El crimen mas canalla, el tipo mas canalla de todos: argentina psycho Corsi,”notellamenlicenciado”


Liberaron al hijo de puta de Jorge Corsi por cumplimiento de condena de 8 meses. Para mi, es el argentine psycho por excelencia.
Yo lo conocí en alguna actividad académica de mucha gente. No recuerdo donde, algún congreso: era la única persona que yo escuché que trabajaba con hombres golpeadores, de raigambre perversa.
La perversión, entendida como entidad clínica, no tiene tratamiento psi. El perverso no tiene culpa, es manipulador, no tiene malestar con respecto a lo que hace, no tiene demanda de tratamiento: En general los perversos son hijos de puta.

Nadie encontro la forma de entrarles ¿medidas educativas? Si, entretenete con eso.  La cuestión es que Corsi hacia grupos de perversos. Después, claro, todo se explica: el era uno.

El verdadero cuco de los cuentos.  Agarra pibes puberes, los engrupia y se los trincaba. Por supuesto los llenaba de culpa, de amenazas y de regalos. Compraba el silencio e incluso creo recordar que algo de un nombre con el que se autollamaba “amante de los chicos”

Un asco. Dicen que no lo inhabilitaron para ejercer la profesión. Psicólogo, como yo. No, como yo no. Nadie que no respete lo mas importante de la vida, la vida que crece, lo por venir.. puede ser psicólogo.

Morite Corsi, pero rápido. O cortate el pene y tiraselo a los chanchos., pero hacenos un favor, morite mejor.

sueños de bataclanas


Mi cuento de bataclanas, le saque algunas cositas, le agregue otras. Ni se si lo mejorè. Pero ¿a quien no le gustaria lucir como bettie page?bettiepage-pinup-photos-12112008-03

Sueños de Bataclana

¿Leíste bien la lección de hoy? Si querés te paso los ejercicios, es sobre el uso de “neither”, “nor” ,“either” y “or”: Esta todo explicado en la pagina 37.

 

Si te da tanta curiosidad te cuento porque vengo al ingles.Una vez cayó en mis manos, allá en mi pueblo una novela donde había una chica en un burlesque tenía puesto un g-string. Eso decía la novela, era de Gipsy Rose Lee. Se llamaba “Al levantarse el telón” y hablaba de tramolleros, de vendedores de g-string, y de la vida de los cómicos y las coristas, las envidias de primma donna, los amores y esas cosas. Y yo pensé que acá, en Buenos Aires, podía encontrar algún lugar así. Así, pero sin el asesinato, por que la de la Gipsy era una novela de policías, esas que se llaman novelas negras. A pesar de que vivía en un pueblo chico yo leia todas las novelitas que podía conseguir. Ah, el g-string…Un g-string es lo que nosotros acá llamamos conchero. En el teatro a la tanga con brillantitos la llamamos conchero, si. ¿No sabias que yo trabajo en un teatro? A media cuadra de Lavalle, un subsuelo.

 

¿Y que tiene que ver la novela con las clases de ingles? Espera. Ya se que  no lees novelas de misterio.¿te manda la empresa a vos aca, verdad? Ah, tenés que viajar. Yo te cuento, a mi no me manda ninguna empresa, las clases me las pago yo, y ahora voy a eso que me preguntabas ayer, por que en vez de hacer ingles no voy a terminar la secundaria con ese plan del gobierno, el Fines2 . Yo necesito saber bien ingles, no tener un papelito que diga que tengo la secundaria.

Cuando decidí empezar mi carrera en el burlesque, le  pregunté a la mujer de Albornoz si me iba a dar el g-string, la mina no tenia ni idea de que era eso, y me dio vergüenza decir que era la parte de abajo de la malla. Ella lo llamo el vestuario, precisó “el conchero”  y entonces me di cuenta que yo acá, iba a estar solo de paso, como en un trampolín para otra cosa..

 

Me vine de Las Parejas cuando  vi el anuncio en Internet, en una pagina de artistas de variedades. Pero decidí mi destino al  llegar a la entrevista y ver el  cartel titilante de la puerta  Lucecitas que se prendían y apagaban “burlesque”, como en la novela, y todo era, visto por arriba,  tan…tan ¡norteamericano! Cuando caí en la cuenta de que en este que trabajo no iba a ser así, ya estaba cumpliendo turnos de cinco horas de lunes a sábado. Las chicas venían de Misiones, de Santiago del Estero, de Paraguay y de países centroamericanos. Todas tristes. Todas ajadas. Menos yo ¿a mi me ves destruida? ¿no, no? Somos como veinte, entre suplentes y fijas por que el lugar está abierto de once de la mañana a las dos del día siguiente. Entonces hacemos turnos, de a cinco. Algunas veces hay solo dos o tres tipos mirando y a veces hierve de valijeros. Esos que vienen se llaman valijeros. No preguntés.
En cuanto a los cómicos, no, nada tipo Abbot y Costello (¿como no sabes quienes son?, unos cómicos norteamericanos… ¿no viste nunca las películas en blanco y negro?: hacían unas rutinas -son como guiones que se repiten- para lo que acá llamaríamos una revista. Bueno, tampoco sabes lo que es una revista. Claro que yo no vi revistas, son cosas de antes, pero se quienes son las grandes vedettes argentinas, yo quiero ser mejor que ellas, yo quiero ser como Josephine Barker, una negra que brillaba ¿Vos venís a estudiar ingles  y no sabes nada de Norteamérica? A mi no me hables de asuntos empresarios , a mi hablame de viajar a New York, a Brodway  eso quiero, allá ,me voy a arreglar, esta el temita de la visa, la green card y toda la papeleta, pero ya voy a ver como me arreglo.
En nuestro teatro, en vez de tener un cómico la parte de humor la hace un travesti, bueno, una travesti, Marita, que mas que cómico es un animador, una animadora, que les dice cosas a los tipos de la platea. Los conoce, los carga si vienen mucho o si hace mucho que no vienen. Los bromea  con que hacen con las manos cuando nos miran. Es un buen tipo Marita. Eso en mi horario. A la noche hay otro, otra travesti, pero yo la vi de pasada, tiene un nombre de odalisca, no me lo acuerdo.
Marita me tomò de punto, cuando llegué, me faltaba roce, se me notaba el pueblo. Se había dado cuenta de que yo buscaba algo diferente y la dueña le había contado (no se que lo que le había contado) del g-string y de ahí en mas me empezó a llamar Sting. Igual es una buena mina, yo fui a su casa el dia que se hizo el documento como mujer: Nos había cocinado a todos, nos sacamos fotos con el documento nuevo, parecíamos una familia, casi.
Cuando me gané mi espacio me dieron para hacer un numero solita, me presentaban como Sting y yo había elegido la canción Fever, si, Fiebre, tenés razón, estaba en una propaganda de Impulse o de algún desodorante de mujeres, no me acuerdo bien. Me gustan las cosas clasicas, y le mostrè el youtbe al ilumnador y me hace una cosa retro preciosa ¡dale, venì, te va a gustar!.

Armé una rutina con guantes que copie de un video de Rita Hayworth, una película

 

norteamericana con actores que hacían de argentinos y que cantaban la Marcha de San Lorenzo. No, no me acuerdo como se llama, pero no te estoy jodiendo. La Rita Hayworth era muy linda y una vez vi una foto de vieja, media borracha parece mentira lo que te puede hacer la vida. Por eso yo estudio inglés y solo tomo coca cola. Ni loca consumo merca. Además tengo que tener la cabeza abierta para estudiar ingles, por eso ni un porro te pruebo. Esas cosas ajan la piel y yo me compro productos buenos para la cara.
Mira, si querés venir a verme, vení. Yo bailo en serio. Los tipos que hagan lo que quieran, yo me lo tomo como un ensayo. Desde que tengo trece me ponía en la pieza cuando no había nadie en la casa y bailaba, como podía, mirándome al espejo. Creo que soy buena, lo hago bien. No, no me da vergüenza, vení, vení. Decís en la entrada que sos mi compañero, mejor decí que sos mi novio, así nadie pregunta compañero de que.
No me quedo en pelotas. Yo elegí. Me quedo con el g-string, un poco de hilo dental con un corazón de satén rojo adelante. Yo misma le cosí las lentejuelas, y nadie sino yo lo uso. Es mío, y cuando tenga plata voy a ir a Nueva York y me voy a comprar plumas y dijes y tengo guardada unas fotos para hacerme ropa como las de las mujeres esas de los dancing.

