Tilingos escuchad


Del blog Soy donde no pienso (que tiene una frase de Favio como epígrafe, una frase que yo amo: un simple movimiento de cámara es un problema moral) porque me pareció perfecto.

Soy donde no pienso


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Mirta Clara, y Margarita Belen.


Este es un post viejo, leo que anteayer se murio la Mirta Clara, que era de Mar del Plata, de una familia de ricos, y de pendeja fue revolucionaria y como no la mataron se paso toda su primera juventud, 8 años en la carcel, y antes parió en cautiverio y sus hijos se criaron sin ella, y cuando volvió (estaban con su familia) no la reconocian como madre y me contó que hizo de todo para no perderlos por segunda vez. Tenia una voz ronca y siempre sonreía y un pequeño tic nervioso, o tal vez un infimo tartamudeo. Yo la queria. Mucho

Si, la mató el cáncer. http://www.diarionorte.com/article/144220/fallecio-mirta-clara-una-de-las-impulsoras-de-los-juicios-por-la-masacre-de-margarita-belen-

Leo que estan dando testimonio para juzgar a genocidas que intervinieron en la masacre de Margarita BelenY tambien leo que la Carrio dice que juzgar genocidas es un acto de venganza.Y me emociono p…

Origen: Mirta Clara, y Margarita Belen.

literatura hoy y acá.


El canon, el canon: que si no leiste a Capote nunca vas a escribir un cuento como la gente. Que como vas a escribir ficción si no leiste a Salinger, que en el taller tal o cual te dan las recetas de Saer o de Piglia.
Nada, que escribo sola y que aprendo como puedo, que mi canon envejece como yo y que quiero leer a las que escriben ahora y que no quiero hacerlo sola

Entonces este blog deja por un rato a Aberlardo Castillo, a Cortazar , y a todos mis muertos y le da lugar a las pibas ya grandes, algunas, como la Gabriela Cabezón Camara: la quiero mucho porque un dia le encajé un capitulo entero de una novela inconclusa y me dijo que yo era una escritora y me puse contenta como si fuera verdad.
Un cuento de la Gabi

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Le viste la cara a Dios

Gabriela Cabezón Cámara

“Durante las cortas noches en las que nuestros

cuerpos se empeñaban en revivir -oscuramente,

con una esperanza tenaz y carnal que la razón

desmentía en cuanto había amanecido-.”

Jorge Semprún, La escritura o la vida.

I

Si el fin del torturador es provocar la presencia absoluta del que tiene atado para sojuzgarlo entero con laceración y dolor, el objetivo del torturado es tomarse el palo, irse de ahí, partir del cuerpo que pierde el aliento a manos de otro, amatambrado de sogas y en mazmorra sin salida: si a matasiete el matambre, a vos el resbalar en tu sangre y en los charcos de la leche que te ahoga y que te arde. Querés partir y dejar atrás la mazorca, el ardor colorado de sus dientes amarillos y tu esfínter hecho un volado de broderie de tomate, ay, si pudieras esfumarte en un abrazo celestial y no sentir las trompadas ni que te queman con fasos ni esa contracción que duele, la de cada célula tratando de blindarte para que no te entren ni arando. Pero te entran y te aran y te querés ir a la mierda: dejar el cuerpo escorado, dejar el hueso partido, dejar la sangre que late en cada hematoma nuevo y olvidar las convulsiones que te sacuden también. Escuchá la armonía cósmica, el canto de las estrellas, la luz blanca que te llama en la puerta de salida del más, más y más allá, las antípodas de acá, desde donde oís la voz que, suave, te llama «vení hija mía», después de decir tu nombre, olvidá el «Beya durmiente» que te pusieron acá, en este antro nauseabundo el día que siguió a la noche en que te ataron las manos y después te recogieron para enseñarte el laburo. Te enguascaron, te domaron, te peinaron para adentro y te hicieron el ablande: ahí aprendiste a los gritos nuevo nombre y apellido y te hicieron pura carne a fuerza de golpe y pija y así empezaste a saber que en el centro de ese antro lo que sos iba a ser muerto como restos de un puchero arrojados en la calle y el nombre de cada cosa enfermo de podredumbre desde el suelo del bautismo que te dieron el Rata Cuervo y sus amigos, los rufianes del Sabor, el puticlub de Lanús donde conociste a Dios. Si te dejaran pensar en algo más que el final de esa paliza continua, pensarías que la tortura tiene diccionario propio: te arrancaron tus palabras y te metieron las de ellos, tan dolorosas y sucias como el mar de miembros punzantes que te sacuden ahora como a un barquito un tsunami, pero no pensás, sólo ansiás esa voz dulce y dejar atrás la poronga que te barrena la concha, tan lastimada ya que sentís esa fricción como se siente un bulldozer desalojando un terreno: crujen los ranchos y carros y se fisuran los huesos de las madres y los padres, de los hijos, de los primos, de los vecinos solteros y de los perros, los gatos y caballos muertos de hambre.

Querés irte. Bien que hacés, así es todo torturado: querés un alma que pueda vivir tu vida en las alturas, querés fuga y bilocación, un espíritu que sepa estar en otro lugar, muy lejos más sin morirte, vos querés desdoblamiento cual místico en viaje astral y cantar como San Juan la noche oscura del alma, «Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el amado, cesó todo, y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado», y si él escribió azucenas no es que fuera un pelotudo, es que escapaba de un claustro y una ortodoxia caretas y por aburridas que fueran se parecían más a flores que tu camilla de puta de puterío bonaerense. Ya habrá una flor para vos, vas a ver que no te miento, pero además de un alma vas a querer a un Dios, porque todo torturado quiere como San Juan ir con Él, el amado, en un trance espiritual, ya que no hay cuerpo que pueda con la tortura constante: querés el milagro, la transubstanciación ahora, para que coman y beban de tu cuerpo como te comen y beben, pero si hay que ser banquete, que tu cuerpo sea una hostia, una muñeca, una estampa, cualquier cosa menos vos, porque estas hienas carroñeras con sus garras y colmillos te lastran en fiesta eterna dejándote casi cadáver.

Fiat alma y listo, está hecha, y ahí lo tenés a Dios padre todopoderoso y te lo armás con lo poco que aprendiste en catecismo y con las cosas bonitas que te acordás de tus viejos, te unís a Dios, el amado, aunque si Él fuera, sería la causa motora de cadenas y trompadas y de cada violación, pero estos no son trances para hacer filosofía y aún si tuvieras cabeza para algo más que sufrir, aun así, hoy lo querrías a tu Dios con síndrome de Estocolmo y qué sería del síndrome sin su padre o sin su madre, no se sabe, eso no lo sabe nadie: Estocolmo empieza en casa y si no hubo madre o padre, habrá habido algún tutor, adoptante o encargado que cumpliera esas funciones y no parece nada hoy, pero la tortura lleva a la primera trompada, la del origen te digo, el síndrome del origen. Te explico para que sepas que infantiliza y aniña y se conoce o se vuelve a ese primer baño sueco, el del chico re apaleado por quien le da de comer, el que lo lleva a colegio y si hace frío le pone una frazada en la cama, y es lo que querés ahora: que te extiendan la frazada y pensar que a la mañana te llevarán a la escuela. Pero no, no way José: la paliza es lo que aniña. La droga del cafishio aniña. La caricia del cafishio y las sogas del cafishio aniñan y así estás vos, como una nena que duerme para que la paliza pase, pero no sos una nena y bien sabés que mañana no va a venir tu papá con tostadas con manteca ni leche con chocolate, eso sí sabés que no, que no lo hace ni el Dios al que le rezás día y noche con lo que te queda sano del seso medio hecho mierda por hemorragias internas, le rezás como una nena porque no te queda otra y le pedís a tu Dios «como el niño que recibe el castigo de su padre y en medio del sufrimiento tiende los brazos hacia él para buscar el consuelo. Y, abrazado a su padre, se intensifica el dolor» y si le rezás a Dios sin pensar que bien sabrá lo que te están reventando y no le alcanza padre nuestro para mandarte un milagro es porque al rufián mandamás, alias Cuervo, Trueno y Rata, vos no querés abrazarlo cuando te acaricia después de golpearte y usarte de cenicero para apagarse el cigarro, eso no, no va a pasar, vos no lo vas a querer a ese cafishio asesino: te encomendás a Jehová y odiás a ese hijo de puta que te está cogiendo a palos por hacerte la boluda, mogólica Beya durmiente, dice y grita y te pega fuerte, ya vas a ver, puta tonta, acá dormís si yo digo, aúlla y pega más fuerte, furioso como un tirano porque te quedás dormida hasta cuando estás parada y cogida y bien cagada a piñas porque ese es tu modo de ser la torturada que vuela y dice que él te va a enseñar a estar despierta putita y se sacude con saña encaramado a tu ojete garchándote con un pico, cava a los golpes, rompe, desgarra, mezcla sangre y mierda y cuando se ve los huevos color rojo amarronados, dice que ya está y le da paso a la vieja bruja Medina, que te inyecta merca, Beya, y te trae de regreso como si con la mano y con un solo tirón te colgara de la red de venas, vasos y arterias y te tuviera agarrada como a una marioneta para tupacamarizarte con su potro de tormento desde el mismo corazón, vos sabés lo que te digo, a la bruja hija de puta le encantaría si se le ocurriera cómo hacerlo sin matarte, no te mata porque sos su hacienda y le rendís viva, le rinde tu kilo en pie o mejor dicho en cuatro patas y eso tiene desventajas aunque ella fanfarronea con sus amigos diciendo que sus putas rinden más que las vacas del estanciero más poronga de sus clientes. Le gustaría matarte si no le gustara más hacer guita con tu carne, pero ay, si no fuera así, como gozaría ella metiendo sus propios dedos y hundiendo sus propias uñas en tu pobre corazón y algo así hace con la frula, te estrola, te avería más, te bardea hasta la pobre alma que te inventaste para irte a los brazos del buen Dios. La blanca te agita mal sacudiéndote la sangre y apretándote las venas, la sentís como si cien terroristas suicidas te hubieran boqueteado el orto y se fueran estallando en cada órgano de tu cuerpo hasta que te lo transforman en un envase abollado, un tanque de acero vacío donde lo único vivo parece ser la red de nervios ardiéndote en un aullido y ese corazón rompiéndose, con sus díastoles y sístoles de bombardeo japonés y sus saltos desquiciados de taquicardia cebada, así te trae de vuelta a la escena de tortura esa bruja chupapijas reciclada en regenta hija de puta y te multiplica por mil a las penas que te infligen, como el Cristo con el vino en las bodas de Canaán, con cada latido merqueado te hace volver al horror, pero no es el mismo, muta, porque es un monstruo que cambia, como un transformer del mal, bien que lo saben el Rata y la vieja mal parida que aprendieron con su cuerpo que cualquiera se acostumbra a cualquier mierda constante: ellos están ahí todo el día.

