populismo, sangre, represión. DOS ANÁLISIS. EL FILóSOFO FEINMANN DEL 1998 O EL BABY (?)

el enemigo es el otro vs. la patria es el otro, así se resume la batalla de los últimos 14 años  Juan Debandi (un tuit de recien)

Ufa, de nuevo tengo que pensar en este texto? Pero si ni siquiera soy peronista.
Repriman, repriman señor presidente gritan histéricas mujeres de mi edad, de mi clase social, con las que no tengo -quiero pensar-nada que ver.

1998 y HOY 2017 y sigue ahi, Feimann el bueno, dando cátedra. Y abajo el texto completo (las negritas son mias) de un tipo que perdió el rumbo de lo humano, alguien que va a tener que (en la hora mala) dejar que un negro le vacie el orinal, le entierre a la mujer, o le haga el pozo donde sus cenizas malditas por el odio seran polvo o nada. Porque para él todos somos negros.  Yo reivindico mi negritud de trabajadora asalariada, con el orgullo que el trabajo me supo brindar.

FEINMANN, JOSE PABLO: LA SANGRE DERRAMADA, Ensayo sobre la violencia política, Editorial Ariel, 1998, Buenos Aires

Aún no se sabe qué. Pero el mensaje es claro: “Por ahora”, dice el gobernador, “el revólver está ahí. Aún no lo empuño pero ustedes -todos ustedes- ya lo ven. Con sólo estirar mi brazo puedo empuñarlo. No me obliguen a hacerlo. No me obliguen a hacer algo que, si me obligan, haré: empuñar el revólver”. En suma: la violencia está a la mano. Lo mismo ocurre con las balas de goma. La policía de La Plata (Argentina), por ahora, utiliza balas de goma. Hace fuego sobre los manifestantes. Apunta bajo la cintura. Apunta a los genitales. Hace todo esto… pero con balas de goma. La bala de goma es una bala-advertencia. La bala de goma es como un revólver sobre el escritorio. El gobernador dice: “El revólver lo tengo allí, a la mano, en cualquier momento lo empuño y hago fuego” . Los policías de La Plata dicen: “Por ahora, las balas son de goma. Las próximas no sabemos. Depende de ustedes. Si siguen protestando, las próximas son de plomo”. Un sistema que genera desamparo y exclusión, un sistema que concentra la economía en pocas manos, en diez, doce o quince empresas (nacionales mixturadas con transnacionales o directamente transnacionales) , un sistema político sometido al poder económico ( con la escasísima visión social que la avaricia de ese poder implica), un sistema político posible de desestructurarse con sólo un mediano movimiento de capitales, un sistema político temeroso de la ira del mercado ( en manos de esas diez o doce empresas) , no parece estar en condiciones de armonizar la sociedad por medio de caminos racionales, comprensivos, incluyentes. Los otros caminos ya los conocemos. Son los viejos caminos de la violencia. y son los que el libremercadismo parece dispuesto a recorrer. 2. El concepto de crítica Tal vez sea conveniente analizar el título con que se presenta la primera parte de este libro: Crítica y Violencia. ¿Qué significa. aquí, la palabra crítica? ¿En qué sentido se utiliza? No en su sentido corriente. Crítica de la violencia no significa impugnación de la violencia. Leer el concepto de crítica como impugnación,es objeción o refutación nos conduce a la lectura trivial o cotidiana del concepto. Leer el concepto de crítica como conocimiento nos conduce a su lectura kantiana. Kant, cuando se proponía criticar la razón pura, no se proponía impugnarla sino conocerla . No es otro el fundamento del criticismo kantiano. Crítica de la razón pura es el esfuerzo por conocer sus alcances y límites. En este mismo sentido utilizó Sartre el concepto en su Crítica de la razón dialéctica. No se lanzaba a una impugnación de la razón dialéctica, sino a una búsqueda de sus fundamentos, de sus supuestos, de sus, sí, alcances y límites. Es difícil, en filosofía, no otorgarle al concepto de crítica su sentido kantiano de conocimiento de algo. Kant, antes de conocer, se proponía conocer la facultad cognoscitiva: la razón pura. Esto le valió una descarnada ironía de Hegel: Kant, decía Hegel, “no quería lanzarse al agua antes de saber nadar”.* No vamos a analizar aquí si la risotada de Hegel es justa o no. Pero aclara la cuestión de un modo bastante ameno: Kant, en efecto, quiere conocer las condiciones de posibilidad del conocimiento… antes de lanzarse a conocer. La respuesta es bastante obvia: conocer el conocimiento es ya conocer, es ya haberse lanzado al agua.