Ser striper es una manera como cualquier otra de ganarse la vida, y muy decente, cuando terminemos de estudiar inglés, cuando me reciba, me voy a Brooklyn por que  quiero ser como la Gipsy esa y trabajar en un burlesque de verdad. Pero no quiero que me tomen por una latina, que nunca llegan lejos. Quiero hablar sin acento, quiero triunfar en un teatro de allá.
Para eso vengo al inglés todos los días y pago la cuota que me sale mas cara que la pensión.

LE COPIABAMOS HASTA LA FORMA DE ESCUPIR.


Hoy es la fecha que fue traído al mundo Jorge Luis Borges, hombre que supo hablar de tigres, de espejos, de dobles, de cuchilleros, de lenguas nórdicas, de Barracas, de Adrogué, del Tiempo, del Ser y de las Palabras, tal como enuncia el subtitulo del blog como cosas que interesan a esta escriba.

Para quien no lo leyó un cuento simple, muy simple, de los cuentos de guapos. Hombre de la esquina rosada.

(también cumple la bloguera amiga, Verónica, a quien saludo con afecto por esta extraña botella tirada al mar)

 

Jorge Luis Borges
(1899–1986)

Hombre de la esquina rosada
Historia universal de la infamia (1936)

A Enrique Amorim

A mi, tan luego, hablarme del finado Francisco Real. Yo lo conocí, y eso que éstos no eran sus barrios porque el sabía tallar más bien por el Norte, por esos laos de la laguna de Guadalupe y la Batería. Arriba de tres veces no lo traté, y ésas en una misma noche, pero es noche que no se me olvidará, como que en ella vino la Lujanera porque sí a dormir en mi rancho y Rosendo Juárez dejó, para no volver, el Arroyo. A ustedes, claro que les falta la debida esperiencia para reconocer ése nombre, pero Rosendo Juárez el Pegador, era de los que pisaban más fuerte por Villa Santa Rita. Mozo acreditao para el cuchillo, era uno de los hombres de don Nicolás Paredes, que era uno de los hombres de Morel. Sabía llegar de lo más paquete al quilombo, en un oscuro, con las prendas de plata; los hombres y los perros lo respetaban y las chinas también; nadie inoraba que estaba debiendo dos muertes; usaba un chambergo alto, de ala finita, sobre la melena grasíenta; la suerte lo mimaba, como quien dice. Los mozos de la Villa le copiábamos hasta el modo de escupir. Sin embargo, una noche nos ilustró la verdadera condicion de Rosendo.
Parece cuento, pero la historia de esa noche rarísima empezó por un placero insolente de ruedas coloradas, lleno hasta el tope de hombres, que iba a los barquinazos por esos callejones de barro duro, entre los hornos de ladrillos y los huecos, y dos de negro, dele guitarriar y aturdir, y el del pescante que les tiraba un fustazo a los perros sueltos que se le atravesaban al moro, y un emponchado iba silencioso en el medio, y ése era el Corralero de tantas mentas, y el hombre iba a peliar y a matar. La noche era una bendición de tan fresca; dos de ellos iban sobre la capota volcada, como si la soledá juera un corso. Ese jue el primer sucedido de tantos que hubo, pero recién después lo supimos. Los muchachos estábamos dende tempraño en el salón de Julia, que era un galpón de chapas de cinc, entre el camino de Gauna y el Maldonado. Era un local que usté lo divisaba de lejos, por la luz que mandaba a la redonda el farol sinvergüenza, y por el barullo también. La Julia, aunque de humilde color, era de lo más conciente y formal, así que no faltaban músicantes, güen beberaje y compañeras resistentes pal baile. Pero la Lujanera, que era la mujer de Rosendo, las sobraba lejos a todas. Se murió, señor, y digo que hay años en que ni pienso en ella, pero había que verla en sus días, con esos ojos. Verla, no daba sueño.
La caña, la milonga, el hembraje, una condescendiente mala palabra de boca de Rosendo, una palmada suya en el montón que yo trataba de sentir como una amistá: la cosa es que yo estaba lo más feliz. Me tocó una compañera muy seguidora, que iba como adivinándome la intención. El tango hacía su voluntá con nosotros y nos arriaba y nos perdía y nos ordenaba y nos volvía a encontrar. En esa diversion estaban los hombres, lo mismo que en un sueño, cuando de golpe me pareció crecida la música, y era que ya se entreveraba con ella la de los guitarreros del coche, cada vez más cercano. Después, la brisa que la trajo tiró por otro rumbo, y volví a atender a mi cuerpo y al de la companera y a las conversaciones del baile. Al rato largo llamaron a la puerta con autoridá, un golpe y una voz. En seguida un silencio general, una pechada poderosa a la puerta y el hombre estaba adentro. El hombre era parecido a la voz.
Para nosotros no era todavía Francisco Real, pero sí un tipo alto, fornido, trajeado enteramente de negro, y una chalina de un color como bayo, echada sobre el hombro. La cara recuerdo que era aindiada, esquinada.
Me golpeó la hoja de la puerta al abrirse. De puro atolondrado me le jui encima y le encajé la zurda en la facha, mientras con la derecha sacaba el cuchillo filoso que cargaba en la sisa del chaleco, junto al sobaco izquierdo. Poco iba a durarme la atropellada. El hombre, para afirmarse, estiró los brazos y me hizo a un lado, como despidiéndose de un estorbo. Me dejó agachado detrás, todavía con la mano abajo del saco, sobre el arma inservible. Siguió como si tal cosa, adelante. Siguió, siempre más alto que cualquiera de los que iba desapartando, siempre como sin ver. Los primeros —puro italianaje mirón— se abrieron como abanico, apurados. La cosa no duró. En el montón siguiente ya estaba el Inglés esperándolo, y antes de sentir en el hombro la mano del forastero, se le durmió con un planazo que tenía listo. Jue ver ése planazo y jue venírsele ya todos al humo. El establecimiento tenía más de muchas varas de fondo, y lo arriaron como un cristo, casi de punta a punta, a pechadas, a silbidos y a salivazos. Primero le tiraron trompadas, después, al ver que ni se atajaba los golpes, puras cachetadas a mano abierta o con el fleco inofensivo de las chalinas, como riéndose de él. También, como reservándolo pa Rosendo, que no se había movido para eso de la paré del fondo, en la que hacía espaldas, callado. Pitaba con apuro su cigarrillo, como si ya entendiera lo que vimos claro después. El Corralero fue empujado hasta él, firme y ensangrentado, con ése viento de chamuchina pifiadora detrás. Silbando, chicoteado, escupido, recién habló cuando se enfrentó con Rosendo. Entonces lo miró y se despejo la cara con el antebrazo y dijo estas cosas:
—Yo soy Francisco Real, un hombre del Norte. Yo soy Francisco Real, que le dicen el Corralero. Yo les he consentido a estos infelices que me alzaran la mano, porque lo que estoy buscando es un hombre. Andan por ahí unos bolaceros diciendo que en estos andurriales hay uno que tiene mentas de cuchillero , y de malo , y que le dicen el Pegador. Quiero encontrarlo pa que me enseñe a mi, que soy naides, lo que es un hombre de coraje y de vista.
Dijo esas cosas y no le quitó los ojos de encima. Ahora le relucía un cuchillón en la mano derecha, que en fija lo había traído en la manga. Alrededor se habían ido abriendo los que empujaron, y todos los mirábamos a los dos, en un gran silencio. Hasta la jeta del milato ciego que tocaba el violín, acataba ese rumbo.
En eso, oigo que se desplazaban atrás, y me veo en el marco de la puerta seis o siete hombres, que serían la barra del Corralero. El más viejo, un hombre apaisanado, curtido, de bigote entrecano, se adelantó para quedarse como encandilado por tanto hembraje y tanta luz, y se descubrió con respeto. Los otros vigilaban, listos para dentrar a tallar si el juego no era limpio.
¿Qué le pasaba mientras tanto a Rosendo, que no lo sacaba pisotiando a ese balaquero? Seguía callado, sin alzarle los ojos. El cigarro no sé si lo escupió o si se le cayó de la cara. Al fin pudo acertar con unas palabras, pero tan despacio que a los de la otra punta del salón no nos alcanzo lo que dijo. Volvió Francisco Real a desafiarlo y él a negarse. Entonces, el más muchacho de los forasteros silbó. La Lujanera lo miró aborreciéndolo y se abrió paso con la crencha en la espalda, entre el carreraje y las chinas, y se jue a su hombre y le metió la mano en el pecho y le sacó el cuchillo desenvainado y se lo dió con estas palabras:
—Rosendo, creo que lo estarás precisando.
