Mi contribución a la solidaridad de género es hablar de la vasectomía.


Un año y medio sin que nadie solicite una vasectomía en el Argerich? Y vos? queres seguir teniendo hijos?  Y si no, por que no evaluas entre las cosas posibles hacerte una vasectomía. Hacerlo es tener los huevos bien puestos. Leete este articulo de Cosecha Roja y después me contás

 

Mi vasectomía

Pocos hombres saben que la vasectomía -la operación de esterilización masculina- es gratuita en Argentina. Pablo Solana enfrentó miedos y fantasmas que anunciaban el fin de su virilidad, fue a un hospital público y se esterilizó.  Aquí cuenta su experiencia, que algunas activistas definen como “un modo generoso de promover relaciones no machistas y menos sexistas”.

Pablo Solana.-

Cuando Ramiro me contó que no iba a tomar cerveza esa noche porque se había hecho una vasectomía el día anterior, tardé en reaccionar. Era la primera persona que conocía que se había sometido a esa operación. Me descolocó, además, notar que se había operado apenas un día antes y ahí andaba, de acá para allá. Ramiro, un pelao de origen popular, había asumido esa decisión a los 27 años. Aquí en Colombia esto debe ser de lo más natural, pensé.

“Ni pienso traer hijos a este mundo”, dijo aquella vez. “Prefiero tirar sin complicaciones”. La decisión, explicada de forma tan clara y sencilla como él lo había hecho, era demasiado sensata, difícil de discutir. ¿Por qué, entonces, me resultaba sorprendente? Le di vueltas al asunto durante mucho tiempo. Hasta que me decidí.

Para mí debería ser más fácil, me dije: tengo 45 años -algunos menos cuando empecé a pensar el tema- y dos hermosos hijos, uno en la secundaria y otro en la universidad. Las complicaciones sobre crianzas y distancias van por otro carril, pero la incertidumbre la puedo despejar sin mayor duda: ya no necesito “experimentar” la paternidad, ni deseo volver a ser papá, aunque esa haya sido la vivencia más enriquecedora de mi vida. Sí, en cambio, podía identificarme con Ramiro en aquello de “tirar –cojer, en argentino– sin complicaciones”. Eso siempre resulta una buena motivación.

¿Por qué, entonces, la duda persistente durante años, el temor inconsciente, la falta de decisión? No sin pudor, debo mencionar algunas vicisitudes de mi sexualidad. Por ejemplo, un embarazo no deseado de una compañera a quien intenté apoyar –como pude, respetando distancias, padeciendo impotencias– en la realización de un aborto. Después de esa situación difícil, sobre todo para ella, me dije: no quiero volver a ser parte de eso.

Más pilas con los métodos anticonceptivos, entonces. Lo habitual en una pareja son las pastillas para la mujer. O el DIU (para ella). O el diafragma (para ella, otra vez). Como me dijeron algunos amigos a quienes les había comentado la idea de la vasectomía: “¿Estás seguro? Si para la mujer es más fácil cuidarse”. Hasta la enfermera que recibió mis análisis intentó desalentarme con el mismo argumento. Está naturalizado que es cómoda la solución de que “se cuide” la mujer. Aunque su organismo deba tolerar las consecuencias corporales de la ingesta crónica de píldoras. Aunque tal vez ella no quiera, porque puede suceder que, simplemente, no esté dispuesta a ver alterado su ciclo hormonal cada mes.

Entonces, más allá de lo naturalizado que está, ya no suena tan “cómoda” esa opción. ¿Parecen argumentos sencillos, de peso, cierto? Pocas veces se problematiza esto en la pareja, y la anticoncepción femenina, aún con sus padecimientos, resulta la respuesta más extendida y habitual.

Llegado a este punto, ya estaba convencido. Había despejado algunas barreras. Pero faltan otras. Temores inconscientes, irracionales, arraigados en prejuicios en torno a las ideas de masculinidad y “virilidad” que guían nuestra cultura y en las que nos formaron/formamos, que aún –esta nota es parte de ello– busco superar. Es un ejercicio liberador, después de todo. Pero antes de contarles sobre eso, veamos:

¿Por qué se conoce poco y se practica menos?