Lo que permanece igual termina siendo un hogar, hasta en Hiroshima habrá habido quien se quedara viviendo una vez que pasó el calor de la explosión de los yanquis, en la misma radiación de después del estallido habrá lo que siga viviendo aunque sea con dos cabezas, tres piernas o, Dios no quieras, tres porongas o diez conchas, pero sin irme tan lejos, lo que quería decirte es que también se vive ahí, donde ni un yuyo se yergue: de un golpe te estalla el tímpano y ni siquiera sentís ese moco amarillento que te baja de la oreja porque te merma el estruendo y nunca más escuchás medio carajo de nada: te queda un oído solo y un silencio en la mitad de la cabeza aporreada, mejor, no querés oír más el quilombo de la cumbia noche tras noche de infierno y acá no te va a servir todo el piano que aprendiste de mano de mamá en tu infancia de nenita de clase media de pueblo. Serás Houdini o Kill Bill o si no no serás nada, porque el degüello se viene poco más tarde o temprano, cuando no les des más guita, pero lo que importa ahora, y lo digo por tu bien, es que te siguen queriendo por todos tus quilos vivos de carne suave y latiente y ahí te podés parar para irte con alma y cuerpo de ese matadero infecto, como bien puede encontrar un punto de apoyo el pie al borde de un precipicio, porque todo es relativo y lo sabés sin pensar, cuando te aliviás hundida en pura mierda porque creíste sentir piedra en la planta del pie y vos también te volvés medio transformer, ay, Beya: estás verde, te creés un cactus, te delirás aloe vera, te guardás la savia de odio en tu carne tumefacta, sentís crecer las espinas que alejarán a los dientes de los chacales cagados de esas arenas del orto, le das tus hojas al sol que te abrasa como el fuego a los injustos en el juicio del Señor y te aferrás con los pies como raíces de planta de médano en el Sahara en un esfuerzo botánico, de voluntad vegetal que no mide viento ni ingravidez del suelo porque cayó donde pudo y la caída en la tierra es un hecho irreversible en la vida vegetal.

La merca te hace volver como si fueras un disco en las manos de discóbolo: el alivio del momento en que quedás congelada atrás del cuerpo potente se quiebra con el envión que te estrella, con un solo movimiento, contra la pared más dura, la merca es en la cabeza hasta que deja de ser y ahí sí que van a doler cuerpo y alma y no habrá pies, todo es paliza y paliza y el dolor multiplicado y todo vuelve a girar, te desayunan con whisky en el puticlub de mierda, porque la tortura ahí adentro no termina ni se acaba como no se acaba nunca la cosecha de mujeres y eso te lo hacen saber, no te vayas a olvidar, que ellos te pueden pasar a degüello como a un chancho y filetearte después como si fueras jamón. Súbitamente entendés que mejor hacés creer que ya estás muerta y entregada como novia al Cuervo Rata, no sabés cómo sabés porque no estabas ahí cuando te dieron la clase, el cuerpo aprende solito aunque el alma esté en los brazos de Dios o la Virgen Santa entre los arrobadores coros de los entes celestiales, y tu pobre cuerpo, Beya, se encuentra sabiendo posta, con certeza iluminada, que lo mejor es fingir y sofisticás la ausencia. Ya no te dormís parada, estás lista para un óscar por tu representación de víctima seducida. Les pedís perdón a todos, al Cuervo Rata, a Medina, les decís que merecés que te caguen bien a palos, le jurás amor al Rata, le rogás por más paliza, decís que lo harás famoso porque le das a los tipos los polvos más memorables de toda la zona sur y al final pedís más clientes porque quiero darte más papá, pedís golpes y castigos y pedís parirle mil hijos para que pueda venderlos en el mercado ilegal, te via llenar de chinitos si me metés esa verga hasta llenarme de guasca como si fueras el toro con las mayores cucardas de este año en la Rural y yo cada una de las vacas que se tiene que montar tu destino semental para darle mayor gloria a nuestro ser nacional. También le pedís más whisky, si se puede llamar whisky al veneno que te dan, y cuando te meten merca tratás de que se te quede alojada en la nariz y te la soplás con los mocos el minuto que te dejan quedarte sola en el baño.

Hacés arte de tu ausencia: aprendés a aparentar que estás ahí toda entera, contraés y dilatás la concha a ritmo de orgasmo y es con esa succión que acelerás la mecánica del polvo de los cretinos que te horadan como si fueras una huerta en tierra dura y ellos arando afilado, como si te sembraran soja, como si lo que quisieran fuera sacarte petróleo oro, a veces fallás, gritás porque te duele o para que no te duela, para prevenir el golpe, pero un grito fuera de tempo en el antro no molesta ahí no se lleva el compás, ahí nomás se calientan con alaridos al fuego y vos ya lo sabés bien aunque no te des cuenta cómo porque apenas si lográs pasar de un momento a otro en base a una combustión lenta hecha de leche, de palo, de merca y whisky, no te acordás cómo fue pero sabés y gritás y les pedís más y a veces te sorprendés un poquitito habituada: durante algunas semanas apenas te lamentás porque te tocó ser puta en la puta era del viagra, siempre pueden, quieren más y te maceran la carne a fuerza de garrote y guasca como si te estuvieran preparando para meterte en el horno y comerte una vez reblandecida, como si fueras un corte de nalga de buey bien viejo y ellos fueran una maza que te vuelve de ternera, pero resistís, estás violeta, azul, un poco verde, con marcas de mil mordidas y con tajos de uñas duras y con el orto y la concha ya casi deshilachados como si fueran el tronco que usa un puma de montaña para afilarse las garras, así y todo todavía estás con la táctica que aprendiste en el abrazo de Dios que si bien no fue mujer algo aprendió del dolor claveteado en los dos palos hasta morir asfixiado. No hacés lo mismo que Él, no se puede pedir tanto, lo que podés es cuidar a tu odio como si fuera un bebé recién nacido o un jardín muy florecido en el medio del desierto. Es que esto no hay que olvidarlo: en la peor de las mazmorras se puede amar al que pega y eso es peor que darle el propio espíritu al diablo. La línea que hay entre actuar y hacerse parte es finita, ambigua, jodida y hacerse parte es lo mismo que estar muerta estando viva: mejor cultivás el odio cual orquídea delicada, le das la teta al bebé que inventaste a latigazos y que tiene ojos amarillos como las infecciones que sufrís en medio cuerpo y que lleva en las mejillas esas llagas purulentas que te parten de dolor cada vez que trabajás, y trabajás demasiado. Te hace acordar el nonato a la saga Pesadilla y jurás ser Freddy Kruger y si te gusta el bebé es porque sabés muy bien cuánto se parece a vos porque el monstruito está hecho de todo lo que te duele y cuando llegue a su término la asquerosa gestación, te van a nacer diez púas en las puntas de los dedos. En eso pensás ahora: en púas, en facas, caños, en todos los fierros pesados que viste en tus años de vida y sobre todo soñás con la automática halcón del oficial bonaerense que viene todos los viernes a cogerte por el orto y dice te gusta putita, es lindo, mientras te aplasta con sus ciento veintidós kilos de grasa hirviendo montados arriba tuyo en pose de perro idiota y te asfixia con el ácido que emana como un cadáver y que se te pega al cuerpo como bomba de napalm, porque suda y suda el cana y si pensás en el gordo pata negra es para acordarte bien que podés irte muy lejos si lográs estar despierta a pesar de los venenos. La única puerta es el odio y no tenés otra leña para echarle a la fogata que los mismos latigazos que te desmayan a diario, pero seguís, el odio te mantiene viva. Y los brazos de tu Señor, que después de todo es el mismo que creó la bestial Ley del Talión.

Estás escondida ahí, en el jardín de tu odio, y según pasan los días crece la planta feroz y fingís estar a gusto como lo haría una reina en un mitín de mineros y aunque acá son zorros viejos te creen cada vez más. Empieza el Rata cafishio a alternar sus muchas piñas con algunos regalitos y vos te caés a sus pies como novia enamorada y aprovechás y almorzás carne de vaca de veras: sabés que necesitás hierro para agarrar bien el fierro, como te enseñó tu padre en el Tiro Federal. Comés bifes y hasta postre y cuando terminás el flan que te ganaste arrastrándote a los pies del Rata Cuervo, te metés en un rincón hecha un bollo cual gato enfermo, como si pudieras así construir más mismidad, la que quisieron quitarte a palazos y a pijazos. Ya no preguntás por qué te pasa esta mierda a vos, que estudiabas, trabajabas y hacías voluntariado en el hospital de niños del barrio de las afueras: escapar es más urgente que ahondar en la metafísica porque si no te escapás te vas a transformar en zombie como son tus compañeras que parecen muertas vivas con sus lentes de contacto de colores fluorescentes y con la merca en la venas y llenas de lastimaduras en la carne que no sienten.