A la altura del techo había una especie de ventana alargada que miraba al arroyo. Con las dos manos recibió Rosendo el cuchillo y lo filió como si no lo reconociera. Se empinó de golpe hacia atrás y voló el cuchillo derecho y fue a perderse ajuera, en el Maldonado. Yo sentí como un frio.
—De asco no te carneo —dijo el otro, y alzó, para castigarlo, la mano. Entonces la Lujanera se le prendió y le echó los brazos al cuello y lo miró con esos ojos y le dijo con ira:
—Dejalo a ése, que nos hizo creer que era un hombre.
Francisco Real se quedó perplejo un espacio y luego la abrazó como para siempre y les gritó a los musicantes que le metieran tango y milonga y a los demás de la diversión, que bailaramos. La milonga corrió como un incendio de punta a punta. Real bailaba muy grave, pero sin ninguna luz, ya pudiéndola. Llegaron a la puerta y grito:
—¡Vayan abriendo cancha, señores, que la llevo dormida!
Dijo, y salieron sien con sien, como en la marejada del tango, como si los perdiera el tango.
Debí ponerme colorao de vergüenza. Dí unas vueltitas con alguna mujer y la planté de golpe. Inventé que era por el calor y por la apretura y jui orillando la paré hasta salir. Linda la noche, ¿para quien? A la vuelta del callejón estaba el placero, con el par de guitarras derechas en el asiento, como cristianos. Dentre a amargarme de que las descuidaran así, como si ni pa recoger changangos sirviéramos. Me dió coraje de sentir que no éramos naides. Un manotón a mi clavel de atrás de la oreja y lo tiré a un charquito y me quedé un espacio mirándolo, como para no pensar en más nada. Yo hubiera querido estar de una vez en el día siguiente, yo me quería salir de esa noche. En eso, me pegaron un codazo que jue casi un alivio. Era Rosendo, que se escurría solo del barrio.
—Vos siempre has de servir de estorbo, pendejo —me rezongó al pasar, no sé si para desahogarse, o ajeno. Agarró el lado más oscuro, el del Maldonado; no lo volví a ver más.
Me quedé mirando esas cosas de toda la vida —cielo hasta decir basta, el arroyo que se emperraba solo ahí abajo, un caballo dormido, el callejón de tierra, los hornos— y pensé que yo era apenas otro yuyo de esas orillas, criado entre las flores de sapo y las osamentas. ¿Que iba a salir de esa basura sino nosotros, gritones pero blandos para el castigo, boca y atropellada no más? Sentí después que no, que el barrio cuanto más aporriao, más obligación de ser guapo.
¿Basura? La milonga déle loquiar, y déle bochinchar en las casas, y traía olor a madreselvas el viento. Linda al ñudo la noche. Había de estrellas como para marearse mirándolas, una encima de otras. Yo forcejiaba por sentir que a mí no me representaba nada el asunto, pero la cobardía de Rosendo y el coraje insufrible del forastero no me querían dejar. Hasta de una mujer para esa noche se había podido aviar el hombre alto. Para esa y para muchas, pensé, y tal vez para todas, porque la Lujanera era cosa seria. Sabe Dios qué lado agarraron. Muy lejos no podían estar. A lo mejor ya se estaban empleando los dos, en cualesquier cuneta.
Cuando alcancé a volver, seguía como si tal cosa el bailongo.
Haciéndome el chiquito, me entreveré en el montón, y vi que alguno de los nuestros había rajado y que los norteros tangueaban junto con los demás. Codazos y encontrones no había, pero si recelo y decencia. La música parecia dormilona, las mujeres que tangueaban con los del Norte, no decían esta boca es mía.
Yo esperaba algo, pero no lo que sucedió.
Ajuera oimos una mujer que lloraba y después la voz que ya conocíamos, pero serena, casi demasiado serena, como si ya no juera de alguien, diciéndole:
—Entrá, m’hija —y luego otro llanto. Luego la voz como si empezara a desesperarse.
—¡Abrí te digo, abrí gaucha arrastrada, abrí, perra! —se abrió en eso la puerta tembleque, y entró la Lujanera, sola. Entró mandada, como si viniera arreándola alguno.
—La está mandando un ánima —dijo el Inglés.
—Un muerto, amigo —dijo entonces el Corralero. El rostro era como de borracho. Entró, y en la cancha que le abrimos todos, como antes, dió unos pasos marcados —alto, sin ver— y se fue al suelo de una vez, como poste. Uno de los que vinieron con él, lo acostó de espaldas y le acomodó el ponchito de almohada. Esos ausilios lo ensuciaron de sangre. Vimos entonces que traiba una herida juerte en el pecho; la sangre le encharcaba y ennegrecia un lengue punzó que antes no le oservé, porque lo tapó la chalina. Para la primera cura, una de las mujeres trujo caña y unos trapos quemados. El hombre no estaba para esplicar. La Lujanera lo miraba como perdida, con los brazos colgando. Todos estaban preguntándose con la cara y ella consiguió hablar. Dijo que luego de salir con el Corralero, se jueron a un campito, y que en eso cae un desconocido y lo llama como desesperado a pelear y le infiere esa puñalada y que ella jura que no sabe quién es y que no es Rosendo. ¿Ouién le iba a creer?
El hombre a nuestros pies se moría. Yo pensé que no le había temblado el pulso al que lo arregló. El hombre, sin embargo, era duro. Cuando golpeó, la Julia había estao cebando unos mates y el mate dió Ia vuelta redonda y volvío a mi mano, antes que falleciera. “Tápenme la cara”, dijo despacio, cuando no pudo más. Sólo le quedaba el orgullo y no iba a consentir que le curiosearan los visajes de la agonía. Alguien le puso encima el chambergo negro, que era de copa altísima. Se murió abajo del chambergo, sin queja. Cuando el pecho acostado dejó de subir y bajar, se animaron a descubrirlo. Tenía ese aire fatigado de los difuntos; era de los hombres de más coraje que hubo en aquel entonces, dende la Batería hasta el Sur; en cuanto lo supe muerto y sin habla, le perdí el odio.
—Para morir no se precisa más que estar vivo —dijo una del montón, y otra, pensativa también:
—Tanta soberbia el hombre, y no sirve más que pa juntar moscas.
Entonces los norteros jueron diciéndose un cosa despacio y dos a un tiempo la repitieron juerte después.
—Lo mató la mujer.
Uno le grito en la cara si era ella, y todos la cercaron. Ya me olvidé que tenía que prudenciar y me les atravesé como luz. De atolondrado, casi pelo el fiyingo. Sentí que muchos me miraban, para no decir todos. Dije como con sorna:
—Fijensén en las manos de esa mujer. ¿Que pulso ni que corazón va a tener para clavar una puñalada?
Añadí, medio desganado de guapo:
—¿Quién iba a soñar que el finao, que asegún dicen, era malo en su barrio, juera a concluir de una manera tan bruta y en un lugar tan enteramente muerto como éste, ande no pasa nada, cuando no cae alguno de ajuera para distrairnos y queda para la escupida después?
El cuero no le pidió biaba a ninguno.
En eso iba creciendo en la soledá un ruido de jinetes. Era la policía. Quien más, quien menos, todos tendrían su razón para no buscar ese trato, porque determinaron que lo mejor era traspasar el muerto al arroyo. Recordarán ustedes aquella ventana alargada por la que pasó en un brillo el puñal. Por ahí paso después el hombre de negro. Lo levantaron entre muchos y de cuantos centavos y cuanta zoncera tenía lo aligeraron esas manos y alguno le hachó un dedo para refalarle el anillo. Aprovechadores, señor, que así se le animaban a un pobre dijunto indefenso, después que lo arregló otro más hombre. Un envión y el agua torrentosa y sufrida se lo llevó. Para que no sobrenadara, no se si le arrancaron las vísceras, porque preferí no mirar. El de bigote gris no me quitaba los ojos. La Lujanera aprovechó el apuro para salir.
Cuando echaron su vistazo los de la ley, el baile estaba medio animado. El ciego del violín le sabía sacar unas habaneras de las que ya no se oyen. Ajuera estaba queriendo clariar. Unos postes de ñandubay sobre una lomada estaban como sueltos, porque los alambrados finitos no se dejaban divisar tan temprano.
Yo me fui tranquilo a mi rancho, que estaba a unas tres cuadras. Ardía en la ventana una lucecita, que se apagó en seguida. De juro que me apure a llegar, cuando me di cuenta. Entonces, Borges, volví a sacar el cuchillo corto y filoso que yo sabía cargar aquí, en el chaleco, junto al sobaco izquierdo, y le pegué otra revisada despacio, y estaba como nuevo, inocente, y no quedaba ni un rastrito de sangre.

