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no se para que hablar de cosas que ya no existen

ayer hablaba de cosas que ya no existen, de la casa del loco Cacase, aquel que cuando le subía la diabetes susurraba atrás de la heladera del club, subido en una tarima de madera, lo del Mesias Negro. La casa de Cacase era a mitad de camino entre lo de Silvia y mi casa y, como los borrachos, nos acompañabamos. Silvia se acordaba de cuando a los doce nos resistíamos a que nos encajaran enaguas o camisetas.
Cosas que ya no existen y que apenas recuerdo, como los numeros vivos en el cine, en los intervalos allá por mi niñez entraban dos o tres musicos o un mago y en el mientras tanto “el numero vivo” precedía a la película ¿hasta cuando habrá habido numero vivo en los cines?

cosas que ya no existen como las mujeres que enceraban de rodillas la pinotea o el parquet y despues pasaban la enceradora y en esos comedores o dormitorios se entraba con patines de lana, con ribete, o tejidos al crochet. Y entonces, al entrar a la casa todos se deslizaban (es en el fondo bastante gracioso) con patines. Y las mujeres hacian ikebanas en troncos -muy muy grasa- cosa que se habia puesto de moda, como despues las tarjetas españolas o las reuniones de tupperware o de limpieza de cutis gratis de mary kay.

Cosas que ya no existen como los bailes en las casas de adolescentes donde la bebida era lo de menos:  No era importante llevar fernet ni licor. Lo importante era el levante, que es decir lo mismo que la aceptacion o quizà el amor: Yo empece a salir con mi buenamor en uno de esos bailes, llamados ostentosamente asaltos y que solo necesitaban de fanta comida berreta y un poco de musica.

Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar.

 

 

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5 comentarios sobre “no se para que hablar de cosas que ya no existen

  1. En casa de mis padres el brillo a los pisos se sacaba con el “cepillo pesado” que era. . . exactamente eso. . .un cepillo bien pesado que arrastrábamos de aquí para allá con esfuerzo. . .minga de lustradora. . .

  2. Inicios de los 70. Ellas el bizcochuelo, nosotro la “Fanta”. Arrancaba tipo cinco de la tarde. Patio techado o al aire libre. Objetivo: los lentos, Sacarla a la vereda cuando anochecía y apretar contra los ligustros. El grado de excitación y expectativa era intenso. A ver si me mando un speach y le mando correo, Nilda. Sólo necesito un ginebrín que me coloque, pinta la nostalgia y pongo primera… Saludos!

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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