No te vas a acordar de esto, pero te los cogés a todos. Les mentís el entusiasmo y tratás de subirte arriba que desde ahí duele menos pero así te transan pocos. La cuestión es que te garchan el Cuervo Rata y amigos, más el juez, los policías, el cerdo gobernador y muchos clientes civiles van pasando de a uno en fondo. A veces te la dan de a dos, pero por suerte ya no la patota entera, el límite lo puso el Rata desde que creyó en tu amor. Uno te acaba en la boca y el otro te rompe el orto. Empujándote los dos como para dejarte chata, como hacías vos cuando nena, que ponías moneditas sobre las vías del tren, te fornican y te aplastan para que no te quede más ninguna interioridad, hasta hacerte reventar cualquier burbuja de vos que te pudieras guardar, hasta dejarte hecha sólo carne calentita y plañidera.

Pero, Beya, esa leche que te arde como picana se la das a tu cachorro y a tu flor y te crece fuerte esa burbuja de vos, porque, y ahora tenés la certeza, el odio puede habitarse, como se habitan también la adicción y la paliza cuando no hay más techo que ésos. Pero necesitás tener fuerza y no siempre la tenés, querrías irte de vos, darte al cafishio de veras o dejarte morir adentro de tu cama de sábanas almidonadas por asquerosas simientes y pasar a ser sólo cuerpo, sólo vida lastimada como un musulmán en Auschwitz.

Pero no podés, no te dejan, el puticlub no te quiere ni momia ni musulmán, necesita que conserves músculo entre hueso y piel, que puedas fingir orgasmos y contestar si te hablan, que sepas decir pijadura, más, que grande que la tenés y sonreír y gritar.

II

Presa sin saber dónde y sin ver la luz del sol, casi ciega, casi sorda y casi descerebrada sos el centro de atracción, la puta más cara del antro y retemblás con pavor como la tierra partida en casos de terremoto, pero este, el de tus entrañas, no tiene nunca un final sino descansos escasos que usás para auto-ovillarte y cantar tus oraciones como mantras, las elegiste por algo pero ya no importa más que el ritmo que les ponés, como de canción de cuna cantada por un bebé que se duerme solo. El ovillo, que es la posición fetal, es la postura adecuada para los deshilachados: se toma cada hilo de ser y se junta con los otros: por eso se ovillan las putas y se acurrucan los chicos después de que les pegaron y por eso no permiten en los campos de tortura, con cadenas en muñecas y tobillos, que se abracen a sí mimos los pobres despojos humanos que hacen de los reclusos.

Igual ya casi no sufrís: lo ves todo muy de arriba, ahí está tu cama, ahí tu cuerpo abajo de otro, ahí tu garganta aullando, ahí abajo y desde ahí o más bien desde allá arriba, lo único que te une a vos es una línea de plata, hecha de una lucecita débil, algo así como un cordón umbilical evanescente que apenas brilla, una promesa, un puente, como aquello que, vos creés, puso Dios para tengas la certeza iluminada de que alguna vez serás nuevamente soberana de vos misma: voy a ser dueña de mí, te prometés, y le rezás a San Jorge: «Oh, poderoso San Jorge, oh guerrero noble y bueno, dale una mano a tu sierva y ganame esta batalla. Defensor de las causas justas, matador del dragón rojo, dame tu espada implacable, mandame diez mil soldados y aplastá a mis enemigos que son fuerza de Satán. Oh, luchador del bien, que sea el brillo de tu espada la luz que corte lo oscuro del puticlub de Lanús. General de mil batallas, ahora te estoy invocando. Hasta la victoria siempre. Amén.»

No sabremos si es milagro. Pero rezás y rezás y a veces te escucha un cliente. En general se calientan porque se sienten guerreros que están violando a una monja, algunos te dejan seguir y otros te dan dos bifes así aprendés a callarte. Pero hoy le rezás a San Jorge y te escucha el teniente López, que está, y por eso sabés que es viernes, aplastándote contra el colchón como si fuera a alisarte para después enmarcarte cual cuadro en una pared, el teniente te lamina cada vez que te fornica, pero esta vez te escucha, para, se sale, se acuesta el costado tuyo y te muestra la medallita que lleva prendida al cuello. Es San Jorge que desde el caballo le mete lanza a un dragón que se desmaya a sus pies, a las patas del caballo para hablar con precisión. Te mira a los ojos el cana y te ponés a llorar y empieza a rezar con vos. Trepa otra vez a tu espalda y desde ahí te cuenta bajito que esa medalla se la dio en su lecho agonizante su pobre y buena mamá que antes rezaba por él para que no ligara tiros en ningún operativo y que le dejó al santo para que lo cuidara bien en cada paso que diera en su deber de oficial. Y vos le decís que también necesitás de cuidado y que extrañás a tu vieja. El te dice que don’t worry, que San Jorge te acompaña y que de ahora en más también el oficial bonaerense Ramón López Arancibia. Y no dijo nada más. Y terminó despacito. Y esa vez vos lo quisiste y te quedaste ahí abajo y el gordo se transformó en un oso de peluche y en refugio de montaña en medio de la nevada. El teniente se dio cuenta y, sorpresas te da la vida, se sintió muy conmovido.

Antes de irse sacó de adentro de la visera de su gorra de oficial una estampita en colores del mariscal celestial ensartando a la bestia negra y te la puso en la mano, que cerraste, con santo adentro, y enseguida te ovillaste, ahora mucho menos frágil porque tenés cosas tuyas: además de Dios y el odio, la flor y el bebé imaginarios, sumaste a tu patrimonio la figurita en el puño y la promesa que viste en los ojos de Ramón.

Y fue pertrechada así que desde de la podredumbre del puticlub de Lanús viste la cara de Dios. Se la viste bien de frente y por eso podés contar que la tiene blanca y radiante. Pero no como una novia. Ni como una heladera nueva, ni como la cocaína, ni como tu vestido de quince, ni como los litros de leche que tragás cada jornada, ni como el blanco del ojo, ni como un glaciar gigante, ni como la espuma que eriza a los mares de la tierra, ni como los fantasmas, ni como la nieve eterna en las cimas más alzadas, ni como las fotos de los días luminosos en la Antártida, ni siquiera como los ríos Don y Chir durante el invierno del 43 en Stalingrado. La cara de Dios es blanca y radiante como ninguna otra cosa, como la suma de todas las cosas buenas de la vida: refulge como refulgen los instantes de felicidad o como refulgirían, cómo, si se los supiera eternos, como un abrazo perfecto que salva de todo mal, como el sol de la playa en enero cuando eras una nena, como la justicia justa, como los rayos que atravesaban las persianas de tu cuarto a la mañana, como lograr entender lo que es arduo de entender, como la cerca que Tom Sawyer le hizo pintar a sus amigos en el primer libro que leíste entero, como la bala que soñás para el cafishio, como esta inspiración larga que te está cantando, como la primera mordida que le dabas a las tortas que te hacía tu mamá cuando llovía eninvierno, como poder, como poder lo que quieras, como jugar en el jardín de la casa de tu mejor amiga, como las bolsas de nylon negro que les pensás dejar de vestidito a tus clientes, como la primera vez que te acostaste con un chico y te gustó tanto que sentiste amor, como aplastar a los malos y sentir cómo les crujen los huesos y les rechinan los dientes, como el primer faso, como los bailes con sus luces de colores, como cuando te salió el vals de Strauss entero sin errores en el piano, como bailar ese vals con tu papá, como el fuego para los infieles en el infierno, como los paseos en barco entre las islas, como el cansancio de después de las clases de karate, como andar en bicicleta, como las clases de griego que estabas empezando a tomar en la facultad justo cuando te cazaron, Beya, desfila tu vida en fotos hechas de la luz de tu cabeza, pero hay una que no ves, es la de tu cacería, a esa la dejás pasar, no puede ser parte de la cara de Dios, como no pueden ser parte las cosas que hace tu cuerpo ahí abajo, lo ves desde tan arriba, lo ves chiquito y de cualquier modo es horrible, aun desde esa luz tan lejana, «¡más qué tranquilas yacen todas las cosas en la luz!, ¡con qué libertad se respira!, ¡cuántas cosas sentimos debajo de nosotros!» pensás con palabras de otro, pero quién piensa ahí arriba con palabras de este mundo y a quién carajo le importa quién fue el autor de la cita, no importa ahora, estás viéndole la cara a Dios y cuando mirás para abajo el horror te deja fría, no sentís nada y eso que ves ahí abajo no puede ser la cara de Dios, aunque por algo habrá escrito el profeta Malaquías: «¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién es el que podrá mantenerse en pie en su epifanía?», porque no lo sabés hoy pero te vas a enterar de que lo que te está pasando es como una epifanía y que cosas parecidas le pasan a mucha gente, los que pueden contar algún borde de la muerte que vieron y no cruzaron. Después sabrás también que lo que te pasó ese día de la larga epifanía tiene su explicación científica: se debería, dicen algunos bioquímicos, a un aumento del dióxido de carbono que tenemos en la sangre cuando sucede un paro cardiorespiratorio y dicen que Dios con eso no tiene nada que ver. Qué pedazo de boludos, vas a pensar cuando leas la explicación en un diario: cómo si la cantidad en sangre de dióxido de carbono fuera inmanejable para el que creó la luz, la tierra y el agua y los bichos que caminan, y también el asador donde van a parar todos. Pero falta mucho para eso, todavía estás ahí arriba y ves lo que pasa abajo como si vieras la tele. Se fue Ramón, te ovillaste con San Jorge bien agarrado en tu puño y te quedaste ahí respirando hondo, hasta que vino el Rata Cuervo y te pegó un sacudón y te llevó a la otra pieza, la más mazmorra de todas, la de las que se portan mal, la celda de los castigos, y viste a la pobre piba que se había querido escapar y no tuvo mejor idea que pedirle ayuda al juez. Le dijo que estaba presa, que no quería estar ahí, que la tenían secuestrada y que seguro su madre la buscaría en todas partes, que por favor la sacara. El juez lo sabía muy bien, recibía un diego al mes y además todos los polvos que quería sin pagar una moneda, así que acabó y se fue a hablar con el Rata Cuervo para ordenarle que pusiera a la pendeja en su lugar. El Rata Cuervo la puso.

