Otro mas sobre la muerte de un padre para un hijo varón.

Ya no se de que la va este blog… pero a pesar de mi decisión a veces se me cuela el psicoanálisis. Por si no sabes quien es Masotta, Oscar, repito lo que dije en el viejo post, donde copie un cacho de Roberto Arlt, yo mismo.es el tipo que introdujo a Lacan en la Argentina, un intelectual de los 60, especialista en Sartre, historietas, Merleau Ponty  Arlt. No tenia titulo universitario pero revolucionó el psicoanálisis en estas pampas. Yo estudie con una de sus discípulas,Rinti D Angelo,  seis años, poco tiempo después de su muerte

Hoy leí un pequeño articulo, que retoma el tema Masotta  que me pareció hermoso . Recorté un fragmento, se que es poco tribunero. Habla de la muerte del padre en un hijo varón. Ese es el tema principal de mi tag lo masculino enigmatico.

El autor es Luciano Lutereau.y el articulo completo está acá http://blog.eternacadencia.com.ar/archives/2013/31991

“…Yo no voy a estar (espero nunca estarlo) para la muerte de mi hijo, pero sí estaré para la de mi padre. Espero estarlo. Aquí estoy hablándoles de eso.

La muerte de mi padre es una idea que me acosó durante muchos años. Mientras que la literatura es una herramienta que me permitió descifrar el destino y, fundamentalmente conocer a mi madre –todas mis novelas hablan de ella y otras mujeres de mi familia–. Mi padre es un objeto imposible. Otro objeto imposible.

Podría decir que nada nos une. Pero eso es lo de menos. Porque estamos igualmente indisolublemente vinculados. No obstante, no tengo ninguna herramienta que me permita llegar a él. Sólo puedo pensarlo en términos de amor: la belleza de su voz al cantar y la fuerza de su mirada –que, cuando era niño, para mí era idéntica a la de Cristo en una imagen que, después lo supe, estaba tomada del retrato de un loco–. Si de mi madre aprendí que la religión es una forma femenina de sensibilidad por la palabra, que me permitió que encontrar tanto gusto en la escritura; mi padres es un enigma.

Masotta, por su parte, encontró un equivalente significante del padre en el dinero, y en la vergüenza económica, pero ahí ya no puede ayudarme. La transmisión de una falta es algo inútil para mí. Sí podría sentirme reconocido en ese caso si pensara en la relación con mi abuelo, pero no en mi padre. Entonces tengo que volver –siempre se vuelve a revolver– a hablar de mí mismo para dar un paso más.
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Desde temprano supe que no iba a dedicarme a ninguna de las profesiones paternas. No obstante, sabía que una profesión era una buena vía para ganar dinero. Así comencé a estudiar psicología, con el ánimo de encontrar simultáneamente alguna respuesta para algunos dolores. Al poco tiempo esta carrera me defrauda e inicio estudios de filosofía. Sólo regresé a la carrera de psicología después de un encuentro con el psicoanálisis. Ya no quería una profesión, sino un título que me permitiera ejercer esa práctica.

Entre el inicio de mi análisis y su primera conclusión hay dos sueños. El primero es uno que se repitió en diferentes ocasiones durante la adolescencia y que retoma una escena infantil en casa de mis tíos, donde acostumbraba pasar los fines de semana: “Es de noche, estoy solo en la casa, tengo miedo a los fantasmas; me encuentro con mi padre, quien me sugiere poner vidrios sobre las paredes. Pienso entonces que mi padre no entiende” y despierto angustiado.

Con los años este sueño reconstruye una escena que durante mucho tiempo consideré una alucinación infantil. A los cuatro o cinco años desperté en la madrugada y había en mi habitación personas que caminaban, entre ellas un monje con capucha que se parecía a San Francisco de Asís. Abrumado por el temor, corrí a la habitación de mis padres y en la puerta había un pingüino que me impedía el paso. Me detuve. Cerré los ojos. Luego avancé hasta estar acostado junto a mis padres. Después de ese día nunca más volví a pasarme de cama.

En el curso del análisis sucedió el otro sueño, que repite al anterior, aunque esta vez mi padre habré una puerta a un pequeño gabinete: allí me muestra algunos instrumentos musicales. Me dice: “No puedo hacer nada contra los fantasmas, pero mientras podemos divertirnos con la música”.
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Desde hace años varias personas me dicen que les recuerdo a mi padre por mi sentido del humor, porque hago los mismos (pésimos) chistes. Es una observación que me resulta extraña. Para mí mi padre es una persona ajena. El más lejano de todos. Mi prójimo.

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One thought on “Otro mas sobre la muerte de un padre para un hijo varón.

  1. es un hermoso texto, con el paso de los años se percibe lo desconocidos que nos resultan , precisamente aquellos (padre y madre) con los que nos hemos identificado.

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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