la cara canalla y bruta del empresariado de derecha, feudal y retrógrado.


Hace unos días, fue muy publicitada un frase infeliz y canalla del empresario Pescarmona, donde decía, en enorme reunion de capos de la industria argentina, que

“Las chicas de 14 años se hacen preñar para que les den unos mangos”

Resultado de imagen para pobres adolescentes embarazadas mendozay entre otras linduras, decía esto

“El asistencialismo no sirve, es retrógrado”.

“Un tercio de los argentinos es pobre, pero muchos son inempleables”.

“Mis empleados trabajan como si fueran normales después de un año de capacitación”.

“Van a faltar entre 12 a 14 años para que los trabajadores argentinos sean normales”; lo dijo al referirse al tiempo que lleva educar a una persona para que esté realmente capacitada para afrontar una responsabilidad laboral.

“Hace 40 años los obreros venían mejor preparados en la Argentina; antes te llevaba dos o tres meses capacitarlos, ahora tenemos que hablar de doce o catorce meses”.

Yo, en ese mismo momento pensé en como la gente admira a priori al tipo “que la hizo bien”, que hizo mucho dinero. No sabe -por desconocimiento- que muchos son realmente unos infelices, unos canallas, gente con la que los de buen corazón -o al menos un poco de vergüenza- no deberíamos tomar jamas un café. Como somos gente común ni siquiera nos imaginamos tal nivel de bruteza en un empresario, siempre los vimos de lejos, con sus autos con chofer y sus mansiones en la revista Hola.

Definitivamente hay que perderles el respeto, si este se basa solamente en que hicieron plata. Y hay que cruzar la calle, como hacemos cuando vienen dos pibes con gorrita, negros como son los criollos, flacos como los que fuman paco, y pobres como lauchas, aun si estamos en una calle de tierra, en un barrio detrás de un basural: Es infinitamente mas probable que ellos nos respeten que que nos respete un tipo como Pescarmona, que cree que los negros (nosotros) somos maquinas defectuosas, anormales y las mujeres -como las vacas- se preñan.

Si la patria es el otro, y el otro mi hermano (acá aludo al kirchnerismo y al otro ismo, el cristianismo) no importa que yo no sea “negra” (soy nieta de los barcos y mas blanca que blancanieves), ni inculta (tengo maestria de la UBA), ni desocupada,(fui jefa en mis dos laburos)  ni que no me haya preñado a los catorce, ni que nunca haya cobrado un plan. Lo que dijo me ofende, es -como decirlo- una cuestión personal.
Como decía Serrat, “entre estos tipos y yo, hay algo personal”

ahora bien ¿falla comunicacional? Anda a la puta que te parió, Pescarmona.

Aca, copio y pego la nota de La izquierda diario del viernes 2-12-16

El asistencialismo estatal a una familia millonaria

Su empresa creció y prosperó siempre de la mano del “asistencialismo” del Estado. Impsa logró dar su primer salto para dejar de ser un pequeño taller y convertirse en una empresa importante cuando el Estado provincial le encargó la fabricación compuertas de riego para el estratégico departamento provincial de Irrigación. Su “gran salto” fue también con el dinero público, pero esta vez bajo la dictadura genocida de 1976 que le permitió endeudarse para adquirir los gigantescos galpones que aún mantiene en Godoy Cruz y una gran cantidad de tornos de gran envergadura provenientes de Europa del Este, logrando que el estado lo contrate para fabricar la totalidad de las usinas hidroeléctricas construidas en esa época. Se sospecha que esa deuda habría entrado en la estatización de Cavallo a principios de los ‘80.

Durante el menemismo no dejó de incursionar en todos los negociados abiertos con las privatizaciones. Siendo además uno de los grandes protagonistas del defalco del Banco de Mendoza, impulsando su privatización y posterior quiebra para lograr licuar sus deudas. Producto de eso Mendoza es una de las pocas provincias que no tiene un banco provincial y paga durante años el pasivo de estos empresarios. Desde entonces sigue viviendo del dinero público, no sólo bajo el amparo de la protección estatal para arreglarle las licitaciones de los emprendimientos energéticos, sino áreas de servicios en las que su única función es precarizar el empleo público, como la recolección de residuos, siendo implacable en cobrarle al estado provincial y los municipios cada centavo que “se le debe”.

Aun así, su ambición no tiene fronteras ni reparos. En el 2014, mientras aparecía en las revistas ostentando ser el único mendocino entre los 40 hombres más ricos del país con un patrimonio personal de 320 millones de dólares, llevó a la empresa de su padre al default y las puertas de la ruina. Tomó a sus obreros como rehén amenazando con despidos masivos. El Estado tuvo que salir con un salvataje poniéndole 2 millones de pesos mensuales en subsidios directos. Condicionando nuevamente al estado para que se le otorgue toda la obra pública energética en la que pudiera incursionar. Durante noviembre del 2016, unas pocas semanas atrás, con la ayuda del gobierno de Macri y los funcionarios del Banco Nación, su principal acreedor, logró zafar nuevamente de la quiebra logrando re-estructurar de la deuda que mantiene con sus acreedores.

Sin duda se trata de un especialista en hacerse del curro de la obra pública, acceder a subsidios del estado, en financiarse con bancos públicos y socializar luego sus deudas para que se las paguemos entre todos. Detrás de la insostenible etiqueta de empresario transnacional, se deja ver el vulgar burgués de provincia, atrasada y semicolonial, que multiplica sus fortunas con los beneficios del asistencialismo estatal.