 

 

my best: los cuentos de nilda.


pobre publico cautivo, Pero como dicen los que saben, ud. apreta el dia y cambia de canal. Es que revisando los cuentos para el concurso de cordoba volvi a leer la joya del atlantico, ya recontrapublicada en el blog. Le pegue unos cambios, el precio de las milanesas, el destino de Callejeros, y algunas otras boludeces. Es my best, sin duda alguna.

La Joya del Atlántico

See That My Grave Is Kept Clean- Blind Lemon
A Silvia Giglia, nobleza obliga.

Usted me dice su nombre, y yo me la veo esa madrugada pisando la arena húmeda y parándose con dificultad. Junto a su huella en la arena, un vaso extralarge de plástico con restos de jugo y alcohol, culo para arriba, y era la luna cuando está dejando paso a la mañana, después de toda una noche siendo farol, alta en el cielo.
Ella calzándose el buzo, que antes fue almohada. Sacudiéndolo, frió y aun mojado, pero necesario a esa hora, tan hostil como puede llegar a serlo la madrugada en una playa, agonizando marzo, para cubrir la desnudez de un top de brillos.
¡o pasaba por ahí, y a lo lejos la miraba.¡Ja! No me voy a hacer el paseante casual, en esos tiempos era lo único que podía hacer: no paraba de mirarla. Se que durmió un par de horas, se habia sacado las sandalias , seguro con ganas urgentes de piyar, gusto a muerto en la boca, el pelo desgreñado y yo le vi el gesto de aquellos que saben que a nadie le importaba su suerte. Lo conozco del espejo, de cuando me afeito.
Si esto no fuera la provincia de Buenos Aires, sino una serie yanqui de forenses, el vaso nos podria dar alguna pista de lo que paso la noche esa, pero yo por la pinta de drogada que ella tenia, no creo que recordara mucho. Es posible que no recuerde nada, y solo yo vuelvo y vuelvo a eso. Y ahora Ud. que viene a preguntarme. O vos, ¿te puedo tratar de vos,no? Vos también tratame de vos, no soy tan viejo, lo que pasa es que estoy un poco hecho percha.
Lo que te estaba diciendo, vos venís, Es la sincronía. Eso gobierna a este mundo y al de arriba.
Te voy a contar algo, total no sos de acá, ni va a ser, y me caes bien, y hasta por la edad que tenés, podrías ser hijo mió. No, no tengo hijos.
Yo la amaba. Nunca tuve ni un vinten para entrar al Caribean, (igual no hubiera querido, pagarle hubiera sido como escupirla) pero cuando cortaba el pasto, la veía y me sentía mejor persona. La amaba desde el primer día, con su ropita de los coreanos y esos ojos que eran más tristes que ninguno.

Vi mas. La vi subir el medano, dejar atrás a las olas llorando, gimiendo como lastimadas, dejar atras el silbido del puto viento y refugiarse donde no todo fuera abertura . A veces la extensión de la playa te traga. Ella no se podía quedar allí, el Nacho estaba muy muerto. El concesionario del parador había cerrado todo como dos semanas atrás, solo los esqueletos de la docena de carpas (una estúpida glorieta plantada en el desierto), el barcito tapiado para que no se metieran vagos, los baños, el cartel del baño de damas colgando del soporte: cuando vio la palabra baño se agacho e hizo pis sobre el cemento alisado del umbral. No la mire, le di tiempo que hiciera sus cosas, me di vuelta: seré loco, pero no un degenerado. Y yo la respetaba.

Este pueblo, esta playa, es solo un caserío con dos centros. El de la playa propiamente dicha (parador, maxiquiosko, locutorio, un bar que este año no se alquiló, una proveeduría que queda abierta hasta la Pascua, los que venden lombrices y cosas de la pesca, poco mas) y el centro de los residentes permanentes, con sus viviendas sin terminacion, alrededor de la parada del Micromar que nunca trajo muchos turistas, mas que nada parientes que vienen a garronear el verano. Pero somos cantera de trabajadores para el resto de la costa, y cada jornada a la madrugada y a la noche acarreamos domésticas, albañiles, jardineros, gente que trabaja en otras playas cercanas a la 11. Algunos que cuidan casas en Pinamar, en Cariló. Y nos las rebuscamos. Yo también, hago lo que puedo. Pero cobro pensión, ojo. Me la tramitaron en el hospital y los remedios los tengo gratis. Si, pibe, Haloperidol retard ¿no ves que ando medio duro?

Aca, donde estamos el mar queda a 20 cuadras. Para este lado del pueblo, el mar es un adorno innecesario, la pesca gratis, y a veces, un mal presagio. Si vos crees que yo soy como ellos, esta muy equivocado: yo ando siempre por la playa. Pero no vos no viniste a hablar de mi.

Centro y parador: Marymar. Un nombre mersón pero si lo piensa bien: certero. Mar y mar, nadie promete otra cosa. ¿A quien carajo se le habría ocurrido? Quizá a los que armaron el primer parador, el viejo, todo de madera, esos tipos que compraron el loteo por nada, plantaron uña de gato para que el médano no se moviera y que, una mañana gris como ésta que estamos hablando encontraron como bonus track, una docena de cuerpos mutilados que la marea le había traído de regalo a la playa. Se cagaron y creo que vendieron el paquete entero a otros, ya con el nombre. Asi me contaron los antiguos.

No salió en los diarios de ese tiempo y la gente de acá se hace la boluda pero los subversivos, como ellos los llaman, dieron para historias de cucos para los nenes de Marymar de 30 años a esta parte. Ellos los nombran subversivos pero entre nosotros, yo les digo compañeros, aunque no conociera a ninguno y ni siquiera viviera en Marymar en esa época. No se como se transmite eso, pero mientras le cortaba el pasto a una vieja de acá a la vuelta, escuche a los nietos hablar de que iban a jugar a buscar muertos en la playa. ¡Vos fijate!.

