Uncategorized

Pensar en los balnearios es siempre pensar en la infancia, en la infancia del siglo, en la infancia del pais, y tambien en la propia o viaje a mardelplata sin valijas, tienda Los Gallegos tiene de todo.

Empecer a ir de vacaciones regularmente a los 9 años, y a partir de los 10 el destino fue, la mas de las veces y hasta que me fui de casa, a los 20, Mar del Plata.

mar-del-plata-2

Mis viejos adoraban Mar del Plata y yo pensaba -no se de donde lo saqué  que cuando se vinieran grandes se iban a vivir cerca del mar, en la ciudad de las ramblas que caminabamos de arriba abajo, de abajo arriba.

El viaje empezaba preparando el auto: mas que unas vacaciones parecían mudanzas. Y luego la ruta dos, y las clásicas paradas- (y estoy hablando de un viaje que ahora hago sin parar, sin pena ni gloria, ni recuerdos) : y apenas en Chascomus, parar en Atalaya a desayunar (entrabas a ese lugar, amaneciendo y las mesas estaban servidas con canastas de mediaslunas y tazas de café con leche y venían mozos con dos enormes jarras para hacerte el desayuno contando con que ibas si o si a consumir eso, y la obligación de ir al baño, aun sin ganas, porque tu padre no va a estar parando a cada rato)

Y que a nadie se le ocurra obviar la detención obligada que generaba caos, colas y perdida de tiempo, cruzando la ruta para entrar en la empresa Villa del Sur, que noshacia tomar una una pequeña rotonda,y a cambio recibías de regalo agua mineral. GRATIS!!!  Y un poquito mas allá en Gandara, pequeños yogures -siempre detesté el yogurt- que agarraba aunque no comiera, como un bonus track rutero.

¡los baños de las rutas siempre estaban limpios!

y mas tarde, indefectiblemente dos o tres paradas para estirar las piernas, y en el medio buscar el castillo de Guerrero, pasando el puente, y pensar indefectiblemente, en como fue a parar un castillo de cuentos allì, quien viviría y por que y ver vacas y vacas y hablar de inundaciones o sequías,  buscar en los carteles de propaganda empresas conocidas al costado de la ruta y vuelta a parar a  hacer pis e inclusive almorzar si daba la hora, con vino y asado (era asi) en Dolores, al costado de la ruta donde ahora esta el puente que da al partido de la costa y ya no estàn las parrillas sobre la dos, sino doblando y también verificar que los mejores paradores siempre fueron los del automovil club donde mi viejo se fijaba el agua y el aceite y cargaba nafta y nosotros corríamos un rato o nos sentíamos exploradores a la manera en que  cuenta  cortazar -que fuera con la carol dunlop, ya enferma-  en ese viaje por paradores de Francia (los autonautas en la cosmopista, se llama el libro)

Cuando no daba almuerzo en parrilla, mi madre llevaba mate para el camino, y  podía darse la posibilidad de comer al r al costado de las rutas, en lugares con árboles, y salia del heladerito, ponele, una franca tarta de pollo.

Siempre, aun hoy, canto en los viajes. El viaje es un no tiempo, en un no lugar. Estar con el mapa de YPF cotejando el  pueblo por llegar, los kilometros que faltaban, el calculo horario, el mojón con el kilometro exacto, leer los carteles que avisaban (y cuando paramos, papà!)

Y mirar con asombro los  choques en la ruta, la gente parada, ambulancias, policías  la posibilidad cierta de muertos de fin de semana, la extrañeza de comprobar empíricamente que la muerte asecha, y que los coches se abollan como papeles.

Y adentro del auto, el hogar: mi vieja cebando mate, yo pateandome con mi hermano, que en general se dormía y hablaba menos que yo,   un tiempo alargado, un no tiempo, ir por el tubo del tiempo, en una ruta, es algo asi como estar en el Delorian, entre un siglo y otro, hasta llegar a mar del plata, donde decían que se podía ir sin valijas, donde entonces el casino era nuestro pequeño Montecarlo, y Montecarlo un lugar para hacer filas para comer ravioles y yo, con la ñata contra el vidrio, miraba entrar al casino  mujeres vestidas  de largo, hombres con corbata y saco, parodias de isidoro cañones, única referencia de una vida glamorosa de descontrol y fiestonga.