Para don Enrique cada centavo que el estado destina a estas personas, es un centavo que no le paga a él. No se trata de una metáfora, no se trata de una exageración polémica. En los basurales del Borbollón las personas viven en la más infernal de las miserias, el estado no les garantiza ni siquiera el acceso al agua potable. Este año Mendoza se tiño de dolor, rabia e impotencia al ver cómo morían en menos de un mes tres bebés que vivían y morían entre la basura. ¿Quién es el único que logra hacer negocios en medio de semejante desastre humanitario? Don Enrique, a quién el estado contrata a través de su empresa Tysa para hacer ganancias con el procesamiento de residuos urbanos. Pescarmona es el capitalismo en su máxima expresión.

Esto es lo que explica el profundo odio de clase de sus declaraciones contra las personas que en condiciones de extrema pobreza perciben miserables subsidios estatales como la Asignación Universal por Hijo o por Embarazo que no alcanzan para cubrir necesidades humanitarias básicas.

El aporte a la cruzada del Opus Dei contra la educación sexual

El otro componente de sus declaraciones, fue una profunda misoginia, su brutal violencia verbal contra las mujeres, y en particular contra las adolescentes pobres, que para Pescarmona “se hacen preñar”. El embarazo adolescente es un drama social profundo. En Mendoza, cada año, chicas de entre 10 y 19 años dan a luz a 5.460 bebés, esto es el 15,6% de los nacimientos que se dan en todo el territorio provincial. En el año 2006 fue creado el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ley N.º 26.150) que estipula el tratamiento pedagógico de la sexualidad en las instituciones escolares y la responsabilidad del Estado de concretarlo de manera sistemática, como temática curricular, transversal y obligatoria, en todos los niveles obligatorios de gestión estatal y privada, y en todas las carreras de formación docente.

Sin embargo, a pesar de haber transcurrido 10 años de su sanción, esta Ley no se aplica en la mayoría de las escuelas y clases de la provincia. La presión de la Iglesia Católica, envuelta en aberrantes casos de abusos a menores, ha sido la excusa clave de los funcionarios para explicar las limitaciones, demoras, y al fin de cuentas, incumplimiento liso y llano de esta ley.

La familia Pescarmona es una de las más estrechas colaboradoras de las instituciones del Opus Dei, como la Universidad Austral a la que han aportado fondos generosamente. Su líder, Monseñor Aguer, fue quién dio la voz de carga contra la educación sexual en las escuelas, y sus postulados que “promueven la homosexualidad” y que ofrecen una visión “neomarxista”. En nuestra provincia llegaron a lograr que se quitaran de los manuales de educación sexual temas como “el mito de la primera vez” (directamente relacionado con el embarazo no deseado) y “la masturbación” porque “incomodaban a la iglesia”. En el 2014 el Arzobispado local intentó incluso presionar a la Legislatura para que elimine la palabra “laica” de la Ley de Educación provincial.

Pero la influencia de los Pescarmona en la educación pública mendocina que le priva a sus niñas, niños y adolescentes de una educación sexual integral que les ayude a desarrollarse en la vida, prevenir de flagelos como los embarazos no deseados, e incluso defenderse de los abusos; es mucho más directa aún. Ya que, desde su feudo: el CEM, han intervenido permanentemente en las políticas educativas de los gobiernos peronistas y radicales, y su hija, Sofia Pescarmona, es encargada de dar capacitaciones a los directivos sobre “liderazgo” escolar.

Por todo esto, podemos ver que las declaraciones de Enrique Pescarmona, no se tratan de un “problema comunicacional” sino de otro eslabón de una larga cadena de odio de clase, violencia machista y oscurantismo, que tiene como víctimas a quienes dirigió sus insultos.

Poemas de otros, Karen Devia, chilena


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CORAZONCITO

1

Debiste haberme publicitado más, corazón
mis pestañas merecían otra cosa
un poemauncio, por ejemplo,
a lo Lira
o un inserto en El Mercurio
el de distribución nacional por supuesto
alguna cosas de esas, corazón.
Debiste haber hecho, por último,
una rifa en la plaza Echaurren

Si hubiera sabido que no ibas a cobrar nada
que me ibas a tirar como regalito pascuero
hubiera escogido otro representante
uno que me hubiera amado
al menos

2

Hagamos un trato corazón:
quédate con tu capital
no me lo des por daños y perjuicios
tengo guardados unos ahorritos
de dignidad.

(Fragmento)

Leído en el blog de Quique https://nosotrossomosquiensomos.blogspot.com.ar/

Karen Devia, cantante lírica, y poeta, nacida en 1975 en Viña del Mar.Pertenece a un grupo artistico “Afeitando la comadreja”

Monogamia


 

Creo que es verdad que la monogamia es un invento de la sociedad, una cosa antinatural, enemiga de la labilidad del deseo, que suele caer sobre objetos variados,  una imposición jodida que te hace renunciar a muchas vidas alternativas posibles. Pero esta muy  bueno contar con alguien (no hasta uno ni hasta dos) que te cuide, a quien cuidar, no digo incondicionalmente, pero con un lazo fuerte que soporta huracanes y desiertos.Eso es mi marido.

Cumplo 40 años de casada hoy, no se como Jorge me aguanta, no se como no me tomé el expreso de oriente y me fui a recorrer el mundo, una de las vidas posibles que dejé de lado, como el habrá renunciado a tantas vidas posibles, a mujeres mas hermosas o mas buenas.

Tenemos una sola vida, nosotros la pasamos juntos.
Será  el amor, será que es bueno saber que uno puede contar con el otro  para todas las cosas importantes, los festejos, las muertes, las pariciones. Para el cada dia. Para la lucha y las vacaciones. Siendo tan distintos y llevando la misma vida.
Cumplo bodas de rubí. Cuarenta años, una vida.

gracias jorge por el banque. Imagen relacionada

 

yo tengo una amiga judía.


Amo la cultura judía, lo poco que se. Freud, por ej. y su pequeño parrafete en el prologo a la edición en hebreo de Totem y Tabú, el humor, la comida judía que hace Adriana, amo lo exótico, lo diferente, porque en esa otredad, encuentro versiones de lo humano. Mi campo de laburo es el psicoanálisis ¿como no tener amigos judíos?

