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dejad el balcòn abierto: los dibujos de un poeta.

me levanto y leo el blog del cordobès bueno: Quique de Lucio. Cuenta que la fecha la va de aniversario de la muerte de mi poeta preferido.
Mi poeta preferido, desde niña, es Lorca. Mi tio, curiosamente otro Quique,mi padrino, murió antes de los veinte,y dejo entre otros libros para mi (eso digo yo) Doña Rosita la soltera (cuando se abre a la mañana roja como sangre està, el rocio no la toca porque la teme quemar- recito de memoria)
Lo leì en tiempos en que no entendìa ni la mitad de las palabras.
Con la sincronia boba que suelo tener,me levante pensando en ir a Granada. Mas precisamente, no puedo morir sin ir a Granada.
Leo un mail sobre dibujos: dos mas dos son cuatro te espero en la lecheria. Y entonces, para que vean los que no los han visto los dibujos de Federico.

Y como colofòn, el bello Romance de la Casada Infiel, que también puedo recitar con ademanes

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.

Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quién soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande, de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

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si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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