Y vos lo veías todo mientras te mecía la música del ejército de Dios, con sus alas blancas y sus trompetas doradas, sus caballos voladores y sus espadas plateadas, sus pelos largos dorados y sus pechos invencibles y sus voces varoniles como coros gregorianos, pero la viste a la chica con tus ojos terrenales echada sobre la cama como un puñado de carne picada en una bandeja de Coto. Tenía un ojo a un costado. El cráneo un poco partido. Las dos piernas fracturadas y en posiciones absurdas. Y tajos en todo el cuerpo porque le habían dado entre diez y le hicieron los agujeros para hacerlo todos juntos y a la vez. La chica parecía muerta. Vos viste que respiraba. El Rata Cuervo hijo de puta te puso el caño en la mano y te gritó que tiraras. Vos no escuchabas más nada que la música del cielo pero entendiste muy bien lo que el tipo te pedía y ahí apretaste el gatillo y le volaste lo poco que le quedaba de cráneo a la chica hecha hamburguesa.

Dejaste caer el revólver y te volviste a tu cama y lo agarraste a San Jorge, lo habías dejado escondido abajo de tu colchón, y te volviste a ovillar, todo lo viste de arriba, incluyendo la ascensión del alma que vos mandaste de un tiro a la mesa principal del banquete de los justos del Señor y también la viste sentarse como princesa a la diestra del cordero que estaba «como inmolado, y tenía siete cuernos, y siete ojos»: para cordero era raro, de manso no tenía un carajo, echaba ferocidad por cada uno de los ojos por no mencionar los cuernos, pero quién iba a esperar que en el reino del Señor las cosas fueran igual que el mundo terrenal. Ahí arriba el mismo Cristo tiene ojos como la llama de un fuego y los pies como de bronce bruñido y refulgentes como un horno y el estruendo de muchas aguas en la voz y siete estrellas en la diestra y le sale de la boca un espadón de dos filos. Era temible el Señor pero no te daba miedo. Miedo te dio el Rata Cuervo cuando se metió en tu pieza y te dijo que te quería y que habías pasado la prueba y ya eras parte de la banda y te invitó a comer un asado en el patio del quilombo.

III

Después de meses sin ver más cielo que un techo deteriorado, después de haber hecho spray con el seso de la chica en la pared, después de ser solo puta más de quince horas por día en el menú del burdel, la mesa tan amigable, el vino, el pan y la carne y volver a ver las estrellas no fueron felicidad. Los chistes en la comida, que te ofrezcan una silla y que te pasen la sal te hicieron sentir un monstruo y entendiste lo que viste en los cielos del Señor. El choripán lo comiste con una espada en la boca, viste las nubes pasar con siete ojos en la cara, las moscas y los mosquitos que se posaron en tus siete cuernos filosos se cayeron todos cortados en dos, te empezó a patear el crío que imaginabas gestar y vomitaste con furia las papas fritas doradas que te quiso hacer tragar, como una forma de amor, el cafishio mandamás que se llamó tu marido y estaba muy enternecido y te dejó que durmieras un día entero con su noche y después te prometió cambiarte las condiciones: de ahí en más trabajarías solo ocho horas con los clientes. Y te empezaste a mover un poco más por el antro, y así fue que te enteraste de dónde estaba la puerta. Tuviste mucho más tiempo para ovillarte tranquila. Comiste más y dormiste muchas horas. Te hiciste fuerte y monstruosa: además de los siete ojos, los siete cuernos y la espada de la boca, te crecieron las diez facas en las puntas de los dedos, alumbraste a tu bebé que fue un dragón con diez cráneos y siete cuernos de extraña distribución y se afilaba las garras y hacía gárgaras de pólvora de la mañana a la noche incluso cuando dormías el monstruito se entrenaba para estar listo a la hora de las hogueras del juicio. Los dos se sentaban juntos a mirar la orquídea negra largar sus gotas de sangre como si le cayera encima el rocío de la muerte y eran gotas y no lágrimas porque no hay nada que llorar cuando la muerte es justicia. Además, con el Rata Cuervo seguro de que te tenía bien atada con los lazos más estrechos, los de la complicidad, tu vida fue mucho más fácil: lo pudiste convencer de que te dejara pasar a la sección sadomaso y cagaste a latigazos a cientos de hijos de puta cada noche de esos meses y te volviste a entrenar con la excusa de estar fuerte para ejercer tus funciones y te dejaron en paz. Al único que atendías sin el látigo en la mano era a López Arancibia que se te fue enamorando.

Y se enamoró nomás. No te dijo como Kruz dijo al guacho Martín Fierro: «El andar uniformado/ ningún mérito me quita./ Yo no soy de la Maldita,/ me duelen los male ajeno» ni se puso al lado tuyo a pinchar a todo lo que se viniera, pero te dijo en la oreja que te quedaba en funciones que él te iba a estar esperando cada día de su vida a las cinco de la tarde adentro de la parroquia de San Jorge en Espeleta, Lanús, y que te estaba dejando un regalito en tu pieza. Le diste el beso en la boca que no le dabas a nadie sin entender demasiado y cuando entendiste un poco empezaste a mirar bien y entonces le viste entera toda la cara a tu Dios. También nació en Israel, está toda hecha chapa de acero estampado y te cupo en el mismo puño en que tenías a San Jorge y debe haber sido él mismo el que supo aprovechar esa otra parte de Dios, Él que si todo creó también inventó la muerte y lo tuyo fue un festival de fuegos artificiales como habrá sido Pekín el día que coronó Mao y como va a ser otra vez el día que privaticen el aire sus muchachos socialistas, la agarraste con la mano y ahí entendiste del todo el lado oscuro y siniestro de la cara del Señor, la forma contemporánea del cordero con siete cuernos y de la espada que le sale al Cristo Rey en su reino celestial: la Miniuzi, el subfusil accionado por retroceso de masas, que dispara sin parar con el cerrojo re-abierto, un telescopio que envuelve la cámara del cañón que así entra más adentro del cajón de mecanismos y se mete el cargador adentro del pistolete y dispara como un fuego del infierno que no cesa, son mil doscientas cincuenta municiones por minuto, qué minutos, Reina, los primeros diez segundos que la tuviste en la mano te volvieron a crecer las facas en cada uña y los siete cuernos y siete ojos que te vinieron muy bien para que no te madruguen. Te pusiste el uniforme de leather de sado maso y abajito de la capa y adentro de la bombacha guardaste la Miniuzi y caminaste tranquila hasta la sala de mandos: ahí estaban la Medina, el Rata Cuervo y dos de los vigilantes tomando el mate de antes de empezar a trabajar. Dijiste hola, muchachos, y cuando te contestaron hiciste un gesto elegante y la capa voló hacia atrás como si fueras Liz Taylor haciendo a la reina Dido a la hora de dar la orden de dispararle a esos griegos y lo bien que hubiera hecho, qué bien que estaría Cartago si se hubiera decidido a disparar esas flechas incendiadas en las puntas, como Liz borracha y reina, como Dido sin amor, les tiraste con la ráfaga que salía de la boca de tu pistola automática como la bífida espada de la boca del señor Cristo Jesús y eso sí que fue dios mío una escena memorable: antes del primer minuto estaban todos trozados como pollo en cacerola si al pollo le hubieran dado con una ametralladora y si el pollo tuviera adentro los veinte litros de sangre que tenía cada uno de esos cuatro hijos de puta a los que viste de arriba con distancia de mariscal y los viste también llegar derechito al asador del lago de fuego eterno que les tiene preparados a los malos el infierno. Diste un poco marcha atrás porque aún viéndolos trozados y con los ojos abiertos para toda la cosecha ni así te podías creer que se habían acabado el Rata Cuervo y Medina. Debe haber sido San Jorge que te saltaba en la mano con sus ganas de probar las armas contemporáneas el que te hizo saber que mejor te dabas vuelta, que no se ganan batallas avanzando por la espalda y que no era para tanto ver cuatro tipos troceados y chorreando sangre roja como si fueran las fuentes de un manantial. Te diste vuelta, tiraste una ráfaga más y ahí ya no quedaba nadie que se animara a pararse y saliste así nomás, vestida de sado maso y con la metra en la mano y te fuiste caminando a la iglesia de San Jorge y te metiste ahí adentro y le sacaste la ropa a una Virgen de Luján así que quedaste linda con tu capa símil cuero y el vestido celestito que suele usar la patrona y te escondiste ahí adentro y en eso llegó Ramón: te desmayaste en sus brazos. El te metió en el baúl, que había acondicionado con sábanas y almohaditas, y te llevó a una quinta que tiene de aguantadero la policía bonaerense en la zona de Malvinas y ahí estuviste diez días, los primeros siete en shock y los últimos tres juntando la fuerza para salir del país: en una ráfaga errada, es tan blandito el gatillo de la Miniuzi de Dios, te bajaste a siete pibas que estaban en el Sabor. Las viste llegar al Cielo pero no iba a ser consuelo explicárselo a un jurado. Menos que menos el fiambre, la mortadela picada, que les hiciste del juez que protegía al Rata Cuervo. El Ramón te hizo pasaporte y te consiguió el pasaje para llegar a Madrid sin que tuvieras problemas.