Por supuesto me he preguntado las mismas pelotudeces que Hinde dice que le preguntaron, mas por falta de “savoir faire” que de prejuicio. Pero puede decir en mi favor que cuando conozco a cualquiera de otras tierras, sea esto el Chaco o Eslovenia, pregunto cosas parecidas..

Nada, hoy me levanté pensando en Niki, mi sobrina, que estará viajando, a quien por timidez le mande unas lineas que me contestó amorosamente, porque no nos fue dado el abrazo que se da con el cuerpo, y leí esto y quise compartirlo.

Transcribo esta nota de la Revista Anfibia, que bien me gusta leer. La autora? Hinde Pomerianiec. Otro dia les cuento como hago los knishes, y mi receta con tapa la salteña.

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“Jesús era judío” (¡Cómo no voy a querer a los judíos!)

 

Los pibes estaban algo intensos. El regreso desde Bariloche era tan largo, los micros incómodos y encima estos pibes que no paraban de molestar. Por entonces no lo llamábamos bullying, nadie le decía así. Pero por entonces sí me daba cuenta de que uno de ellos, el que lideraba los cantitos en mi contra, era antisemita. Los otros, más o menos prejuiciosos, seguían al que dirigía el coro de varones. “Volveré a mi tierra, allá en Israel, no quiero morirme sin antes volver”, cantaban y acompañaban con palmas y talones, buscando emular bailes judíos en plena ruta: un infierno que no se amortiguaba con las manos en los oídos ni convirtiéndome en un ovillo humano en el asiento. No recuerdo cómo había empezado, creo que fue una discusión por un cuarto que finalmente ganamos las chicas.

 

ser_judio_1_dchaImagino, no puedo asegurarlo, que debo haber sido algo enfática y terminé persuadiendo al conserje del hotel. No tiene importancia: lo cierto es que él no me daba bola desde antes, más bien mostraba desprecio por mí y por cualquier cosa que yo dijera desde el mismo momento de mi llegada a esa escuela privada, un año antes, en agosto de 1977, después de que el rector de la escuela pública a la que asistía le sugiriera no tan delicadamente a mi padre que me retirara porque de lo contrario iban a expulsarme por agitación política. Había llegado al Liceo 5 de la mano de mi mamá, que me mostraba orgullosa el cuadro de honor para que viera “cuántos apellidos judíos” había ahí. Poco después, alguien de la administración o una celadora le había dicho que “las judías traen la política a la escuela”. En el colmo de la humillación, desde el regreso de Bariloche y hasta que terminamos la escuela busqué convencer al genio que apeló a Palito Ortega para torturarme en el viaje de egresados de que los judíos éramos gente como cualquier otra, argentinos como él, humanos como todos sus seres queridos. No hubo caso. Siguió mirándome con asco. Habrían de pasar todavía algunos años hasta que yo dejara de pedir perdón por ser judía. Cuando eso ocurrió, comencé a considerar pura escoria a los sujetos como él. Y me liberé. Desde entonces, pude ser una judía argentina sin complejos ni padecimientos; me sentí libre para opinar y para tomar posición sobre cualquier tema vinculado a los judíos y a los conflictos en Oriente Medio, siempre apostando a los diálogos de paz, la posibilidad de los dos estados o a cualquier hipótesis que permitiera pensar en el fin de la violencia en la región.

 

Esto fue hasta ahora, cuando -a partir del crescendo de las políticas guerreras de Israel en Gaza-  empecé a sentirme presionada por gente que quiero y respeto, personas con quienes estuve siempre del mismo lado y que hoy parecen ponerme a prueba desde sus redes sociales, exigiendo condenas altisonantes y consignas antiisraelíes como muestra de sensibilidad ante el dolor de los palestinos.

 

 

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“A Jesús lo mataron los judíos” (¡Cómo voy a querer a los judíos!)

 

Mi hijo mayor conoció el antisemitismo a los 24 años. Hasta entonces, había tenido la fortuna de moverse en espacios amables para nuestro origen. Cuando digo amables no digo solo judíos, digo que en la mayoría de las escuelas, ciertos clubes, ciertas carreras universitarias la vida suele ser natural, igual a la del resto de las personas, en cualquier lugar del mundo. Todos aquellos circuitos en donde haya psicólogos, artistas, intelectuales en general suelen albergar familias mixtas y amistades en las cuales ser judío no parece un problema. Así había vivido él, con su vínculo con lo judío casi reservado a cuestiones familiares. Ese día me llamó por teléfono, sorprendido y angustiado porque se había encontrado cara a cara con el prejuicio de la mano de una supervisora, en un lugar inesperado, un espacio supuestamente “amable”, como guías para turistas en el teatro Colón.

ser_judio_3_izqdaLa conversación arrancó por un libro, siguió con ella diciendo que los musulmanes se habían integrado mucho más que los judíos en Europa porque los judíos eran muy cerrados y terminó con el relato de su experiencia como empleada de un banco en el Once, en donde le tocaba atender muchas veces a judíos ortodoxos. “Son ventajeros, eh”, dijo él que le dijo ella. Y lo noqueó: “la frase me quedó grabadísima”, dice todavía él. Mi hijo, al igual que su madre treinta años antes con el energúmeno de Bariloche, intentó persuadir a la supervisora, convencerla con argumentos. También le fue mal. Es más, ella ni siquiera entendía que lo que decía era ofensivo. Para ella era lo más natural del mundo y no era grave. Así funcionan los prejuicios.

