eramos tan jovenes·zurdaje

runaway

No puedo dejar de pensar en fugas. Demasiadas peliculas, tal vez.


Casualmente hoy se fugó anestesiado un preso del instituto Lagleyze, despues de haber sido operado de un ojo.

Por eso, a la tarde estuve buscando -inutilmente- en internet una revista El Porteño (o tal vez era una Cerdos y Peces) sobre una fuga de devoto. Mi fervor buscador me llevo hasta romperle las pelotas a la hija de Gabriel Levinas, con la cual comparto el escenario del twitter. Me contesto en 140 caracteres que no tenia idea de lo que hablaba, que cuando El Porteño salìa ella ni caminaba.
En el medio de la investigación gugleando, me encuentro con algo que sabía pero había olvidado: que sobre ese mismo suceso hecho cronica en El Porteño se había hecho una película de poco exito: El tunel de los huesos.
El increible Guillermo Saccomano relata brevemente su encuentro con el eventual autor de la cronica perdida pero no olvidada, carece de la mistica que hizo que la guardara en mi cabeza.
Encontrarse con muertos desaparecidos en una fuga, y pensar, sabiamente, que los muertos son de alguna manera los que velan el escape, de eso se trataba. Hasta recuerdo el dibujo gris, vagamente, de la cronica.
Uno cree que con los diarios y las revistas se termina envolviendo huevos. Claro que si, pero empecinadamente, algunas cosas permanecen.
Es probable que el relato original haya sido de Ricardo Ragendorfer, que hacia policiales, y que tambien escribio La Bonaerense. Ahora trabaja en Miradas al Sur. Bueno, no me anime a romperle con la crónica de El porteño. A quien le interesan esas cosas, si ademas de tal fuga pasaron 20 años!

Ragendorfer había entrevistado a unos chorros que se fugaron, a través de un túnel, de la cárcel de Devoto. Mientras cavaban el túnel, los presos encontraron huesos en la tierra. Los huesos correspondían a presos amotinados durante la dictadura militar y delataban cómo había sido sofocado el motín. Los fugitivos se juramentaron para dar esa información cuando estuvieran libres. La noche de la fuga, al pasar entre los huesos, el pánico los detiene. Uno de los fugitivos queda trabado en el túnel. Se arrastra, forcejea, pero no logra zafar. Detrás se arrastra otro. El que viene atrás le tira de los pantalones, le arranca también los calzoncillos. Al fin el preso consigue desplazarse. Cuando alcanzan por fin la vereda, el preso ve las estrellas. “Yo la hice”, le contó aquel preso. “Yo la hice. Rompí las baldosas y vi las estrellas.”  (pagina 12- Guillermo Saccomano)

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si un arbol cae en el bosque y nadie lo escucha no hay sonido.Comentame que me gusta

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