el coso de la maternidad.

Como hablo bastante en las redes con mujeres que no han tenido hijos, y en la vida cotidiana con mujeres que los han tenido y muchas son abuelas y pelamos celular y nos mostramos las fotos de las niñas y contamos sus proezas como si la viveza y el donaire fueran una propiedad de los nacidos en el siglo XXI, siempre termino pensando si la maternidad es sobrevalorada o subvalorada.
Las mujeres que no han tenido hijos por opción, o por la vida y que no tienen deseos de esa condición de madre que te lleva una porción importante de tu tiempo, tus anhelos, tu inteligencia y tus deseos, como un  poltergeist que te chupa lo todo  (viste Stranger Things? asi) piensan definitivamente que está sobrevalorada. Las que dejaron los bofes criando pibes y a veces una carrera, un destino alternativo, se sienten poco menos que Teresa de Calcuta.

La verdad, no vamos a ser hipócritas. Una es madre no cuando saca una pelota de tres kilos por entre las piernas, sino cuando aloja en su deseo las ganas de tener un hijo. El hijo es un coso fálico: Nos completa, por un rato, Esta llamado a velar eso que nos falta. Lo necesitamos. Si todo va bien, el hijo no nos completará, (porque si lo hace sera un cacho nuestro, como una mano) y no una persona. Y toda mujer de bien quiere que su hijo sea una persona. Y crece y despues te aprende canciones del jardin que no sabes, y le gusta ir a hacer pis al baño de Carlitos.Lo criaras a como puedas, con mayor o menor ventura y satisfacción y hay un momento seguro que quisieras retorcerle el cogote como a una gallina.

El bepi no es un cacho tuyo, se te muestra con todas las propiedades de la “otredad” pero sigue siendo un alguito lo mas importante de tu vida, y sus logros, tu alegria. Y sus tristezas, tus penas. Y su seguridad tu dolor de huevos. Que crezca, que sea feliz, que no se enferme, que no se muera, que no lo lastimen, Pufff, que karma.

Uno disimula un desprendimiento que nunca termina. Y sigue con su vida. Los hijos crecen y ya esta, Maso

Ahora bien, : Si no lo alojaste en tu deseo sera una personita en la infancia por la velarás con mayor o menor éxito pero solo pour la gallerie seria indicado podrá hablar de madre, quizá en un estatus biológico, sociológico o civil. Nunca psi.

Traigo un cuento zen. Es este

El ciego y la lámpara

Cuando un ciego se despedía de su amigo, éste le dio una lámpara.
“Yo no preciso de la lámpara, pues para mí, claridad u oscuridad no tienen diferencia” -dijo el ciego.
“Conozco al respecto, pero si no la lleva, tal vez otras personas tropiecen con usted” -dijo su amigo.
-“Está bien”
Luego de caminar en la oscuridad tropezó con otra persona….
-“¡Huy!”-dijo el ciego.
-“¡Hay!” -dijo la persona chocada por el ciego en la oscuridad.
-“¿Usted no vio esta lámpara?” -dijo enojado el ciego.
-“¡Amigo! Su lámpara estaba apagada”

Tener un hijo, es como tener una lampara. Si una está ciega (y no importa cual es la razón, hablo de la falta de deseo de hijo, de la elección de no tenerlo, o aún de, teniendolo, que no ocupe un lugar falico) la lampará estará apagada.
Si lo queres, te ilumina el camino, y no te dejará chocar contra la falta de sentido de la vida, aunque estés ciega.

 

 

 

 

 

 

9 thoughts on “el coso de la maternidad.

  1. Fuerte,¿eh?
    Muy bueno.
    ¿Te acordás de Khalil Gibran?

    Tus hijos no son tus hijos,
    son hijos e hijas de la vida
    deseosa de sí misma.
    No vienen de ti, sino a través de ti,
    y aunque estén contigo,
    no te pertenecen.
    Puedes darles tu amor,
    pero no tus pensamientos, pues,
    ellos tienen sus propios pensamientos.
    Puedes abrigar sus cuerpos,
    pero no sus almas, porque ellas
    viven en la casa de mañana,
    que no puedes visitar,
    ni siquiera en sueños.
    Puedes esforzarte en ser como ellos,
    pero no procures hacerlos
    semejantes a ti
    porque la vida no retrocede
    ni se detiene en el ayer.
    Tú eres el arco del cual tus hijos,
    como flechas vivas son lanzados.
    Deja que la inclinación,
    en tu mano de arquero
    sea para la felicidad
    Pues aunque Él ama
    la flecha que vuela,
    Ama de igual modo al arco estable.