* Así, desde la perspectiva kantiana del concepto, crítica de la violencia es conocimiento de la violencia. No implica una actitud valorativa. Para condenarla o para justificarla, la violencia, ante todo, debe ser conocida) deben ser analizados sus supuestos, y sus alcances y sus límites. Hay otros usos del concepto crítica que merecen ser explicitados. Sobre todo, claro, el uso que Marx le otorga en su Crítica de la filosofía del derecho de Hegel (1843). Aquí, un Marx joven y apasionado, le otorga al concepto crítica el sentido de desenmascaramiento. Es necesario, entonces, que la crítica parta de la crítica a la religión, ya que este movimiento le permitirá advertir a los hombres que sus problemas son terrenales y que terrenales deben ser las soluciones que deberán buscar. Pero, esencialmente, el concepto crítica implica aquí la noción de distanciamiento. El hombre debe distanciarse del orden de lo dado para poder establecer su libre juicio crítico sobre él. Cuando la realidad, lo fáctico, nos abruma, nos envuelve con sus mil tentáculos, no hay posibilidad alguna de crítica. La crítica es, siempre, una ruptura con el orden de lo dado. Y escribe Marx: “La crítica no es una pasión de la cabeza sino la cabeza de una pasion: no es un bisturí sino un arma. Su objeto es su enemigo, a quien no quiere refutar sino aniquilar (…) La crítica no se presenta ya como un fin en sí, sino únicamente como un medio. Su pathos esencial es la indignación, su labor esencial_.es es la denuncia”.* La crítica conduce a la praxis. Hay que distanciarse de lo fáctico para poder criticarlo, y esta crítica implica el desenmascaramiento de relaciones sociales de injusticia. Dice Marx: “Hay que hacer la opresión real aún más opresiva, agregándole la conciencia de la opresión; hay que hacer la ignominia aun más ignominiosa, publicándola”.* La crítica es, así, el supuesto de toda praxis de transformación. Porque la crítica es la conciencia de la opresión. Y si hay una manera realista y descarnada de caracterizar nuestro presente histórico es, diría, ésta: no hay conciencia de la opresión, no hay crítica. Y no la hay porque no hay distanciamiento: abrumado por el derrumbe de los horizontes históricos y aturdido por la omnipresencia de los medios de comunicación ( que no hacen sino repetir, hasta el vértigo, un solo punto de vista bajo el ropaje deslumbrante y engañoso de la pluralidad infinita) el hombre fin de milenio no puede distanciarse de nada porque vive inmerso en un torrente fáctico que anula su individualidad, que lo vuelve un ser reflejo, repetitivo, sumergido, jamás distanciado. En suma, a-crítico. Fredric Jameson suele desarrollar esta temática: afirma que, siempre, para el pensamiento libre, para el pensamiento creativo sobre la naturaleza y la política fue indispensable la ” distancia crítica”. Y escribe: “el nuevo espacio del posmodernismo ha abolido literalmente las distancias (incluida la “distancia crítica”). Nos encontramos tan inmersos en estos volúmenes asfixiantes y saturados, que nuestros cuerpos posmodernos han sido despojados de sus coordenadas espaciales y se han vuelto en la práctica (por no hablar de la teoría) impotentes para toda distanciación”.* Creo que es posible acceder a algunas iniciales conclusiones: tratamos de hacer una crítica de la violencia porque queremos conocerla, analizar sus diferentes facetas. Advertimos, simultáneamente, que la palabra crítica nos conduce al sentido que Marx le otorga: desenmascaramiento, ruptura con la dado, distanciamiento. Notamos que esta actitud no existe en la sociedad posmoderna. y más aún: que la ausencia de la actitud crítica de distanciamiento es una de las características esenciales de esta sociedad. Vivimos, entonces, en una sociedad que ha ahogado la posibilidad de la crítica. Y que la ha ahogado para establecer un orden de desmesurada exclusión. Un orden de desmesurada injusticia. La injusticia es violencia. U n orden que condena a los hombres a la marginación, el hambre y la muerte social es un orden violento. ¿Cómo luchar contra ese orden? ¿Cómo impugnarlo? ¿Con la violencia? ¿Oponiendo una violencia justa a una violencia injusta? En un breve texto sobre esta temática anota Walter Benjamin: “El significado de la distinción de la violencia en legítima e ilegítima no es evidente sin más”. Y señala -y este señalamiento es una clara advertencia- que hay que cuidarse de un gran equívoco: el de la “distinción entre violencia con fines justos e injustos”.* Como vemos, la verdadera y última pregunta acerca de esta temática puede, kantianamente, formularse así: ¿cuáles son las condiciones de posibilidad de una violencia justa? Pregunta que ha recibido muchas y terribles y sangrientas respuestas a lo largo de este violento siglo xx. De aquí que – ahora, desde nuestra actual perspectiva histórica- seamos tan cautelosos en su tratamiento. Jose Pablo Feinmann ayer.