Pueden hacer la prueba que yo hice en febrero de 2017 en Argentina: googleen “vasectomía hospital público”. Si bien hay una ley que garantiza su realización y gratuidad, aun hoy (abril de 2017) los dos primeros resultados son de información genérica, científica, y el tercero remite al Hospital de Clínicas… de Asunción del Paraguay. Hay que hurgar mucho para dar con la información precisa sobre dónde dirigirse. De hecho, tuve que resolver mi inquietud de otro modo, consultando a un enfermero amigo. El hospital Argerich, donde me operé, es uno de los más concurridos del sistema público de salud de Argentina y cuenta con un plantel médico destacado en el departamento de Urología. Pero, según los médicos que me atendieron, mi caso rompió una racha de más de un año y medio sin que algún varón solicitara la operación.

¿Por qué no hay información más clara? Parafraseando a Séneca: veamos a quién puede beneficiar el “crimen” de la desinformación sobre un recurso tan elemental de salud pública, para dar con el responsable. Siguiendo las huellas del silencio nos encontramos con un actor de peso que se opuso sistemáticamente a la aprobación de esas leyes en los distintos países: la Iglesia.

“Hay una relación dialéctica entre la falta de información, en este caso de los varones sobre la vasectomía, y el control patriarcal sobre los cuerpos de las mujeres, son caras de una misma moneda”, me dice Luciano Fabbri, precursor en Argentina de los espacios de varones antipatriarcales. “La promoción de la vasectomía no solo supondría garantizar un derecho sexual y reproductivo de los varones, sino también menos medicalización y menos custodia de la sexualidad de las mujeres”, agrega.

Fabián participa del Colectivo de Varones Desobedientes , en el oeste del Gran Buenos Aires. Le cuento, y me cuenta: “Hace un año hicimos un taller en el que tratamos de cuestionarnos, desde una perspectiva de género, la salud sexual y reproductiva en nuestras relaciones de pareja. Ahí me di cuenta que los varones no solemos cuidar la salud de nuestros cuerpos; seguramente es un mandato patriarcal que naturaliza que los cuerpos de los varones no necesitan cuidados. Hablando con las compañeras uno dimensiona el martirio que pasan ellas: un pap y una colpo anual, que, podría decirse, degradan la intimidad corporal; exámenes anuales de mama; visita cada seis meses, sino más seguido, al ginecólogo. En cambio, yo en mi vida había ido a un urólogo, y eso que mi vieja es enfermera y mi viejo farmacéutico. Se ve que para los varones el control médico del cuerpo es algo que demanda mucho esfuerzo admitir”.

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Quirófano y después (o el fetichismo de la virilidad)

Quirófano: camilla, yo semidesnudo, doctores y doctoras, asepsia, luces blancas y ese olor especial de las salas de operaciones que uno no conoce de ningún lado, pero asocia con las series hospitalarias de TV o con Doctor House. Hasta ese entonces no sabía que la anestesia sería la peridural, la misma que se aplica a las mujeres en el parto. Tampoco supe qué pasó después, porque no recuerdo nada de nada de la operación, creo que no llegué a ver ni el bisturí. ¿Me anestesiaron más allá de la peridural? ¿O la pérdida de consciencia fue una reacción de mi sistema nervioso ante la situación?

Recuerdo un estado parecido de desmayo cuando Juan, el primero de mis hijos, estaba por nacer y se demoraba –y finalmente fue cesárea– y yo no pude soportar despierto toda esa espera. Al igual que entonces, esta vez, ya en la mesa de operaciones, me apagué, no supe más. Desperté ya de regreso, al rato, cuando me movieron a la cama de la habitación, en el tumultuoso séptimo piso de Urología del hospital. Desperté contento, seguramente dolorido -sinceramente no recuerdo-, aunque más que eso, abombado y excitado por igual. Hasta ahí, todo era felicidad.

Yo ya sabía que la recuperación suele ser sencilla, no requiere más que algo de reposo durante los primeros días. La tasa de efectividad es diez veces mayor a la de ligadura de trompas. La actividad sexual posterior a la operación es absolutamente normal. No hay motivo para pensar en algún tipo de disminución del goce, sino todo lo contrario: el alivio que provoca la seguridad anticonceptiva bien puede ser un aliciente para relaciones más despreocupadas. ¿Entonces?