  2. Ante todo ¡Feliz día!…usted sí que es Mater et magistra…como la encíclica pero más popular…Y con lo de ser madre…mmm…fue mi deseo desde la niñez: casarme y tener hijitos…Susanita en pinta. No sé si el deseo fue correcto en cuanto a lo que yo podría hacer por y para ellos, pero fue muy fuerte (tengo 5) y sé que hubiera sido tremendamente infeliz si no los hubiera tenido. Y sin duda son lo más importante de mi vida. Y me ocupan una gran porción del disco rígido. Durante toda mi vida como madre pensé que era lo único bueno que sabía hacer era eso: tener hijos. Será por eso que ante esas pibas cagadas de hambre que se llenan de hijos siempre me detengo a pensar porqué… En fin, divagues en este día en el que recibí saludos a diestra y siniestra y justo cayó su posteo…¡Que tengas un excelente día!

  3. a los padres nos pasa igual, creo. Cuando tuve a mis hijos en brazos sentí el vértigo de saberme imprescindible para que se desarrollen…por suerte a medida que crecen esa sensación se va apagando y da paso a una relación más adulta, de compañerismo y de guia.

  4. Tema controversial esto del día de la Madre. Aclaro que no tengo hijos pero crié un huérfano familiar, de forma colegiada. Y me costó bastante tramitar este asunto de la unilateralidad de mis sentimientos maternales, los que, afortunadamente para el crío, se acomodaron acorde a la tramitación que el pibe hizo de semejante ensalada familiar. Luego, en la cincuentena, tuve que volverme madre de mi propia madre anciana en estado de demencia y cuya mirada en cada despertar imagino muy cercana a aquella del niño que reacciona cuando el sol materno asoma a su cuna, mañana tras mañana. Impagable.
    Creo que muchas mujeres (y algunas otras variantes de la femineidad) cumplimos roles fronterizos a la maternidad en ciertas oportunidades, casi desde lo clandestino, diría. Lo que detona la perplejidad del conjunto social que no tiene una categoría para incluirnos.
    Pero te confieso que a veces me enerva que tipas “que no podrían cuidar ni a un perro salchicha” (al decir de una inefable amiga personal) entren en éxtasis cuando llega “su” día celebratorio, olvidándose de lo infelices que en lo cotidiano hacen a algunos niños.
    El otro día, en un grupo de whatsapp, se me ocurrió postear contra tanta zalamería verdaderamente pelotuda, un extracto de un texto enternecedor aparecido en el suplemento SOY de Página12, titulado “Soy tu madre”, el que revelaba de forma cáustica y conmovedora, la complejidad vincular entre una madre anciana en declive físico y su introvertido hijo gay. El texto era tan hermoso y revulsivo, que quise compartirlo, como forma de hacerle justicia a esas madres y a esos hijos, tan invisibilizados como yo. La respuesta fue un silencio atronador. Al parecer, yo había pisoteado el paraíso estereotipado de la maternidad de portada de revista. Ahí me di cuenta del atraso cultural de esas y muchas señoras. Y desde entonces, créeme, me respeto mucho más. Y hasta me autoricé a decirme, yo misma, feliz día, Claudia. Saludos.

      1. FELIZ DIA
        Soy tu madre

        EL texto que comenta Pitch.

        Por Santiago Loza
        Soy tu madre y me traés una porquería de arcilla y dedos, pintado de colores en forma de cenicero y yo, habiendo dejado de fumar, con todo lo que me cuesta. Soy tu madre y me hacés estos regalos inútiles y tengo que hacer la que me alegro, y festejar que al nene se le ocurrió un mundo colorido y anduvo pintando las paredes de su cuarto y quiere usar calzado colorado porque vio una película de una bailarina con zapatitos mágicos que, al ponerlos, no paraba de girar. Soy tu madre y te crié como dios y la virgen mandan, fuerte y derecho, y no me vengas con que no vas a jugar a la pelota con los otros chicos porque es el único momento que me quedo sola y en silencio. Soy tu madre y ahora mismo te das un baño y te lavás lo que creas necesario, si querés te refriego el pelo, ahora que tenés pelo y antes de que se haga de noche del todo. Soy tu madre y no me hagas esperarte si me decís que venís y andar por ahí media inquieta por la casa. Soy tu madre y te ando mirando por más que te alejás ahí en el parque, te miro de reojo, como juntás piedritas y hacés un muro diminuto, especie de trinchera para esconderte de mí. Yo te miro. Soy tu madre. Te miro aunque creas que no estoy. Soy tu madre.

