con cortazar en la sangre, como una ponzoña, siempre.

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua…. así empieza Casa Tomada, el primer cuento de Bestiario. A los 13 años Silvia, Elda y Mirta me lo regalaron, con dedicatoria y todo. Y ahí mordí mi primer veneno Cortazar, que me ha acompañado hasta hoy, sin replegarse nunca. Lo llevo en la sangre. Y es, en parte mi fortaleza, como quien ha ganado un premio en el pasado y lustra las copas de falso bronce, consolandose.

Mi veneno París, creo que París me empezó con Cortazar y los conejitos que vomitaba el tipo que le cuidaba el departamento a la señorita que se había ido a vivir a París.

Aniversario Cortazar. Buen momento para volver a colgar mi primer cuento escrito en serio, la Joya del Atlantico, para los nuevos lectores del blog, donde esta Persio, el personaje de Los Premios, y que ademas termina, cuando no, con un homenaje a Casa Tomada.

La Joya del Atlántico

See That My Grave Is Kept Clean
Blind Lemon

A Silvia Giglia, nobleza obliga.
Vd. me dice su nombre y yo me la veo esa madrugada pisando la arena húmeda y parándose con dificultad. Junto a su huella en la arena la señal de un vaso extralarge de plástico con restos de jugo y alcohol, culo para arriba, y entonces el vaso era como la luna cuando está alta en el cielo.
La veo calzándose el buzo, que antes fue almohada. Sacudiéndolo, frió y aun mojado, pero sin embargo amigable a esa hora, tan hostil como puede llegar a serlo la madrugada en una playa, agonizando marzo.
Yo había pasado y a lo lejos la miraba. Era lo único que podía hacer por esa época. No dejar de mirarla. Se que durmió un par de horas, tenía las sandalias ahí nomás, ganas urgentes de piyar, gusto a muerto en la boca, el pelo desgreñado y el gesto de aquellos que saben que a nadie le importaba su suerte.
Aparte de lo que le dijera el vaso de la noche anterior, no creo que recordara mucho de la noche anterior. Es posible que no recordara nada, y solo yo vuelvo y vuelvo a eso. Y ahora Ud. que viene a preguntarme. Es la sincronía.
Le voy a contar algo, total usted no es de acá, ni va a ser, y me cae bien, y hasta por la edad que tiene, podría ser hijo mió. No, no tengo hijos.
Yo la amaba. Nunca había tenido ni un vinten para entrar al Caribean, (igual no hubiera querido, pagarle hubiera sido como escupirla) pero cuando cortaba el pasto, la veía y me sentía mejor persona. La había amado desde el primer día, con su ropita de los coreanos y esos ojos que eran más tristes que ninguno.
¡Subir el médano!!! Dejar atrás el gemido de las olas, el silbido del puto viento. No se podía quedar allí. El concesionario del parador había cerrado todo como dos semanas atrás. Quedaban los esqueletos de la docena de carpas (inútiles como una estúpida glorieta plantada en el desierto), el barcito tapiado, los baños, el cartel del baño de damas colgando del soporte: baño de damas: entonces se agacho e hizo pis sobre el cemento alisado frente a la puerta. Un asco, pero también algo menos de que preocuparse.
Esta playa, por si no se dio cuenta, es solo un caserío con dos centros. El de la playa propiamente dicha (parador, maxiquiosko, locutorio, un bar que este año no se alquiló, una proveeduría que quedaba abierta hasta la Pascua) y el centro de los residentes permanentes, con sus viviendas sin terminaciones, alrededor de la parada del Micromar que nunca trajo muchos turistas pero, cada jornada a la madrugada y a la noche acarrea domésticas, albañiles, jardineros, gente que trabaja en las playas cercanas a la 11. Algunos que cuidan casas en Pinamar, en Cariló. Y se las rebuscan.
Este otro centro, el de los trabajadores, queda a 20 cuadras del mar. Para esa gente, el mar es un adorno innecesario, la pesca gratis, y a veces, un mal presagio. Si usted cree que yo soy como ellos, esta muy equivocado: yo ando siempre por la playa. Pero no estamos acá para hablar de mí.