 

“No parecés judía, para nada”

 

Llevo un nombre y un apellido que nunca resultan inocuos. El mío fue un nombre clásico por décadas entre las mujeres judías de los países de Europa del Este, pero para mi generación ya era exótico. Y viejo. Quiero decir, muy poca gente lo conocía o conoce y, si lo conocían y no me conocían a mí (cuando empecé a escribir en los diarios, por ejemplo), solían pensar que yo era una mujer muy mayor, cuando aún no lo era. Llevar un nombre así tiene lo suyo. Por empezar, sos judía desde el mismo momento en que te presentás: el solo hecho de pensar que llevás un nombre en una lengua casi extinguida y asociada a la diáspora no deja de ser una marca indeleble. Un nombre así y, además sumado a un apellido del Báltico, pero de los shtetls de la región, las pequeñas aldeas judías que dejaron de existir primero a manos y patadas de los pogroms rusos y después a manos, patadas y armas de los nazis. Además de tener que pronunciarlos en detalle y deletrearlos con paciencia, cada vez, irremediablemente el nombre despierta curiosidad y esa curiosidad hace nacer preguntas, preguntas que no siempre tengo ganas de contestar.

 

¿Hinde? Qué nombre raro. Lindo, pero raro. ¿De dónde es? ¿Significa algo? ¿Idish? Ah, judíos. No parecías judía. ¿Pero en tu casa son religiosos? ¿Comés jamón?

 

El que pregunta nunca sabe qué día tengo, si estoy con ánimo para charla, si percibo un tono prejuicioso en sus preguntas, si me dan ganas de caerle bien o me da lo mismo… En función de ese abanico de posibilidades dialógicas encaro la arqueología de mi nombre prácticamente todos los días de mi vida.

 

 Es en idish. Va con h, pero la h no se pronuncia. Así se llamaba la abuela de mi mamá que vino de Odessa a la Argentina. Entre los judíos es común ponerles a los bebés los nombres de los familiares muertos. En mi DNI figuro como Hilda. Hindele significa pollito en idish.

ser_judio_5_izqda Hace un par de años que esta última parte trato de no responderla, una mujer ya grande diciendo que su nombre quiere decir “pollito” suena patético, de manera que lo vengo evitando (y de paso acorto la charlita).

 

“Los campos de concentración no existieron. Son un invento de los judíos”

 

1-No me acuerdo con certeza su nombre, creo que era la morá Malka. Sí tengo presente su figura mínima,  su cabello renegrido y su voz grave, como de actriz dramática. Pero lo que más recuerdo es el número que llevaba tatuado en su antebrazo y que, de tanto en tanto, quedaba a la vista…porque nos lo mostraba, casi como una amenaza. Esa huella del dolor indescifrable para nosotros, chicos de siete u ocho años, obligaba al respeto por su sufrimiento pero también despertaba angustia y temor. Costaba mirarlo, daba miedo esa marca definitiva del paso de nuestra maestra de hebreo, que entonces debía tener unos 45 años,  por un campo de concentración nazi. Daba mucho miedo pensar que eso –el tatuaje forzado, las torturas, la muerte de toda su familia- le había pasado solamente por ser judía.

 

Por entonces, a punto de entrar en la década del 70   la vida escolar en San Justo, en el Gran Buenos Aires, para mi hermana y para mí era doble: por la mañana, escuela pública y por la tarde, el shule y el intercambio con la pequeña comunidad judía de la zona, un espacio en donde nos enseñaron a cantar el Hatikva, el himno nacional israelí, pero donde también cantábamos Aurora, cada vez que izábamos la bandera celeste y blanca. En mi casa siempre fuimos bastante asimilados. Mi madre era la reina de las relaciones públicas con los vecinos y mi padre siempre fue un tipo de izquierda, que, en lugar de creer en Dios, creía en el Hombre (así me lo decía). No celebrábamos ritos –alguna velita por los muertos, al pasar- aunque asistíamos a las celebraciones familiares. También pasábamos alguna Navidad en casa de amigos cristianos. Era claro que no éramos cerrados ni reacios a integrarnos.

ser_judio_6_cajaLa versión familiar de esa época, pese a cierto descreimiento por parte de mi padre comunista, era que Israel había sido una suerte de compensación del resto del mundo por tanta diáspora y tanto sufrimiento. Rápidamente la ofrenda se había convertido en un regalo envenenado con  guerras, aunque aún pensábamos que sólo era una cuestión de tiempo  que los árabes pudieran entender que los judíos tenían derecho a una nación y espacio propios. No sé bien qué pensaban entonces los adultos de mi familia pero los palestinos no eran un tema de conversación. Sí sé que los nombres de Ben Gurión, Golda Meier y Moshé Dayan inspiraban admiración y respeto. Y que Israel era visibilizado como el pequeño David agobiado por el mundo árabe Goliat, empeñado en hacer desaparecer el nuevo Estado. Los judíos éramos víctimas de una nueva injusticia. En esos tiempos, Israel motorizaba por primera vez innovación y tecnología en una región árida, pobre y subdesarrollada. Siempre recuerdo la sorpresa con la que mi abuela Juana, luego de un viaje a visitar a su hijo, volvió hablando del tamaño de las naranjas y los pomelos que crecían en el desierto…

 

2-Mi familia no sobrevivió a los campos nazis porque no estuvo en ellos. Mis bisabuelos por parte de mi mamá y mis abuelos por parte de mi papá vinieron antes de la Segunda Guerra, huyendo de la pobreza y escapando de los pogroms. La familia de mi abuelo materno llegó a Entre Ríos con el programa del Barón Hirsch. Jeremías era un gaucho judío, nació en Argentina, igual que la mayoría de sus hermanos. Mi abuela Ana Wilion, a quien llamábamos Juana, nació en el Pasaje del Carmen, porteña de pura cepa. Su madre, Hinde Berestovoy (esa señora a la que no conocí pero que me legó su nombre), había llegado desde Odessa. Hinde enviudó muy joven y quedó como único sostén de sus tres hijos pequeños. Cocinaba para otros paisanos en el Abasto y para sobrevivir y darle de comer a sus hijos puso un modesto bazar en el que vendió hasta la propia vajilla, regalo de casamiento.