Uno puede hacerse el superado, pero es un hecho que en medio de todo esto están los genitales, fuente de toda “razón” masculina. Y yo, al menos por ahora me asumo heterosexual. “A nadie le gusta que le toquen los huevos”, me dijo, simulando una broma, un amigo por aquellos días previos a la operación. No fue una opinión sobre sus gustos o juegos sexuales, sino una sentencia de rechazo a que te toquen “ahí”, te agarren de las bolas, podría haber dicho: te condicionen los genitales, intervengan en tu “virilidad”.

“Quedate tranquilo que esto no afecta la erección ni al semen”, fue lo primero que me había explicado el urólogo, respondiendo –sin que le hubiera preguntado– al que, seguramente, sea el interrogante más habitual. Y claro, uno podría decir, porque es políticamente correcto: “Ni una erección ni una eyaculación definen mis seguridades ni condicionan mi personalidad”. Ok, lo hemos dicho en alguna (más de una) ocasión de flacidez circunstancial. Pero otra cosa es que te operen los genitales y entonces, si bien todo es sencillo y rápido y no suele haber complicaciones, hay una operación ahí –en las bolas, precisamente–, hay una posibilidad (ínfima) de que salga mal, hay un riesgo (como en cualquier intervención quirúrgica) de infección o de lo que sea. Aunque científica y matemáticamente improbable, cobra todo el peso de nuestro inconsciente patriarcal la posibilidad de que la operación, y por lo tanto las funciones “viriles” asociadas, puedan quedar mal.

En la primera versión de esta nota me había apresurado a afirmar: “La ligadura de conductos no afecta los testículos ni la producción de hormonas. Por lo tanto, la asociación fertilidad-virilidad es un mito machista que ya es hora de erradicar”. Esa información es precisa, aunque la deducción respecto al machismo y la virilidad, poco feliz. Para esta nota hice consultas y pedí opiniones a compañeros y compañeras que respeto y sé que saben. Me ayudaron a aproximarme a la raíz de esos temores “irracionales” surgidos con la operación. Creo haber entendido que no solo es machista la asociación fertilidad-virilidad (o sea, la suposición de que la falta de espermatozoides en el semen pueda tener algo que ver con la calidad de este o de la erección). Aún sin ese temor, lo que resulta machista, además, es la idea fetichizada (exacerbada, sobredimensionada) de virilidad.

“La exaltación de los valores masculinos tiene su tenebrosa contrapartida en los miedos y las angustias que suscita la feminidad”, explica Pierre Bourdieu en su libro La dominación masculina, de 1998. Allí desarrolla un cuestionamiento a la virilidad que, “entendida como capacidad reproductora, sexual y social (…), es fundamentalmente una carga” para el varón; la relaciona con los juegos de fuerza masculinos, la competitividad, pero también la violencia como forma de reconocimiento de pertenencia al grupo de los “hombres auténticos” y, yendo más allá, a la violación como reafirmación ante otros hombres, ante el “grupo viril”. Aunque parezca exagerado, creo que resulta necesario poner el tema en cuestión; hay, en ese cuestionamiento, una búsqueda necesaria. Planteada como reaseguro último y temeroso de nuestra masculinidad, la noción de virilidad sí amerita ser problematizada.

Bienvenido entonces que “nos toquen los huevos”, que perdamos temores, que ganemos seguridades más allá de los órganos “viriles” con o sin vasectomizar.

Razonarlo, decirlo, puede ser un buen primer paso para perforar la espesa capa de desconocimientos y desconfianzas que hay sobre el tema. Poner el cuerpo resulta, entonces, el paso que sigue.

Soy consciente que arrastro una formación machista que, sólo con los años y gracias a valiosas y combativas compañeras que tuve el privilegio de tener cerca, pude problematizar, aunque no necesariamente superar. No creo que esto me exima de errores pasados o incluso de la reproducción –más o menos consciente– de privilegios actuales. En el Frente Popular Darío Santillán, organización popular en la que milité en Argentina, las mujeres impusieron un trabajo de género pionero por su claridad, su composición popular y su decisión de interpelarnos a los varones sin medias tintas. Me costó entonces –me reconozco como uno de los que refunfuñó más de lo que ahora me gustaría asumir–, pero con el tiempo desarrollé la más sincera admiración y agradecimiento por las compañeras y por aquellas luchas que (nos) dieron.

