Uncategorized

Malvinas por Abelardo Castillo

En 2012 para Orsai, la revista de Casciari, Gonzalo Garcès le hace un reportaje a  Ian McEwan y a Abelardo Castillo. Ambos cuentan el uso pólitico de dos gobiernos de mierda, Tatcher y Videla, extendido mas allà de la cuestión propia de la soberanía territorial y abundan sobre lo pelotudo que es el hombre medio cuando se trata de la guerra y no es su pellejo el que esta en juego y básicamente de la insensatez de un conflicto armado.

Elegí un fragmento de esa entrevista, con las opiniones de Abelardo Castillo, tras un manto de neblina, esta mañana lluviosa

En «Crónica de un iniciado», el protagonista, Espósito, afirma de manera imperiosa que un país es su gente. Las Malvinas están habitadas desde hace generaciones por personas que se sienten ajenas a la Argentina y parte de la órbita inglesa. ¿Qué dice usted?

Digo lo mismo que Espósito. Y además lo escribí mucho más claramente otras dos veces: cuando el conflicto del Beagle con los chilenos, y en los días de la guerra con Gran Bretaña. Un país no es un dibujo en un mapa, es su gente. Su gente y sus árboles y sus perros y todo lo que vive y odia y ama y muere sobre esa tierra y esas piedras. No hay más soberanía que ésa. Pero la verdad completa es que los isleños, hasta 1982, no se sentían tan “ingleses” como hoy. Tampoco se sentían argentinos, por supuesto. Esa guerra estúpida los obligó, por miedo, a sentirse amparados por Inglaterra. Soy argentino y puedo pensar que esas islas nos pertenecen desde 1816, las islas, no la gente, como no me hace falta ser argentino para saber que Gran Bretaña hizo su imperio con la piratería y el coloniaje. Pero si yo fuera kelper no querría ser argentino ni inglés ni uruguayo ni croata ni quirguís, querría ser un hombre libre sobre una tierra libre. Si la discusión se lleva a los foros internacionales, ahí deberían estar también representados los isleños. No como súbditos ingleses, sino como hombres libres cuyos  padres e hijos nacieron, vivieron, murieron y van a morir en esas islas. Entonces sí que empezaríamos a hablar en serio de soberanía. Tal vez soy un traidor a la Patria, lo siento mucho por la Patria. No creo en las plataformas submarinas ni en derechos de propiedad por colonización o por robo. En cuanto a la plataforma submarina, mejor no creer mucho en ella. ¿Desde dónde juzgamos la plataforma submarina? ¿Desde nuestras costas o las de las islas? Porque, juzgadas desde la allá, parte de nuestro país pertenece a la plataforma submarina de las islas.

—La literatura inglesa reciente apenas ha tocado el tema de las Malvinas; no así la literatura argentina, que cuenta varias novelas y cuentos sobre el tema. ¿Ha leído alguno? ¿Le ha interesado alguno? ¿Ha imaginado alguna vez una ficción sobre la guerra? 

Casi no he leído ficciones sobre Malvinas, y lo poco que he leído  me pareció olvidable, salvo quizá alguna página de Fogwill. No me gustan los escritores que están esperando una guerra, la aparición del SIDA, el matrimonio igualitario o la caída del muro para escribir una novela. De los ingleses, no espero nada. Un inglés no puede escribir sobre esta guerra, no sólo porque la ganaron sino porque para ellos no tiene nada de épico. Mandaron a las islas la flota más grande y mejor armada desde la Segunda Guerra, casi treinta mil combatientes profesionales. Casi treinta mil,  que es algo así como el doble de los soldados que tiene hoy todo el ejército argentino. Los argentinos combatían con chicos de dieciocho años, que carecían de entrenamiento militar. Hoy, Gran Bretaña juega a que nuestro poderío bélico podía poner en peligro   a su armada, lo he leído y lo he visto en una película. Es grotesco. Nosotros teníamos tres o cuatro misiles y armas casi obsoletas, Inglaterra contaba con el apoyo logístico norteamericano y, según sabemos, chileno. Esa guerra estaba perdida antes de empezar. Por supuesto, cuando se gana una guerra hay que elogiar y magnificar al enemigo, si no, cuál es el mérito. No sé si algún día, en la Argentina, se podrá escribir un gran texto literario sobre esos años, creo que hoy todavía no se puede. En cuanto a los ingleses, no van a poder nunca. Salvo que fueran como Esquilo, cuando escribió Los Persas, que eligió el punto de vista de los vencidos y nos dejó una de las mejores tragedias griegas. Pero mucho me temo que no hay ningún Esquilo en la literatura inglesa contemporánea. Herbert Read, el escritor anarquista inglés, decía que en los últimos cuatrocientos años Inglaterra no había dado una sola obra de arte. Por qué pensar que esa obra va a aparecer justo ahora, ¿no?

—En estos días hay una escalada verbal entre el gobierno argentino y el británico sobre las Malvinas. Para algunos, maniobras de ambos gobiernos para subir en las encuestas mediante la apelación al patrioterismo; para otros, un asunto visceralmente doloroso que merece una lucha, al menos diplomática, o incluso algo más. ¿Qué opina usted?

Bueno, en algún sentido ya hablamos de esto al principio. Creo que se trata de las dos cosas, de una doble maniobra política que sirve para enmascarar graves problemas internos, y también, de un hecho visceralmente doloroso. Esto último vale sólo para nosotros y para los isleños. Lo que no creo es que nadie, hoy, piense que esto merece una lucha, en la acepción bélica de la palabra. No puedo hablar en nombre de los isleños, pero no se precisa ser adivino para comprender qué están sintiendo: miedo. En cuanto a nosotros, volvemos a sentir aquello de que te hablé, el rencor del patriotismo herido. Lo mismo les pasa a los españoles cada vez que hay un conflicto en Gibraltar. Lo que no sé es cómo se va a resolver esto, ya que ningún Primer Ministro inglés querrá ser el primero en aceptar que la soberanía de Malvinas admite discusión. El problema es complejo porque, hasta el siglo XIX, no existía nada que pudiera llamarse soberanía en el sentido que lo entendemos hoy. La propiedad de los territorios era personal, pertenecía al monarca, y se transmitía sencillamente por herencia, como una cosa. No había nacionalidades sino propiedades dinásticas. Para nosotros, esas islas son natural y legítimamente nuestras a partir del momento en que nos independizamos de España, digamos 1810 o 1816, aunque nunca nos hayamos molestado en poblarlas; para los ingleses, que se apoderaron de ellas en 1830, fueron algo sin dueño (la corona española) que encontraron en el mar. Ya se sabe que una buena porción del cerebro inglés nunca llegó al siglo XIX, los británicos ni siquiera se enteraron de la Revolución Francesa. Para ellos no hubo usurpación ni robo, fue un afortunado hallazgo de la corona. ¿Cómo se soluciona esto? No sé. ¿Qué opino? Que las Malvinas, hoy, son territorio argentino, pero que cuando se admita esto, si algún día se lo admite, vamos a tener que luchar por la libertad y la independencia de los isleños.

Anuncios

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s