textos de otros·zurdaje

el cuento de por que Osvaldo Bayer estaba enojado con Cortazar. Un post que calienta el fuego del dia de los derechos humanos, que ya saben, es el viernes.



Me parece que en estas pampas el tipo que encarna una vida entera por los derechos humanos es el aleman Osvaldo Bayer. Y aca Bayer haciendo planes como los de Erdosain, salvo que la clave no era canalla.

Reportaje a Osvaldo Bayer, por P.M. Giacobbe y D.A. Bello, en http://pages.citebite.com/g2v3l4p8w0xci )Recién mencionó a Soriano y leí en un libro, de distintas entrevistas y publicaciones que él hizo, que menciona una discusión que usted tuvo con Cortazar. ¿Cómo fue eso?-.

           -Yo a Cortázar lo quiero muchísimo. Fue un gran tipo, muy sensible, pero nos falló en el proyecto de mi vida. Yo hice un proyecto en el año 1982, cuando Videla da el poder a Viola, porque Sábato,  y todos, no decía los exiliados, decía “los que se escaparon”. Yo no me escapé, yo salvé mi vida yéndome, pero no me escapé. Y cuando llegué comencé a luchar. No es que empecé a ganar dinero ni nada por estilo, me la pasé luchando por los desaparecidos, denunciando todos los hechos. Igual que Cortázar, que se portó muy bien en ese sentido.
          Entonces, para ir con todos estos tipos y demostrarles que no éramos cobardes, yo hablé con la iglesia evangélica alemana y les pregunté si ellos nos podían solventar un avión para volver a Argentina. Yo pensé lo siguiente: De volver principalmente las figuras conocidas;  si volvíamos con gente de la lucha no iban a decir “¡Viste!, éstos personajes se esconden y todo lo demás.” Entonces, volver los tipos más conocidos del exilio argentino.
           Para lo cual, empecé a hablar con García Márquez, que aceptó, pero si iba Cortázar. “¿Por qué sino qué hago yo; nada? Cortázar era, en ese momento, el más representativo de todos los argentinos, muy conocido en toda Europa y Latinoamérica. Venía Felipe González, el político español que después va a ser primer ministro. Venía Günther Grass, aceptó venir Juan Rulfo. Pero todos, Günter Grass también me dijo: “¿Y Cortazar?”. Sí, sí. Va a venir. Pero me tenía que asegurar. Entonces, Soriano en París, preparó una reunión en su casa e invitó a Cortázar y a su nueva compañera (Carol Dunlop -aclaración del autor de este Blog), que era una estudiante canadiense de 28 años, él estaba en los 64. Lo invitó a este muchacho que actualmente dirige Le Monde Diplomatique, Gabetta -dirigía el periódico nuestro de los exiliados en París-, Soriano y yo.
          
           Bueno, hicimos la reunión. Yo había preparado todo el plan para convencerlo: Nosotros llegábamos acá, en avión, con todos periodistas -uno de España, uno de Le Monde, dos de Alemania y dos italianos. Entonces, vamos a ver qué reacciones podía haber: primero, que nos dejaran bajar o que no permitieran el aterrizaje del avión. Segundo, que nos permitieran bajar. Si no nos permitían bajar ya era un triunfo, porque todos los diarios iban a hablar, los periodistas: “La dictadura no deja entrar a exiliados”. Nos dejan bajar  y nos detienen. También un éxito porque entonces todos los diarios iban a hablar. Los periodistas extranjeros si los metían presos,  sus órganos iban a averiguar donde estaban y todo lo demás. Así que iban a denunciar el hecho.
           Tercero: nos dejan tranquilamente bajar, ¿A dónde vamos? Yo ya tenía asegurado acá, en la iglesia evangélica alemana, en la calle Esmeralda, unas adyacencias en donde podíamos dormir, vivir, todos. Inmediatamente cuando llegábamos abríamos una universidad para dar clases: política, democracia, derechos humanos. Entonces, ¿qué ocurría? Llegábamos ahí, nos dejaban entrar pero clausuraban las puertas, no nos dejaban salir. También un éxito porque los periódicos extranjeros iban a hablar. Si a los periodistas los dejaban libres iban a hablar y si no las empresas iban a averiguar qué pasaba con sus periodistas. Si no nos dejaban actuar y abríamos eso. Vos te imaginás, una clase sobre literatura latinoamericana de García Márquez o de Juan Rulfo. ¡Lo que hubiera sido eso!, ¡o de Gunther Grass sobre literatura europea! Iba a tener un eco impresionante. Este… otra posibilidad era que nos dieran libertad a nosotros, pero que no dejaran entrar a nadie en la universidad y no nos dejaran salir a nosotros. También hubiera sido un éxito.
                    

