fúnebre.
Mírelo cuidadosamente, es de granito, nada de cemento alisado, piedra granítica, es algo fino. Y esta tallado, de ahí es que saco que tenia 17, que se llamaba Ignacio y que todo el mundo lo conocía por Nacho. El primer día había unas flores muy hermosas, peluches, papelitos. Pero lo único que queda hoy es el granito pelado. ¿Le paso al monumento del Potro, no le va a pasar al Nacho? Pero cuando nadie me mira, yo lo limpio.
Dice justicia, dice Ignacio, dice Nacho, dice inolvidable. No dice que fuera la primera vez que cogía, pero es una de las cosas que se me puso en la cabeza. Vio lo que dicen de los locos. Que saben cosas.
Me gusta ver ese monumento en pie, en la playa. Ahora es un lugar de peregrinación de gente que viene caminando por la playa, no tenemos al de Alfonsina, tenemos al Nacho, diecisiete años para toda la eternidad y no faltan los que creen que se trataba de un ahogado y hasta algunos que traen de flores de plástico y adornos que se lleva la marea cuando crece. A la gente le gustan los muertos jóvenes. ¿Vio usted?
Está haciendo frío hoy. No me vendría mal un tentempié, es decir un sanguche de milanga y un tetra, pibe. Ah, gracias, con quince mangos esta bien. Se agradece.
Yo no me la quiero dar de detective y mucho menos de poeta pero para mí todo está en ese momentito. Se acuerda que le dije. Ella se piró de Marymar. Se pudo ir, que suerte, yo soy de Lanús, mis viejos tenían casa propia y supe hasta casarme por iglesia, y tengo hermanos por allá, pero nunca mas me podré ir de acá, ahora tengo que mantener el monolito limpio. Pero ella si . Ella se fue. No creo que haya pensado ni una vez en el pibe y ni siquiera en Crónica hablaron del tema dándole y dándole a Chaban,
Para mí que ella se va por que presiente algo y quiere salvarse .Le pongo la firma que de la muerte del pibe nada. Presiente que tiene que salir disparada, insisto, como para a salvar a alguien. No a ella precisamente.
No se gaste en preguntarle a la Toña, que ya tiene casi setenta y me parece que esta medio senil, si la mira con un solo ojo. A la Toña la dejaron de molestar los canas y en consecuencia ella dejó de molestar por teléfono al Kía. Y la piba se fue, y vino otra, una dominicana, que estaba contenta me dijeron porque en Marymar había playa y en Constitución donde estuvo antes no.
Claro que volvió. ¿No le digo? a los 10 meses. Puro verano, Marymar ese día parecía la joya del Atlántico, Yo la vi, por que cuando bajan algunos que tienen casa acá, a veces me conchaban para cortar el pasto, la gente me conoce y no me tiene miedo. No quieren que le cuide las casas pero siempre me tiran un hueso.
Ya paso de eso unos años. Pero es como si lo viera. En mi cabeza yo escuchaba al bicho maligno del cartel de neón, al viento en el pasacalle y mientras pensaba “la Joya del Atlántico” como una premonición, ella bajo por segunda vez del Micromar
Traía al pibe envuelto en una mantilla de lana amarilla y no le pude ver la cara, aunque todos los recién nacidos se parecen mas a Mister Magoo que a los padres, no jodamos
No parecía una putita. En verdad para mí nunca lo había parecido, para mi ella era la Joya del Atlántico. Yo la seguía de atrás, haciéndome el gil. Fue caminando hasta la playa (a mi me gustaría decir que fue a llevar al pibe hasta el monumento) y se sentó a mirar el mar sentada en la base de granito… Que se yo si lloraba (no se lo voy a inventar, pero hubiera sido lindo). Y cuando ya estaba la luna redonda y plateada en el cielo alto, alumbrando como el culo de un vaso de platico y la joya del Atlántico, es decir Marymar se fue apagando, ella se quedo, mucho tiempo, dándole la teta al Nacho.Y el que lloraba era yo.
Un tano ignorante que vive por la ruta, y se la curtía en el Caribean cada viernes, después de que la mujer se dormía reventada de entrar ladrillos, me dijo el otro día, mientras ella venía de la escuela con el pibe de la mano, que seguro que le puso Ignacio por el nombre del monolito.
Lo viera al pendejo, al Ignacio. Ahora ella trabaja en la telefónica en San Clemente y el pibe es un sol, a veces los veo en la proveeduría y me saluda con la manito, me hace muecas, me grita “loco”. La Toña se hace como que no la conoce y acaso ella es otra. En este pueblo nadie tiene memoria para lo bueno, ni para lo malo. Así que el pibe le está sacando la mirada triste y nadie le factura lo del burdel. Dicen que lo van a cerrar, hay jefe departamental nuevo en Dolores, ¿Qué va a ser de la Toña?,
Le dije que nadie nació acá, ni nadie se murió (o por lo menos nadie tiene en el documento nacido en Marymar y no hay cruces ni camposanto, sacando el monolito.) Al final y al cabo todo es cuestión del vidrio que le ponga adelante, podríamos decir que la vida esta hecha de historias que se escuchan entre el ruido del pasacalle o el del cartel de neón.
Mire lo que es la justicia poética, Ud. me ceba con vino y comida para que yo le cuente y ahora el celular suyo suena con música de Callejeros, hasta yo la conozco y eso que me quedé en Sui Generis.
Un tucumano que estuvo conmigo en el hospital de Necochea por que le subía la diabetes, decía que Dios no existe, que iba a venir el Mesías Negro y hablaba de la sincronía, y si Dios no existe, esa es una buena explicación. Voy a tratar de explicárselo, pero es difícil. El tucumano decía que si uno agarraba la guía de ferrocarriles de Portugal y se fijaba en un momento dado todos los trenes que andaban yirando y trazara una línea que unía los puntos de donde estaba cada uno, un día iba a encontrar un dibujo que pudiera coincidir con una guitarra de Picasso. Bah, yo no se lo puedo explicar bien, pero el Persio era un master cuando se le daba el tema de la sincronía.
Y si quiere volver a Buenos Aires, tiene que apurarse. El Micromar pasa en un rato. No fuese que se le ocurriera perderlo y se quedara en el pueblo, a esta hora y con el ruido que hay.