La activista trans chilena Lucha Venegas propone entender la vasectomía como “un modo generoso de promover relaciones no machistas y menos sexistas, una política pública económica y promotora de vida, de buena vida, que evita millones de abortos, que no hace peligrar la vida de las mujeres con embarazos no deseados”. Cuenta que en Chile están promoviendo el tema en colegios y en talleres con mujeres y hombres “a quienes enseñamos a realizarse la vasectomía y usar el misoprostol”, como parte de “una política pública feminista de educación sexual que evita abortos y promueve el placer”.

En mi caso, el susto me apareció con los días, aunque no tenía evidencias racionales de que las cosas no estuvieran en su lugar. ¿Y si algo salió mal?, comencé a preguntarme, mientras canalizaba mis miedos pretendiéndome despreocupado, pero abusando del hielo para desinflamar; revisándome con más frecuencia de lo aconsejable con temerosa obsesión; dudando si la juventud del doctor a cargo de la operación, más allá de todo lo que había demostrado saber, no podría ser un factor de riesgo más. Y leyendo historias inverosímiles y desopilantes de vasectomizados arrepentidos en foros online.

– Tengo un granuloma espermático en la sutura del conducto izquierdo- le dije al doctor, cuando fui para la revisión una semana después.

Me preguntó quién me había diagnosticado eso, que por supuesto no tenía. Se enfadó un poco cuando le dije que lo había sacado de internet.

Empoderando el cuerpo, empoderandome.


Estoy trabajando en sentirme mejor. Nadie lo puede hacer por mi. Es un laburo de demolición de creencias.

Estoy trabajando en sentirme bien con mi edad. No sabemos cuanto vamos a vivir, y este es nuestro tiempo. Si estamos vivos, este es nuestro tiempo: El mio es esto: en mayo cumplo 61 y puedo hacer todo lo que tengo ganas de hacer y me de este cuerpo mio para hacer.  Deberé entender que si los demás se ponen incómodos con eso, problema de ellos, y que no se trata de hacer chistes, o pedir disculpas.  Yo tengo que reencontrarme con la belleza de esta edad, e incluso con la belleza de este cuerpo mio.

También estoy laburando en sentirme bien con este cuerpo que pone incómodos a los demás: si, estoy gorda. Lucho y vuelvo. Estoy gorda y soy bella en tanto la belleza es  inherente a la vida. No tengo que esperar a estar flaca (tal vez nunca lo esté) para apropiarme de sentirme bien con este cuerpo que pasea, que baila, que tiene sexo, un cuerpo que abraza al hijo,al compañero: Este, mi cuerpo. ¿acaso si yo te abrazo te contagiaré algo malo? ¿acaso se siente mal el abrazo?

No debera entenderse como cierta falta de pudor estas afirmaciones.  EL cuerpo es un asunto personal, pero también es un asunto político y yo aprendí a sentirme mal con él, porque tengo la mirada alienada en cierta gordofobia y fobia a la vejez construidas socialmente.  Parece que una mirada desaprobatoria atravesó mi vida, sino, no se explica.

Así que deconstruir esas miradas estigmatizantes cuesta un huevo. La primera, mi propia mirada, y no andar pidiendo disculpas porque no tengo 20 años menos (los tuve, ya pasé por ahi) o los 60 kilos que quisiera tener.

Acá una charla ted, que invito a ver.

Soy una mina en sus sesenta, soy una mina gorda, soy una mina bella. Es cuestión de cambiar de estándares, nomas.  Es cuestión de sentirse bien con lo que uno es. Después puedo bajar de peso tranquila, pero el trabajo sucio ya estará hecho.

populismo, sangre, represión. DOS ANÁLISIS. EL FILóSOFO FEINMANN DEL 1998 O EL BABY (?)


el enemigo es el otro vs. la patria es el otro, así se resume la batalla de los últimos 14 años  Juan Debandi (un tuit de recien)

Ufa, de nuevo tengo que pensar en este texto? Pero si ni siquiera soy peronista.
Repriman, repriman señor presidente gritan histéricas mujeres de mi edad, de mi clase social, con las que no tengo -quiero pensar-nada que ver.