Centro y parador: Marymar. Un nombre mersón pero si lo piensa bien: certero. Mar y mar, nadie promete otra cosa. ¿A quien carajo se le habría ocurrido? Quizá a los que armaron el primer parador, el viejo, todo de madera, esos que compraron el loteo por nada, plantaron uña de gato para que el médano no se moviera y que, una mañana gris como ésta que estamos hablando encontraron como bonus track, una docena de cuerpos mutilados que la marea le había traído de regalo a la playa.
Yo se que no salió en los diarios de ese tiempo y que la gente de acá se hace la boluda pero los subversivos, como ellos los llaman, dieron para historias de cucos para los nenes de Marymar de 30 años a esta parte. Ellos los nombran subversivos pero entre nosotros, yo les digo compañeros, aunque no conociera a ninguno y ni siquiera viviera en Marymar en esa época…
Y ya que toque el tema de los muertos, algo importante: nadie había muerto acá. Eso era entonces y también ahora, siempre si no contamos el caso de los hermanos que se ahogaron, a esos los llevaron pronto a San Clemente y al día siguiente estaban siendo velados en Aldo Bonzi
Y hasta dónde yo se tampoco nadie ha nacido acá. Y sin finados ni nacidos Marymar era y sigue siendo un pueblo de transición. No merece que nadie lo llamara mi tierra.
Al costado de la ruta ud. puede ver que el loteo no fue del todo exitoso, al final pienso que no se llenaron de plata los que invirtieron en la zona. Le iba contando ella agarró la ruta hacia la parada de micros, se agachó a buscar una colita de pelo con la que se ató la melena (se veía como si la pudiera oler: roña, musgo, algas). Y se enderezó, si no con dignidad, con un subproducto de la dignidad que es la compostura.
Ese día flameaba sobre la calle, deshilachado, un pasacalle pagado por el concejal peronista de entonces decía “Marymar, la joya del Atlántico”. Estos peronistas siempre iguales. Si Marymar era la joya, no nos imaginemos a que llamarían chafalonía.
Recuerdo el ruido del pasacalle golpeando, golpeando, y cada vez que pienso en ella (y eso pasa demasiadas veces) es como que se me viene lo de la Joya del Atlántico y a veces hasta me tengo que tapar las orejas por que me aturde el ruido del pasacalle.
Le puedo asegurar que antes de la época de Marymar nunca había estado en un kilombo. Yo eso se lo saqué a la Toña. Pero el día que se bajo por primera vez del Micromar (hay una segunda vez, pero eso viene mas adelante) se dirigió derecho viejo a esa casa cúbica que esta al costado de la ruta, antes de los médanos. Esta vez, mientras llegaba sonrió. Ud. dirá si yo soy Dios, que esta en todos lados. Pero le juro por mi santa madre que vi esa sonrisa como si estuviera mirándola con un vidrio de aumento. La sonrisa y los ojos tristes.
El cartel de neón Caribean titilaba esa madrugada (no la madrugada que vino, la madrugada que se fue, ahora vuelvo a eso, que es lo que a usted parece que le interesa) con un espantoso ruido de insecto metálico y maligno. Un ruido de mantís religiosa, que masca al macho cuando se aparea.
Yo la vi, que se apuró y entró por la puerta de atrás. Seguro que la Toña ni se dio cuenta, me lo hubiera dicho, a mi me tiene confianza y cada vez que se le va una puta, se le arma canyengue, y después yo la tengo que escuchar quejándose como si la hubieran traicionado. Las pibas del kilombo no podían imaginarse a la Toña de cuando todavía se llamaba Antonia, tenía el ojo bueno y José Luís Perales se la quiso levantar en un baile de carnaval en el Centro Lucence. Cada vez que entraba una nueva la tuerta Toña le cuenta la historia y totalmente fuera de lugar se pone a cantar las canciones de Perales, porque como las pibas son chicas o vienen de otros lados ni saben de quien habla. No es mala la Toña, es la vida.
Ella tomaba Nescafé, nunca mate, jamás mate cocido: típico gesto de los que alguna vez pertenecieron a la clase media. Y hay gustos de clase que nunca desaparecen, lo se por experiencia propia, ¿Ud. sabe que cuando yo iba a la secundaria leí un cuento (ya no me acuerdo de quien) que se trataba de un músico de jazz y en ese cuento dice que mientras hay un Nescafé las cosas no pueden estar tan mal? Tendría que comprar un Nescafé a ver si mi suerte se da vuelta.