Osvaldo Bayer
  De cualquier manera lo que queríamos era que fuera la primera vez que un núcleo de exiliados regresaba en momentos de una dictadura. Y la hubiéramos debilitado. Bueno, yo explico todas esas posibilidades y no calculamos qué era lo que le pasaba al querido Cortázar: estaba muy enamorado. De esa piba joven, enamoradísimo. Yo digo todo eso, terminó y Soriano lo miraba a Cortázar, yo también, esperando que nos diga que sí y ya partíamos.
          Entonces, él miro a su mujer, me acuerdo del apellido Dunlop, canadiense y preciosa, y me miró a mí y me dijo en su forma de hablar, con la erre: “Yo no quierrro, Osvaldo, yo no quierrro que me tirrren un tirrro en la cabeza”.
          Que era otra posibilidad que yo no había contado. Además yo no creía que nos hubieran reprimido de esa manera, habiendo periodistas extranjeros tan famosos e intelectuales tan famosos, como los que llevábamos ahí.  “Yo no quiero que me tiren un tiro en la cabeza”, y me acuerdo que la chica esta se puso muy triste porque cuando yo expliqué todo, ella  nos miraba como diciendo qué hermoso lo que están preparando.
           Y no hubo caso de convencerlo, además yo pensé: ¿Vos te imaginas si le pegan un tiro en la cabeza a Cortázar?, ¡Qué final glorioso! ¿¡Cómo iba a pasar a la eternidad!? ¡Como el intelectual no solamente que escribió libros sino que también es un luchador y vuelve! ¡Qué eco hubiera tenido en el mundo! Y no hubo caso, no lo pudimos convencer. Yo me deprimí, che, como un verdadero alemán. No podía comprender. Me había roto el alma, había viajado por todos lados… y claro, sin Cortázar no podíamos hacer nada. García Márquez  no venía sin Cortázar y Gunther Grass tampoco, Juan Rulfo tal vez hubiera venido porque era un indio ése. Pero no hubo caso.
           Y siempre lo comentábamos con el querido amigo Soriano: ¡Qué lastima que le faltó esa fuerza! …No le faltó esa fuerza… estaba demasiado enamorado. Se había enloquecido con la chica esa.
           Y si hubiera venido ella lo hubiera acompañado. Pero temía que lo mataran. Pero vos sabés, la tragedia después. Dos años después la picó un insecto en Nicaragua, porque fueron a  Nicaragua, ya estaba la revolución allí, y no tenían anticuerpos para la picadura y se murió. Se murió la chica. Mirá que la llevaron a Francia, inmediatamente en camilla, asistencia en avión. Llegó y murió a los pocos días. Él estuvo siempre inconsolable. ¡Así que imagínate si hubiera venido y le hubieran pegado un tiro en la cabeza, se hubiera salvado de vivir esa cosa dramática que es ver morir un ser amado! ¿No? Yo ahora cumplo 80 años y voy a escribir todos mis recuerdos. Y voy a escribir bien todas esas cosas.
Ahora, Soriano me apoyó en todo.
….
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