ser_judio_7_dchaDe Rebeca Fraifeld, la mamá de mi papá, sé poco. Sé que nació en Kiev, que se vino con su madre y con su hermana y que llegaron a Salta, en donde se establecieron. Rebeca era una mujer muy cariñosa, con una característica distintiva: su afán por la limpieza. No podías entrar a su casa sin ponerte los patines de pañolenci verde y cuidaba tanto el orden que el día que su hijo menor (mi papá) se recibió de médico, en calidad de regalo lo dejó dormir la siesta en su cama matrimonial. Arón Pomeraniec había nacido en Roschnoi, hoy Bielorrusia, alguna vez Polonia, pero siempre rusa de alma. Ni él ni su esposa hablaban demasiado de sus pueblos de nacimiento. Sí hablaban de la llegada a Argentina, de la épica propia (sobre todo Arón, que llegó a los 16 años, solo y sin saber hablar castellano), pero poco y nada de la historia que habían dejado atrás. Creo entender que esto es porque los judíos no habían dejado una tierra propia, siempre todo era prestado para ellos. Es más, en sus pasaportes no figuraba una nacionalidad: el sello decía “judío”. Eran parias.

 

3-Como dije, mi familia no sobrevivió a los campos porque no estuvo ahí, pero a lo largo de mi vida conocí a varios sobrevivientes.  Algunos fueron cercanos, con vínculos familiares. Uno de ellos, León G., murió hace poco: nunca dejó de ser memoria activa de su paso por Auschwitz. Difícil olvidar su relato de la liberación, en aquel enero helado de 1945. En ese momento él era un chico muy joven. Contaba que la imagen que conservaba de aquel momento tenía tres colores: blanco por la nieve, negro por el barro, rojo por la sangre de los pies de los prisioneros liberados. Cuando murió, su hijo Alejandro publicó una foto en Facebook en la que se ve su brazo tatuado con el número 171.984, el que le imprimieron a los 16 años. Su brazo está envuelto por cables de aparatos médicos, apoyado sobre la cama de hospital. Asoman bajo las sábanas los flecos del talit, el manto sagrado. “Se fue el Rey León”, escribió Ale. Cada vez que leo o escucho a algún negacionista, pienso en León y en la realidad del Holocausto grabada en ese brazo.

 

 

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“En el atentado a la AMIA murieron 85 personas, entre judíos y argentinos”

 

Aún siendo tercera generación de argentinos por parte de mi madre y segunda por parte de mi padre, de chica no faltaban las preguntas del tipo “¿Qué sos primero: judía o argentina?” “Si juegan al fútbol Israel y Argentina, ¿por quién hinchás?” Preguntas idiotas pero juro que reales. Mis amigas hijas de italianos y españoles no eran obligadas a responder esos interrogatorios; evidentemente nunca eran vistas como traidoras potenciales.

 

No conozco Israel, nunca fui. Desde que era muy chica, gran parte de mi familia vive ahí. Durante años busqué evitar en mis notas el tema Oriente Medio, seguramente porque para cuando pude escribir sobre el conflicto entre palestinos e israelíes hacía rato que el David de las guerras del 48, del 67 y el 73 había devenido en Goliat. No era ni es sencillo discutir con la familia en público. Escribí poco sobre el tema y las respuestas del lado de los judíos militantes siempre fueron muy pesadas, con descalificaciones brutales. Aunque no soy la reina de la intrepidez, suelo ir de frente ante el conflicto. Sin embargo, me cuesta moverme en escenarios tan adversos, cuando las psicopateadas son tan cercanas que te dan en la boca del estómago. Sistemáticamente elijo ponerme a un costado.

ser_judio_9_dchaParece increíble tener que aclararlo, pero soy judía, no  israelí. Soy judía porque me llamo Pomeraniec y porque me llamo Hinde. Vengo de ahí, de ese horizonte milenario; negar que soy judía sería negar mi nombre y negar a mis padres. El judaísmo no es para mí una religión, aunque las pocas veces que estoy en un templo o en un cementerio judío siento (aunque no las entienda) las palabras de esos rezos más cercanas que otras a mis canciones de cuna, a las frases amorosas de mis abuelos. Del  mismo modo que me conmueven los rituales del Pesaj aunque pasen años en los que no asisto a la celebración. El judaísmo son los latkes de mi bobe Rebeca y la sopa de pollo de mi bobe Juana, es el guefilte fish con la receta que mi vieja y mi tía Pelu se llevaron con ellas porque nunca se las pedí. Es el “Oyfn Pripetchik”, esa canción tradicional que, cada tanto, se aparece en sueños y me abre el alma como el tajo que me hizo el rabino en el forro de mi abrigo, del lado del corazón, cuando murió mi mamá.

 

Pero no soy israelí ni tengo por qué estar de acuerdo con las políticas que practique cualquier señor que allí gobierne. (Sé por experiencia que, aunque lo fuera, quiero decir, si fuera israelí, también me permitiría disentir y nunca estaría a favor de políticas de opresión, discriminación y muerte solo por obediencia debida a un patriotismo malentendido).

 

En el actual capítulo del oprobio, con el ejército israelí empeñado en una cacería desenfrenada, las redes sociales amplificaron el rechazo hacia las acciones de Israel como nunca antes. Todos somos ahora dueños de nuestros medios de comunicación y posteamos opiniones propias y ajenas con desenfado y sin cautela, muchas veces sin saber siquiera de qué estamos hablando.

