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cuentos de hospital

Casi tres años trabajè en el hospital cuya imagen está desde hace un tiempo en la cabecera de este blog. Estoy hablando del año 86. En ese entonces habia una residencia para psicologia provincial. 300 candidatos para 25 puestos. Muchos de los puestos eran realmente lejos de mi casa, por ej. La Plata u Open Door. Di el examen y quede en el lugar 100. No tuve otro remedio que ir a trabajar gratis: ad honorem. Yo iba por el psicoanálisis y me encontré con la salud pública  mi otra pasión  Tanto es así que con posterioridad a ese lejano ingreso he estudiado mas de salud publica que de psicoanálisis, mi laburo.

Los psicólogos somos muy cuidadosos de nuestro decir, inclusive entre colegas. Hace a la esencia de la disciplina.  Los médicos de guardia que conocí en el hospital, en el bar de enfrente, sin embargo no eran asi. Los psicologos somos los dueños de las mesas de los bares: nosotros y los visitadores medicos.Pero en este desayunaban medicos de guardia.  Se cagaban todo el tiempo de risa, una salida maníaca a la visión cotidiana de la muerte, la enfermedad y el dolor.

Una de las historias que me acuerdo era esta: viene una mujer a mitad de la noche pidiendo que la ayuden porque se le había quedado un preservativo dentro de la vagina. La maniobra medica es (cualquiera lo sabe) muy fácil  agarras una pinza y lo sacas. Ellos la habian tenido saltando. Tenia que saltar 100 veces, supuestamente, para favorecer el descenso del coso. Y ahi, la pobre mina saltando en la guardia, pagando el precio de consultar por una boludez.

 

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Otro cuento fue el del tipo que vino en el medio de la noche porque un pajarito le había picado el dedo, con el dedo agarrado con la otra mano .Le empezaron a hacer un cuestionario ridículo sobre el pajarito (raza, forma de cantar, color)


No quiero hacer un manifiesto ético
 de esto, e inclusive, hasta es gracioso, porque no estaba en juego la vida ni la enfermedad. Solo digo que ser medico te hace ser un poco cruel. Me quedò desde entonces una desacralizacion permanente del acto medico. A mi me van a hacer saltar si son brujos.  Y seguro que hay cosas mucho peores. Somos de una raza que nos permite reirnos de nuestros semejantes, somos criaturas raras, un poco canallas.
4586726-a-cerca-de-un-pajaro-se-sienta-en-los-dedos-de-la-nina-y-se-come-los-frutos-secos

 

 

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Un comentario sobre “cuentos de hospital

  1. Es universal la canallada jocosa, tengo amigos que laburaron en casas de sepelios y me han contado cada espanto que no sabés si vomitar o morir de risa.Yo mismo cuando manejaba un bondi de larga distancia hacía una joda:
    Cuando cambiábamos el turno de manejo con la unidad a cien por hora, yo le decía a mi compañero para que escucharan los pasajeros mientras me agarraba del volante “¡vení,ayudame que me siento mal!”, y un par de segundos después me levantaba del asiento y al toque se sentaba el cumpa. La cara de terror de los pasajeros era imperdible.
    Ese acto maldito quebraba nuestro tedio, nos reíamos en silencio y se aflojaba la tensión peligrosa de la monotonía rutera. Nos ayudaba a seguir prestando atención adecuadamente y tomar a la Parca para la chacota.

    Abrazo Fuerte

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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