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periferias

Las noticias son confusas acá afuera, nadie sabe que decir

(Bajando a Buenos Aires)/Claudio Gabis

No tenla un abrigo adecuado para la primavera porteña. La campera de todos los días era buena pero excesiva para ese lugar donde salias con 14 grados a la mañana, y tenias 23 a la tarde, y una humedad que te achata. Lo ideal hubiera sido algo finito, como la  bata de polar que tenia puesta mientras sorbía el mate, pero era lo único que le faltaba para parecer una vieja loca.

Hacia días que el viento le taladraba el cerebro, y necesitaba las 36 horas de viaje que la separaban de la capital federal y conseguir alrededor de 1400 pesos, para el viaje y 1000 mangos mas para moverse. Olvidate de la tarjeta, bloqueada , como 3 meses que no pagaba ni el mínimo.

Treinta y seis horas  en un lugar donde no sopla el viento, parecía tiempo suficiente para pensar mas claro.  Mas que suficiente, necesario. Las noticias eran confusas y necesitaba verlo con sus propios ojos. No le alcanzaban los noticieros de Buenos Aires, ni los programas de chimentos, ni los que hablaban de política. Entre el viento y las noticias confusas y opuestas ya no quería ni hablar.

Lo que contaban en canal 9 se enfrentaba con lo que ella palpaba en su casita pobre de Guer Aikem y tenia que verlo con sus propios ojos. María se llamaba, y cuando iba a trabajar, agarrando la autovia,  nada le cerraba

Vivir alli, limpiando casa ajena, con los fantasmas de  bolsitas de nylon bailando con el puto viento, siempre y todo el tiempo,  se compensaba por el consuelo que le daba   la ria al amanecer, como en una postal, rumbo al trabajo

Ella lo había conocido, bastante, personalmente. Cuando nadie abrigaba la expectativa de que fuera un heroe como San Martín, sino uno mas de los nuestros. Ahora tenia mausoleo propio, y mejores  peregrinaciones  que las que venían a pedirle favores a la virgen.

Buenos Aires se había ido desdibujando con el tiempo, le habían contando que ya no existían bares atendidos por gallegos, que los subtes llegaban mucho mas lejos que a Palermo o Chacarita, que todo estaba pintado de amarillo y que la zona de la costanera hacia rato que era otra cosa, para ricos, lleno de restaurantes.

No se cual filosofo -lo habia escuchado en la radio, y le habia quedado fijado para siemrpe.-las apariencias siempre son engañosas, entonces no se puede creer en lo que se ve. Tampoco en los noticieros, cuanto mas miraba, mas confundida estaba. Solo le quedaba ir a ver la realidad con sus propios ojos, porque ya se sabe, Dios es Argentino, pero atiende en Buenos Aires

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Un comentario sobre “periferias

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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