Y ya que toque el tema de los muertos, algo importante: nadie había muerto acá. Eso era entonces y también ahora, siempre si no contamos el caso de los hermanos que se ahogaron, a esos los llevaron pronto a San Clemente y al día siguiente estaban siendo velados en Aldo Bonzi

Y hasta dónde yo se tampoco nadie ha nacido acá. Y sin finados ni nacidos Marymar era y sigue siendo un pueblo de transición. No merece que nadie lo llamara mi tierra.
Al costado de la ruta podes ver que el loteo no fue del todo exitoso, al final pienso que no se llenaron de plata los que invirtieron en la zona. Volvamos a eso que me preguntabas: ella agarró la ruta hacia la parada de micros, se agachó a buscar una colita de pelo con la que se ató la melena (se veía como si la pudiera oler: roña, musgo, algas). Y se enderezó, si no con dignidad, con un subproducto de la dignidad que es la compostura.

Ese día flameaba sobre la calle, deshilachado, un pasacalle pagado por el concejal peronista de entonces decía “Marymar, la joya del Atlántico”. Estos peronistas siempre iguales: si Marymar era la joya, no nos imaginemos a que llamarían fantasía.
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Recuerdo el ruido del pasacalle golpeando, golpeando, y cada vez que pienso en ella (y eso pasa demasiadas veces) es como que se me viene lo de la Joya del Atlántico y a veces hasta me tengo que tapar las orejas por que me aturde el ruido del pasacalle.

Te puedo asegurar que antes de la época de Marymar la mina nunca había estado en un kilombo. Me lo dijo la Toña. Pero el día que se bajó por primera vez del Micromar (hay una segunda vez, pero eso viene mas adelante) se dirigió derecho viejo a esa casa cúbica que esta al costado de la ruta, antes de los médanos. Esta vez, mientras llegaba sonrió. Vos diras si yo me creo Dios, que esta en todos lados. Pero te juro por mi santa madre que vi esa sonrisa como si estuviera mirándola con un vidrio de aumento. La sonrisa y los ojos tristes.

El cartel de neón Caribean titilaba esa madrugada (no la madrugada que vino, la madrugada que se fue, ahora vuelvo a eso, que es lo parece que te interesa) con un espantoso ruido de insecto metálico y maligno. Un ruido de mantís religiosa, que masca al macho cuando se aparea.

Yo la vi, se apuró y entró por la puerta de atrás. Seguro que la Toña ni se dio cuenta, me lo hubiera dicho, a mi me tiene confianza y cada vez que se le va una puta, se le arma canyengue, y después yo la tengo que escuchar quejándose como si la hubieran traicionado. Las pibas del kilombo no podían imaginarse a la Toña de cuando todavía se llamaba Antonia, tenía el ojo bueno y José Luís Perales se la quiso levantar en un baile de carnaval en el Centro Lucence. Cada vez que entraba una nueva la tuerta Toña le cuenta la historia y totalmente fuera de lugar se pone a cantar las canciones de Perales, porque como las pibas son chicas o vienen de otros lados ni saben de quien habla. No es mala la Toña, es la vida.

Ella tomaba Nescafé, nunca mate, jamás mate cocido: típico gesto de los que alguna vez pertenecieron a la clase media. Y hay gustos de clase que nunca desaparecen, lo se por experiencia propia, ¿Sabes que cuando yo fui a la secundaria leí un cuento (ya no me acuerdo de quien) que se trataba de un músico de jazz y en ese cuento dice que mientras hay un Nescafé las cosas no pueden estar tan mal? Tendría que comprar un Nescafé a ver si mi suerte se da vuelta.

Yo la espiaba –no me digas nada ,se que hacer eso es una porquería, pero no la podía dejar de mirar, tal vez por la enfermedad. tal vez era (es)amor. Y por eso ate cabos. Pero si vos te tomas el trabajo de seguirme te vas a dar cuenta que por mas loco que yo sea, el razonamiento es impecable.

Dejó hervir la leche, que se derramó por la cocina, con innecesaria energía batió el Nescafé sin decir agua va, se lo tomo despacito, despacito, con los ojos atrapados en el fondo de la taza y la cabeza en otro lado. Terminó. Le dijo adiós al lugar y se piantó por diez meses de Marymar.

Por eso te digo que para mi es improbable que se haya enterado bien del tema del pibe, tenía muchas cosas en la cabeza. Ahora todo el mundo habla de la trata, pero en ese momento, te escapabas y por las tuyas. Nada de madre de Marita Veron para ir a llorarle la carta. Además por esos días en la tele de lo único que hablaban era de Cromañon, que si Ibarra tuvo la culpa,, que si había una guardería en el baño: un pibe muerto en una playa en la concha de la lora no era noticia. Es lo que le digo y además ya terminaba marzo.

Claro, eso en la capital, porque acá se vinieron al día siguiente los padres, desesperados, preguntándole a todo el mundo. Ese dia yo me habia enfermado mal y me llevaban en ambulancia al hospital y ni los vi. Ellos conmigo no hablaron.
Si, estuve internado. Me sentía tan mal que parecía que Marymar iba a tener su primer muerto, bueno, si sacamos al pibe y a los ahogados, y a los compañeros. Vomitaba una cosa negra, ardía en fiebre, y no me acuerdo mas y mientras los viejos llegaban, a mi me llevaban en la camioneta de los Anglada a San Clemente y de ahí al loquero de Necochea, donde tengo historia clínica. Tres meses me comi adentro, no sabes como la llore. Me vino bien estar ahí.

Cuando volví me contaron que el pibe recién había terminado la secundaria, tenia que ingresar en abril al CBC, creo que dijeron Diseño de Indumentaria, que vaya a saber lo que quiere decir ¿sastre?, y se había quedado haciendo huevo en Santa Teresita, en una casa vacía de la abuela. Como termino en el Caribean solo como un perro y del Caribean a la playa con una mina que tiene prohibido salir con clientes y que le llevaba, por abajo de las patas, diez años…uno nunca lo va a saber. Los padres hablaron con la policía y la policía, sabes como son esas cosas, nos estamos ocupando, cualquier noticia lo tenemos al tanto, es una prioridad del departamento. Y la Tuerta llamando todo el día al rufián, que ni se aparece por Marymar, solo manda algún mono cada tanto a buscar la plata, por que eso si, nada de banco, nada de cajeros electrónicos. La rosca oficial/toña/kia funcionaron mas aceitados que culo de trava, , y el caso se murió de muerte natural. El caso, el pibe no. El rufián ese no quería a nadie, y además es posible que a ella ni la conociera. Era carne de matadero. Una tripa para él, hijo de puta.

Yo al Nacho, lo vi de muerto, por segunda vez el mediodía que ella se fue, y no se parecía a un pibe: parecía un Cristo. Me asustó un poco (y acá no habla el vino, este es el primer tetra que tomo, y ya se esta haciendo de noche) porque era un Cristo con mi cara. No como soy ahora, sino el que fui. Pero no me hagas caso. ¿No sabe que a mi me dicen el Loco, y además ese día ya andaba enfermo? No me lo puedo imaginar siendo el de las fotos que dejaron los padres pegadas en todos los postes de luz. Si rebuscas todavía en algún lado quedaran cachos de las fotocopias, lavadas, donde estaba la foto donde llevaba la misma remera, con el dibujo de Callejeros, posta que se la había comprado después del incendio, pelito largo, carita de “me las se todas”.En la foto se parecía a otros pibes, son todos parecidos. Inclusive la en foto hasta podría decir que era parecido a vos

Pero muerto era otra cosa. . Me acuerdo de la remera porque era lo único que tenia puesto, y se había largado a llover y a mi me agarraron muchas ganas de taparlo. Ojo, no hablo de taparle la cara, sino de abrigarlo, de que no tomara frío, me dio ganas de llorar como si ese muerto tuviera algo que ver conmigo, como si en ese punto, ese muerto fuera yo. Y ¿quien sabe, no? Y cuando lo tapé con mi gabán, yo deje de tener frió. Ese invierno no tuve gabán pero no me importo un carajo.