Villa Ani Mi, un cuento con nazis y montoneros y recuerdos de un tiempo donde ya no vive nadie para contarlo y entonces lo cuento yo.


Me escribe un pariente lejano para pedirme que borre el prologo de este cuento. El prologo de este cuento habla de gente muy querida por mi, y habla de la familia.
Da que mi familia es su familia

Dice que yo he tratado con poco respeto el tema. No es asi, pero si a el le molesta, lo borramos, no me importa. No hay manera de escribir literatura sin ficcionalizar lo familiar. También dice del cuento que esta” ya hundido en su ridículo argumento y su propia pobreza literaria” Las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene una.

Imaginate que hubiera sido de Puig sin poder hablar de Villegas. Pero yo no soy Puig. Yo escribo cuentos berretas, por el placer de hacerlo y la literatura no pierde nada si un fragmento se ecotomiza. Y si se da por ofendido, nada se pierde con omitir el prologo. El pibe ridiculiza que yo escriba blogs “celebre escritora de blogs” dice.  No sere celebre ni necesito serlo.

Borré el comentario del cual solo recorto esto “Le pido en buenos términos que retire la introducción del cuento, hágalo al menos, sino por mi, para honrar la literatura”

Como es mi blog  y en mi blog hago lo que quiero, “retiro la introducción del cuento” pero te pido pibe, que ni hables de honrar la literatura: la literatura se honra escribiendo lo que a uno se le da la gana.

