construcción de Jauretche


Me falta formaciòn politica. No se muchas cosas. Y como no soy peronista, no puedo hilar fino en sus iconos.

Sin embargo, desde la nada misma de mi conocimiento, me parece tremendamente cojonuda la figura de Jauretche. Frente a los intentos destituyentes del dia de la fecha, pense en que Cristina tiene los huevos de Jauretche, que no la van a sacar asi nomas de la Casa Rosada, que si la sacan, la van a sacar muerta. (no es una idea muy estimulante)

No soy “kirchnerista emocional” y las componendas peronistas siempre me dan asco. A esta altura ni tendría que explicarlo. Bueno, hoy me dio la gana de leer del guapo Jauretche ¡como me hubiera gustado ser de esa estofa!

DOMINGO, 29 DE JUNIO DE 2014

CORAJUDO (DOS HISTORIAS DE JAURETCHE)

 Por Aníbal Fernández

Por la ventana del café se filtra un sol tibio. El hombre mira sin ver, como si escudriñara el pasado. Las manos amplias, el bigote espeso bien recortado, las cejas tupidas que le dan esa imagen de búho viejo y sabio. Toma su café despacio. Los que lo rodean parece que esperaran algo de él. Arturo Jauretche calla.

En la mesa del costado, un pibe le lustra los zapatos a un “fifí” exageradamente atildado. De repente, se escucha un insulto y la mano del tilingo tira del pelo del “lustra”. La agresión se debe a que, al parecer, el pibe le ha manchado una media con pomada y el “cajetilla” ha decidido castigarlo por eso. Con una velocidad y un vigor extraños para un hombre de su edad, Jauretche se levanta y se va contra el tipo. La trompada se pierde en el aire pero la provocación llega certera: “¡Te voy a enseñar a respetar, hij’una gran puta…!”. El hombre se pone de pie en silencio y se va rápidamente. Jauretche, que ha caído sobre la mesa por el impulso, se recompone. Se arregla el saco, ajusta su corbatín y vuelve a su café mientras masculla: “Se nota que estoy viejo, si ya no puedo pegarle a un malandra”.

***

El imaginario cultural suele representar a los intelectuales como individuos blandos, miopes, despistados y descuidados en su aspecto. Los actuales “nerds” son una extensión de este estereotipo. Otra condición que les endosan es la de ser timoratos y asustadizos, cuando no, sencillamente cobardes. No fue el caso de Arturo Jauretche, acaso por ser el paradigma del “intelectual criollo” y, por lo tanto, no tener nada de “afrancesado”, como se decía. Un varón duro, un hombre de esos a los que no se los puede arriar con un palito. Con más carácter que palabras… y eso que se lo distinguía por ser un buen orador.

La historia lo recordará siempre por sus polémicas. Pero seguramente no hará mención a que, para mantener esos debates, había que tener alguna cosa más que conocimiento histórico y convicciones. Sus ideas no eran precisamente amables y su forma de discutir distaba mucho de las formas diplomáticas.

Jauretche tenía coraje. Una valentía que lo excedía. Una bravura que seguramente estaba anclada en su adolescencia; en su dura vida de muchacho de campo, criado en los valores del honor… incapaz de aguantar una injusticia.

Es 1971, es el 15 de junio y hace frío. Y la madrugada parece más helada todavía en esa quinta perdida en la inmensidad todavía despoblada del Gran Buenos Aires. Los hombres tienen largos sobretodos oscuros. El día recién comienza a clarear cuando los duelistas se ponen espalda contra espalda.

Unas semanas atrás, Arturo Jauretche ha escrito una dura columna en el diario La Opinión. Duda de la honestidad de las razones por las cuales el general Oscar Colombo, ministro de Obras y Servicios Públicos del gobierno de Alejandro Agustín Lanusse, ha desplazado al coronel Manuel Raimundes, secretario de Energía y administrador de YPF quien, a juicio del periodista, cuidaba con notable vocación el petróleo argentino.

