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Los judios y el lugar del otro en primera persona.

El psicoanálisis -mi laburo- es tan judío como el leicaj o los knishes y si bien mi barrio no es Villa Crespo,como en el viejo chiste,  conozco muchos  judíos, ubicados en ese cruce de conjuntos que intersecta los compañeros de trabajo con  la gente que uno aprecia.

Entre las personas que me honran con su respeto, en esa intersección está Mario Woronowski. Digo que me honra porque me mandó un texto que habla del padre (cuando no, nosotros los neuróticos)  y me gusto tanto que le pedí permiso para colgarlo acá. En él habla de conflicto de Gaza con una mirada desde adentro de la identidad judía.

Gracias Mario.

Mario Woronowski marioworonowski@gmail.com

Mi viejo murió siendo yo chico. Yo recibí educación judía, sistemática y de la otra, la familiar, las historias de “la vieja Europa”, las tradiciones, las canciones, el sonido del yidisch. Historias del Holocausto, de los pogroms, de persecusiones y masacres, de luchas por la supervivencia cultural y colectiva. Me enseñaron que el estado de Israel era el fin de todo aquello, un reencuentro con la tierra, con el trabajo agrario, y que junto con eso venían las granjas colectivas, los kibutzim, ensayos de formas de vida más justas y más libres. En fin, relatos que ligaban con otros relatos, canciones que ligaban con otras canciones: la guerra de España, la resistencia francesa, los partiggiani. El gheto de Varsovia y el Potemkin cabían hermanados en perfecta armonía.
Pero hablaba de mi viejo, y de su muerte prematura. Ël era el que me hacía depositar monedas en una alcancía destinada a ayudar al Estado de Israel, y por supuesto que me parecía muy bien. Ante las masacres de hoy, un hoy que lleva décadas, ante la asfixia del pueblo palestino, recuerdo esa escena con cierto pudoroso candor. Pero mi viejo me dejó un legado definitivo: cuando se hablaba del Holocausto, mi viejo decía: “¿de qué nos asombramos, si en 1915 los turcos masacraron a los armenios y el mundo se cayó la boca?” Y creo recordar, más borrosamente, que por allí caían los negros de Sudáfrica o los de Alabama.
Adolfo Gilly escribió que en última instancia ser de izquierda es ser capaz de ponerse en lugar del otro. Es una espantosa paradoja ver a tantos judíos que elijen ponerse, por el contrario, en el otro lugar.

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3 comentarios sobre “Los judios y el lugar del otro en primera persona.

  1. Hola amiga

    Fui judío practicante por opción. Luego abandoné la práctica pero seguí ligado en los afectos al pueblo hebreo. Con los aaños, claro, fui descubriendo más de una razón que daba más para el psicoanálisis que para la interpretación de la Torá. Pero bueno, eso es otro tema…

    Coincido plenamente con Mario Woronowski, tanto en ese perfume nostálgico de lo idish , tanto en la literatura de un Aleijem como en la traducción de los textos fundamentales de Marx. El escenario del teatro IFT como la sede del judaísmo que jugaba a la pelota en Villa Kreplaj y no se pertrechaba en Pilar. En ese rico pletzalej de pastrón y pepinos hecho por el gallego de al lado de la Hebraica antes de que llegara un local de Falafel (muy rico también).

    Pero hoy, es cierto, como pueblo no se pone en el lugar del otro sino en el jodido lugar del que coloniza y mata.

  2. Sólo se me ocurre lo banal, lo trillado, el lugar común… pero no importa: algo así como “Sólo cuando se seque el último río y caiga el último árbol el hombre verá por fin que no puede comer dinero”.

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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