1998 y HOY 2017 y sigue ahi, Feimann el bueno, dando cátedra. Y abajo el texto completo (las negritas son mias) de un tipo que perdió el rumbo de lo humano, alguien que va a tener que (en la hora mala) dejar que un negro le vacie el orinal, le entierre a la mujer, o le haga el pozo donde sus cenizas malditas por el odio seran polvo o nada. Porque para él todos somos negros.  Yo reivindico mi negritud de trabajadora asalariada, con el orgullo que el trabajo me supo brindar.

FEINMANN, JOSE PABLO: LA SANGRE DERRAMADA, Ensayo sobre la violencia política, Editorial Ariel, 1998, Buenos Aires

Aún no se sabe qué. Pero el mensaje es claro: “Por ahora”, dice el gobernador, “el revólver está ahí. Aún no lo empuño pero ustedes -todos ustedes- ya lo ven. Con sólo estirar mi brazo puedo empuñarlo. No me obliguen a hacerlo. No me obliguen a hacer algo que, si me obligan, haré: empuñar el revólver”. En suma: la violencia está a la mano. Lo mismo ocurre con las balas de goma. La policía de La Plata (Argentina), por ahora, utiliza balas de goma. Hace fuego sobre los manifestantes. Apunta bajo la cintura. Apunta a los genitales. Hace todo esto… pero con balas de goma. La bala de goma es una bala-advertencia. La bala de goma es como un revólver sobre el escritorio. El gobernador dice: “El revólver lo tengo allí, a la mano, en cualquier momento lo empuño y hago fuego” . Los policías de La Plata dicen: “Por ahora, las balas son de goma. Las próximas no sabemos. Depende de ustedes. Si siguen protestando, las próximas son de plomo”. Un sistema que genera desamparo y exclusión, un sistema que concentra la economía en pocas manos, en diez, doce o quince empresas (nacionales mixturadas con transnacionales o directamente transnacionales) , un sistema político sometido al poder económico ( con la escasísima visión social que la avaricia de ese poder implica), un sistema político posible de desestructurarse con sólo un mediano movimiento de capitales, un sistema político temeroso de la ira del mercado ( en manos de esas diez o doce empresas) , no parece estar en condiciones de armonizar la sociedad por medio de caminos racionales, comprensivos, incluyentes. Los otros caminos ya los conocemos. Son los viejos caminos de la violencia. y son los que el libremercadismo parece dispuesto a recorrer. 2. El concepto de crítica Tal vez sea conveniente analizar el título con que se presenta la primera parte de este libro: Crítica y Violencia. ¿Qué significa. aquí, la palabra crítica? ¿En qué sentido se utiliza? No en su sentido corriente. Crítica de la violencia no significa impugnación de la violencia. Leer el concepto de crítica como impugnación,es objeción o refutación nos conduce a la lectura trivial o cotidiana del concepto. Leer el concepto de crítica como conocimiento nos conduce a su lectura kantiana. Kant, cuando se proponía criticar la razón pura, no se proponía impugnarla sino conocerla . No es otro el fundamento del criticismo kantiano. Crítica de la razón pura es el esfuerzo por conocer sus alcances y límites. En este mismo sentido utilizó Sartre el concepto en su Crítica de la razón dialéctica. No se lanzaba a una impugnación de la razón dialéctica, sino a una búsqueda de sus fundamentos, de sus supuestos, de sus, sí, alcances y límites. Es difícil, en filosofía, no otorgarle al concepto de crítica su sentido kantiano de conocimiento de algo. Kant, antes de conocer, se proponía conocer la facultad cognoscitiva: la razón pura. Esto le valió una descarnada ironía de Hegel: Kant, decía Hegel, “no quería lanzarse al agua antes de saber nadar”.* No vamos a analizar aquí si la risotada de Hegel es justa o no. Pero aclara la cuestión de un modo bastante ameno: Kant, en efecto, quiere conocer las condiciones de posibilidad del conocimiento… antes de lanzarse a conocer. La respuesta es bastante obvia: conocer el conocimiento es ya conocer, es ya haberse lanzado al agua.