El forense que vino de la Departamental no me echó, me dejo ayudar junto con el que encontró el cuerpo, el tipo de la proveeduría (forma inexacta de decirlo, porque estaba ahí a la vista, solo que de lejos parecía un bulto, un perro dormido, una nada.) y los de la comisaría. A mi no preguntaron y eso que siempre ando rondando en esta playa de mierda. Por ahí – no lo recuerdo- yo ya andaba delirando, no tomaba medicaciòn en esos tiempos.

Y sere loco, pero no boludo, ni la mencioné y nadie dijo de ella, y en el Caribean tal vez algunos clientes preguntaron, pero la gente o se casa con las putas, o se las olvida no hay términos medios. Para mi que al final no tomo el ómnibus, se habrá ido a dedo. Yo estuve averiguando por mi cuenta, no me podía sacar al pibe muerto de la cabeza. A ese Cristo con mi cara.

Y ya te dije que por ella me di cuenta que el amor no es un cuento chino. Cuidate, pibe. Creeme, ya lo va a ver cuando tengas mi edad. Dicen que el amor es cosa de pendejos, pero la cuestión no se acaba allí, no señor.

Los padres, que se ve que tenían plata, le levantaron el monolito en la playa, ¿lo viste no? Ah, que buenas fotos saca tu celular! Mira que está bien plantado, no digo que sea el monumento a Alfonsina, pero el Nacho vino para quedarse en Marymar, que ahora posee playa con parador más monumento fúnebre.

Míralo bien, cuidadosamente, hasta en la foto tiene la dignidad que le da el granito, nada de cemento alisado, es piedra granítica, es algo fino. Y esta tallado, de ahí saquè que tenia 17, que se llamaba Ignacio y que todo el mundo lo conocía por Nacho. El primer día había unas flores muy hermosas, peluches, papelitos. Pero lo único que queda hoy es el granito pelado. ¿Le paso al monumento del Potro, no le va a pasar al Nacho? Pero cuando nadie me mira, yo lo limpio.

Dice justicia, dice Ignacio, dice Nacho, dice inolvidable. No dice que fuera la primera vez que cogía, pero es una de las cosas que se me puso en la cabeza. Viste lo que dicen de los locos. Que saben cosas.

Me gusta ver ese monumento en pie, en la playa. Ahora es un lugar de peregrinación de gente que viene caminando por la playa, no tenemos al de Alfonsina, tenemos al Nacho, diecisiete años para toda la eternidad y no faltan los que creen que se trataba de un ahogado y hasta algunos que traen de flores de plástico y adornos que se lleva la marea cuando crece. A la gente le gustan los muertos jóvenes.

Está haciendo frío hoy. No me vendría mal un tentempié, es decir un sanguche de milanga y un tetra, pibe. Ah, gracias, con cuarenta mangos esta bien. Se agradece.
Yo no me la quiero dar de detective y mucho menos de poeta pero para mí todo está en ese momentito. Ella se pira de Marymar: Se pudo ir, que suerte, yo soy de Lanús, mis viejos tenían casa propia y supe hasta casarme por iglesia, y tengo hermanos por allá, pero nunca mas me podré ir de acá, ahora tengo que mantener el monolito limpio. Pero ella si. Ella se fue. No creo que haya pensado ni una vez en el pibe, por ahí en la huida se olvido que estaba muerto, y ni siquiera en Crónica hablaron del tema dándole y dándole a Chaban,
Para mí que ella se va por que presiente algo y quiere salvarse Te pongo la firma que de la muerte del pibe nada. Presiente que tiene que salir disparada, insisto, como para a salvar a alguien. No a ella precisamente.

No te gastes en preguntarle a la Toña, que ya tiene casi setenta y me parece que esta medio senil, si la miras con un solo ojo. A la Toña la dejaron de molestar los canas y en consecuencia ella dejó de molestar por teléfono al Kía. Y la piba se fue, y vino otra, una dominicana, que estaba contenta me dijeron porque en Marymar había playa y en Constitución donde caló antes no.

Claro que volvió. ¿No te digo? a los 10 meses. Puro verano, Marymar ese día parecía la joya del Atlántico, Yo la vi, por que cuando bajan algunos que tienen casa acá, a veces me conchaban para cortar el pasto, la gente me conoce y no me tiene miedo. No quieren que le cuide las casas pero siempre me tiran un hueso.

Ya paso de eso unos años. Pero es como si lo viera. En mi cabeza yo escuchaba al bicho maligno del cartel de neón, al viento en el pasacalle y mientras pensaba “la Joya del Atlántico” como una premonición, ella bajo por segunda vez del Micromar

Traía al pibe envuelto en una mantilla de lana amarilla y no le pude ver la cara, aunque todos los recién nacidos se parecen mas a Mister Magoo que a los padres, no jodamos
No parecía una putita. En verdad para mí nunca lo había parecido, para mi ella era la Joya del Atlántico. Yo la seguía de atrás, haciéndome el gil. Fue caminando hasta la playa (a mi me gustaría decir que fue a llevar al pibe hasta el monumento) y se sentó a mirar el mar sentada en la base de granito… Que se yo si lloraba (no se lo voy a inventar, pero hubiera sido lindo). Y cuando ya estaba la luna redonda y plateada en el cielo alto, alumbrando como el culo de un vaso de platico y la joya del Atlántico, es decir Marymar se fue apagando, ella se quedo, mucho tiempo, dándole la teta al Nacho. Y el que lloraba era yo.

Un tano ignorante que vive por la ruta, y se la curtía en el Caribean cada viernes, después de que la mujer se dormía reventada de entrar ladrillos, me dijo el otro día, mientras ella venía de la escuela con el pibe de la mano, que seguro que le puso Ignacio por el nombre del monolito.

Lo vieras al pendejo, al Ignacio. Ahora ella trabaja en la telefónica en San Clemente y el pibe es un sol, a veces los cruzo  en la proveeduría y me saluda con la manito, me hace muecas, me grita “loco”. La Toña se hace como que no la conoce y acaso ella es otra. En este pueblo nadie tiene memoria para lo bueno, ni para lo malo. Así que el pibe le está sacando la mirada triste y nadie le factura lo del burdel. Dicen que lo van a cerrar, hay jefe departamental nuevo en Dolores, ¿Qué va a ser de la Toña?,

Te dije que nadie nació acá, ni nadie se murió (o por lo menos nadie tiene en el documento nacido en Marymar y no hay cruces ni camposanto, sacando el monolito.) Al final y al cabo todo es cuestión del vidrio que le ponga adelante, podríamos decir que la vida esta hecha de historias que se escuchan entre el ruido del pasacalle o el del cartel de neón.

Mira lo que es la justicia poética, vos me cebas con vino y comida para que yo te cuente y ahora el celular te suena con música de Callejeros, hasta yo la conozco y eso que me quedé en Sui Generis. ¿viste que quedaron libres? Que cosa rara la injusticia.

Un tucumano que estuvo conmigo en el hospital de Necochea por que le subía la diabetes, decía que Dios no existe, que iba a venir el Mesías Negro y hablaba de la sincronía, y si Dios no existe, esa es una buena explicación. Voy a tratar de explicártelo, pero es difícil. El tucumano decía que si uno agarraba la guía de ferrocarriles de Portugal y se fijaba en un momento dado todos los trenes que andaban yirando y trazara una línea que unía los puntos de donde estaba cada uno, un día iba a encontrar un dibujo que pudiera coincidir con una guitarra de Picasso. Bah, yo te se lo puedo explicar bien, pero el Persio era un master cuando se le daba el tema de la sincronía.
Y si queres volver a Buenos Aires, tenes que apurarte. El Micromar pasa en un rato. No fuese que se te ocurriera perderlo y te quedaras en el pueblo, a esta hora y con el ruido que hay.

