drogas. Goza y consume hasta morir.

En general no hablo en el blog de trabajo, pero ¿por que no? Una vez cada tanto, al menos. Un post largo,que en realidad son  apuntes para presentar en unas jornadas de salud mental, hace un par de años.  davinci7kg

Yo trabajo con  el padecimiento ligado al uso de drogas, donde parecería que ya esta todo dicho. Al menos los programas de televisión que muestran adictos en contextos marginales y los diarios , (que tanto sirven para envolver huevos, como para tapar la cara de un cadáver de un pibe-y la verdad que estaba armado-) se portan como si supieran de que van las drogas.

Pero nosotros no tenemos que comprar esa imagen sin remedio.  Y si lo decís de otra manera, decís otra cosa. Entonces hay que repensar y  pensar las metáforas que circulan sobre los  sujetos con fuertes compromisos con el consumo de drogas, los adictos

Deconstruir los discursos sociales acerca de los drogadictos, de los paqueros, eficaces tanto para moldear la forma en que las personas se presentan a los servicios de salud, como la forma en que estos servicios responden,  Y tenemos que conocerlos y desmantelarlos para que pueda armarse algo que atenga a la singularidad, premisa del psicoanálisis. Hagamos o no  psicoanalisis, Lo digo en un sentido extenso, como una herramienta privilegiada e incomoda de entender las cosas que le pasan a la gente, mas alla del sentido comun, mas alla del imaginario social, superyoico, o cruel y abandonico. Adherir a una mirada psicoanalitica nos da la posibilidad de no aplanar la respuesta y  quedar capturado por el discurso mediático, y el discurso disciplinador social que solo genera respuestas homogeneizadas y estáticas. Saber que no se trata de adictos, se trata de personas, que quedaron atrapadas por una idea, la de que un quimico puede anular el desaliento del ser.

La metáfora del flagelo y la de las guerras a las drogas viene de lejos.  Flagelo tiene varios sinónimos:  azote, látigo,  calamidad, desgracia, catástrofe, castigo, plaga. Algo ajeno, que viene y nos pega fuerte. Pero no hay tal calamidad

Adhiero a quienes piensan que no hay tal flagelo, que la droga(las drogas)  no es algo que nos cae del cielo, no es un castigo divino, no es una bacteria que genera adictos por mero contagio, la famosa manzana podrida, los barrios podridos, la podrida pobreza que nos llena la barriada de delincuentes drogadictos asesinos irrecuperables de los que hay que cuidarse, Nadie de buena fe puede pensar que la cultura que supimos construir es inocente y no segrega de su entraña lo monstruoso, la alteridad, lo deshumanizado, lo diferente, lo peligroso. Si hay gente que sobra, hay que estar adentro o ser descartable. Y si hay alguien que encarna eso hoy, lo excluible, es el adicto comprometido en el consumo, hasta el punto de no quedarse sin su vida, y tener un sucedaneo que da lastima de tan pobre.

Las concepciones abstencionistas, fetichizan la sustancia  y  piensan las adicciones en términos morales , son la piedra basal de los tratamientos religiosos contra las adicciones, en una línea donde abstenerse del uso de la droga aseguraría la felicidad y la salvación del cuerpo y también del alma. Todas las afirmaciones que van en el sentido de la lucha, del flagelo, de la guerra a las drogas abonan a esta vertiente abstencionista y moralizante  Y se me ocurre eso tienen cierta afinidad a esa ideología que cuando se quiso acabar con la subversión  mato a los subversivos, y  a los medios de comunicación masiva que hablan de inseguridad cuando se debería hablar de delitos y que generan una sensación omnipresente de peligro que justificaría que  para acabar con la guerra de las drogas, se justifique cualquier cosa, Es moneda corriente ver un delito y que el periodista pregunte ¿estaban drogados? Y por portación de cara, por portacion de vestuario, por portacion de pobreza todos los delincuentes jóvenes son para el periodismo “drogados”.

Seamos claro, son las inequidades las que han determinado un genocidio por planificación de la pobreza como lo llamaban desde lo politico a la onda neoliberal de los 90, que determino la crisis del 2001 ,que determino la desocupación y la indigencia y la falta de proyecto para la parte  mas vulnerable de la  población, justamente aquella afectada por las drogas mas baratas y mas crueles para el cuerpo y la cabeza y la vida social.

La idea moral de la droga como flagelo es tributaria de la ética protestante que se mostró muy afecta a demonizar sustancias y a convertir en pecadores a quienes la usan. Las ligas antialcohólicas abstencionistas norteamericanas  y su ley seca, crearon una sociedad divida entre justos y pecadores. Lo que la sustancia  toca, lo  arruina.

Lo que la droga roza, queda manchado. Y en salvados en quienes los abandonan. Y esos salvados tienen que dar testimonio, y quedar pegados al discurso de la droga por su reverso, los ex-adictos.

Nosotros vivimos en una sociedad que fue caracterizada por el vacío, el desencanto, la inmediatez y el consumo a rajatabla. De ahí venimos y de ahí nuestra locura social.