Lo dicho: la vida me llevó a otras playas, he conocido el mar caribe, Buzios, las costas uruguayas, Rio, Bahia, Floripa. Espero conocer Santorini, con fervor de creyente, sin embargo, a la hora de la verdad algo mio sigue dando vueltas para siempre, como en un viaje en calesita entre mardelplata y lanùs.

Anuncios

7 comentarios sobre “Pensar en los balnearios es siempre pensar en la infancia, en la infancia del siglo, en la infancia del pais, y tambien en la propia o viaje a mardelplata sin valijas, tienda Los Gallegos tiene de todo.

  1. me encantó tu relato…sabés…yo conocí el mar cuando tenía 19 !! mi mar era el marplatense. Mi viejo se decidió a ir a mardelplata ese año (1979) lo pasó tan bien, me contaba mi vieja y cuando vino se enfermó y murió en mayo del 80…loco no?..todo lo que contás me lo cuenta mi sra y me cago de envidia.Deducí. Beso

    1. Muy buen relato y todos tenemos alguno, los míos van un poco más atras…
      Mi viejo estaba construyendo una casita en San Clemente y nosotros que eramos chicos viajábamos con un tío que era camionero cuando Moyano aún no existía. Hasta Dolores coincidimos, doblando hacia la costa, media cinta asfáltica (si, media) unos 10 Km. y luego serrucho hasta Gral. Lavalle donde empezaban los 22Km de ruta pavimentada hasta San Clemente. A mitad de camino había un parador llamado: “El Centinela” hoy todavía se lo ve semiderruído, aún hoy perdura en mis pituitarias el olor al café con leche que te invadía al entrar…

  2. Muy dulce, Nlda… De chico mis viajes a Mardel (mi primer mar, inmenso, gris bajo lluvia invernal, y mi ciudad favorita de toda la vida), siempre fueron en micro y distaron de tu hermoso recuerdo familiar.
    Por cierto: cuando mis sobrinos caen de visita desde BA indefectiblemente llegan con un paquetote enorme de medialunas del Atalaya.

  3. Muy lindo relato, digo mientras me pongo verde de la envidia 🙂 .Por mi parte le narraré mi infancia sin juguetes… nah, no es para tanto. Sólo que en vez de balneario tenía la represa de donde se sacaba el agua para tomar. Recién fui a un balneario a los 12 años, y era de un río. Pero eso ya pasó: finalmente pude conocer el mar este mismo año y me pareció lo más fantástico que hay. Fui a San Clemente, tal vez otro año pueda ir a Mar del Plata. Eso sí, en colectivos (más de uno).
    Sólo por curiosidad ¿Atalaya es una confitería?

    1. Es una confiteria muy pero muy clasica. En buenos aires, cuando tenes 20 años y empezas a salir con chicos con auto, lo mas loco (?) era salir de bailar y que te lleven a desayunar a atalaya que es cerca de chascomus, muchisimos kilometros, suponete un poco mas de 100 y por ruta.
      Y ademas es un parador de ruta, terriblemente famoso, por que hacian las mejores medialunas del mundo y le quedo la fama. Eso de llegar a cualquier hora y que hubiera medialunas recien horneadas. Ahora esta tambien llena siempre, hace menos de un mes, pase y compre medialunas. No eran las de mi infancia. De esos sabores no hay mas, juas!
      te voy a poner, Iris, en el frontispicio del blog una foto mia en atalaya, para que veas la confiteria y la autora del blog.
      Cada vez que voy al mar, me canto para mi, una de spinetta, esa de “se queda oyendo como un ciego frente al mar” y efectivamente, me quedo oyendo como un ciego frente al mar.

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s