        No tengo la culpa de tener esta letra torcida. De chiquito me incliné. O amanecí así, para este lado. Soy tu hijo, vine de tus adentros. Te regalé, sucesivamente con los años, un cenicero que hice con mis manos. Una tarjeta blanca que decía feliz día y la huella de la palma de mi mano marcada en témpera verde. Un portalápices hecho con un tarrito de arvejas y un hilo sisal que lo envolvía. Una medalla de la virgen de Luján que nunca usaste, con lo devota que sos. Un pareo de flores grandes que me parecía divino. Un collarcito que me vendió un artesano moreno, de rastas y musculosa exhibidora de tatuajes marinos en los torneados brazos, en una playa del sur de Brasil. Un libro que nunca leíste. Una blusa de seda que no te quedó bien. Un perfume que tenía un olor que te mareaba. Te regalé además disgustos varios. Soy tu hijo, el de la letra torcida y la gran introspección.

        Yo que te di todo y vos me traías porquerías. No hablo sólo de regalos. Me faltan los dedos de mis manos para enumerar todo lo que se podía esperar de vos. Soy tu madre, estoy al borde de vos mismo. Siempre anduve cerca cuando vos me querías alejar. Yo me agachaba en tu cuna y rozaba con mi mano tu nariz cuando dormías para comprobar que seguías vivo.

        Soy tu madre y, ahora que te has ido, cada tanto te pienso, a veces con bronca, para que mentirnos y otras con nostalgia. ¿Te cuidás? ¿Seguís siendo alguien tan solo? No me cuentes, no quiero ni me interesa saberlo. ¿Comés bien y variado? ¿Tomás todos tus remedios? Sabés que si algo pase, ahí en tu desgracia, con los brazos más que abiertos estará tu madre. Y así apretado en un abrazo te hundiré hasta el fondo de mi misma para que no salgas más.

        Cuando estés roto y triste, venís conmigo. Yo voy a estar en todos los finales. Como estuve al principio, por los siglos de los siglos. Soy tu madre.

        Con esta letra torcida daré uno y más rodeos para contarte. Con esta letra a punto de caer te mando saludos desde lejos. Te dejo mis regalos toscos. Te mando señales telepáticas. Tuve vidas paralelas, me volví loco, escribí, me mudé mil veces, viajé un poco, conocí gente, tuve amores y amigos y, siempre, les hablé de vos. Como una condena, fuiste tema recurrente. Como el agua que se filtra en las paredes, anduviste por mi vida sin que lo pueda evitar. Te descubrí una mañana en otro continente, a la vuelta de una calle demasiado angosta, oí tu voz y me di vuelta y supe que tu voz venía de adentro.

        Y te imaginé vencida, quieta, detestable, amable, cariñosa, fría, distante, pegajosa y te quise odiar mientras te seguía queriendo.

        Yo tu madre, me saludo en este día, inventado para que me regales algún electrodoméstico en cuotas que va a quedar en un rincón de la cocina con poco uso y con una luz media reflejando en los azulejos y con desgano prepararé una comida rápida que nos saque del paso y hablaremos un poco de pavadas y después haremos silencio y te miraré sin decirte lo mucho que has crecido, casi no te reconozco, no sé bien quién sos, ni a qué has venido, pero tu mirada me calma. Estoy vieja y algo sorda y veo poco, pero tu presencia me hace bien. Se agradece. Después te abro la puerta, y que te vaya bien, volvé cuando quieras o puedas, esta es tu casa. Me olvidaba, soy tu madre.

      2. Gracias, Nilda, viniendo de vos, el saludo duplica (y gracias también a santiago loza por tan sentido texto, al que vos le hiciste mayor justicia todavía). Saludos cordialísimos.

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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