Y el discurso es tan eficaz que las familias en la carencia empiezan a pensar que si, que están arruinadas por el consumo, arruinadas por las drogas, es la droga el problema, no hay otro problema y la abstinencia es la respuesta, y para la abstinencia la internacional, o la exclusión, la judicialización de sus jóvenes.

¿Que queda invisible acá? Que el toxico no es la droga, que estamos intoxicados de una sociedad que promueve el consumo hasta la nausea, y que las drogas son un objeto de consumo y que las drogas baratas y letales son el objeto de consumo de los que no pueden pagar otra cosa.

La droga como flagelo implica la creencia que esta en la materialidad de la sustancia porro, en la pipa de paco, en la línea de la cocaína la posibilidad de generar violencia, desviación,  ruptura de lazos. Por eso se habla de fetichismo de la sustancia. En ese sentido la droga quita responsabilidad, es la sustancias la responsable de las acciones transgresoras o delictivas, y el usuario, en tanto sujeto de ese discurso, no hace síntoma,  Y el que las usa, el que se contagia del flagelo, es o puede llegar a ser un delincuente, un enfermo, una victima o un verdugo.

El discurso de las drogas genera en propios o ajenos un par de metáforas que simplifican la realidad.

En el servicio en el que trabajo hacen pasantìas estudiantes de trabajo social y me hacen preguntas incomodas. Me preguntan por las causas y efectos de las drogas, me preguntan por el porcentaje de uso de cada sustancia. El paradigma de causa efecto es absolutamente inservible  Ponderar los casos en base a que sustancia usa implica la posición de creer que sabemos todo del consumidor por saber que consume, descuidando que se trata (un tratamiento) de las posibilidades subjetivas del paciente y no de la droga que consume. La asociación drogas-pobreza-crimen-juventud. Sintagma cristalizados donde la única resolución aparece en el “hay que matarlos a todos” del remisero o cualquier forma de disciplinamiento que aparezca en lo social, como la baja en la edad de lo punible.

La fetichización de la sustancia  impide ver que función cumple el tóxico para cada quien y genera un personaje estandarizado: el adicto.

En el caso del paquero conurbano, es un personaje que aparece en el 2001 tributario de la gran crisis de ese año, así como este año, en España aparece el paco como objeto de consumo. Sociedades empobrecidas, decepcionadas, degradadas tienen drogas baratas, que segregan un sujeto tan indeseable como el que necesitan los normales para sentirse preservados.

Las personas complicadas en usos problemáticos de drogas no son son pacientes fáciles, y  se presentan en las instituciones de salud, con la marca de la urgencia: propias urgencias o de otros (las instituciones que los alojan, los parientes, los derivadores bienpensantes)

Urgencia para internarse, padres urgidos por que es ya, es ahora, es hoy lunes que me robaron lo de valioso que quedaba en la casa, es ahora ya. En esta presentación de las demandas aparece la intervención en espejo, respondiendo a la urgencia con una internación, que es lo que normalmente se pide. Y así se nos insta a  repetir en espejo la urgencia sin ver la singularidad y la diferencia, inclusive se llegan a pedir internaciones sin traer al paciente, como si la sola descripción de los estragos hiciera necesario que el sector salud se hiciera cargo de lo que nadie sabe alojar. Y lo mismo vale para la criminalización de los consumidores, aun de los que “aun” no han delinquido, con la expectativa de que si lo van a hacer, mas temprano que tarde.

El pedido de internación, tan habitual en la institución de atención ambulatoria en la que trabajo implica la idea de separar al sujeto de los otros de su cultura, una solución ejemplificadora  o una impostura. Que alguien se haga cargo de eso que no funciona y lo devuelva corregido o lo retenga para siempre parece la ilusión de base. Y nos deje hacer nuestra vida.

Por eso se presenta una dicotomía en los modelos bajados en la abstención a los modelos basados en la reducción de daños. O en el caso de la institución en la que trabajo (que no tiene acciones concretas de reducción de daños)  la apuesta va en el sentido de rescatar al sujeto en su singularidad y diferencia y entender al la salud mental como construcción colectiva y social y no solo construcción interna de  un sujeto.

En el discurso del flagelo, el adicto, la victima contagiada  se transforma en una identidad, en algo que nombra a una persona, ausentándolo y le imprime en el cuerpo un goce en el registro de lo Real, con poca letra metafórica.

Estuve leyendo un texto de Massimo Recalcati, La cuestión preliminar en la época del Otro que no existe, donde se puntúa que el Otro en estos tiempos “ejerce una presión muy grande, no tanto en la dimensión de la prohibición, sino en la demanda de goce.  Goza, dice el otro. Y así se consume hasta morir.

El problema no es consumo de drogas, el problema es la exclusión social. Las drogas están en la sociedad desde hace muchisimo, pero empezaron a ser un problema de salud, y en particular un problema para abordar desde el sector Salud hace menos de cincuenta años.