 

A lo largo del tiempo aprendí a distinguir antisemitas, prejuiciosos y racistas contenidos. Pero ahora es diferente porque por momentos percibo por parte de amigos que se llaman de izquierda cierta indignación ampulosa en contra de los israelíes, de los “sionistas” –una palabra que reapareció como insulto-, mientras otros niños, otras mujeres y otros civiles en diferentes lugares del mundo siguen siendo al mismo tiempo violentados por señores feudales, militares soberbios y gobiernos totalitarios sin que se motoricen las marchas y las protestas fervorosas en contra de sus asesinos y torturadores.

 

Me fastidia tener que aclarar todo el tiempo que no comulgo con las políticas bélicas del Estado de Israel, porque nadie me pide con tanto énfasis mi opinión sobre la represión del gobierno de Al Assad en Siria, ni sobre las pasadas incursiones armadas rusas en Chechenia, acciones que tampoco celebré ni celebro. No apoyo ninguna guerra. No apoyo a ningún ejército de ocupación. No apoyo a ningún gobierno guerrero expansionista. No apoyo a ningún grupo fanático que quiera arrogarse el derecho de decidir por otros basados en sus interpretaciones de la letra religiosa. Desprecio a quienes creen que hay vidas que valen más que otras, como a quienes eligen el terror como método político y a los que niegan el Holocausto.

Estoy en contra de los fundamentalismos; no recibo instrucciones de líderes políticos ni religiosos ni me merecen simpatía quienes, escudándose en supuestos preceptos religiosos, condenan a las mujeres al exilio interior o directamente a la lapidación o decapitan a los que consideran “infieles”. Los niños muertos son niños muertos, siempre. Las ejecuciones sumarias, la violación de mujeres y la muerte de civiles  son también siempre condenables.

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Nadie dijo que era fácil

 

Si nunca fue fácil ser judío, el presente es el reino de la incomodidad  para los judíos que buscan pensar con libertad y sin perder de vista la sensibilidad por el sufrimiento del otro. Apostar por los diálogos de paz hoy es recibir el rechazo de la mayoría de los judíos israelíes y de gran parte de los judíos del mundo, que creen que solo con más violencia se puede terminar con el fundamentalismo de Hamas. De los antisemitas obscenos de siempre no hay  nada que agregar. Pero sí de una tendencia que crece, una especie de reclamo general hacia los judíos por parte de quienes nunca mostraron prejuicios racistas, una exigencia para que formen parte del mundo bienpensante, como si fuera la única manera de integrar a los judíos al resto de la humanidad valiosa. Yo también prefiero pensar a los judíos como un grupo de seres humanos entre los que nacieron iluminados como Freud, Einstein, Martin Buber, Spinoza y Barenboim. Elijo ese firmamento como referencia así como me siento más cómoda entre laicos u observantes moderados que entre ortodoxos rígidos. Pero ocurre que en toda familia hay personas con la que uno comparte miradas y criterios y otra con las que no. Personas a quienes queremos más y otros a los que directamente no queremos y hasta evitamos ver. Entre los judíos hay enormes diferencias, como entre el resto de la humanidad.

 

Y es entonces, en esa exigencia que hoy percibo más que nunca, cuando todo se hace más difícil. Porque para muchos de aquellos con los que siempre me sentí cómoda y me hicieron sentir uno más hoy ya no alcanza con pronunciarse en contra de las acciones de los israelíes contra los palestinos sino que es imperativo llamarlos asesinos y hasta ponerle like a las frases que dicen que el sionismo es una escala superior del nazismo.

 

No cuenten conmigo.

 

Y es que, pese a mi postura  contraria a las decisiones de los gobiernos israelíes, por mi origen y experiencia familiar no podría estar en contra de lo que fue la creación del Estado de Israel o desear su desaparición, algo que tampoco todos los palestinos desean.

 

No soy esa persona ni lo voy a ser: tengo demasiada gente querida viviendo ahí, algunos con mi sangre entre los soldados que van al frente. También demasiada gente querida enterrada en Israel. Y tuve, además, mucho antes de mi llegada al mundo, demasiados ancestros deseando ese pedazo de tierra. Puede parecer una contradicción, pero sobre ella cabalgo cada día de mi vida.

Nunca fue fácil ser judío. A lo mejor fue la letra sagrada y aquello del “pueblo elegido”. O tal vez fueron los siglos de destierro y de sufrimiento los que transformaron a nuestras mamás en personas especializadas en levantarnos el ego y asegurarnos que somos los mejores del mundo.

 

No, mami, no lo somos.

 

Y no, hijos, tampoco somos los peores.

 

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una sociedad mas justa.


Resultado de imagen para una sociedad mas justaPasan tantas cosas, que voy de indignación en indignación: Una indignación estéril. Incluso creo que me he enfermado por este año construido arriba de un cementerio indio.

No escribo este blog porque no tengo nada demasiado original para aportar, la indignación no construye, para la difusión uso el facebook, y para los chistes de parroquia el tw.

Escribo poesías en el otro blog porque me hace bien., mas allá de la calidad. Nunca van a encontar en el nosoy referencias propias a programas de radio. Formateada mi infancia por los programas de la radio siempre encendida de la casa de mi vieja, no tengo radio, pero se que hay criaturas de radio, animales de radio, como diría Lalo Mir, que te informan con una cadencia personal de la que carecen otros medios.
Por eso hoy reproduzco un reportaje de Reynaldo Sietecase, que confronta con la rata de Majul ¿acaso no tiene hasta un parentesco físico con las ratas?