Yo la espiaba, si, es una porquería, pero no la podía dejar de mirar, ya se lo dije. Y puedo atar cabos. Pero si usted se toma el trabajo de seguirme se dará cuenta que es justo a partir de este momento que cada uno de sus gestos empezaron a tomar forma de memoria y presagio a la vez.
Dejó hervir la leche, que se derramó por la cocina, con innecesaria energía batió el Nescafé sin decir agua va, se lo tomo despacito, despacito, con los ojos atrapados en el fondo de la taza y la cabeza en otro lado. Terminó. Le dijo adiós al lugar y se piantó por diez meses de Marymar.
Por eso le digo que para mi es improbable que se haya enterado del tema del pibe, tenía muchas cosas en la cabeza. Además por esos días en la tele de lo único que hablaban era de Cromañon, que si Ibarra tuvo la culpa, si el gobierno, que si había una guardería en el baño. Con todo ese quibombo un pibe muerto en una playa en la concha de la lora no era noticia. Es lo que le digo y además ya terminaba marzo.
Claro, eso en Buenos Aires, porque acá se vinieron al día siguiente los padres, desesperados, preguntándole a todo el mundo.Yo me había enfermado propio desde esa mañana y ni los vi.
Si, estuve internado. Me sentía tan mal que parecía que Marymar iba a tener su primer muerto, bueno, si sacamos al pibe y a los ahogados, y a los compañeros. Vomitaba una cosa negra, ardía en fiebre, y mientras los viejos llegaban, a mi me llevaban en ambulancia a San Clemente y de ahí al loquero de Necochea, donde tengo historia clínica. Tres meses.
Cuando volví me contaron que el pibe recién había terminado la secundaria, tenia que ingresar en abril al CBC, creo que dijeron Diseño de Indumentaria, que vaya a saber lo que quiere decir ¿sastre?, y se había quedado haciendo huevo en Santa Teresita, en una casa vacía de la abuela. Como termino en el Caribean solo como un perro y del Caribean a la playa con una mina que tiene prohibido salir con clientes y que le llevaba, por abajo de las patas, diez años…uno nunca lo va a saber. Los padres hablaron con la policía y la policía, usted sabe como son esas cosas, nos estamos ocupando, cualquier noticia lo tenemos al tanto, es una prioridad del departamento. Y la Tuerta llamando todo el día al rufian, que ni se aparece por Marymar, solo manda algún mono cada tanto a buscar la plata, por que eso si, nada de banco, nada de cajeros electrónicos. La rosca oficial/toña/kia funcionaron mas aceitados que culo de trava, perdóneme la expresión, y el caso se murió de muerte natural. El caso, el pibe no. El rufián ese no quería a nadie, y además es posible que a ella ni la conociera. Era carne de matadero. Una tripa para él. Nada más.
Yo al Nacho ese, lo vi de muerto, la tarde del día que ella se fue, y no se parecía a un pibe: parecía un Cristo. Me asustó un poco (y acá no habla el vino, este es el primer tetra que tomo, y ya se esta haciendo de noche) porque era un Cristo con mi cara. No como soy ahora, sino el que fui. Pero no me haga caso. ¿No sabe que a mi me dicen el Loco, y además ese día ya andaba enfermo? No me lo puedo imaginar siendo el de las fotos que dejaron los padres pegadas en todos los postes de luz. Si rebusca todavía en algún lado quedaran cachos de las fotocopias donde estaba la foto donde llevaba la misma remera, con el dibujo de Callejeros, posta que se la había comprado después del incendio, pelito largo, carita de “me las se todas”.En la foto se parecía a otros pibes, son todos parecidos. Inclusive la en foto hasta podría decir que era parecido a Ud.