Viejos son los caminos pero igual echan polvo. Un cuento de la otra: Pampa Marigold.


Viejos son los caminos, pero igual echan polvo.
En fin, la cosa es que hace unos meses vi una pelicula maravillosa que transcurrìa en la India, Hotel Marigold, para personas viejas y hermosas Y escribí este cuento que pensé que estaba en este blog pero no. Una nueva oportunidad de ser leìdo para Pampa Marigold.


Pampa Marigold

Esperamos dos horas en una vieja estación de tren, galería con chapas acanaladas, dos salidas (una al norte, la otra ya saben) y una pequeña sala de espera con piso damero y bancos de madera, pintados de un marrón casi caoba.
A cada lado un baño con enorme cartel indicando el sexo. El techo altísimo con vigas de madera. A la manera inglesa, como son nuestras estaciones.
En paralelo a las vías, un camino, una plaza, algunos puestos, algo de gente ajena. El tiempo ayudaba para sentirnos en una isla. Ahí no hacia frio, afuera era como una Siberia en la llanura, pero sin hielo. El campo afuera era inmenso, con la vastedad del cielo. Esa maldición argentina: la extensión. Se olía la inmensidad como si tuviera características organolépticas, como si eso, que es un concepto, fuera un animal en celo.
Nos tenían que venir a buscar. Náufragos. Los que estábamos allí íbamos al Hotel Marigold, para personas mayores y hermosas, sucursal Realicó, donde la provincia de Buenos Aires se va diluyendo hacia el oeste, y entrás en La Pampa casi sin darte cuenta
Nos había traído el tren que lleva carga una vez por semana desde Bragado Y a Bragado cada uno había llegado por las suyas. Para mi, demasiado viaje. Miren que cosa: en estos días vi en la tele que habían inaugurado un tren moderno, pero cuando hice el viaje ni reparé en obras

El paisaje me era tan ajeno como si estuviera en Jaipur. Pero sin multitudes empujando, voces chillonas ni colores escandalosos. Lo que había verdeado en el tránsito hasta allí se había puesto finalmente oscuro y triste. Evoqué el Zoológico de Buenos Aires
cuando se van los paseantes y los animales empiezan a aullar y te corren fríos de miedo repentino por la espina. Nadie diría que a pocas cuadras bulle Palermo, sino mas bien que las sombras te van a tragar sin piedad y escupir después tus despojos.

Promedio de edad unos sesenta, pero con gran amplitud. Carlos no llegaba a los cincuenta y la Señora Hermida pasaba los ochenta. Mi edad ustedes la saben y no tengo por que insistir con el tema.
Siete éramos al principio. pero ni bien llegamos a Realicó dos -cobardes o prudentes – desertaron. Una de las mujeres se aferró a su celular, hablaba con cierto hijo, y cruzó al hotel de la estación sin decir palabra. Desde mi lugar veía el cartel del hotel “cómodas habitaciones, pasajeros, familias” Yo -por una cuestión de cercanía mas que de interés- había escuchado su discusión donde el hijo quedó en venir a buscarla . Otro (un hombre que me resultó interesante y del que esperaba fuera mi compañero de charlas) se fue haciendo alharacas de estafado. Me decepcionó cuando de la nada, apenas llegados, donde todavía no teníamos de que preocuparnos, empezó a hacer lobby para que todos nos volviéramos de cualquier manera. Que reclamáramos el dinero. Tenia un pelo suave, largo y canoso, una cara tostada como si fuera un cultor de la new age o esos que veranean en Florianopolis.

De los cinco que permanecimos, ninguno le dio demasiada pelota, estábamos, como te diría, mansos o cansados. En ese momento llego una azafata a servirnos un refrigerio de bebidas frías y sanguches calientes. Ni lo vi cuando agarró sus cosas y partió, me dijeron después que puteandonos.
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Éramos gente silenciosa Gente mayor silenciosa. Pero después de la coca y los tostados, y mientras la pampa se ponía melancólica y el horizonte , rosa primero, anaranjado y luego negro nos fuimos amuchando, ¿viste como cuando hay un fuego?. La señora Hermida saco un termo que yo no le había visto y empezó a cebar mate. No tuve corazón para decirle que no tomaba, y por mi parte pelé una lata de mis galletitas preferidas, que guardaba para mejor ocasión. Unas danesas que me había comprado en Falabella cuando fui a renovar mi stock de bombachas para el viaje. No sabría donde las iba a tender y tener bombachas nuevas tendidas otorga cierta dignidad.

La luz de la sala de espera amarillaba la escena, como en un cuadro de Hopper. Hablábamos quedamente, como si la estación de tren fuera nuestro destino final, un velorio de un viejo amigo muy querido y con pocos deudos, un fin de fiesta. Cuando la conversación agonizaba y el agua del mate estaba fría y de mis galletitas quedaba solo la lata (un paisaje marino), apareció la combi del Pampa Marigold. Habían pasado como dos horas.

En el viaje (unos diez minutos) la señora Hermida contó algo de parientes políticos complicados, pero sin énfasis, como si tratara de una enfermedad crónica que hay que saber sobrellevar. El señor encorvado y flaco, de mirada esquiva, Tornatore, me dijo casi en secreto que le habían pedido demasiado dinero por la casa que alquilaba y el hotel le había parecido una buena oportunidad para despejarse y hacer algo con eso de tener que mudarse, después, a la casa de una hija casada. Había visto el aviso en internet -como yo- y había picado sin averiguar demasiado. Además había aprovechado la oferta de groupon. Cuando el me dijo groupon todos levantamos la vista y sonreímos. Los

cinco habíamos llegado al Pampa Marigold por la oferta de Groupon.
Después estaba Alina (o Lina) que, como toda presentación, cuenta que se había separado y que estaba muy dolida porque sus hijos grandes no se lo perdonaban y necesitaba espacio: Alina quería cambiar de vida. Yo le imaginaba cerca de 70, pero me dijo sesenta y tres y me invadió un vago malhumor. Así me vería yo, pronto.

En cuanto al mas joven del grupo, Carlos, su argumento fue que contrató el paseo (dijo paseo) por que tenia que superar una crisis nerviosa. Se veía claramente que no era feliz. Yo, como ellos, invente algo para salir del paso. Nadie sabe nunca bien porque hace las cosas. Los más lúcidos sabemos que nuestras razones son contingentes. Decir que me quería morir no era de buen compañero de viajes.

Iba ligera de equipaje, Tornatore, Lina y la señora Hermida llevaban dos valijas grandes cada uno. Y Carlos una mochila. Nos esperaba un cuarto en una vieja estancia venida a menos, con verdín en las paredes blancas exteriores y un cartel enorme pintado donde decía Gran Hotel Marigold para personas mayores y hermosas. Mas que un hotel temí haber errado la oferta y embarcado en un geriátrico

Yo no largué mi bolso con rueditas y vi que Carlos tampoco entregaba su mochila a las mucamas. Nos pusieron en habitaciones contiguas con un baño en común (la oferta no aclaraba baño privado, me dijo la mucama, ante mis protestas). No tuve ganas de pelear.
Quedamos con Carlos en cerrar las puertas del baño con llave (una daba a cada habitación) cuando lo usáramos. La cena fue intrascendente. Una sopa humeante y la bienvenida de cortesía del manager del hotel. Luego una carne a la cacerola, y flan. Ya

eran las once.

Yo tengo insomnio y no tenia tablet ni pc,ni mi telefono era inteligente ni nada. El hotel no tenia wi fi. Y tampoco una pc de uso para los pasajeros. Ni siquiera vi en la recepción la pc de uso de la gerencia. Más vale me hubieran matado.
Me senté a llorar en el inodoro, quedamente, a las cuatro de la mañana. Juro que no hacia ruido. Me acostumbre a llorar sin ruido, para no molestar.

Él se levanto y golpeó quedamente la puerta. Entendí que tenía que usar el baño,- cuando sos grande siempre usas el baño a mitad de la noche- y le avisé que ya salía. Me mire en el espejo. No me reconocí demasiado. ¿Quien era esa? ¿Yo?