Y problemas no tenés. En parte vivís arriba en la gloria del Señor y en parte abajo, al ladito de Callao, mitad de la Gran Vía y te pasás cada día en una iglesia distinta: en Madrid hay mogollón.

 

El lado oscuro del conurbano.


 

Escribí un cuento para este concurso: salió seleccionado entre los 30 mejores. Veremos si será nuevamente seleccionado entre los 10 mejores: SI miran el cronograma, el 29 de octubre a las 16 hr. darán los premios. El libro es precioso: se llama Conrubano Profundo y adoraría que mi cuento esté ahi.

Por lo pronto, lo posteo acá , para que uds., mis lectores, lo puedan juzgar. A mi, me gusta.
Yo lo titulé Miercoles de Ceniza, pero por algún error en el concurso quedo como “Eva”, despues de todo quizá mejoraron el título. 

 

(Cuento finalista de El lado Oscuro del Conurbano/octubre 2016)

Y habló Caín a su hermano Abel: y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató

 

                        Génesis, capitulo 4, versículo 8.

 

EVA

La Eva se había ido primero del campo, y al toque del pueblo, con Macín, que le prometía la capital, ese paraíso,  pero después resultó que a la capital la vio solo en  los noticieros, porque él la llevó a San Justo y ella después siguió en el conurbano, ya siendo doña y con dos varones y Janice embarazada de ocho meses, recalando en la Chancheria, que está casi en la capital, pero enfrente,  en la parte que no le gusta a nadie.

No obstante, había progreso en ese derrotero. De niña en patas, para todo uso, de una familia con once hermanos y mucha hambre, a madre de tres en Matanza, en casa propia, aunque sin escriturar, y finalmente mujer emancipada, como decían las de género que daban los  talleres a las mujeres del barrio, acá en Lomas de Zamora.

Cuarenta y dos  años de caminar la tierra, aunque su cara en el espejo le parecía de sesenta y el alma de doscientos y encima esas pendejas del Género que creían que le podían enseñar cómo era la vida, porque salieron de la facultad.

Eva solita se había sacado de encima a Macín, y el nene de la Janice le había nacido más que sano en el Penna, y de a poco, sus varones, el Caito y el Abel, se iban asentando. Los dos terminaron la secundaria en el Fines, junto a ella, madre e hijos yendo juntos a la delegación, un orgullo. Una lástima que la Janice hubiera dejado, con 18 años, pero se entendía: el ir y venir a la casa del padre del chico, hasta que directamente eso de vivir juntos quedó en la nada, pero con un Macín más, otro varón para criar, o ayudar a criar, sanito, gracias a Dios, el Santino.

Caito había entrado en la Local, y Abel remisiaba, cuando el patrón le daba el auto, y eran muchas veces, y a cualquier hora.A la Eva no le gustaba, olía algo feo. Lo llamaban por celular, y Abel siempre salía, como enojado. Por suerte no se les pegó lo de la vagancia para el trabajo que había sido la marca del padre. Los dos sabían el oficio del albañil  y con eso pudieron levantar la losa

Las de género en una cosa tenían razón: una sale adelante con los hijos, aun sin marido,  pero eso de que no es obligatorio tener hijos no le entraba, los hijos son la única riqueza que nadie te puede sacar, un orgullo legítimo.

Al barrio había que darle tiempo. Ella no conocía a nadie, pero con el ingreso a la cooperativa no solo se había hecho de un circulo de vecinos con los que contar, sino que el barrio a los ponchazos, iba para adelante. La Chanchería era nada cuando llegaron, ella misma había pensado en volver con Macín ni bien vio la porquería donde habían agarrado terreno. Pero hoy, cuatro años después, tenían flor de losa, y los chicos trabajo y no faltaba ni aceite ni garrafa, ni acolchado y  Eva pensó que el tiempo no hay que tratar de volverlo para atrás. En cuanto al Abel, bueno había que darle tiempo también. Ya iba a dejar la mariguana, por lo menos no era un paquero como otros y cuando lo llamaban para trabajar salía. El Caito ya estaba ubicado como  policía y  solo faltaba que Dios que cumpla su parte.

CAITO

Nos habíamos ido de San Justo cuando mi vieja decidió dejarlo al viejo, la Eva es brava,  y averiguando nos enteramos que esa noche se tomaban terrenos en la Chanchería, pasando  La Noria. Entonces Abel y yo, todavía pendejos, le hicimos el aguante con la gente que nos llevó desde San Justo en un bondi alquilado, algunos con fierros, y a nosotros nos habían dado unos palos,  negociando el lugar con los de la política, la policía tratando de sacarnos a patadas, los punteros que organizaban haciendo su kiosko y llevándose su tajada. Muchos de los bolivianos que estaban con nosotros, que pelearon por el terreno, mas tarde los vendieron por unos billetes.

El barrio  era un pozo y ahora es un mar de losas sin terminar, un mar rojo.  La nuestra la levantamos juntos yo y el Abel y mi vieja que entró ladrillo sapo a lo bobo y cuidó día y noche que no nos afanaran los hierros, Mi hermana no hacia nada, ya estaba muy embazarada, y un mes después paría a su  pibe, que no hace nada pero es otra boca para alimentar. Es un bebe hermoso y todavía no sabemos quien va a ser el padrino, si el Abel o yo. Que llegara Santino nos sirvió para que la municipalidad nos ayudara con materiales y colchones, Todo a pulmón y la verdad es que yo que ya estoy cansado de tanta gente dando vuelta.

Hace ya un año después de aquel sueño que no me puedo olvidar, le di bola al de la Delegación y me fui a anotar en la Policía Local y también le rompí al Abel. para que venga. Habíamos terminado el Fines , casi nunca iba yo porque cuando no changueaba levantaba paredes, o iba a las manifestaciones porque eso me servia para cuando pedía cosas en la Delegación,  y cuando iba, muchas veces no estaban los profesores, pero al final, pintó titulo y además Abel y mi vieja, que era la que mas entusiasmada estaba, me pasaban los apuntes y los profesores lo sabían y eso sirvió para tener secundario.

Lástima que mi viejo  ni se enteró de que nos habíamos recibido los tres con titulo, me hubiera gustado que venga a la entrega, pero la Eva es rencorosa y  no aflojó, hizo empanadas y hubo fiesta en casa. Como los norteamericanos de las series, nosotros, los tres,  también tuvimos fiesta de graduación, y vinieron los vecinos y pintó cumbia y bachata y fernet toda la noche.  El de la delegación, que se cree groso pero es un gato lavataper,  nos juntó a todos los que egresamos y nos dijo, “anótense en la Policía Local, ahí hay futuro, trabajo en blanco, arma reglamentaria, sos un señor”.  No le hubiera dado mucha bola si no fuera por el sueño. Mi vieja nos dijo al Abel y a mi que se hubiera anotado si le hubiera dado la edad.

Esa noche que me recibí soñé que había una presa, un animal vivo, y yo daba vueltas olvidándome que estaba ahí, pero la presa me olía y yo era la presa. Nos sacaban fotos, nos preguntaban quien había cazado a quien, había sangre y alguien la lamía. Abel no estaba en el sueño, pero a la mañana lo desperté y fuimos juntos a anotarnos en la Policía Local. A raíz de eso perdió la changa fija, en el mercado de la Salada, y de ahí en mas solo remisea, al menos eso dice él. Había como doscientos monos, mas de la mitad eran mujerío. Nos atendieron unas licenciadas que nos pidieron que dibujáramos gilada. En la cola nos avivaron que teníamos que dibujar paraguas, pero sabiendo eso y todo, yo entré y el Abel quedó afuera.

Me dio tanta bronca que cuando volvimos  le dije que yo si él no ingresaba, yo no quería ser cana. Me empezó a gastar con que necesitábamos un gorra en la familia, que le iba a tener que prestar el fierro, que las wachas del barrio se iban a piyar encima cuando me vieran de uniforme. Lindo imaginarme  con  uniforme y un sueldo en el banco cada mes, y darle una mano a la Janice, porque del gil ese de Fernando no se podía esperar ni una lata de leche y  un paquete de pañales por mes..

Así que, parece que con ayuda de San Vicente, soy Pitufo de la local de Lomas, con un 9 mm reglamentario mío propio, chaleco antibalas que estoy pagando en cuotas, manejando un Toyota Helios, cero kilometro, todo legal. Los seis meses de formación fueron un viento que pasa y arrasa y después es como que me desperté en otro planeta, El viejo Eugenio, uno de los instructores nos decía siempre que el principal objetivo de un policía es volver a la casa a la noche, vivo. El objetivo es mantenerse vivo.

Ya tengo destino, estoy con el móvil frente al Frigorífico  La Loja, cerca de Centenario, pero lo suficientemente lejos de mi casa, como para que no se me arme bardo: conozco demasiado bien los asuntos de este barrio como para hacerme el otario, y lamentablemente  lo del uniforme con las guachas no funciona, porque hay unos que venden paco acá nomas que una vez me empezaron a fisurear y tuve que pensar muchas veces lo del viejo Eugenio para no sacar la reglamentaria. Desde ese día me saco el uniforme en la comisaría y lo pongo en el bolso, como cualquier gil laburante.  Lo bueno es que estoy tranquilo, y cuido al móvil como si fuera mio, y mi binomio es una piba macanuda, la Ariadna Santome, ella tiene mas experiencia, es de la primera promoción de la local, y con mas huevos que un macho, con la que pasamos el tiempo hablando, cuando no se enfrasca en el celular con su novio. Una vez la vi en la calle, sin el peinado de oficial y  de calzas y remera y no la reconocí, mira como nos cambia la pilcha.