 

Se acabó Navarro, se acabó el kirchnerismo. Empieza la realidad, la democracia. Hoy cuando encendí la tele y vi que estaban reprimiendo en la ruta 197 (la Gendarmería sacó a patadas en el orto al Partido Obrero, como bien merecido lo tienen), sentí por primera vez que cada peso de los impuestos que pago tiene valor. Quiero felicitar, aunque la insulté un año y medio, a Patricia Bullrich. Al fin se decidieron.

Cuando venía escuché a Navarro que dijo: “Esto lo hicieron para los que lo votaron”. ¡Y claro Navarro! Los que votamos a Macri no queremos más a los kirchneristas, ni a los piqueteros, ni al Partido Obrero, ni a los desestabilizadores, ni a la CGT, ni a ningún sorete de estos que viven desestabilizando a los gobiernos democráticos, como hicieron con Alfonsín, De la Rúa y Macri. Sí Navarro, ¿Todavía no te enteraste de que Cambiemos ganó por mayoría? Y es más, ¿no viste el sábado la marcha multitudinaria, sin ómnibus, sin choripán, sin prebenda, sin planes, sin plata, de gente que apoyamos a Macri?

Sí Navarro ¿Tanto les cuesta darse cuenta de que perdieron, que la gente no soporta más los piquetes, que cada palazo en el lomo de esta gente nosotros lo disfrutamos y cantamos ‘gol’ en casa? Porque estos negros nos cagaron a palazos durante doce años el auto, las posibilidades de laburar, de estudiar. ¿Pagamos impuestos para que estos negros de mierda vayan con las banderas esas del orto a cortar Panamericana?

Hoy estamos muy felices, por lo menos en lo que mí respecta, que voté a Macri. Cada vez que veía que bajaba un machete de la Policía, yo ponía el himno nacional. Es duro decir esto, es jodido, por supuesto, pero es más jodido lo que vivimos durante doce años, que nos rompieron las pelotas sistemáticamente.

Imaginate vos cómo debe estar la mujer del tipo que murió en la ambulancia que no pudo pasar por los piquetes de esos reverendos hijos de puta. Imaginate cómo debe estar el pobre tipo que iba a laburar y le mearon el auto, se lo cagaron a palazos, se lo rompieron todo… imaginate cómo debe estar la gente a la que le entraron a afanar, le violaron a las hijas, les prendieron fuego. Imaginate cómo debe estar la gente que dejó la casa 24 horas, se la tomaron y no la recuperaron más.