* Así, desde la perspectiva kantiana del concepto, crítica de la violencia es conocimiento de la violencia. No implica una actitud valorativa. Para condenarla o para justificarla, la violencia, ante todo, debe ser conocida) deben ser analizados sus supuestos, y sus alcances y sus límites. Hay otros usos del concepto crítica que merecen ser explicitados. Sobre todo, claro, el uso que Marx le otorga en su Crítica de la filosofía del derecho de Hegel (1843). Aquí, un Marx joven y apasionado, le otorga al concepto crítica el sentido de desenmascaramiento. Es necesario, entonces, que la crítica parta de la crítica a la religión, ya que este movimiento le permitirá advertir a los hombres que sus problemas son terrenales y que terrenales deben ser las soluciones que deberán buscar. Pero, esencialmente, el concepto crítica implica aquí la noción de distanciamiento. El hombre debe distanciarse del orden de lo dado para poder establecer su libre juicio crítico sobre él. Cuando la realidad, lo fáctico, nos abruma, nos envuelve con sus mil tentáculos, no hay posibilidad alguna de crítica. La crítica es, siempre, una ruptura con el orden de lo dado. Y escribe Marx: “La crítica no es una pasión de la cabeza sino la cabeza de una pasion: no es un bisturí sino un arma. Su objeto es su enemigo, a quien no quiere refutar sino aniquilar (…) La crítica no se presenta ya como un fin en sí, sino únicamente como un medio. Su pathos esencial es la indignación, su labor esencial_.es es la denuncia”.* La crítica conduce a la praxis. Hay que distanciarse de lo fáctico para poder criticarlo, y esta crítica implica el desenmascaramiento de relaciones sociales de injusticia. Dice Marx: “Hay que hacer la opresión real aún más opresiva, agregándole la conciencia de la opresión; hay que hacer la ignominia aun más ignominiosa, publicándola”.* La crítica es, así, el supuesto de toda praxis de transformación. Porque la crítica es la conciencia de la opresión. Y si hay una manera realista y descarnada de caracterizar nuestro presente histórico es, diría, ésta: no hay conciencia de la opresión, no hay crítica. Y no la hay porque no hay distanciamiento: abrumado por el derrumbe de los horizontes históricos y aturdido por la omnipresencia de los medios de comunicación ( que no hacen sino repetir, hasta el vértigo, un solo punto de vista bajo el ropaje deslumbrante y engañoso de la pluralidad infinita) el hombre fin de milenio no puede distanciarse de nada porque vive inmerso en un torrente fáctico que anula su individualidad, que lo vuelve un ser reflejo, repetitivo, sumergido, jamás distanciado. En suma, a-crítico. Fredric Jameson suele desarrollar esta temática: afirma que, siempre, para el pensamiento libre, para el pensamiento creativo sobre la naturaleza y la política fue indispensable la ” distancia crítica”. Y escribe: “el nuevo espacio del posmodernismo ha abolido literalmente las distancias (incluida la “distancia crítica”). Nos encontramos tan inmersos en estos volúmenes asfixiantes y saturados, que nuestros cuerpos posmodernos han sido despojados de sus coordenadas espaciales y se han vuelto en la práctica (por no hablar de la teoría) impotentes para toda distanciación”.* Creo que es posible acceder a algunas iniciales conclusiones: tratamos de hacer una crítica de la violencia porque queremos conocerla, analizar sus diferentes facetas. Advertimos, simultáneamente, que la palabra crítica nos conduce al sentido que Marx le otorga: desenmascaramiento, ruptura con la dado, distanciamiento. Notamos que esta actitud no existe en la sociedad posmoderna. y más aún: que la ausencia de la actitud crítica de distanciamiento es una de las características esenciales de esta sociedad. Vivimos, entonces, en una sociedad que ha ahogado la posibilidad de la crítica. Y que la ha ahogado para establecer un orden de desmesurada exclusión. Un orden de desmesurada injusticia. La injusticia es violencia. U n orden que condena a los hombres a la marginación, el hambre y la muerte social es un orden violento. ¿Cómo luchar contra ese orden? ¿Cómo impugnarlo? ¿Con la violencia? ¿Oponiendo una violencia justa a una violencia injusta? En un breve texto sobre esta temática anota Walter Benjamin: “El significado de la distinción de la violencia en legítima e ilegítima no es evidente sin más”. Y señala -y este señalamiento es una clara advertencia- que hay que cuidarse de un gran equívoco: el de la “distinción entre violencia con fines justos e injustos”.* Como vemos, la verdadera y última pregunta acerca de esta temática puede, kantianamente, formularse así: ¿cuáles son las condiciones de posibilidad de una violencia justa? Pregunta que ha recibido muchas y terribles y sangrientas respuestas a lo largo de este violento siglo xx. De aquí que – ahora, desde nuestra actual perspectiva histórica- seamos tan cautelosos en su tratamiento. Jose Pablo Feinmann ayer.