Lo que me preocupa es lo del Abel, desde que soy cobani  me mira mal, y nosotros éramos los mas unidos, carne y uña. El viejo Macín, mi padre, nos recitaba al Martin Fierro, “cuando ellos se pelean los devoran los de afuera” Pero este pendejo parece que se olvidó, no se que se cree, cada vez que le intento hablar, me frena diciendo, eh boludo, te comiste un gorra, vos, que hablas. Y yo me quiero acercar, darle una mano, darle consejos, yo veo muchas cosas y algunas no las quiero ver, como la junta que tiene, que no lo va a llevar a ningún lado, salvo la cárcel y él me mira como si fuera un extraño, como yo si estuviera del otro lado. Se olvida todas la que pasamos juntos, se olvida que fuimos a la primaria, que pasamos hambre juntos, se olvida cuando lo operaron de la péndice y mi vieja iba a limpiar casas y yo estuve todo el tiempo en el hospital de san justo con él, se olvida el miedo que teniamos cuando llegamos a la Chancheria y hubo que velar el pedazo de tierra donde ahora tenemos la casa.  Un día que estaba en pedo me dijo “vos sos otro”. Y se largo a llorar.

SI él hubiera querido entrar a la Local, hubiera podido, yo estando ahí adentro tengo un poco de banca, le hubiera dicho como hacer el tipo del dibujito con el paragua y que la casa no la haga tan chiquita y que la ponga en el medio, y hasta hubiera hablado con la licenciada, que cada tanto me llama para hacer dibujitos y para que le diga que todo está más que bien. Pero el Abel me sacó cagando, me dijo que en esta casa ya hay demasiado olor a chancho y yo no me ofendí porque se que está dolido. Me parece que me tiene celos y se lo dije, y casi terminamos a las piñas.  Entonces, ayer, cuando la Eva me dijo “Caito, dame una mano, mirá en que anda tu hermano” me hinché las pelotas , sabía que la vieja estaba preocupada, pero le contesté de mala manera “acaso soy yo el guardián de mi hermano?” y si bien nunca le falte el respeto, casi que le levanté la voz. Que el pendejo haga lo que quiera, bastante tengo yo en volver sano cada noche, no meterme en kilombos por bocón, y mirar para un lado cuando tengo que mirar y para otro cuando no tengo que ver. Hoy lo crucé cuando me iba y me pareció que esto no tiene vuelta.


ABEL

La verdad que lo mejor que me podía pasar es no haber aprobado el ingreso para ser pitufo, mi hermano entró y ya no se puede contar con él. Hasta me miró con cara de asco una tarde que le ofrecíuna seca, conmigo no da que venga a hacerse el otro. Menos mal que ya no vuelve vestido de pitufo a casa, porque me daba vergüenza el aire de patrón con el que nos mira a los pibes y un día de estos iba a tener que cagar a palos a los que se le reían en la cara. O a él.

Desde que perdí la changa en La Salada vengo para atrás, decí que ahora Caito tiene sueldo fijo y hasta puso a mi vieja a su cargo en la obra social, así que le cubren la diabetis y sacó un préstamo y compramos hasta un aire acondicionado, porque la Chancheria que esta a media hora de San Justo, tiene un clima que ni que fuera el desierto del Sahara.

Pero la plata igual no alcanza y yo tengo mi orgullo,  Saldré de pobre sin ser cobani. La cuestión, dicen los grandes, es trata de mantenerse vivo. Volver, con o sin guita (eso puede pasar) pero vivo, y mantenerse afuera, porque una vez que estas fichado, empieza el fin. Yo tengo 22 y ni una entrada.  Y así trataré de seguir.

Apenas me levanté, con la lengua verde del mate, quemé las ramas de olivo, el fueguito ni calentaba, apenas unas ramitas patas para arriba en el crucifijo, donde la cama de mi vieja. La Eva bufaba ronquidos y se le deslizaban unas babas en la almohada, mosqueándose por el ruido que hice, tropezándome con unas ollas que había puesto por el asunto de las goteras.,Al final hoy es miércoles. Llego el día. El olivo no hizo olor como esperaba, con esa peste de cuando quemas madera verde. Lo importante es que con las cenizas pueda empolvarme la cara pintando, clara, una cruz en la frente. Justo mi hermano se estaba yendo, me vio quemar el olivo y pareció querer hablar y yo le di la espalda, justo hoy no estaba para andar de charla. Cuando salió, me hice la cruz de ceniza en la frente, me gustó, era como esas cosas de guerra de esos guerreros del haka, que golpean con las patas el suelo . Un tatuaje parecía, pero un tatuaje gris.

El negro Almazan sabe de estas cosas, se volvió evangelio en el penal y me dijo que si me encomiendo al gauchito Gil,y a San La Muerte, cada vez que salgo a trabajar voy a volver a casa, que no puede fallar, pero yo además de eso, soy muy creyente de la  virgen y en el santito patrono de las lluvias que es San Vicente. Mi viejo me dío una chapita con San Vicente,  y yo después aprendí que ese santo le gustan las fiestas, como a mi.. Lo enterrás cabeza abajo y hasta que no caiga agua lo mantenés. Y cuando llueve le haces una fiesta, para cumplirle por la lluvia. En la Chancheria , mas que ayudar, la lluvia jode, pero el Macín me contaba de cuando vivía en  Santiago del Estero, con la seca se le morían las ovejas que cuidaba y no quedaba nada para comer. Y ayer llovió, buena tuya San Vicente: es una señal .

Y por ahí con este trabajo me salvo y me compro un auto, y empiezo a remisiar por las mías, pero no en un trucho, sino en una agencia buena, del centro de Lomas, y después vamos a ver quien trae mas plata a la casa. Por ahí, incluso, la puedo sacar a la Eva de acá y dejarle la casa a la Janice. La vieja se despierta, me ve y me dice medio dormida que la ceniza en la frente es para recordar que nuestra vida en la tierra es pasajera y que el cielo será nuestra casa. Y  para eso tenemos que ser buenos. Le doy un beso y me voy. Tengo que encontrarme con  los pibes que se hicieron de una Nissan Frontier y  me pasan a buscar por la Ribera,  con tanta preparación no da quedarme de garpe. Es un trabajo limpito, un frigorífico.

ARIADNA

Pero quedate tranquilo, Caito, todo en regla, después redactamos el acta y seguro nos ligamos una felicitación de los capos, quien te dice algo mas. Te va a quedar pipi cucu para tu  foja de servicios, ya se que es tu primer óbito, pero después te acostumbras, dejate de llorar que están los de Crónica que por ahí te ponen en una placa roja “Pitufo llorando” y yo quiero que salgamos como lo valiente que fuimos. Dale, quedate tranquilo que ya modulo y cerramos todo esto y volvemos a casa. No me mariconee ahora amigo, acaso no cumplimos con lo que nos machacaban en la Escuela, volver sanos, Esta noche te tomas un fernet por el muerto y todos contentos. Espera que modulo: Base a móvil  ¿Me copias, base ? aquí Movil 5765  /-QRV ¿alguna novedad? /- SI, aquí  oficial Santome, Ariadna, Camino Negro, bajada de Itati, frente a Frigorífico, atraco consumado, con dos masculinos muertos, y una pila de fierros en un vehículo flojo de papeles, Nissan Frontier, chapa XLS 931, seguro que afanado, hay que cotejar.La plata la tenemos y los testigos para el acta también, solo necesitamos refuerzos, porque mi binomio se siente mal,  Los óbitos, tome  nota, uno se llama Abel Macín, masculino, argentino, 22 años y el otro, Olegarío Almazan, masculino 55 años, estaba bajo palabra, a ver que dicen ahora estos del Patronato. Otros dos se dieron a la fuga, en un auto de apoyo. Te tengo que dejar, porque acá están los de C5n y los de Crónica que vinieron a caranchear noticias. Ah, mandame una ambulancia. No, no hay heridos, es para este pibe nuevo, mi binomio,  el Caito, ese de la última promoción,  el que vive  en la Chancheria, parece que el tomuer era pariente. 

Vos te la buscaste, ahora no te quejes: Bah, no te podes quejar. Te mataron.


Resultado de imagen para la mataron por putaA fin del año pasado fui a una fiesta en Belgrano, sola. Vivo en Lanús, volver en taxi es imposible por que no me alcanza la guita.