.De ahí en mas y creciendo se genero un gran consenso en cuanto a su gravitación en la vida publica, y si bien la carga de morbimortalidad en nuestro país no llega a las tasas de los accidentes, de los problemas derivados de la malnutrición, de enfermedades como el Chagas existe una gran demanda social disciplinante de solucionar su impacto en tiempos inmediatos.

Y entonces aparece un apuro que hace que (independientemente del sujeto) la deriva por las instituciones parece un juego de mesa, una especie de juego de la oca donde se da intervención al juzgado, avanza tres casillas, consigue turno con la psicóloga avanza 1 casilla, deserta del tratamiento, retrocede 2,  se fuga de la comunidad terapéutica vuelve al lugar de partida, lo promueven en la internacion, adelanta seis pasos, consume de nuevo, vuelve a la salida.

O sea las respuestas se tienen plantear desde la heterogeneidad. El adicto es un personaje que revela la  parte más mortífera de la exclusión social.

Si los sujetos que genera la inequidad terminan generando la inviabilidad de determinadas poblaciones, los pobres, los desclasados, los privados. Y un tratamiento no tiene que ir en el sentido de  victimizarlos, si en producir las operaciones para que puedan asumir las responsabilidades que como sujetos éticos les competen.  Hay que creer que si bien el deterioro adviene, si se le pega el mote de irreversibilidad, nada pasara.

No es que haya adictos por que hay oferta de drogas. Hay adictos por que las drogas son un negocio que revierte ganancias para quienes lo manejan, donde el consumo es exaltado y todo consumo esta dirigido a llenar las mismas ausencias que el mercado produce.

Las mercaderías y las drogas entre ellas no están al servicio de llenar necesidades sino de crearlas, y como con todos los bienes de consumo exacerbado, el vacío se hace mas profundo en la medida que se llena, como leí por ahí, no me acuerdo donde.

La cuestión es que los problemas de drogas son problemas para quien? Para los adictos a menudo no, porque justamente son una solución a sus problemas. Transforman en inexplicable e irreconocible los sufrimientos, la identidad se vuelve volátil, impiden la construcción de sentidos que enlazan al sujeto a lo social. El pibe que se transforma en “paquero” deja de ser él, adelgaza, no come, no se baña, no duerme, y su vida no es desordenada, sino que esta excesivamente ordenada por el consumo. Es como si ese zombie (dicen que se parecen a los zombies) que solo le faltan las manos para adelante para ser zombies, con los ojos muertos, lo expulsan de si, donde el goce Uno- todo es posible que tiene un aplastamiento total del universo simbólico y de los ideales (que permitirían la construcción de síntomas). La cuestión es estar alertas de poder soportar un tratamiento obstaculizado por el exceso de goce que parece poner en entredicho el poder de la palabra, en presencia de un objeto que intenta cubrir la hiancia de la castración y lleva a la muerte.

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4 thoughts on “drogas. Goza y consume hasta morir.

  1. “El problema no es consumo de drogas, el problema es la exclusión social. Las drogas están en la sociedad desde hace muchisimo, pero empezaron a ser un problema de salud, y en particular un problema para abordar desde el sector Salud hace menos de cincuenta años”.

    Desde los balcones mucha gente se tira al vacío y termina con su vida.
    Sería estúpido prohibir los balcones por cuestiones de salud,los balcones están ahí,intrínsicamente son inertes.
    La pregunta es¿que pasa que se suicidan?
    Ceratti cantaba en los ochenta “consumación o consumo” como un himno sublime que separaba un aburrido crecimiento del hedonismo al palo,con dificultades de contacto hacia un flash que lo saque a mas intensidad.
    Y tal como vos lo desarrollás ,el problema “sanitario” ¿porqué se circunscribe al sujeto y cierto sector disciplinante mediante alguna terapia?¿acaso no aprendemos por imitación?¿y si probamos con frenar la invasión de falsas necesidades y probar que la entereza individual no es una singularidad sinó una construcción colectiva evitando la coerción conductista?
    ¿El problema está bien planteado?
    ¿O la cosa es reventá pero no salpiqués?

  2. Nilda, no s qu es “hiancia” parece que viene de “beance” pero sono ignaro de Lacan y siamo fuori del discurso

    No s si la exclusion explica el fenomeno del consumo (por oposicin), los incluidos tambien padecen con otros medios , otras calidades de sustancia y tratamientos, pero no menos doloroso proceso.

    1. quiere decir que la castraciòn en estos terminos de lo que escribi es poder aceptar que no se tiene todo, que es imposible estar completo, esa es la hiancia, el corte que la castracion implica: un no-todo. Aguantarse que falte algo, (eso tan humano, no estar completo y angustiarse porque las cosas no cierran nunca del todo). Bancarse eso y no llenar el vacio (la hiancia de la castracion) con drogas o lo que fuere, porque las drogas claro que te alejan de ese vacio, pero llevandote a la muerte.¿acaso no es lo que quieren los que usan drogas es que nada les falte?

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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