En fin. Ahí lo tenes, borré el prologo. Y te pido que no entres mas en mi blog, no porque haya “mas cosas de tu familia” (que es la mía), no las hay .Sino porque no sos bienvenido.
En cuanto a la memoria de mi tía María y mi tío Ignacio, los he querido duro y parejo.

Y no diré nada mas sobre Vietnam.

 

 

Villa Ani Mi

Habia en los lugares mas escarpados de la zona, señores alemanes, todos medio escondidos. Y en el pequeño pueblo de tres o cuatro negocios una hermosa confiteria para ricos, a la que yo no entraba: El caballito Blanco.
Miren esto

Siempre me imaginè, siendo niña y no sabiendo un carajo de la historia, que en esos lugares altos había nazis. Y un día escribí un cuento con esas intuiciones.

Se llama Mon Reve, y se revuelve sobre mis viejos recuerdos de vacaciones con la tía Maria, allá, en Villa Ani Mi, cerca de Ascochinga y de Jesús Maria, donde los gallegos soñarian con su tierra.
Bueno, aca, mi cuento

Mejor que de esto le eche la culpa al clima. Las sierras, cuando el viento asecha, y los espinillos se mecen sobre las pircas, y arañan el camino, en tardes tormentosas como las de hoy, siguen siendo para mí un lugar extraño.
Digamé Ud. que hago yo acá.
Llegué a la villa cuando el único negocio decente era El Caballito Blanco, un almacén de ramos generales, mezcla de ferretería, bazar e hipermercado, si quiere usar una denominación actual. Claro, también había algunas despensas desperdigadas donde comprar kerosén, cosas básicas (harina, azúcar, fideos, que se yo, nada extravagante) y una estafeta postal abajo, en la ruta. La misma Gladys hacia de estafetera, vendedora de pasajes, y peluquera. Los que tenían vacas te llevaban la leche a domicilio.

Antes de eso, Palermo. Pensiones de Palermo y de Congreso, y un montón de casas de transito. Pensar que ahora, treinta y cinco años después la gente cree que fui nacida y criada en estas sierras. Pero yo fui carne urbana cuando viví en Buenos Aires: Limpie oficinas en el microcentro, fui telefonista -con una centralita con clavijas, que ahora debe ser pieza de museos-, ayudante en una casa de modas de la calle Florida. Y lo otro. Ya no se como nombrarlo. De tanto silenciarlo me quede sin las palabras que lo cercaran.

Cuando estaba renga, un amigo de un amigo de un amigo. (El tiempo, que es piadoso borró los nombres) me consiguió este lugar, y vine como enfermera sin titulo. Para una alemana vieja que tenia alzehimer (justicia poética: una alemana tenia una enfermedad que graciosamente llaman “el alemán”), cuya hija buscaba a alguien que no fuera una negra, Y yo, blanca de linaje de gallego, renga y todo, le vine bien. Poliomielitis dije y no le extraño. Vivía en un frasco. Pensé para mí: tres, quizás cuatro meses. Hasta que las cosas se tranquilicen. Recomendada por la alemana no necesite otra carta de presentación.

Y los años pasaron: casera, cuidadora de alemanes, trabajé en la estafeta cuando la Gladys paró para criar al Santiago, (fue como un hijo) que ahora anda por los treinta y hace como diez que no viene a la villa. Una de las familias que me quisieron como si fuera de su sangre ,los Acevedo Gómez- él había sido cardiólogo en Córdoba-, me dejaron con escribano y todo, esta casa, arriba del camino de Urdiña (así le dicen por que el vasco Urdiña fue el primero que tuvo una casa, y abrió el camino). Me la gané a fuerza de no hacerle asco a las escaras y pañales. Sin pensar. Y acá estoy vendiendo tortas, hongos de pino, artesanías que hacen las chicas de la cooperativa, y tes de higo: esas cosas que le gustan a los veraneantes del balneario, las gentes de la ciudad. Además estoy cobrando una pensión, que me tramito el intendente peronista, ni se la pedí, ni la esperaba, en pago tardío por que hice por la madre con un cáncer de colon lo que ni el ni su esposa hicieron, en el hospital de Jesús Maria, el Vicente Agüero, en tiempos de Menem.