Pero muerto era otra cosa. . Me acuerdo de la remera porque era lo único que tenia puesto, y se había largado a llover y a mi me agarraron muchas ganas de taparlo. Ojo, no hablo de taparle la cara, sino de abrigarlo, de que no tomara frío, me dio ganas de llorar como si ese muerto tuviera algo que ver conmigo, como si en ese punto, ese muerto fuera yo. Y ¿quien sabe, no? Y cuando lo tapé con mi gabán, yo deje de tener frió. Ese invierno no tuve gabán pero no me importo un carajo.
El forense que vino de la Departamental no me echó, me dejo ayudar junto con el que encontró el cuerpo, el tipo de la proveeduría (forma inexacta de decirlo, porque estaba ahí a la vista, solo que de lejos parecía un bulto, un perro dormido, una nada.) y los de la comisaría… A mi no preguntaron y eso que siempre ando rondando en esta playa de mierda.
Yo ni la mencioné y nadie dijo de ella, y en el Caribean tal vez algunos clientes preguntaron, pero la gente o se casa con las putas, o se las olvida no hay términos medios. Para mi que a la final no tomo el ómnibus, se habrá ido a dedo. Yo estuve averiguando por mi cuenta, no me podía sacar al pibe muerto de la cabeza. A ese Cristo con mi cara.
Y ya le dije que por ella me di cuenta que el amor no era un cuento chino. Créamelo, ya lo va a ver cuando tenga mi edad. Dicen que el amor es cosa de pendejos, pero la cuestión no se acaba allí, no señor.
Los padres, que se ve que tenían plata, le levantaron este monolito en la playa, este mismo, y esta bien plantado, no le digo que sea el monumento a Alfonsina, pero el pibe vino para quedarse en Marymar, que ahora posee playa con parador más monumento fúnebre.
Mírelo cuidadosamente, es de granito, nada de cemento alisado, piedra granítica, es algo fino. Y esta tallado, de ahí es que saco que tenia 17, que se llamaba Ignacio y que todo el mundo lo conocía por Nacho. El primer día había unas flores muy hermosas, peluches, papelitos. Pero lo único que queda hoy es el granito pelado. ¿Le paso al monumento del Potro, no le va a pasar al Nacho? Pero cuando nadie me mira, yo lo limpio.
Dice justicia, dice Ignacio, dice Nacho, dice inolvidable. No dice que fuera la primera vez que cogía, pero es una de las cosas que se me puso en la cabeza. Vio lo que dicen de los locos. Que saben cosas.
Me gusta ver ese monumento en pie, en la playa. Ahora es un lugar de peregrinación de gente que viene caminando por la playa, no tenemos al de Alfonsina, tenemos al Nacho, diecisiete años para toda la eternidad y no faltan los que creen que se trataba de un ahogado y hasta algunos que traen de flores de plástico y adornos que se lleva la marea cuando crece. A la gente le gustan los muertos jóvenes. ¿Vio usted?
Está haciendo frío hoy. No me vendría mal un tentempié, es decir un sanguche de milanga y un tetra, pibe. Ah, gracias, con quince mangos esta bien. Se agradece.
Yo no me la quiero dar de detective y mucho menos de poeta pero para mí todo está en ese momentito. Se acuerda que le dije. Ella se piró de Marymar. Se pudo ir, que suerte, yo soy de Lanús, mis viejos tenían casa propia y supe hasta casarme por iglesia, y tengo hermanos por allá, pero nunca mas me podré ir de acá, ahora tengo que mantener el monolito limpio. Pero ella si . Ella se fue. No creo que haya pensado ni una vez en el pibe y ni siquiera en Crónica hablaron del tema dándole y dándole a Chaban,
Para mí que ella se va por que presiente algo y quiere salvarse .Le pongo la firma que de la muerte del pibe nada. Presiente que tiene que salir disparada, insisto, como para a salvar a alguien. No a ella precisamente.
No se gaste en preguntarle a la Toña, que ya tiene casi setenta y me parece que esta medio senil, si la mira con un solo ojo. A la Toña la dejaron de molestar los canas y en consecuencia ella dejó de molestar por teléfono al Kía. Y la piba se fue, y vino otra, una dominicana, que estaba contenta me dijeron porque en Marymar había playa y en Constitución donde estuvo antes no.
Claro que volvió. ¿No le digo? a los 10 meses. Puro verano, Marymar ese día parecía la joya del Atlántico, Yo la vi, por que cuando bajan algunos que tienen casa acá, a veces me conchaban para cortar el pasto, la gente me conoce y no me tiene miedo. No quieren que le cuide las casas pero siempre me tiran un hueso.