 

Se acabó Navarro, se acabó el kirchnerismo. Empieza la realidad, la democracia. Hoy cuando encendí la tele y vi que estaban reprimiendo en la ruta 197 (la Gendarmería sacó a patadas en el orto al Partido Obrero, como bien merecido lo tienen), sentí por primera vez que cada peso de los impuestos que pago tiene valor. Quiero felicitar, aunque la insulté un año y medio, a Patricia Bullrich. Al fin se decidieron.

Cuando venía escuché a Navarro que dijo: “Esto lo hicieron para los que lo votaron”. ¡Y claro Navarro! Los que votamos a Macri no queremos más a los kirchneristas, ni a los piqueteros, ni al Partido Obrero, ni a los desestabilizadores, ni a la CGT, ni a ningún sorete de estos que viven desestabilizando a los gobiernos democráticos, como hicieron con Alfonsín, De la Rúa y Macri. Sí Navarro, ¿Todavía no te enteraste de que Cambiemos ganó por mayoría? Y es más, ¿no viste el sábado la marcha multitudinaria, sin ómnibus, sin choripán, sin prebenda, sin planes, sin plata, de gente que apoyamos a Macri?

Sí Navarro ¿Tanto les cuesta darse cuenta de que perdieron, que la gente no soporta más los piquetes, que cada palazo en el lomo de esta gente nosotros lo disfrutamos y cantamos ‘gol’ en casa? Porque estos negros nos cagaron a palazos durante doce años el auto, las posibilidades de laburar, de estudiar. ¿Pagamos impuestos para que estos negros de mierda vayan con las banderas esas del orto a cortar Panamericana?

Hoy estamos muy felices, por lo menos en lo que mí respecta, que voté a Macri. Cada vez que veía que bajaba un machete de la Policía, yo ponía el himno nacional. Es duro decir esto, es jodido, por supuesto, pero es más jodido lo que vivimos durante doce años, que nos rompieron las pelotas sistemáticamente.

Imaginate vos cómo debe estar la mujer del tipo que murió en la ambulancia que no pudo pasar por los piquetes de esos reverendos hijos de puta. Imaginate cómo debe estar el pobre tipo que iba a laburar y le mearon el auto, se lo cagaron a palazos, se lo rompieron todo… imaginate cómo debe estar la gente a la que le entraron a afanar, le violaron a las hijas, les prendieron fuego. Imaginate cómo debe estar la gente que dejó la casa 24 horas, se la tomaron y no la recuperaron más.

¡Pero sí Navarro, nosotros lo votamos! Y lo votamos no porque nos caiga simpático Macri, ni porque nos guste la ‘hechicera’, ni porque seamos felices con Antonia: lo votamos para ver esos palos. Al fin vimos los palos, al fin vimos que los están cagando a patadas en el orto. Y la movilera que mandaste, que le decía a Eugenio Burzaco: ‘¿Hacía falta reprimir?’ Sí, te lo contesto yo, sí, porque sabés qué pasa, esos alcornoques no entienden más palabras que el golpe. Porque son bestias, porque ellos se manejan con el golpe, porque cuando pasás te cagan a trompadas, te escupen y te mean, porque ese es el diálogo de ellos. No entienden diálogo.

Sí Navarro querido, compañero. Reprimieron, gracias a Dios. Los cagaron a palazos en el lomo, los corrieron como animales. Así se dan cuenta que la ruta es para pasar.