Nadie me conoce familia. Deben creer que nací de una higuera. Ningún novio. Ninguna carta. Y los que me preguntan, nada. Aprendí el arte de callarme la boca. Y deje de tener opiniones, Y también de tener sueños. Y de celebrar fechas, recordar el tiempo. Como si hubiera nacido cuidando alemanas.

Hoy estaba mirando el diario de ayer y la fecha me empezó a molestar, Yo pensé que me molestaba el viento, pero al rato, mirando fijamente el diario, caí en la cuenta de que ayer cumplí sesenta años. Se me secaron los pechos sin dar de mamar, se me enfriaron las entrañas, se me olvido la pasión por las ideas.

La casa tiene un nombre, que yo no le puse.Mon Reve. Sesenta años. Es decir, soy una vieja. Tengo el pelo largo y canoso, y los músculos fibrosos de tanto subir y bajar la sierra. Una crema pons es mi único cosmético para cuando tengo las manos tan secas como el corazón. Y me visto con la misma ropa y para trabajar me pongo este delantal de tul arriba de lo negro y cuando me miro en el espejo, con el pelo atado y el delantal de tul y una torta alemana de manzanas y stroisse no se quien es esa.

Desde que caí en que tengo sesenta años empecé a añorar Buenos Aires. ¿Será por que decir sesenta tiene que ver con los sesenta que los viví allá? Siempre veo Buenos Aires en los noticieros y no me daba nostalgia. Pero esto es otra cosa. Yo no soy una alemana, no soy de las sierras. ¿Acaso no nací en la maternidad Sarda, no fui al colegio en Flores?

Este viento viene del norte y me altera las ideas. Me hace mal. Me dio ganas de buscar la valija vieja que tengo en el altillo, que esta zunchada, y que no he vuelto a abrir, aunque hasta que termine en Mon Reve, fue y vino conmigo por toda la villa. La valija de la ropa, y esta, la zunchada. Voy a agarrar la escalera y ya.

Puf, con esta linterna no importa que la lamparita no ande y lo mejor es que no entra el viento pero hay olor a viejo. Un día, hace como cinco años tire las cosas del doctor, papeles sobre todo, que estaban acá, y acomode la valija.

Yo guardo poco, por que tuve que aprender a andar ligera de equipaje, pero nunca me deshice de esto. No se si la puedo bajar. La tiro y ya esta. Ya está. El ruido a fierro atraviesa los papeles de diarios y los trapos con los que envolví las cosas.
Este suncho de hilo de nylon no se corta así nomás.

Lastima que acá abajo se escucha el soplido del viento. Los vecinos se meten adentro. No te cruzas con nadie. Así que puedo agarrar el cuchillo y ver los fierros.

Será por que cumplí los sesenta? ¿Un regalo de cumpleaños tardío? Acá esta el fusil acá los tres revólveres calibre 32, la pistola 22. Que pesados. Y son como todo lo que tengo en la vida. Un hilo de tanza que me lleva al pasado, atrás del espejo. Atrás de la mina de negro con delantal de tul que sirve el té en el saloncito de adelante de Mon Reve. Ahí estoy yo. La otra que soy yo.

Aca está el trapo con sangre,es como una bandera, una forma de la identidad, reliquia, dinosaurio, recuerdo u olvido de esa otra. Pero lo guarde, envuelto en diario y en trapo (en otro trapo) como si fuera una bandera. La sangre parece pintura antioxidante y los fierros están tan cual.

Me parece que ya es hora de volver a Buenos Aires. Los fierros los voy a enterrar, dicen que cuando el hierro se oxida es bueno para las plantas.
Y en cuanto al trapo, ya vamos a pensar. Dicen que no hay que negociar la sangre derramada y eso debe incluir la propia.