Ya paso de eso unos años. Pero es como si lo viera. En mi cabeza yo escuchaba al bicho maligno del cartel de neón, al viento en el pasacalle y mientras pensaba “la Joya del Atlántico” como una premonición, ella bajo por segunda vez del Micromar
Traía al pibe envuelto en una mantilla de lana amarilla y no le pude ver la cara, aunque todos los recién nacidos se parecen mas a Mister Magoo que a los padres, no jodamos
No parecía una putita. En verdad para mí nunca lo había parecido, para mi ella era la Joya del Atlántico. Yo la seguía de atrás, haciéndome el gil. Fue caminando hasta la playa (a mi me gustaría decir que fue a llevar al pibe hasta el monumento) y se sentó a mirar el mar sentada en la base de granito… Que se yo si lloraba (no se lo voy a inventar, pero hubiera sido lindo). Y cuando ya estaba la luna redonda y plateada en el cielo alto, alumbrando como el culo de un vaso de platico y la joya del Atlántico, es decir Marymar se fue apagando, ella se quedo, mucho tiempo, dándole la teta al Nacho.Y el que lloraba era yo.
Un tano ignorante que vive por la ruta, y se la curtía en el Caribean cada viernes, después de que la mujer se dormía reventada de entrar ladrillos, me dijo el otro día, mientras ella venía de la escuela con el pibe de la mano, que seguro que le puso Ignacio por el nombre del monolito.
Lo viera al pendejo, al Ignacio. Ahora ella trabaja en la telefónica en San Clemente y el pibe es un sol, a veces los veo en la proveeduría y me saluda con la manito, me hace muecas, me grita “loco”. La Toña se hace como que no la conoce y acaso ella es otra. En este pueblo nadie tiene memoria para lo bueno, ni para lo malo. Así que el pibe le está sacando la mirada triste y nadie le factura lo del burdel. Dicen que lo van a cerrar, hay jefe departamental nuevo en Dolores, ¿Qué va a ser de la Toña?,
Le dije que nadie nació acá, ni nadie se murió (o por lo menos nadie tiene en el documento nacido en Marymar y no hay cruces ni camposanto, sacando el monolito.) Al final y al cabo todo es cuestión del vidrio que le ponga adelante, podríamos decir que la vida esta hecha de historias que se escuchan entre el ruido del pasacalle o el del cartel de neón.
Mire lo que es la justicia poética, Ud. me ceba con vino y comida para que yo le cuente y ahora el celular suyo suena con música de Callejeros, hasta yo la conozco y eso que me quedé en Sui Generis.
Un tucumano que estuvo conmigo en el hospital de Necochea por que le subía la diabetes, decía que Dios no existe, que iba a venir el Mesías Negro y hablaba de la sincronía, y si Dios no existe, esa es una buena explicación. Voy a tratar de explicárselo, pero es difícil. El tucumano decía que si uno agarraba la guía de ferrocarriles de Portugal y se fijaba en un momento dado todos los trenes que andaban yirando y trazara una línea que unía los puntos de donde estaba cada uno, un día iba a encontrar un dibujo que pudiera coincidir con una guitarra de Picasso. Bah, yo no se lo puedo explicar bien, pero el Persio era un master cuando se le daba el tema de la sincronía.
Y si quiere volver a Buenos Aires, tiene que apurarse. El Micromar pasa en un rato. No fuese que se le ocurriera perderlo y se quedara en el pueblo, a esta hora y con el ruido que hay.

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One thought on “con cortazar en la sangre, como una ponzoña, siempre.

  1. Iba todo bien. Hasta me llegaba el olor a mar y Nescafé. Y la cagó al medio con el muerto. Con el nombre del muerto. Yo, El Sudaca Renegau, tengo un nombre real, y como diría Fontanarrosa, “Ud. no me lo va a creer”, pero en el documento dice Ignacio, y por si no lo sabía, el sobrenombre
    de Ignacio es Nacho. Me afectó. Después me repuse. Su cuento me mató. Gracias Nilda

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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