No tuvo la decencia de esperar que regresara a mi habitación, empujó la puerta simultáneamente a que yo sacaba la traba y nos encontramos los dos en el baño. Un baño grande, de estancia, con artefactos de cien años y afuera cantaban los zorzales ¿ud. vio que esos pájaros rompebolas cantan de noche? Me han dicho que buscan pareja.

Estaba vestida con una remera vieja y el pantalón de un conjunto de pijama de falso raso. El estaba desnudo. Y triste. Yo soy de hacer bromas y para salir del paso le dije que en groupon no hablaban nada de hombres desnudos. Baje la tapa del inodoro y me senté allí. Se quedo parado como sin verme.
Me dio como unas ganas de abrazarlo, de preguntarle que le pasaba. Pero yo estaba sentada, y mi cara, frente a su pubis.

Hacia tanto tiempo que no le veía la pija a un hombre que tuve que tocarla, necesite sentir la tersura de la piel, agarrarla entre las manos como se agarra algo que te da ternura. De repente me miró como si recién me viera. Vine a hacer pis, me dejas? me dice y yo abro los dedos dejando libre aquello que toque inerme, pero ya no. La volví a mirar, tersa, pero ahora inabarcable por mi palma, preguntándome que les pasa a los hombres cuando al mismo tiempo tienen ganas de hacer pis y una erección. Como si ,esas cosas simultaneas fueran incompatibles o dolorosas.
Misteriosos y sensuales hombres.

Carlos me pregunta mi nombre, disculpándose por haberlo olvidado y le digo Asia. ¿Como? Asia, decime Asia.

Y me doy vuelta y me voy. con la desaprensión de quien en vez de haberle agarrado la pija a un tipo desnudo en el Hotel Marigold, saliera de un ascensor por haber llegado a su piso.
Quizá pudiera dormir, llevando a la cama mi mala fe, mi sorpresa, mi insomnio y el tacto de la vena latiendo aun en la palma, la suavidad de palta del pedazo de su cuerpo que cobijé, y su mirada triste.

Puede que haya golpeado la puerta del baño desde adentro poco tiempo después: Tal vez lo soñé. Dormí con la palma cerrada, mi mano la sentía todavia latir. Era mi pulso, o ese fenómeno que describe la medicina, donde los amputados sienten comezón donde debería haber un brazo, una pierna y ya no, y solo queda su fantasma. En mi

puño cerrado, el fantasma de su pija.

A la mañana la mucama avisa que me esperan en el comedor para servir el desayuno. Miro por la ventana y llueve. Al entrar, me viene a la cabeza una una frase de Bestiario, “apenas llovía y las cosas tenían, sin embargo, algo de húmedo y abandonado” . El no me mira. Pero cuando lo hace la mirada es franca, es limpia. Casi que se le fue la tristeza y le vino el deseo.

Trate de sostenérsela (esta vez se trataba de la mirada, nomás) pero me agarró una vergüenza blanda. Los huéspedes comían huevos y bacón (asi llamaban las mucamas a la panceta, porque la promesa era desayuno americano) porque estaba incluido y no era cuestión de desaprovechar, y yogur y budín, todo estaba incluido en el groupon . La señora Hermida y Lina se contaban sus vidas Yo parloteaba, con énfasis sobreactuado, a Tornatore, de mis vacaciones en las Termas, en cualquier terma, para que Carlos se diera por enterado de que no le impostaba una mujer joven. Al rato, todos hablaban de jugar al truco. La lluvia impedía las “actividades programadas”: caminata por el campo, avistaje de aves o paseo en coche de caballos por las cercanías. Mejor.

En el dormitorio -la chica estaba limpiando- puse música guardada en el teléfono. Quise algo que me permitiera olvidarme de la razón por la que estaba en el Hotel Marigold.. Me hundí en una novela que llevaba, una de Guillermo Saccomano, y nuevamente me quede dormida.

Entró por el baño. Me traía chocolates con licor. Los había ganado en un juego de salón
que había propuesto el manager, puesto a animador, con prendas. No tuve la hipocresía necesaria para decirle que no podía entrar al dormitorio por el baño cuando quisiera. En realidad había estado esperándolo, sin saberlo, desde el primer minuto.

La música concluye, y yo me miro en el espejo y me veo de frente y a él de espaldas, y muerdo el bombón y desparrama whisky almibarado sobre mis labios y mi mentón y entonces me limpio con la mano y el lame mi mano. Ese gesto me calienta, me moja, me hace un poco feliz.

Tengo que decir algo, (mi mente bombardea) tengo que decir algo (no quiero banalizarlo) tengo que decir algo (salir del paso, reírme, llenar el vacío) tengo que decir algo (ser banal, ser idiota, ser canchera) tengo que decir algo (llenar el espacio de puntos suspensivos)

Entonces, dejo de pensar. Carlos se saca los zapatos, y así, vestido (yo también lo estaba) nos metemos entre las sabanas. A pesar de lo barato del lugar, las sabanas son de hilo, y tienen un monograma bordado con oro.

Me golpean la puerta, es la Sra. Hermida, quiere avisarme que en 10 minutos almorzamos. Y después de contestarle golpea la puerta de Carlos. El se levanta, pasa por el baño a su dormitorio y le abre. No escucho el dialogo.

Asia, me dice cuando vuelve (no es mi nombre, me lo inventé para él, para que me

llamara de una forma que nadie lo hizo nunca) ¿Queres?

Claro que quiero pero no se lo digo. Le digo en cambio, vamos a almorzar ¿hay que ponerse otra ropa? El mira mi ropa extendida en la cama vacía de la habitación y me elige un vestido. Y se acerca y desabrocha mi vaquero y me saca lo que tengo puesto, como un enfermero a una paciente, sin lujuria, sin apuro. Pero después me saca la bombacha Me mete los dedos, se los moja en mi.. Me deja ahí sin ropa y después me viste con el vestido pero sin ropa interior. No se que decir, me dejo hacer. Antes me pone frente al espejo. No puedo hacer bromas, no puedo hablar- El mundo gira y yo lo escucho girar. y todo está en orden. Carlos es un enfermero y yo estoy convaleciente. Me miro al espejo. El esta a mi lado: Lucimos bien.

Salimos juntos de mi pieza y en el pasillo nos encontramos con Tornatore que nos observa con un poco de envidia. Hace un comentario maledicente, algo sobre la siesta. Carlos se ríe. Cascabeles, música, que se yo. Llamemos a las cosas por su nombre: alegrìa.

La tierra tiembla, el agua cae por fuera de las ventanas del hotel Marigold, los canteros se empantanan, llueve como si el mundo fuera a derretirse. Ponen música, algo barroco, pero llueve tanto que el ruido de la tormenta compite con el burubù de las conversaciones y con la música de fondo.

Digo que tengo que ir a buscar a la habitación un abrigo para los hombros, pero la verdad es que me voy a poner una bombacha. Así no puedo estar. Vuelvo adecentada y

no pienso ir a dormir la siesta ni a coger con nadie nunca.

El hotel Marigold, el Pampa Marigold, después de todo, a cumplido lo que prometió. En menos de 24 horas terminé sintiéndome una mujer mayor y hermosa.

Después de los postres, Carlos me agarra -todos miran, quizá escandalizados, incluso el gerente, que debe estar acostumbrado a cada cosa, y nos vamos para su habitación. Dicen que coger es como andar en bicicleta: no se olvida.

en memoria de Mariana Brisky


se murio esta mujer, que hace tanto le luchaba al cancer y creo que el cancer le ganò. Ni me dio ganas de buscar detalles.
Linda, una de nosotras, una mina como la que podia estudiar con vos en la facultad, o con la que te podias imaginar tomando un cafe. Pero llena de gracia. Se murio, una mina menor que yo.
aca, con Pablo Cedron, en un paso de comedia que no podra ser superado.