Ud. podrá pensar, que va a hacer esta mujer ahora en Buenos Aires. Todo tiene un límite, hasta el olvido tiene un límite. Es hora que deje de ser la repostera de Mon Reve. Es hora que vuelva a ser yo.

La vida no acaba hasta que acaba. No puedo quedar atrapada entre las dos caras de un espejo.

Montoneros, carajo.

que no quiero verla. Un homenaje a Alfredo Alcon.


el tipo es como un niño. Se los juro. Lo escuche contando cuando era un pendejo y le dieron el papel del Guapo del 900 y venia en el tren desde los estudios donde filmaban con un viejo actor de raza, que cuando se entera lo que le habian encomendado dejo de hablar en el larguisimo viaje.
Le dio bola a Suar, que le dio bola. Digo, que lo rescato del marmol y le dio laburo.
Lo fui a escuchar una tarde, sola, de verano y su voz llenaba el aire de Palermo, yo no lo llegaba a visualizar, porque habia mucha gente, pero su voz era como el perfume de los paraisos.
Tambien me fume viejas peliculas como el Santo de la Espada y uno de mis dialogos favoritos es de Arlt y lo decia Alcon en los 7 Locos, la pelicula de Nilsonn: era sencillo. Le mete un tiro en la cabeza a su compañera de cama, y le dice a la muerta ¿ves? eso te pasa por andar con la mano en la bragueta de los hombres…
Tambien fui al San Martin a ver una de sus obras, yo que voy tan poco al teatro, solo por verlo.
Y es el mejor demonio, el de la pelicula de Favio, el demonio gaucho de la salamandra de Nazareno Cruz.
Debe estar viejo, pero siempre sera bello, hermoso y con una voz que es como una luz. Nacio en el 30 e hizo todo lo que un actor puede querer hacer, y no necesito nada que traicione su esencia. Dicen que es un tipo bueno, y fue muy querido por sus pares.
Y bueno, los gustos me los doy. Aca, Alcon recitando a Lorca: el gusto es mio

La alienaciòn frente al trabajo.


Gran cosa tener trabajo, eso si. No le voy a decir una cosa por otra.
Saber que el sueldo alcanzará, que las cuentas serán pagadas, contar con que el futuro es eso que espera y es previsible.

(no confien, la muerte desbaratará el pago en cuotas, pero olvidadlo por un momento)

Gran cosa tener esa actividad que escande el tiempo . No voy a escupirle el asado no en esta casa que supo de la miseria: tener trabajo es digno y necesario.
Tambien le digo don, se va a tragar muchos sapos. Son parte del oficio.
Negocio etimologicamente es la negacion del ocio: el ocio lo necesita para que el tiempo libro no sea un significante vacio. Necesita del tiempo ocupado para oler con toda su fragancia.

Pero aun cuando seamos de los afortunados que elegimos nuestro trabajo en base a nuestro intereses, le digo mas, caballero en en el extremo caso de que trabaje como artista, debe lidiar con un quantum de alienación, buscando sponsor, transando con limites.

Toda actividad tiene su rebarba de alienaciòn, como una grasa amarillenta en el mas fino jamòn. Y te comes la grasa, que vachachè. Cosas de la cultura humana.

¿que hacemos con la alienaciòn, la nuestra? ¿Como tramitar ese malestar mas allà de la queja pajera que no conduce a nada? La transformaciòn de las condiciones de nuestro trabajo, muy bien. Pero siempre esta ese reborde alienado pestilente, ese transformador que te consume lo mejor que tenes, como dice la canciòn.
(inconciente colectivo)

Entonces pelamos soluciones de compromiso y leemos o escribimos poesia y nos sacamos la mierda por un rato. Asi somos. Saboteadores a la violeta. Ingenuos.
Este post pelarà a a Benedetti, tan cerca de lo que quiero decir. y a Julio Cesar Silvain, que nos viene de perillas para contar lo que queremos.