En su artículo, Jauretche realiza una serie de cuestionamientos a las razones del ministro para ese cambio y éste, ofendido, le envía sus padrinos para retarlo a duelo. Una antigualla, un anacronismo pretencioso del militar que Jauretche acepta a pesar de tener edad para eximirse del compromiso –el Código de Honor rige para quienes no tengan más de 65 años y Jauretche había superado los 70–. Ernesto, sobrino de don Arturo, y Rodolfo Galimberti se ofrecen para suplantarlo. Jauretche los saca como rata por tirante y elige a sus padrinos: uno de ellos, el Bisonte Oscar Alende, todavía dirigente de la Unión Cívica Radical Intransigente (Ucri).

Es precisamente Alende quien convence a Jauretche de que el duelo sea con pistolas a pesar de que el general había ofrecido sables, lo que significaba una ventaja extra para Colombo, más joven y entrenado en esgrima.

El frío no cede. Los duelistas se abrochan el cuello de sus abrigos para evitar que el blanco de sus camisas sirva de guía para el disparo. Dan los respectivos diez pasos, giran y disparan. Ninguno de los dos acierta. En silencio. Sin reconciliación. Cada cual se va por su lado. Los padrinos asegurarán, después, que ambos tiraron a matar.

refrito de carnaval


este blog no esta muerto ni su autora estaba de parranda. Pero, es lo que hay.

Digamos que traigo un refrito: un cuento viejo al que le adecentè un poco algunas cosas, nada importante

MIERCOLES DE CENIZA

 

El viejo Eugenio me dijo que para que todo salga bien y pueda volver a la casilla después del trabajo tengo que cumplír con lo que dicen los grandes.

Y así trato de hacer, apenas me levanté, con la lengua verde del mate, quemé las ramas de olivo del año anterior, el fueguito ni calentaba, apenas unas ramitas patas para arriba en el crucifijo donde la cama de la abuela. La vieja bufaba ronquidos y se le deslizaban unas babas en la almohada, mosqueandose por el ruido que hice tropezandome con unas ollas que habia puesto, por el asunto de las goteras.

Me sorprendí al ver su bulto en la cama, cuanto se había achicado con los años. Huesitos. No me habia dado cuenta de que estaba tan chica. Casj distraído se me ocurrio por un momento que la que estaba tapada en la cama era mi nena, el domingo por mes que me la madre me la da. Pero hoy es miercoles

El olivo no hizo olor como en iglesia del cura, con esa peste de madera verde. Lo importante es que con las cenizas me empolvé la cara pintandome clara, una cruz en la frente.

Así dijo que se hace el viejo. Yo tuve cuidado, quiero que funcione.
Me volví evangelio en el penal, pero ahora no me agarran ni el pastor ni nadie. Afuera es otra cosa. Ademas siempre seguí, secretamente, creyendo en la virgen y en el santito patrono de las lluvias que es San Vicente
A ese santo le gustan las fiestas, como a mi.. Lo enterrás cabeza abajo y hasta que no caiga agua lo mantenés. Y cuando llueve le haces una fiesta, para cumplirle por la lluvia. Aca la lluvia no sirve pero en Santiago de chico he visto morirse ovejas, y que no quedara nada para vivir. Y ayer llovio, buena tuya San Vicente: es una señal.
La abuela me dijo que la ceniza en la frente es para recordar que nuestra vida en la tierra es pasajera y que el cielo será nuestra casa.
Mejor el cielo que el infierno, pero ya no le tengo miedo al diablo, terminó el carnaval, el diablo està enterrado, yo tengo la cruz blanca en la frente y al fierro lo velaron el gauchito y el San La Muerte, encerrados los tres en una sabana que me quedó de cuna de la Zoe cuando ella y mi mujer se fueron cuando yo estaba adentro por el asunto del policia ese en la estación de servicio. Al final no pudieron probar nada.
La nena debe estar mas grande que la abuela, ahora que lo pienso.
Llueve un poquito (san Vicente me hartó de fiestas este carnaval, volví amanecido todo el feriado) y además voy a cumplir con la cuaresma, para llegar vivo a la Pascua.
El momento es propicio.
Miercoles de ceniza.
y además, yo tengo el fierro bendecido y a la carcel ni vuelvo.