Este reportaje me involucra en una aseveración: dice que el periodismo debe trabajar para una sociedad mas justa. Al final de mi carrera laboral, que agoniza, siento que he trabajado para eso, me siento orgullosa de eso. No es que haya brillado ni mucho menos, y he cometido tantas torpezas…pero creo que no habiendo sido el lucro -hubiera pifiado fiero eligiendo lo público- el valor era “hacer de esto algo mejor”. Me cuesta creerme  las cosas, como si pudiera venir alguien a refutarme, a decirme “vos que te crees”. Pero de verdad “me creo ” eso.

bueno, basta de autorreferencialidad melanco. Aquí , el descargo de Sietecase fente a la rata de Majul (extraído de periodismo.com)

Majul, o la verdad no importa

Cada dos o tres años, Luis Majul lanza algún vómito verbal que me salpica. Varios de mis amigos suelen aconsejarme que no responda y yo insisto con la idea de limpiar el ácido corrosivo de su saliva. Defiendo mi nombre -que él deforma jocosamente- porque es lo único que tengo.

Con Majul tenemos una vieja enemistad que él no aclara y yo me esfuerzo en explicar. Fue el gran operador de nuestra salida del canal América. En 2009 después de que en el programa Tres Poderes le hiciéramos una entrevista al político Francisco de Narváez, por entonces candidato a diputado y socio de la empresa dueña del canal, la empresa levantó nuestro ciclo y otro que hacíamos con Maximiliano Montenegro en A24. Cuando desde la gerencia periodística nos sugirieron hacer aquella nota, nosotros comunicamos que no nos parecía ético hacer una entrevista al dueño del medio en el que trabajábamos. Para entonces Majul ya le había hecho cuatro notas con preguntas comprometidas del tipo: ¿Es feliz?, ¿Qué hará si gana la elección?La entrevista finalmente se hizo, fue rigurosa y terminamos afuera del canal. Majul militó por nuestra salida y yo estuve dos años sin hacer televisión. No me olvido del episodio. “Con el trabajo no se jode”, decía mi abuela.

Esta vez se irritó porque en nuestro programa le pregunté al actual responsable del Sistema de Medios Públicos, Hernán Lombardi si era cierto que el Estado había pagado 960.000 pesos a Majul por un video de cuatro minutos sobre la historia del periodismo. Majul dijo que fue “con enorme envidia y mala leche”. Quiero que ustedes mismos juzguen la nota. La pueden escuchar aquí.

No hay mala leche: es información. No hay envidia, si tengo ese pecado es hacia la inteligencia. Envidio a Borges no a Majul. Y si de información se trata, no es la primera vez que la productora de Luis Majul vende sus servicios al Estado. Según la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires, recibió entre 2008 y 2015 la cifra de $ 13.877.524 en más de 300 contrataciones del Gobierno de la Ciudad, muchas realizadas en forma directa. Una cosa es recibir publicidad de los distintos estamentos del Estado o, eventualmente, prestar un servicio profesional, y otra muy distinta es vender la opinión.

“Cree el ladrón que todos son de su condición”, el refrán popular es sabio. Para defenderse Majul dijo algo así como que yo también “cobré del Estado” e hizo referencia a la revista cultural “32 pies”, de la que fui director, según él “bancada por el gobierno de Santa Fe y presentada en el contexto de la campaña electoral encabezada por Hermes Binner”. Y me pidió que lo explique. Lo hago con facilidad: la revista fue editada por la Fundación Puerto de la Música, integrada por el gobierno de Santa Fe, pero también por empresas privadas y organizaciones prestigiosas de la provincia como la Bolsa de Comercio y la Universidad de Rosario. Estuvo asociada a la megaobra El Puerto de la Música, un proyecto del gran arquitecto brasilero Oscar Niemeyer. Salieron cuatro números (era trimestral), todos ellos superavitarios. Es decir que ingresaba por publicidad más dinero que el que insumía hacer la revista. Pero más allá de eso, doné mis honorarios a la escuela 1405 de Rosario, la postprimaria especial “Centro de Formación Integral”, que trabaja con chicos discapacitados de entre 14 y 22 años. Compraron entre otros elementos un aparato elíptico, una bicicleta fija y una máquina multiuso de pesas. Ni que hubiera imaginado que llegaría este día. Nunca pensé que iba a contar esto públicamente.

Cuando se confirmó, lamentablemente, que El Puerto de la Música no se haría, yo mismo sugerí discontinuar la salida de la revista. La calidad de la publicación era estupenda. Majul seguro no la leyó. Era sobre cultura.

También me pide que me indigne por los 8 mil millones que adeuda el empresario Cristóbal López quien compró el 50 por ciento de Vorterix.com el año pasado. Yo no me enojo con la realidad, la cuento y la explico. En Guetap, el programa de radio que conduzco cada mañana en Vorterix.com, siempre dimos la información del caso y ampliamente. Incluso con varios informes de Paz Rodríguez Niell, nuestra compañera que ahora acaba de ser mamá. La inmensa minoría que escucha el programa lo sabe. Todos deben pagar los impuestos. En un país tan desigual la evasión es una afrenta. Yo no decido quiénes son los dueños de los medios para los que nos toca trabajar. Sí me ocupo de no condicionar la calidad de mi trabajo por esa razón. Y si no, que le pregunten a De Narváez. Eso me ha generado algunas situaciones incómodas. Majul, en cambio, sí sabe cuidarse. Nunca inquieta a quien le paga.

No vi el programa de Majul. Estaba terminando una novela y luego salí a cenar. Me avisaron que me había mencionado en su programa de tele. Entonces escribí un tuit diciendo que si me estaba agrediendo era un honor. Que te critique Majul es como que te insulte un fascista.

Y que nadie crea que estoy haciendo “periodismo de periodistas” como se suele decir. Majul y periodismo son términos contradictorios. Majul no es periodista, es un empresario exitoso con muy buenos vínculos con el gobierno. Pero no con este sino con todos los gobiernos.

Estamos en un tiempo raro para el periodismo. Hace años que la verdad dejó de ser importante. Que algo sea cierto no es relevante. Lo que importa es que lo que se cuenta o publica afecte al otro, a quien se considera el “enemigo”. Para esa lógica de guerra no se necesitan periodistas, hacen falta soldados. En esas lides Majul es un guerrero consumado. Un ganador. Yo me reconozco derrotado antes de empezar.

