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medio pan y un libro

García Lorca inaugura la biblioteca de su pueblo, “la primera en Granada”, diciendo que si el tuviera hambre pediría no un pan, sino medio pan y un libro.images (6)
Hay gente que no lee, le aburre, no encontró la llave maravillosa para ingresar a esos mundos encerrados en papel. Si bien yo no leo tanto como antes, se de esos tesoros de oro puro, de cristales refulgentes dentro de basura aparente, de misteriosas riquezas mezcladas entre palabras, que como cocardas de generales llevaras por siempre en la solapa. Y siempre es mucho tiempo: recuerdo párrafos de libros de infancia como recién leídos, recuerdos frases de libros de adolescencia, como si me las hubieran tatuado en el alma.
En ese discurso cuenta que regala sus libros: he ahí una clave de lo mermado de mi biblioteca, así como convido con comida cuando entras a mi casa ¿un café, un cachito de (lo que haya)?, también convido con libros si expresas un deseo de ellos…

Medio pan y un libro al hambriento. Y sigue Federico.

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

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Un comentario sobre “medio pan y un libro

  1. Maravilloso post para ingresar en este 2013.
    En nochebuena regalè libros a todos. A mis dos sobrinos (Maxi y Tatiana) les regalè “Farenheit”, de Bradbury (justito, justito…) y “El Pesanervios” (El Ombligo de los Limbos), de Artaud, respectivamente; a mi hermana “La guerra del fin del mundo”, de aquèl Vargas Llosa que leìamos con pasiòn; y a mi prima “La Ciudad Ausente” , de Ricardo Piglia. Y sigo.
    A mi mujer Graciela le regalè “Bomarzo”, de Mujica Lainez en una ediciòn muy vieja (a ella eso le encanta) y sòlo mi vieja (està rondando los 90 pirulos) ligò mùsica: un compilado de Osvaldo Pugliese, su mùsico de cabecera.
    Hoy. Estoy en un ciber, salì del Pago Facil acà en Eva Peròn y Albariños (Mataderos Blues…), y es un placer encontrar este oasis que es tu blog en esta mañana de enero.

    Siempre agradecido.

    Daniel

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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