Cada vez que pase un patrullero y quede un chorro muerto al costado de la ruta ¡más votos para Macri! Porque estamos podridos. Hay una generación argentina que está podrida de las mentiras de los Kirchner, de las mentiras de Navarro, de los progres, de los populares. Estamos hartos chicos, tenemos los huevos por el piso… gracias a Dios que hoy reprimieron, porque sino iba a pasar algo peor, los camioneros en pedo van a seguir llevándose puestos manifestantes, y van a morir por culpa del Polo Obrero, de Baradel, por culpa de todos estos hijos de puta que viven instigando a la violencia.

Queremos un país pacífico, más vale un palo bien dado. Es como los chicos, un cachetazo pegado a tiempo los saca de la droga, del afano, de la calle. Un correctivo. No digamos violencia, violencia es lo que hicieron ellos, violencia es llevarse la plata de los pobres, violencia es afanarse el país, violencia es castigar a los periodistas y actores que porque no pensaban igual y no pudieron laburar, violencia es castigar a todo el mundo y tratarlos de fachos, gorilas, misóginos, eso es violencia. Esto es una pavada Navarro, es un hecho callejero. Este es el Macri que yo voté, decime facho, gorila, hijo de puta, sorete, pero yo estoy feliz. Después de 14 años, hoy es el primer día que respiro ganas de pagar los impuestos. Este es el país que yo necesitaba.

yogurt: te milito la falta de dineros


Nunca me gustó el yogurt. Mas bien, abomino de él. Pero tengo que bajar de peso desde la mitad de mi vida para acá y siempre aparece el tema “comé yogurth”

Cuando estuve en Santorini adoré el yogurth griego, era una cosa cremosa, untuosa, y rica. La cuestión es que me quedó una vocación de comer yogur rico. ¿saben uds. que hubo un luchador de Titanes en el Ring, en los primeros tiempos, que se llamaba como uno de los pocos yogures que había en los 60? Yolanka

Resultado de imagen para titanes en el ring yolanka todo esto es para explicarles que aprendí a hacer yogurt casero sin yogurtera. Y es muy facil. y les quiero dar la receta.

Porque me quedo cremoso como el griego, a pesar de que usé leche descremada.

y porque lo uso como condimento en vez de mayonesa para mojar las ensaladas, y porque me salio muy rico.

¿que se necesita? Casi nada . Un yogurt natural sin edulcorante y si queres descremado . O no. Y un litro de leche descremada . O no.
Un bowl de vidrio (yo uso una jarra de vidrio) y nada mas. Lo hago por que el yogur dahi cuesta 30 mangos y tengo que ir hasta una dietetica para conseguirlo y el Yog que hacia Sancor, y era difícil de conseguir, con la ruina de Sancor, ya no se consigue.

Mi receta

Vuelque el yogurt en un pequeño bowl y mezclelo con 1/2 taza del litro de leche que va a usar. Guardelo

Ponga al fuego el resto de la leche, pero antes de hervir, cuando empieza a hacer globitos en las paredes de la olla, apague. Espere que se enfrié un poco, hasta que pueda poner un dedo y dejarlo ahi 10 segundos sin quemarse.

Cuando pueda hacerlo, mezclele el yogurt diluido en leche y ponga el mejunje en la jarra de vidrio o en un frasco de vidrio y tapelo: Yo la jarra la tapo con un foil.

Luego envuelva esa jarra en un pulover de lana o algo, bien envuelto: Yo lo envuelvo en dos o tres repasadores y lo dejo en un lugar calido. Y me voy a dormir

A la mañana uno ya tiene la magia hecha. En la jarra estan divididos dos sectores. La cremosidad de tu yogurt y un suero que se separa. Ahora bien, podes colar todo el suero (pasando el yogurt por un lienzo que atrapara la crema y filtrara el liquido) o parte del suero. La idea es que si lo dejas muy cremoso, te rinde poco. El liquido lo hace mas fluido.  La primera vez que lo hice me quedo con consistencia de mendicreem y la segunda vez lo colé menos tiempo.
Para colarlo puse un lienzo (un repasador de trama abierta en mi caso) adentro de un colador chino. El yogurt me quedo en el lienzo y despues lo pasé a una compotera grande. El liquido se drenó.

Luego hay que guardar una tacita de yogurt para no tener que comprar otro la proxima vez que hagas yogurt. Y se duplica como los peces en el milagro.

haganlo.

 

 

 

 

 

 

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