Así que me volví en colectivo. Un taxi hasta Chacarita: cuando vi la parada del 112, me bajé: estaba oscuro y eran las dos de la mañana. Pero el 112 no venia y pasaron veinte minutos Así que me tomé el 42, que me dejó en Pompeya, casi  a las tres. Pompeya a las tres de la mañana: yo estaba en el metrobus, pero iba corriendo hacia la calle lateral a ver si agarraba un taxi para que me llevara del otro lado del riachuelo para tomarme un remis a Lanus. No venia nada que me cruzara puente Alsina, pero al rato, por la mano contraria veo un taxi, corro por la avenida, cruzandola y me lo tomo: le pido que me lleve al lado de la provincia: Me dijo que no, que no iba a la provincia (ahi, a unas cuadras): Entonces le dije que me lleve hasta Velez Sarfield, porque el 37 es gauchito y anda toda la noche. Cuando llegamos a Velez Sarfield, me quiere dejar ahi y es la salida de la Villa Zabaleta, el palacio del paco: Incluso veo un par de pibes fumando paco. Nonononon, llevame unas cuadras mas para el lado del Riachuelo, que hay un lugar (fabricaciones militares) donde hay gendarmes en la puerta: Asi lo hace y enseguida viene el 37. Queria bajar en Lanus, pero claro, los remis de la estación estan siempre llenos, y le pido que me deje cerca de la municipalidad, porque hay dos agencias y a esa hora tengo chance. Me tomo el remis y hago las doce cuadras hasta mi casa.
Si me cagaban violando y matando parece que era culpa mia, decia en sordina mi superyo. Si me sacaban hasta el ultimo mango, el celular y me subian a un auto y terminaba  cagada y muerta dijeron los mios cuando les conté el periplo Belgrano/Lanus una madrugada de domingo. Yo no queria terminar en la cama de una morgue, solo queria volver a mi casa antes de que amaneciera, porque podria haber vuelto de dia en auto, con gente que venía para acá, pero, claro, eso hubiera tenido otras complicaciones hogareñas que no viene a cuento mencionar. Era una reunión de tuiteros ¿hay necesidad de ir a una reunión de tuiteros? Queda claro que no era el cumpleaños de la tia Rosita. Y que iba por ganas y no por obligación ¿y esta bien hacer cosas por ganas? ¿acaso soy una adolescente yo? ¿esta bien que me queden ganas?

Soy de no darle bola a las voces criticas que me vienen de afuera y de adentro de la mollera. Trato. Y este articulo pone el dedo en la llaga.

Claramente yo no me estaba buscando el mal. Y ella, la muerta en cuestión,  tampoco.

Prevenir hubiera sido quedarme en casa. Y yo, mis queridos amigos, no me quiero quedar en casa. Como ella. La fiesta ? Estuvo barbara. Y tuve suerte. Ella no ¿o acaso no se trata de la suerte? O acaso no se trata de “QUE NOS LA BUSCAMOS”.

Va articulo de la revista Anfibia de Ileana Arduino.http://www.revistaanfibia.com/ensayo/no-son-monstruos/

“Le dijo a su papá que iba a un lugar pero se fue de su casa en una camioneta con dos hombres”, nos cuentan. No es que no sea cierto, pero ¿qué explica eso sobre lo que ocurrió con Lucía Pérez, la joven marplatense violada y asesinada? ¿Cuál es el hilo conductor entre subirse a una camioneta en la puerta de su casa y morir desvanecida en un centro médico? Su propia responsabilidad, su culpa: se fue, mintió, como hicimos miles de veces muchas de nosotras, que tuvimos mejor suerte.

La suerte

 

Las reacciones frente al hecho horroroso del que fue víctima Lucía Pérez, con su 16 cortos años -bajo el imperio de la lógica mercantilizada que distribuye importancia o desinterés frente a la vida- , centraliza una escena que está plagada de cuerpos femeninos muertos violentamente, sin contar todos los que no lograron atención mediática. Ya vemos como de forma más o menos subyacente la racionalidad de la “puta” está dando vueltas. Si consumía drogas, si se fue con unas personas que la sobrepasaban y mucho en sus cortos 16, si la entregó una amiga. Estos elementos son presentados velozmente para orientar la explicación por el lado de las propias responsabilidades. Ya sabemos: las niñas buenas van al cielo, las malas a todas partes, y lo que suceda fuera de lugar les sucederá por eso, por malas, “por putas”.

 

Leo una nota: “los hombres le dieron marihuana, entraron en confianza con ella y luego la drogaron con cocaína”. Amontonamiento de líneas de fuga, trampas discursivas, dirigidas a perpetuar encierro y confinamiento, domesticación. Una perversa forma de piedad que parece poner la responsabilidad en los otros. Ella está muerta ya, la muerte, dice el dicho popular, nos mejora: una buena víctima no se droga. El énfasis en su pasividad al respecto, además de habilitarla como buena víctima, nos advierte a las demás sobre el peso explicativo que tiene, cuando sufrimos violencia, nuestra propia contribución. “La drogaron” afirman. Pero no lo sabemos. ¿Y si se drogó sola? ¿Cómo conectar el consentimiento para meterse voluntariamente lo que quiera en el cuerpo con una violación con penetración múltiple a la fuerza?

 

“Le dijo a su papá que iba a un lugar pero se fue de su casa en una camioneta con dos hombres”, nos cuentan. No es que no sea cierto, pero ¿qué explica eso sobre lo que ocurrió? Poco y nada. Pero dispara otros prejuicios ¿Cuál es el hilo conductor entre subirse a una camioneta en la puerta de su casa y morir desvanecida en un centro médico porque su sistema vagal dejó de funcionar? Su propia responsabilidad, su culpa: se fue, mintió, como hicimos miles de veces muchas de nosotras, con mejor suerte claro.

 

Recuerdo una cita con alguien que no conocía. Le dije “voy a tu casa”. Allá fui no sin antes diseñar con mi amiga más amiga un protocolo consistente en llamarla cada tanto tiempo avisando que estaba bien. Se lo conté al chico apenas llegué: “mirá, cada tanto tiempo la voy a llamar, porque a nosotras, nos matan por cosas así”. Me miró raro, pero lo entendió perfectamente. Así de horrible es el mundo en el que las mujeres nos movemos hoy. Yo misma me vi levantando el dedo contra mí. Me preguntaba ¿a dónde vas? ¿qué haces? La solución fue no del todo cómoda, pero pude salir, no me quedé y tuve suerte, como muchas otras veces, como cuando me duermo en los taxis: de más joven volviendo de fiesta, de grande agotada de trabajo, que es lo mismo o más dañino. Y siempre tuve “suerte”. A lo sumo, un reto machista, pero buena onda, por ser “tan” irresponsable. Pero ya vemos, la suerte es esquiva y cuando falla, ocurren casos como el de las Lucías de cada día, que confinan a la muerte a algunas y a la asfixia de la auto-represión y el miedo a muchas otras.

 

Hay un eco misógino de fondo que oculta la ausencia total de vínculo razonable entre unas cosas y las otras, reforzando la idea de que evitar el daño es nuestra responsabilidad: mejor no ir, mejor quedarse, mejor no; pero si vamos, si no nos quedamos y en medio de todo decimos no, nos deberíamos haber dado cuenta antes, peor aún, es de histéricas. Curiosa forma de libertad que nos ofrecen: de un modo u otro se nos va la vida, encerradas con miedo o a expensas de algún “sí” fatal o que el macho de turno se crea un pase libre, un vale todo.

 

“Paro cardíaco por empalamiento anal”, le dejó de funcionar el corazón, la reventaron. Ni las drogas, ni la edad de ella, ni la de esos dos violentos, ni su amiga, ni cuan “puta” pueda ser explican la muerte: sí la explican el empalamiento anal, el ensañamiento sexual, las prácticas violentas extremas pero regulares y reconocibles en una escena social, cultural y política llamada patriarcado, y ejecutadas por dos productos esperables de este modo de relacionarnos. Hacía ahí debemos orientar la búsqueda de explicaciones más cabales, las que contestan porqué pero sobre todo las que nos van a permitir construir otras posibilidades.

 

 

 

el coso de la maternidad.


Como hablo bastante en las redes con mujeres que no han tenido hijos, y en la vida cotidiana con mujeres que los han tenido y muchas son abuelas y pelamos celular y nos mostramos las fotos de las niñas y contamos sus proezas como si la viveza y el donaire fueran una propiedad de los nacidos en el siglo XXI, siempre termino pensando si la maternidad es sobrevalorada o subvalorada.
Las mujeres que no han tenido hijos por opción, o por la vida y que no tienen deseos de esa condición de madre que te lleva una porción importante de tu tiempo, tus anhelos, tu inteligencia y tus deseos, como un  poltergeist que te chupa lo todo  (viste Stranger Things? asi) piensan definitivamente que está sobrevalorada. Las que dejaron los bofes criando pibes y a veces una carrera, un destino alternativo, se sienten poco menos que Teresa de Calcuta.

La verdad, no vamos a ser hipócritas. Una es madre no cuando saca una pelota de tres kilos por entre las piernas, sino cuando aloja en su deseo las ganas de tener un hijo. El hijo es un coso fálico: Nos completa, por un rato, Esta llamado a velar eso que nos falta. Lo necesitamos. Si todo va bien, el hijo no nos completará, (porque si lo hace sera un cacho nuestro, como una mano) y no una persona. Y toda mujer de bien quiere que su hijo sea una persona. Y crece y despues te aprende canciones del jardin que no sabes, y le gusta ir a hacer pis al baño de Carlitos.Lo criaras a como puedas, con mayor o menor ventura y satisfacción y hay un momento seguro que quisieras retorcerle el cogote como a una gallina.

El bepi no es un cacho tuyo, se te muestra con todas las propiedades de la “otredad” pero sigue siendo un alguito lo mas importante de tu vida, y sus logros, tu alegria. Y sus tristezas, tus penas. Y su seguridad tu dolor de huevos. Que crezca, que sea feliz, que no se enferme, que no se muera, que no lo lastimen, Pufff, que karma.

Uno disimula un desprendimiento que nunca termina. Y sigue con su vida. Los hijos crecen y ya esta, Maso

Ahora bien, : Si no lo alojaste en tu deseo sera una personita en la infancia por la velarás con mayor o menor éxito pero solo pour la gallerie seria indicado podrá hablar de madre, quizá en un estatus biológico, sociológico o civil. Nunca psi.