Amigos, un mal dia lo tiene cualquiera.

COSAS DE UNO (de poemas de la oficina)
Yo digo ¿no?
esta mano
que escribe mil doscientos
y transporte
y Enero
y saldo en caja
que balancea el secante
y da vuelta la hoja
esta mano crispada en el apuro
porque se viene el plazo
y no hay tu tía
que suma cifras de otros
cheques de otros
que verdaderamente pertenece a otros
yo digo ¿no?
esta mano
¿qué carajo
tiene que ver conmigo?

Julio César Silvain
ESTO ES LO TREMENDO

Lo tremendo es que hay un día que uno dice
necesito un sueldo fijo y aguinaldo
y entierra la aventura en el recuerdo.
Y uno tiene razón, lo necesita.
Necesita un retroactivo para deudas, cada tanto,
y un decir trabajo allí, estable, quinto piso
para pedir los créditos del traje.
Y acribilla los gorriones de los sueños.
Es entonces que llega hasta antesalas
con cartas en la mano y vengo
y espere a que lo llamen.
Y uno mire que pasan,
pasan, pasan
y ensucia una sonrisa ante la cara
y se muere tres mil seiscientas veces cada hora
de pequeñas vergüenzas
fumadas sobre el lento reloj de un funcionario.
(Es entonces lo tremendo: a uno se le cae
el resto del niño que le queda
y lo esconde avergonzado en el bolsillo).
Lo tremendo es que hay un día
que entierra los barcos, entierra
la esperanza escondida de treparlos,
guarda el ansia de caminos en un libro.
(Algún día, al abrirlo,
restará algún antiguo aroma lastimado).
Lo tremendo es que uno necesita
llegar a fin de mes y tengo tanto
y consuela geografías sobre sueños
leyendo en el subte de apurado.
Y ese intacto asombro por los trenes
trastoca su magia por horarios
y el cielo es un llueve o un no llueve
nada más que por si llevo el impermeable.
Y ocurre que después, un día
no es capaz de caminar, porque sí,
cincuenta cuadras,
ya no se duerme desnudo en primavera
y se levanta con chinelas y con bata.
(Casi siempre ya creció una huerta
y un ligustro trabajado los domingos).
Después, alguna vez,
cuando un sueño lo parte en astillas hasta el alma
uno dice yo tuve veinte años.
(Pone la firma final sobre su muerte).
Y además bosteza y dice hasta mañana.
Lo tremendo es este lento suicidarse
a través del pulso y la esperanza
que iniciamos, sangrando, cualquier tarde
buscando un sueldo fijo y aguinaldo.

psicobolches! A desalambrar, que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel


Cuando lei American Psycho de Bret Easton Ellis tuve varios problemas. Primero las largas descripciones de objetos de consumo. El tipo tenia, ponele, un aparato de audio y tres parrafos describiendo las caracteristicas tècnicas del objeto, como en un manual de instrucciones. Ese regodeo en el consumo, machacón y sin adjetivos, sin afecto. Asi con todo, las corbatas, las alfombras, etc. Medio libro es eso.El otro, los crimenes.
El otro obstaculo que tuve fue el asco.Fue un libro que me dio un profundo asco, viceral, arcadas, incluso. Por ej. el tipo cocinando un agua viva en el microondas antes de un crimen.
Un gran libro, de verdad, que diseña un tipo de crimen basado en el exceso obseno capitalista de fines de siglo XX.
La lectura de ese libro no es necesaria para reirse con el american psycho latinoamericano de Capusotto. Un asesino serial, también,pero que oculta su adhesión a la causa latinoamericanista . Un psicobolche, vamos.
No hay nada como empezar el feriado riéndonos un poco de nosotros mismos.
Argentino y psicobolche
Gracias Capusotto, desde el alma. Y mas abajo, un himno, porque se me canta cantarlo.