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seguridad del subte llevando detenido a un vendedor de pañuelos. Un caso testigo.


el pendejo flaquisimo vendía pañuelos carilina. Todos le compramos pañuelos a los vendedores. También nos fumamos los nenes de cuatro años que cantan canciones muy fuertes, los de la libretita minúscula con la birome , los chicles dieteticos.
Los viajeros de subte convivimos con los vendedores ambulantes y nos hinchan las bolas. Después pensamos que en un contexto de falta de trabajo legítimo, en blanco y con papeles, el tipo se gana el guiso. Ayer en la estación lanus pensaba en un tipo de 45 años repartiendo papelitos ¿no habrá nada mejor? Seguro que no, sino no haría ese laburo.

La cuestion es que no era chorro, no había apoyado a una mina. Nada, vendía pañuelos. Y viene la caballería -que son los seguridad- y se lo quieren llevar. Parece (eso no se ve) que el flaco se retoba: Le dice “ud. vende pañuelos”. Claro, en un pais donde el padre del presidente se mofa del Estado debiendo pilas de millones de dolares y ya me cansé de leer las matufias del mejor equipo de los ultimos cincuenta años, vender pañuelos  en el subte parece nada.

Acá los pasajeros reaccionaron para el lado del bien. Se le pararon de manos, me alivio verlo. Juntos somos mas. Pero también están los otros, la tensión social de corta con un cuchillo. Los otros como la mujer esa de cronica a la que asaltaron en su casa y decía “maría eugenia, tenes que reprimir mas, señor presidente, reprima, reprima” y lo repetía en loop. Coronó su decir con “yo pienso como baby etchecopar”, con lo cual, creeme, era una pelotuda importante.

No escribo este blog porque me supera la realidad, la realidad me envaina como un capullo siniestro de película de terror barata.
Me hace todo mal. engordo, no puedo escribir un poema como la gente, salgo a la calle con las tetas caídas sin corpiño, no me tiño el pelo, si sigo así terminaré siendo una clocharde y vendiendo subrepticiamente pañuelos en el subte.