Traigo un cuento zen. Es este

El ciego y la lámpara

Cuando un ciego se despedía de su amigo, éste le dio una lámpara.
“Yo no preciso de la lámpara, pues para mí, claridad u oscuridad no tienen diferencia” -dijo el ciego.
“Conozco al respecto, pero si no la lleva, tal vez otras personas tropiecen con usted” -dijo su amigo.
-“Está bien”
Luego de caminar en la oscuridad tropezó con otra persona….
-“¡Huy!”-dijo el ciego.
-“¡Hay!” -dijo la persona chocada por el ciego en la oscuridad.
-“¿Usted no vio esta lámpara?” -dijo enojado el ciego.
-“¡Amigo! Su lámpara estaba apagada”

Tener un hijo, es como tener una lampara. Si una está ciega (y no importa cual es la razón, hablo de la falta de deseo de hijo, de la elección de no tenerlo, o aún de, teniendolo, que no ocupe un lugar falico) la lampará estará apagada.
Si lo queres, te ilumina el camino, y no te dejará chocar contra la falta de sentido de la vida, aunque estés ciega.

 

 

 

 

 

 

No puedo creerlo, pero es así: la realidad imita a la ficción


Miren esta foto. Yo escribí en 2010 un cuento que anticipaba esto

Orleans

 

(EL POETA OCHENTOSO TOM LUPPO RECITA EN LA VERSION QUE CALAMARO LE GRABO A LUCA PRODAN DE AÑOS, EL TEMA DE MILANES, ESTA FRASE: EL HOMBRE NO CAMBIA, LO QUE CAMBIA ES LA TECNOLOGIA….VALGA DE EPIGRAFE A ESTE SENCILLO CUENTO QUE ESCRIBI PENSANDO EN MIS ANTIGUAS LECTURAS DE BRAY BRADBURY)

La gente de ese suburbio marciano no tenia esperanzas. Eran de la última oleada inmigratoria, y habían viajado gracias a un subsidio de la Confederación.

Ese subsidio era una trampa. Nadie que hubiera podido elegir trabajaria allí, y al final pareció un buen negocio becar el viaje a hombres sin familia. Poblar era indispensable para que el mantenimiento de la Estación Orleáns fuera posible sin traslados de técnicos y equipos.

Entonces cuatrocientos hombres sin familia vinieron a Orleáns y armaron el barrio, y trabajaron a destajo en la Estación que daba energía al resto de Marte.

El exilio y las malas condiciones laborales sumadas a cierta precariedad traída de la Tierra no mejoraron la fama de la localidad. Estos cuatrocientos obreros venían de la Tierra escandalosamente marginados. Habian sido elegidos de un archivo de personas calificadas como sujetos de investigaciones para protocolos de medicamentos nuevos en etapas de exploración. Pobres gentes.

De ese listado hicieron la convocatoria para las becas y el entrenamiento recibido para ser útiles a la estación Orleáns consistía poco más que en apretar perillas.

Marcia había viajado a Orleans,  con la secreta intención de encontrar marido. Era hermosa, pero por algún rencor secreto no había tenido suerte con los hombres. Cuatrocientos terráqueos sin esposa parecía una salida. Ella se veía a si misma como seca por dentro. Hombres estériles por el trabajo con los medicamentos era la elección de Marcia.

Había puesto una tienda de productos exóticos, para proveer por encargo a los trabajadores de la Estación. Cada semana tomaba el trasbordador y se iba a la ciudad a recibir el envio terraqueo (cosas baratas, no era población de comprar exquisiteces) que venia de la Tierra. Barras de turrón, mantequilla de maní, alguna conserva necesaria para una receta de familia con la que se festejaba un cumpleaños, antejos de sol inutiles para Marte, gorras de los Red Sox. Con eso se mantenía decentemente y sin apuros economicos, pero después de dos años con la tienda se dio cuenta de que paulatinamente iba perdiendo las ganas de tener un compañero. La rutina de la compraventa, los viajes de fin de semana, los libros que cada noche leía la hacían olvidar de los sueños.

Era de las pocas mujeres que trabajaban en Orleáns, junto con las de la cantina donde se divertían los técnicos de la Estación,. Alli habia cincuenta mujeres, especies de geishas del subdesarrollo, algunas terraqueas, algunas marcianas, pero sobre todo ginnis, que por veinte dolares de la confederacion entretenian sin esperar nada. Los hombres repartian su tiempo libre entre las mujeres de la cantina y las horas de siesta con viejos playstation, con cintas que reproducían programas de televisión vistos en la Tierra,con música de la década del dosmilveinte.

Marcia había hecho que la respetaran. No era más que una treintañera y desde niña vivía en Marte, antes de que la estación Orleáns siquiera estuviera planificada. Los hombres que compraban en la tienda no parecían interesados en cortejo alguno. Pagaban con dólares de la Confederación y reían despreocupadamente, y algunos se suicidaban tirándose del edificio de la Estación, mermando la cifra de cuatrocientos lenta e invisiblemente.

También pululaban en las márgenes del pueblo, muchos ginnis, nacidos y criados en Marte, mestizos hijos de marcianos y terráqueos,,que hablaban con acento, que nadie quería demasiado, y que por otra parte acentuaban la peligrosidad del suburbio.

Los ginnis no trabajaban en la Estación, todos recibían pensión de la Confederación y además no eran gente estable. Eran nómadas, este planeta es nuestro parecían decir cada año que la policía militar les pedía que se censaran.

Ese domingo las motas de polvo marciano volaban en el calido aire de abril, la esfera azul de la tierra se veía en el horizonte, colgada como una pelota de niño. La temperatura era agradable y los volcanes apagados ofrecian una silueta que evocaba una infancia feliz en Oregon,infancia que Marcia terminaba inventando a fuerza de hacer memoria

Un ginni entra en la tienda de Marcia y empieza a revolver en las bateas donde minúsculos pendrives están de oferta. Algunos coleccionistas encontraron en esos pendrives verdaderas piezas de museo que se vendieron por muchisimos dolares. Siempre fue una lotería revisarlos y los cazadores de piezas raras pedían a Marcia que mirara uno por uno para ver si daba con algún hallazgo arqueológico.

El ginni tenía más de marciano que de terráqueo. Era un mestizo alto y con un dejo naranja en su piel. Estaba vestido con una moda de tres años atrás. Ya nadie usaba asi las solapas.

-¿Qué necesita? le dijo Marcia pensando en que no se veía mal por ser un ginni y encima pobre y mal vestido.(estoy necesitando un hombre, no puedo seguir sola, pensaba mientras alisaba la ultima partida de camisas hawaianas que trajo la encomienda)

-Me dijeron que acá podía encontrar fotos digitales

– ¿Digitales? No, mire, esta no es una tienda de anticuario. Yo traigo cosas de la Tierra, pero si bien Ud. puede confundirse por las bateas, no es nuestro rubro, debería probar en la ciudad, en la cadena Hors de rezagos terrestres. Yo no veo fotos digitales desde que era niña.

El ginni la escuchaba con esa mirada marciana que nunca se sabe que quiere decir. Marcia se cerró el escote, porque sentía su mirada naranja como un sol de antes de la Era del agua escasa.

-Ya es la hora de cerrar, si no puedo venderle nada, le pido señor…

– Yard Wayne, para ud. Yard.

Marcia río por el nombre. Yard significaba “el patio de atrás donde se tiran cosas”, en un ingles del tiempo en que todavia habia casas con patio trasero. Un anacronismo.. Su padre terráqueo había hecho un chiste de mal gusto poniendole ese nombre a su hijo. Como en el pasado en todas las guerras de la tierra, siempre el padre era de los colonizadores y la madre de los vencidos y eso había pasado en Corea, en Vietnam, en Irak, en Bosnia, y en todas las guerras que asolaron el pasado. Los vicios terrestres se trajeron a Marte y nada de Mundo Nuevo, como los teoricos de la colonizacion espacial habian propagandeado. Su propio nombre, Marcia, elegido en Oregon, hablaba de una apuesta fuerte al viaje a la tierra prometida que sus padres habian comprado con una hipoteca que pagaron hasta la muerte… Marcia, la que iba a ser criada en Marte…

– Bueno Yard, tengo que cerrar.

Y cada día, desde esa tarde luminosa de abril, de esa primavera de Orleáns el ginni vino a la tienda de Marcia a preguntar por excéntricos productos terrestres. Y cada vez mas Marcia olvidaba que tenia la piel naranja, que estaba mal vestido, que olía como un ginni.

Cuatrocientos terrestres sin familia quedaron desplazados por un solo ginni naranja. Cuatrocientos mandíbulas hicieron ruido cuando Marcia apareció con su embarazo vendiendo mantecados y tarjetas de béisbol con Yard atrás del mostrador de la tienda. Ochocientos brazos perdieron la oportunidad de abrazar a una mujer que buscaba un hombre en un planeta rojo, como siempre las mujeres buscaron hombres en cualquier planeta.

Las maquinas del amor superan los tratados interplanetarios y los planes que los mortales hacen para sus vidas. Al llegar el nuevo abril, un nuevo ginni, un bebe, esta vez menos naranja desmentía el precepto de que hay una sola forma de encontrarse entre vencedores y vencidos y sucedió que en el momento del censo de la Confederación Yard pudo dar un domicilio fijo en la Estación de Orleáns, y Marcia se dio cuenta de que en realidad habia encontrado a un hombre a quien amar y tener un hijo, y olvidar el rencor.

Mientras el primer niño de Orleáns reía en la vereda de la tienda de Marcia, el suburbio empezó simplemente a tener alguna esperanza y la pelota azul que flotaba en el cosmos era una luna en la primavera que avanzaba por el suburbio de Orleans.

https://elnosoyloquedeberia.wordpress.com/2009/08/28/un-cuento-de-la-otra-orleans-dedicado-al-viejo-ray-bradbury/