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Aquí, allí y en todas partes: salud en albanés se dice shëndetësor!

Hablando de padres e hijos,  se me ocurrió dar un compiladito de Lo masculino enigmático en el post anterior. Es medio un chiste en clave freudiana, porque es Freud el que dice que la mujer es,como África en el siglo 19, el continente negro, algo de lo que no se sabe nada. Sin embargo para mi gusto las relaciones de los padres con los hijos varones son el alfa y el omega de lo enigmático.

Un lector de este blog (que es un emprendimiento colectivo, ya que he robado tanta música  tantas imágenes sin dar crédito alguno) me alcanza un texto conmovedor y sencillo sobre el linaje, con palabras perdidas en albanés, con palabras buscadas en hebreo, con runrun del idisch como música de fondo, el olor de la comida, y eso que siempre esta perdido y cuyos cachos se buscan juntar, otra vez, un atisbo del paraíso.

Basta de introducción y Homisida, el texto de eduardo betas, lector atento de elnosoyloquedeberia.

De Patrias y hermanos (homisida)
Cuando mi hermano Tony dijo que era portador sano de HIV dejé de hablar de grupos de riesgo y de conductas propiciadoras. Simplemente lo abracé y lloramos juntos. Estábamos con nuestro padre en un restaurante barato y con seguridad dimos una imagen medio bochornosa: tres tipos grandes, uno de ellos –mi papá- con su ropa de trabajo, tomados de la mano y lagrimeando. Pero nosotros no nos dimos cuenta. Fue como si estuviéramos solos. Y en muchos aspectos lo estábamos frente a ese virus inmundo.

Recompusimos un poco la imagen cuando vino el mozo con los platos. En ese momento, me acuerdo que pensé que ya nadie tendría ganas de comer. Pero nuestro padre dijo las palabras mágicas:

– Ahora te vas a tener que alimentar bien. – Tony, que por aquel entonces tendría unos cuarenta y pico de años, sonrió por primera vez desde que nos habíamos sentado.

– Lejaim –dije yo que ya me había convertido al judaísmo mientras levantaba una copa. Mi hermano y mi papá me miraron…—Por la vida, significa en hebreo, expliqué.

Eso sirvió para que la conversación resbalara por las palabras hebreas, idisches y su presencia en nuestro idioma. Papá lamentó, como siempre, no tener palabras albanesas para recordar. Porque su padre, Etén, era muy callado y el albanés, dentro suyo, había sido herido de muerte por la guerra de la que se había escapado cuando vino a la Argentina.

En esa mesa descubrí, ya con dos o tres lejaim más, que era verdad que estábamos solos. Pero también que los tres éramos un país, la patria buscada y unida precisamente por ese padre de overol que había hecho suyo al hijo de la mujer con la que unió su vida sin hacer demasiadas preguntas y preparándose para todas las respuestas. Por eso es que me crié en un hogar donde era normal tener un hermano que llevara otro apellido. Hasta que vino la escuela y las maestras y las explicaciones…

También me di cuenta por qué el saber que mi hermano no era hijo de mi padre fue un dato que llegó, por suerte, tarde a mi vida. Porque para ese entonces esa Patria que había creado mi viejo en nuestra casa ya nos había hermanado para siempre. Aquel territorio de cosquillas, juegos e infancia nos fundió el uno con el otro. Y aquel pasado con sus registros burocráticos prescribía inexorablemente en las fronteras de nuestra pequeña patria recuperada.

Y eso que nos faltaba terminar de nacer juntos en la música. Porque Tony era once años mayor que yo y cuando en la Argentina vino la dictadura y la censura, yo tuve sus discos. Fue lo que no me dejó caer en la mediocridad con la que llenaron las radios en aquellos tiempos.

Entre esos discos estaba aquel en el que Tanguito cantaba “Amor de primavera” y repetía, como si fuese una profecía… “aquí, allí y en todas partes”. Las mismas palabras que años después dejé sobre la tumba de Tony cuando finalmente sucumbió al maldito virus.

Pero aquel día del restaurante me acuerdo que hubo un momento en que miré a mi padre y a mi hermano como si fuera la primera vez que los veía. Recorrí sus rostros, sus gestos con el afán de arrancar ese acostumbramiento que tenemos en el mirar lo más conocido hasta que dejamos de verlo. Hasta que la rutina nos seca la retina y nos deja ciegos. Es cuando sucede que perdemos de vista lo que tenemos más cerca.

Ellos estaban distraídos y yo jugué a filmarlos con mis ojos. Tal vez hablaban de fútbol, ya no importa. Yo me los guardé para mí. Porque, después de todo era raro que estemos solos los tres hombres de la familia. Sin nada que celebrar salvo el estar juntos.

Aunque ahora, pensándolo bien, creo que si en aquel momento hubiese tenido la lucidez suficiente para darme cuenta lo que había hecho nuestro padre, sabiéndolo o no, hubiéramos brindado por la Patria recuperada.

Porque él había decidido reconstruir esa patria deshecha de su padre, nuestro abuelo, en nosotros. Y a nosotros nos quedaba seguir. Aún con el ánimo apedreado como aquel mediodía en que descubrí que mi hermano mayor era vulnerable y que nuestro padre podía llorar sin tener vergüenza porque lo viera el mozo de ese restaurante de barrio o algún compañero de trabajo.

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3 comentarios sobre “Aquí, allí y en todas partes: salud en albanés se dice shëndetësor!

  1. Gracias, ahora publicamente, por darme la oportunidad de estar en un blog que me gusta mucho. Y porque las vueltas de la conversación y demás hizo que recalara en éste, tu espacio, un texto que está aquí, allí y en todas partes.

    Y a El Sudaca Renegau lo único que me sale decirle es que ese reblogueo es uno de esos abrazos que te dejan sin palabras… ahora me voy para su blog a ver cómo quedó allí.

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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