¡Pero sí Navarro, nosotros lo votamos! Y lo votamos no porque nos caiga simpático Macri, ni porque nos guste la ‘hechicera’, ni porque seamos felices con Antonia: lo votamos para ver esos palos. Al fin vimos los palos, al fin vimos que los están cagando a patadas en el orto. Y la movilera que mandaste, que le decía a Eugenio Burzaco: ‘¿Hacía falta reprimir?’ Sí, te lo contesto yo, sí, porque sabés qué pasa, esos alcornoques no entienden más palabras que el golpe. Porque son bestias, porque ellos se manejan con el golpe, porque cuando pasás te cagan a trompadas, te escupen y te mean, porque ese es el diálogo de ellos. No entienden diálogo.

Sí Navarro querido, compañero. Reprimieron, gracias a Dios. Los cagaron a palazos en el lomo, los corrieron como animales. Así se dan cuenta que la ruta es para pasar.

Cada vez que pase un patrullero y quede un chorro muerto al costado de la ruta ¡más votos para Macri! Porque estamos podridos. Hay una generación argentina que está podrida de las mentiras de los Kirchner, de las mentiras de Navarro, de los progres, de los populares. Estamos hartos chicos, tenemos los huevos por el piso… gracias a Dios que hoy reprimieron, porque sino iba a pasar algo peor, los camioneros en pedo van a seguir llevándose puestos manifestantes, y van a morir por culpa del Polo Obrero, de Baradel, por culpa de todos estos hijos de puta que viven instigando a la violencia.

Queremos un país pacífico, más vale un palo bien dado. Es como los chicos, un cachetazo pegado a tiempo los saca de la droga, del afano, de la calle. Un correctivo. No digamos violencia, violencia es lo que hicieron ellos, violencia es llevarse la plata de los pobres, violencia es afanarse el país, violencia es castigar a los periodistas y actores que porque no pensaban igual y no pudieron laburar, violencia es castigar a todo el mundo y tratarlos de fachos, gorilas, misóginos, eso es violencia. Esto es una pavada Navarro, es un hecho callejero. Este es el Macri que yo voté, decime facho, gorila, hijo de puta, sorete, pero yo estoy feliz. Después de 14 años, hoy es el primer día que respiro ganas de pagar los impuestos. Este es el país que yo necesitaba.

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5 thoughts on “populismo, sangre, represión. DOS ANÁLISIS. EL FILóSOFO FEINMANN DEL 1998 O EL BABY (?)

  1. Nos quedamos en la era de la hijaputez gracias a elementos “tan patrióticos” y serviles como el barbudito indignado que hoy le da rienda suelta a su profunda crapulencia e ignorancia supina.
    Es un mencho con autoridad, prefabricada y facha, munido de gigantescas glándulas salivales para lubricar y lamer hasta el orgasmo botas y látigos opresores que calzan justo con su cosmovisión de insecto ponzonioso.
    Es irrecuperable.
    Entre esa mierda y yo, hay un abismo insalvable.

  2. Y pensar que al otro Feimann le decían el Feimann malo. Según lo segundo que incluís, parece no haber tanta diferencia entre los dos.
    Que cambio tan marcado. Me recuerda películas como La invasión de los usurpadores de cuerpos. Película con personajes que cambian su comportamiento, se vuelven fríos, insensibles. Película que ha tenido interpretaciones políticas.

    El lado positivo es que han recuperado vigencias canciones del rock argentino. Como Represión, de Los Violadores.

    Y en una de esas canciones, como esta.

    1. por ahi no quedó claro. El primero es feinman el bueno y el segundo el pelotudo del baby etchecopar.
      Demiurgo Leo: no sabes el gusto que me dio volver a escuchar esa canción; me gustó tanto que hasta la puse en el fb y en el tw. Ni la recordaba: es hermosa.

si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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