Mis cruces con él sólo dan para una anécdota. Sin embargo, tengo una esperanza. Ojalá sirvan para que los estudiantes de Comunicación y el público en general puedan reflexionar sobre este oficio maravilloso, ni mejor ni peor que cualquier otro. El periodismo debe servir, como pedía Tomás Eloy Martínez, para contribuir a una sociedad más justa. Yo sé de qué lado estoy. El de los más humildes, el de los olvidados. El periodismo no debe ser un mero camino para el enriquecimiento personal o la fama fugaz. Ojalá esta polémica menor les sirva para elegir el camino más largo. El que conduce al prestigio y al respeto. Dos valores que no se pueden comprar. Se ganan todos los días con trabajo duro y honestidad.

contestar cuestionarios.


recibí un premio de blog.  Es este , Yo lo tomo como la oportunidad para pensar que pienso de algunas cosas. Mi amigo de La cueva del Mostro llamaba a estas cosas “conozca a su bloguero”.

Y eso me pone en la extraña situación de
1) Agradecer y seguir al blog que te ha nominado
2) Responder a las 11 preguntas que te han hecho
3) Nominar de 5 a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores
4) Avisarles con un comentario que han sido nominados al premio.
5) Realizarles una serie de 11 preguntas a los blogs que has nominado.
1) Gracias al chico de Hurlinghan, uno de los ultimos blogueros en seguirme, por nominarme. Su blog el demiurgo de hurlingham es nada político y muy ciencia ficción, por lo cual es raro que nos leamos 
2) Responder las 11  preguntas
 
¿Te irías a vivir al extranjero? ¿Dónde y por qué?
Me iría a vivir (no para siempre) periodos largos al extranjero, ponele 3 meses en Roma, y volvería, y desde Roma conocería otras ciudades, sin apuro. Me gusta mucho viajar, y me gusta mucho volver a casa. Hace un par de meses estoy hinchando con un imposible, mudarme. Es imposible porque mi casa es comoda, pago poco alquiler, acá esta mi vida, y el trabajo de mi marido y cerca mi familia. Pero necesito un poco de extranjeridad, abatida por lo siempre igual.
Ahora la tengo con Budapest, Praga y Viena. Si tendría que viajar, ahora me iría una temporada para esas ciudades.
Si tuvieras que vivir al mundo ficticio (Cine, anime, series de TV, etc.), ¿cuál elegirías y por qué?
me sale no se de donde vivir en El gran Gatsby, por el lujo y la decadencia, y las fiestas y todo eso que se cae a pedazo. Nunca lo pensé antes. Este cuestionario trae a la luz facetas insospechadas de su bloguera.
¿Prefieres leer on line o papel?
Prefiero leer en papel, pero leo muchisimo on line.
 ¿Tocas algún instrumento? En tal caso, ¿Cuál te gustaría aprender?
No toco nada. Aprendí guitarra de chica, pero me olvidé de todo: Si la voz es un instrumento (y creo que si) me gustaría cantar.
¿Qué debe tener una historia para que te enganche?
Estar bien escrita. No tener intenciones “moralistas”, no ser adocenada. Asombrarme en el uso del lenguaje, mas que en la historia en si misma. O un argumento de esos de Stephen King, que ni se como están escritos pero tienen una trama inoxidable.
¿Tienes alguna manía?
Si me pedís algo que tengo, posiblemente te lo ofrezca, si puedo. Con los años me he puesto estúpidamente generosa, incluso con gente que no lo merece. Si no te lo ofrezco me quedo pensando que podría haberlo hecho. Una tara como cualquier otra.
¿Qué te inspira?
En general escribo a la mañana cosas que me aparecen en el insomnio matinal. Hay gente inspiradora, que te la cruzas y venis a tu casa corriendo para escribir eso que esa persona te generó. Por ej. una loca que vi,  vieja, con una minifalda terrible,casi una homeless. O cosas que siento. O  me puede inspirar la hoja en blanco. Me inspiran sentimientos. 
Recomendá una canción  que te guste mucho.
Me gusta mucho yellow ledbetter de Pearl Jam, y también me gusta Sexual Healthing por Ben Harper y Tema de Pedro, de Spinetta y puf, montones de temas. Liliana Herrero cantando a Fandermole, en La oración del Remanso.
 
 
¿Qué género te gustaría empezar a leer?
Me gustaría mucho leer narrativa norteamericana, sistematicamente. He leído, pero me gustaría hacer un taller donde agotaramos los grandes libros de la narrativa norteamericana y entendería las filiaciones literarias, esas cosas. Leo poco poesia y está muy mal, porque escribo poesía. Y escribir y leer son cosas inseparables.
Si pudieras reescribir el final de la historia, ¿cuál sería y por qué?
ufff. sin duda una de Stephen King, un clásico : Cementerio de Animales. No terminaría tan para la mierda si fuera mi responsabilidad, con el bebe zombie y todo eso horripilante. Yo haría que terminara bien.
Si pudieras tener un poder, ¿cuál sería?
El poder de que cuando alguien me quiera vender humo (laboralmente, comercialmente, afectivamente, de cualquier forma) se desintegrara a la primera ñañañañ. Pero como no soy mala mina, que una vez que yo me fuera, solo le quedara un gran dolor de cabeza y un olvido absoluto de mi persona.
3) Nominar de 5 a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores
muy dificil, muy dificil.Los tomo del blog roll oculto de mi blog. No es que quiera tener un blogroll oculto, pero por alguna cuestión rara ahi quedo Ni siquiera se si son lectores de mi blog. En todo caso hagamos de cuenta que es una botella al mar.